El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 9 de febrero de 2012

 Blog de Vicente Verdú

Biología tecnológica

De la misma manera que la fauna y la flora posee sus subsistemas ecológicos, la tecnología ha ido desarrollando un subsistema e relaciones propio en cuyo seno, como en todo lo demás, nos encontramos. A nuestra espalda o en el tiempo de nuestro sueño, en nuestra vigilia y en nuestra intervención los artefactos can creándose un perfil que, de un lado nos arrebata porciones de humanidad y, de otro, se configura como un universo tan heterogéneo como propio.

Este mundo es un mundo provisto de su particular lenguaje o lenguajes. Ahora, por ejemplo, el auge de la relación entre cristales (de los móviles, las tabletas, las teles, los ordenadores) ha inaugurado una conversación múltiple y compleja. Es una cháchara que en cuanto a los cristales sigue a las que a finales del siglo XIX mantuvieron los nuevos edificios de vidrio y acero pero en cuya interrelación -unida a las piezas decorativas del Art Deco y del Art Nouveau- no sobresalió la gran dinamicidad que caracteriza a nuestra época. La tecnología es una cara del progreso pero esto es sólo una apreciación superficial. Más que un aspecto de cada temporada histórica es un trasunto de su alma. No usamos las novedades tecnológicas sólo de adentro a afuera como herramientas sino también de fuera adentro como elementos de la condición humana. De este modo es que la tecnología actúa de forma importante. No facilitándonos una labor sino, a la vez, trabajando sobre hacia la mayor complejidad de nuestra inteligencia. Y no sólo de la inteligencia.

Actualmente, la mayor parte de los nuevos aparatos inteligentes son artículos emocionales. Efectúan emociones y producen efectos afectivos. Para bien o para mal, la última revolución tecnológica, la tercera o la cuarta revolución industrial, es imposible considerarla una fase de la producción material sino como siempre fue, por otra parte, de la producción humana. Nosotros, más que nunca, nos reconocemos como artefactos. Objetos de reparación física o psíquica sea través de las prótesis, los injertos, los trasplantes. A través de los psicofármacos, las psicoterapias, las ablaciones cerebrales matéricas o no. Somos, a imagen y semejanza de los aparatos, una subespecie de la ecología tecnológica. Nos reinventamos como ellos, perdemos actualidad o ganamos obsolescencia a su semejanza. Están a nuestro lado pero nunca han estado, también, tan insertos en nuestros mismos cuerpos, desde los dispositivos para la salud a los dispositivos para dar cuenta de nuestra identidad general. La tecnología ha dejado hace tiempo de se un ramo de la ingeniería para transformarse en un dominio inseparable de la biología. 

[Publicado el 07/2/2012 a las 16:43]

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La última vagina

Vigilar y castigar eran los dos términos que Foucault usaba para empezar el retrato del poder. Nos vigilan y nos castigan. Nos vigilan y nos castigan con la mera vigilancia. Nos castigan y nos marcan definitivamente como seres inconfundibles para ser observados en el futuro.

El recorrido de la existencia social atraviesa una calle donde las miradas del poder, un poder dividido en miles de ojos, nos unta y acribilla. Nos mata, finalmente.

Nos mata finalmente mediante la humedad de la muerte ocular pero, entretanto, estando vivos la profusión de los impactos sancionadores van saciando nuestro depósito íntimo. Nos sancionan y nos modifican. Nos hacen figuras de observación o muñecos sometidos al poder omnímodo.

Un  poder que, precisamente es tal, tan omnímodo, porque no se ve.

 La invisibilidad del poder le excluye de la vigilancia, la imposibilidad de vigilarle le libra de cualquier condena, la imposibilidad de atraparlo desarrolla su extraordinaria expansión. Finalmente, una fortaleza se erige en nuestro entorno. Una auténtica penitenciaría.

Uno a uno, los ciudadanos, habitan el patio de ese recinto con infinidad de torres vigías, incontables carceleros, torturadores de la vigilancia perpetua antes incluso de llegar  a la celda. Carceleros o celadores feroces de los constantes panópticos que componen cárceles y hospitales, iglesias, universidades, ejércitos  y escuelas.

Ser vigilado desde afuera, sin saber dónde se encuentra, ese punto óptico hace que inesperadamente por deslizamiento de lo que no se sabe desde donde ve, el sujeto se sienta todo él un objetivo. Un objetivo en lugar de un subjetivo capaz de pugnar contra el objeto. Un objetivo que, a la fuerza, su totalidad llega a ser un surtido de pupilas. Él mismo, abrumado de vigilancia, crea en su interior una pupila. La pupila que resulta del gran coito del ojo absoluto que todo lo ve sobre el último frunce que parecería libre de su incursión. La última y tenebrosa vagina que tampoco quedará exenta de la aguja luminosa que la percibe.

 

El bien o el mal. La buena o la mala persona se cincela mediante el arte de la mirada criminal. La mirada del vacío o el viento.

[Publicado el 31/1/2012 a las 12:09]

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Móviles y móviles

Bien, admitámoslo como hipótesis: las gentes de ahora son de peor calidad que las de antes. Pero ¿por qué? ¿Qué circunstancias las han dañado? Una explicación darwiniana vendría a poner el acento en que ese "peor" no es otra cosa que una nueva cualidad para sobrevivir en nuestro medio.

 ¿Por qué? Físicamente cabría decir que una persona íntegra (entera) se aviene mal con un mundo complejo (no integrado) y fraccionado. La gente no sería de este modo "peor" en sentido absoluto sino que la notaríamos desigual a  lo largo del tiempo.

La persona de antes, la buena persona o la persona honrada, se caracterizaba  porque alteraba poco o nada su composición y a esto le llamábamos ser fiel a  sus principios. Tan incólumes sus características positivas que en ellas se podía confiar. Poseíamos un retrato de ella y el retrato constituía su único y permanente repertorio.

 Un retrato de ese ser de cuerpo entero puesto que era así como de definía a una persona ejemplar: "un hombre o una mujer de cuerpo entero",  "un hombre o una mujer de la cabea a los pies".

La honradez perfecta amazacotaba el valor (tanto como amazacotaba la miga de pan) hasta hacer una sola pieza uniforme. Seríamos acaso diversos  en el carácter, pero seres con alma de una calidad a prueba de bomba. Un tipo de oro macizo. Puro.

Este ser búnker metálico-moral que precedió al plástico capitalismo de consumo propenso a la flexibilidad.

Los dos factores importantes del sistema de consumo, la novedad y la flexibilidad, el fraccionamiento y la adaptabilidad se oponían a la integridad y la inalterabilidad.  Todo ser compacto pesa más e incluso  repitiendo su ser se hace mostrenco.

Este modelo es tótem en la cultura tradicional resulta tosco e inservible en la cultura del cambio.

La máxima de ser igual a sí mismo, base de la honradez, será  opuesta a la novedad sin tregua para seguir el paso de la realidad cambiante.

Individuos y objetos dejan de ser in-divisibles y se hacen transformers ya sea en las relaciones personales, en las laborales, en las morales.

La transformación, la actualización, la reinvención de sí mismo (y de las cosas). Constituye el mandato de la época en busca de la supervivencia y la adaptabilidad progresiva. Todo inmovilismo lleva antes al caos que el movimiento en dirección imprevisible.

 En vez de prestar devoción a lo ya conocido, la potencia se halla en lo nuevo. La consideración positiva que se confiere a la innovación en todos los ámbitos es consecuente, por tanto, con la inconsecuencia de las personas. Es decir a su inestabilidad antes que a la permanencia de sus principios. 

Las que vemos pues hoy como personas de mala calidad, gentes que, como los objetos, no mantienen su composición deviene en la imposibilidad de  fijar en ellas la confianza y hace obsoleta o la fidelidad. Son el efecto, en suma, de la movilidad incesante que exige la supervivencia. Para todos y para todo.

Pero ha de haber alguna explicación más. (CONTINUARÁ) 

[Publicado el 30/1/2012 a las 13:55]

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Ser bueno o ser malo

¿Son las personas de hoy mejores o peores que las de antes¿ Pero ¿antes de qué? ¿Antes del capitalismo? ¿Antes del capitalismo de consumo? ¿Antes del capitalismo de ficción?

En España se construyó  un linde histórico que determinaba con nitidez un "antes" y un "después de la Guerra" ¿Fueron mejores o peores las personas  después de la Guerra? Y extendiendo esta referencia a Europa; ¿qué puede decirse de los europeos y de Occidente en general?

Una firme premisa ha sido que las Guerras y, concretamente, nuestra Guerra Civil, se proyectó tanto sobre la calidad de los productos como sobre la calidad de los habitantes.  Lo bueno de verdad era cosa "de antes de la guerra". Los precios justos, los alimentos más sabrosos, la probidad  de los comerciantes se glorificaba  equiparando su naturaleza o su conducta a los de aquellos que existían antes de la guerra.

Antes de la Guerra se sufrían  grandes penurias e inmediatamente después  más calamidad. Algunos signos populares, como el café, se anunciaba en las pizarras de los establecimientos de los años cuarenta y cincuenta como "café-café". E incluso como "café-café-café" puesto la confianza en la honradez se había perdido y  ya todo o casi todos se vendía adulterado. Pradójicamente, sólo era blanco en el  mercado negro. La mentira se extendió en la posguerra como una inocua metralla y tras  los sangrientos bombardeos de la contienda.

A la muerte de las personas, civiles o militares, sucedía la muerte de la verdad de las cosas. Una pérdida se completaba con la otra y las mujeres se pintaban una raya negra en las piernas de arriba abajo simulando que llevaban medias. Medias de cristal, por supuesto, que en el mercado negro se vendían veinte veces por encima de su coste. Un dólar en Estados Unidos, 20 dólares en  el bar Chicote de Madrid.

Poco a poco, sin embargo, con la reconstrucción de los países y la prosperidad creciente  llegaron las importaciones de café auténtico y medias de nylon accesibles. En el comercio internacional, a la mayor exportación de mercancías mejores  correspondía la importación de mercancías fiables.

 Durante 25 años de auge, tras la Segunda Guerra, tanto en la economía como en la política occidental las mercancías tendían a ser porgresivamente buenas y paralelamente, las familias bien avenidas y las instituciones protectoras, socialdemócratas o religiosas, mejoraron el recuerdo del pasado. 

Varias crisis cíclicas sacudieron el buen humor y el buen honor  desde los años setenta  a los años noventa del siglo XX pero ninguno de tales percances negativos oscureció el carácter de la sociedad.

Esta Gran Crisis actual, sin embargo, se comporta materialmente y virtualmente como un corrosivo sobre la misma condición humana. No sólo han crecido los parados en grandes sumas y, a la manera de las bajas  en una Gran Guerra permanecen como moribundos, sino que los productos de casi cualquier orden han empeorado en su composición y su duración. Aumentan las gangas, en su doble acepción, y han multiplicado su presencia bajo el concepto de low-cost.

La degradación de los materiales y la calculada obsolescencia de los artefactos,  la inferior calidad de los tejidos y de la vida en la electrónica se  se corresponde con la alarmante en la calidad moral de las personas, sean ejecutivos, sacerdotes o ministros.

En los años cincuenta, el acero, las arquitecturas, las mesas y las sillas, las bicicletas y los coches estaban "hechos a conciencia". Poco a poco  con el capitalismo de consumo agigantado en los años setenta empezaron a proliferar mercancías frágiles y efímeras más propensas a estropearse o deshacerse que quince años antes. Y bajo este designio han seguido fabricándose artículos en casi todos los órdenes hasta nuestros lúgubres días.

Confecciones y montajes provenientes además de países sobreexplotados, no sólo inmorales sino desmoralizados, no sólo exportadores de basuras a bajo precio sino incluso de medicamentos basura, han compuesto una época de lo falso, la falsificación y el timo.

De las basuras conscientemente fabricadas como basuras debe responsabilizarse también a los importadores países ricos y  de las basuras como modelo general del valor ( los bonos-basura, la comida-basura o los subprimes) a la naturaleza del capitalismo especulativo o "capitalismo funeral" y de cuyas carnes ya corruptas nacieron tanto los enseres y materiales defectuosos, contaminantes, venenosos y las gentes mafiosas, ominosas, podridas.

Hay actualmente más organizaciones solidarias e internacionales que nunca pero su presencia no equilibra el poder de las organizaciones criminales. Más bien el crimen organizado, en cualquier grado, es el paradigma de la nueva economía delictiva y las ONGs forman en repetidas ocasiones parte del mismo desfalco y latrocinio.

Otras ONGs no forman parte del crimen. Son organizaciones humanitarias veraces pero el descrédito de cualquier institución, la estafa de casi cualquier organización, la lenidad de la justicia, la mala calidad de los gobernantes o los ejecutivos han creado una atmósfera de pantanosa inmoralidad en la que chapoteamos todos.

Quedan, nacen y se hacen todavía buenas personas pero no es la cosecha que caracteriza a la contemporaneidad. El sistema se abastece, sobre todo,  de agentes malvados y mientras mil libros incitan a triunfar arrasadoramente dos o tros aluden a amar al prójimo y practicar yoga. Más aún: todo occidente ha quedado como un almacén del mal. Un fracaso de la bondad, de la felicidad y el amor al medio ambiente mientras Oriente, sus budas y su lasitud, se tienen, idealmente, como el depósito donde se concentra el bien-bien.

¿Hacer el bien a los demás?  La mayor parte de las religiones que pregonaban este arte de vivir feliz han sido corroídas por sus propios pecados, sean de mendacidad, estafa, corrupción o pederastia.

El Mal es Nuestro Mundo. La Gran Crisis es la tercera guerra mundial. Los ciudadanos tratan de salvarse uno a uno y hasta los capitanes abandonan el barco antes de que el pasaje llegue a los botes.

El eslogan de que "cada cual se la pele" ha venido a ser la película más repetida, los argumentos de las series televisivas más vistas,  las conductas, reales más corrientes.

Esta corriente va en el sentido común del vertedero y las almas nadan en sus aguas como peces de piscifactorías cargados de plomo. ¿Ser bueno? Solamente cuando una persona muere puede estarse seguro de que se la estimará buena. Es preciso morir para incitar entre los vivos el antiguo sentimiento de caridad. Por el contrario, es casi imposible sobrevivir normalmente sin poseer algún recurso asesino.

[Publicado el 26/1/2012 a las 11:11]

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La razón y el perdón

Una de las cosas que más gusta a la gente, por encima del sexo incluso es que le den la razón. No existe un modo más seguro de gratificar al otro -en cuerpo y alma- que admitir que tiene la razón o "toda la razón".

En las disputas, cuando la razón aún vuela, la enemistad del choque no termina antes de que medie un perdón y este perdón no es nunca de verdad completo si no incluye también por la "parte maldita" el reconocimiento de que obró de una manera que el otro tenía su razón al molestarse. El perdón entonces circula como un vehículo o catéter que desemboza las arterias de uno y otro como si se devolviera el fluido sanguíneo y todas las demás sustancias a la relación

No hace falta llegar a un considerable grado de violencia en los enfrentamientos. Cuando se discute, el máximo regalo que recibe una parte es el que llega cuando la otra, por contrición, le entregue la razón. He aquí la base religiosa de las confesiones y sus consecuencias en la purificación de las almas.  El primero no sabía lo suficiente y el otro sí. El primero peca, es ignorante, no sabe, no conoce a Dios de modo que su razón aquí se relaciona con el saber torcido y, en el sentido más amplio, con su equivocación circunstancial.

Con ello, la razón se inmiscuye, sigilosamente, en la vida general y, al cabo, conseguir tener razón equivale al logro de poseer una vida bien orientada.  Una vida, podría decirse, más firme y, con ello, si acaso, una vida más longeva gracias a la salubridad el juicio, el juicio que permite discernir del bien del mal y precaverse mejor de los peligros. Eso, aparte del tono positivo que se obtiene de atender con solicitud al errado, provisionalmente desdichado.

Quien tiene la razón posee, al ser reconocida un patrimonio que atraerá beneficios tales como el liderazgo, el respeto y la facultad de ver más. uitar. De tener la razón se deriva, en suma, un poder que sólo es privilegio de unos pocos. Ellos tienen la razón no tanto porque la hayan adquirido expresamente sino porque implícitamente se hallan dotados para sentar con tino los términos de las circunstancias y, con ello, repartir orden sobre la ambigüedad del mundo.

Cierto que no siempre una persona posee la divina fortuna de tener siempre razón. Sería más exacto decir que en ese momento "lleva  razón". Una vez  lleva uno la razón y otra la lleva el contrario  como si este atributo migrara  y, en consecuencia, impidiera convertirse en un insoportable oráculo.

Esa razón que viaja de aquí para allá, de un individuo a otro, no cesa jamás de cambiar su residencia y, por ello, crea una democracia de la razón, una colectividad que se autoreconoce necesitada del juicio de muchos. Todos víctimas del error como verdugos. Pecadores, injustos como sujetos o como objetos, en una sociabilidad que se enemista y se abraza.

Socios todos, pues, de una razón circulante que puebla el mundo y expuestos a sus variaciones, unas veces se encastra  en nosotros y otras veces en los demás. Siendo así el mundo se ama intrínsecamente, se entre-ama. Porque sin tener razón, aun a ratos, no puede respirarse, aspirar y ganar vida. Con la razón nos fortalecemos, con su presencia nos fortificamos, con su falta nos demediamos.

Pero también, gracias al perdón quien tiene la razón trasmite parte de su beneficio en el semejante. Cargado de razón, no sólo disfruta revela su tesoro sino que a través del perdón libera al otro de ignominia.

El perdón es pues, un regalo de doble dirección. Sana al que sufre su doliente error y magnifica a quien proporciona la cura. El perdón es tan milagroso como el pan. Una sociedad que no perdona adelgaza y se suicida. Igualmente un sistema que no disfruta de suficiente razón se desmorona.

En ambos casos, la muerte ronda tanto a la bondad de la condonación como a la figura de la humillación. Una sociedad será tanto más sana y más humana de acuerdo a su capacidad para restañarse por indultos constantes y gracias a re-establecerse  mediante  transacciones de la razón. De otro modo la condena está garantizada y el abismo del mal a un paso.

[Publicado el 25/1/2012 a las 12:20]

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La pintura ¿es ya maldita?

Simultáneamente, mientras en la Galería Moriarty de Madrid se exponen la última obra de Santiago Picatoste , la Fundación ICO tiene en marcha una muestra titulada !A vueltas con la maldita pintura!

Visto, en fin, el hartazgo general que nos domina, ¿nos hemos hartado también  la pintura. O mejor, ¿hemos logrado hastiarnos de ésta y otras muchas cosas y en consecuencia vivimos una liberalización general del mundo más que su esclavitud? 

Llegará un día, tal como van las cosas de la Gran Crisis -supuestamente improductiva- que la absoluta hartazón será la característica de nuestro tiempo. Y ya no, a estas alturas, como efecto de una comilona desbordante, sino como consecuencia de sus sucedáneos con conservantes, aditivos  colorantes. Todos ellos sobrecargando un presente ahíto y vacío.  ¿Cómo no desprenderse, pues, de este pegajoso malestar y aspirar a un porvenir sin las deudas del pasado?

¿Pintan los tres chicos que componen la muestra de ICO (comisariada por un veterano  Juan Ugalde)?  No es seguro: más bien garabatean. El arte nos daba de comer, aunque fueran en pequeñas porciones,  espíritu fino pero ahora tiende, progresivamente, a dejarnos en ayunas, cuando no a enfermarnos.

Ambas exposiciones no tienen una actitud común. La de la Fundación ICO parece decir "adiós a todo esto" mientras la de Picatoste es toda una ambición para que "el esto" no se acabe.

En ambos casos, sin embargo, la pintura tiende a desvanecerse. Tiende a ser tachada como en los mamarrachos de las guarderías en una sala que reproduce ICO y tiende a transmutarse en músicas electrónicas dentro de las ralas salas de la Moriarty.

En un y otro caso, tan distintos, lo significativo es que la pintura/pintura no interesa ya como tal. Irá pues a tener razón Jonathan Brown cuando declaraba que el arte terminaba con Goya?  Claro que no. Claro que no.

Pero ¿quién no es consciente que en la literatura o en los negocios,  en la política o en el toros nos hallamos en el  ocaso de una época? Cualquiera que pensara o sintiera lo contrario, no formaría parte cabal de nuestro tiempo.

 Como también, cualquiera que negara el valor del cuadro pintado sobre lienzo y con materiales clásicos, sería, en mi parecer, un memo. Pero caben en esta tesitura de la Gran Crisis varias opciones. Una, más propia de los jóvenes de ICO es mandar a paseo este desfile de pintores tan enriquecisos como carcamales de los años ochenta o noventa. Y otra, más propia de adultos, pintores cabales y trabajadores del oficio, es la que representa Santiago Picatoste. Santiago Picatoste o su brillante espíritu picapedrero en busca de luces entre las quiebras, los despidos y las piedras.

Quien visite ICO, cerca de la plaza de las Cortes, saldrá sacudiéndose el polvo de aquello que fueran sagrados pigmentos de las vanguardias y sus reminiscencias. Quien salga, sin embargo, de la Moriarty experimentará la realidad de que la pintura, a través del net-art  ha dejado de ser un material que mancha y ha mutado en cristales (Crystallized, es su título), donde su plasma forma ya parte de lo audiovisual y su disfrute no es tanto la  composición como el "efecto".

Si el cine busca sobrevivir en los efectos especiales", ¿por qué negarle esta oportunidad al cuadro? No se toca. El cuadro se ve, consterna, se contempla y pasa.

la "pinturas malditas" en ICO son pinturas tachadas. Pero las pinturas de Picatoste son, todavía, pinturas semibenditas. Las primeras se producen para dejar condenado y vacío el solar de la pintura. Las segundas para pavimentar ese vano suelo, de superficies tan atractivas como inaprensibles. Bellas pero, sin querer, impenetrables.

La pintura danza en una y otra exposición con vuelos inversos pero sin porvenir alguno. El primero estrella los restos de pintura contra el pavimento, la segunda la hace planear sobre la superficie de pantallas ajenas. ¿O dónde está el lienzo, el pincel, la materia?

En ambos casos se comparte, aun de modo distinto, el último interés por la pintura. En el primer supuesto es para negar cínicamente su interés. En el segundo, es la inocente exasperación por recobrar el interés de aquello que tanto quisimos los amantes más devotos y viejos.   

[Publicado el 24/1/2012 a las 17:00]

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Panza de burro

Veo que la mayor compensación en diferentes momentos de la vida (de la semana, podríamos decir para no llevar las cosas demasiado lejos) es reunirse con los amigos.

No siempre he tenido en cuenta este recreo que tampoco, por mi culpa y mi contradictorio deseo, he disfrutado mucho. Ahora, sin embargo, mientras la familia se aleja en el tiempo, en la muerte,  en sus conflictos particulares, los amigos brindan la ocasión de poner en contacto lo semejante que por repetido parece imperecedero.

Esta buena experiencia de la amistad, positivamente obvia si no se piensa, extraordinaria si se piensa, es como una sustancia que inesperadamente nos asiste como una medicina general al pasar los años y tener, en consecuencia, vez menos vidas por delante.

 Los amigos envejecen a la vez y a la vez han atravesado por dudas y regresiones que les facilitan identificarse con sus semejantes. O, dicho mejor: los amigos son cercanos, son prójimos por la fatal y progresiva igualación de las biografías.

Acaso las trayectorias en lo profesional o en pasajes muy concretos sean diferentes pero son en esencia similares en cuanto cuerpo y alma de cada cual han debido traspasar el escenario común del mundo, sus ilusiones y sus traiciones. Un surtido bien conocido como para  caer en la cuenta que, en síntesis, no era "esto" para tanto.

Que cierta vez se gozaran momentos de gran felicidad o se padecieran desgracias  no deshace la conclusión de que, al cabo, cuando el tiempo pasa por encima (por encima del conjunto, nosotros incluidos) el balance no dé  como para "tirar cohetes".

 Formar parte de los seres vivos es en sí un hecho excepcional pero vivir esa vivencia deja mucho que desear. Las cosas discurren, efectivamente, como en los fuegos artificiales. Hay un alborozo al nacer, una consternación al enfermar gravemente, una sacudida en el enamoramiento, varios jolgorios cuando el trabajo sale bien. No cabe duda de que se trata de  "vivencias" positivas reales pero se hallan tan cercas de las otras vivencias "negativas" que al final, indefectiblemente, el cuadro se emborrona.

El cuadro de colores que pudiera pregonar la gran aventura de vivir termina en la masa de una confusión cromática que, en la pintura, se llama "panza de burro".

El color "panza de burro" viene a ser el aciago resultado de mezclar muchos colores sin juicio. La suma deriva en una fangoso gris que no sólo desagrada a la vista sino a la estética entera. Mezcla fracasada del lenguaje del color para decir algo mudo. Voz pantanosa que evoca al absurdo, al  tedio al triunfo final del sinsentido.

[Publicado el 20/1/2012 a las 11:50]

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La reputación que vuela

La vergonzosa conducta del capitán del Costa Concordia que abandonó el barco sin cumplir con sus deberes para el salvamento del pasaje es la metáfora viva de un naufragio de la condición actual de las personas. No todo el mundo es malo pero muchos han contraído el mal.

Alguna otra vez me he referido a este deterioro de la moral cívica o   personal. Una se encarama en la otra y juntas se hunden en un momento en que cumplir con la palabra, comportarse con dignidad, respetar a los demás y a sí mismo ha ido perdiendo importancia.

La pérdida de importancia de la integridad es la pérdida de importancia del mundo. Frente a la justicia la lenidad, frente a la honradez la trampa.  El peso que han perdido hoy casi todos los objetos conocidos,  desde el teléfono a la máquina del tren, se corresponde con la ligereza en que se tienen las categorías que antes pesaban tanto. Pesaban tanto como para cimentar  una personalidad respetable y contaban tanto como lo que ahora, como un patrimonio raro,  se llamaba la "reputabilidad".

  Se llamaría así, dentro de lo económico, a la confianza que hoy, excepcionalmente, posee un banco o un político. Pero, en general, la "reputación" fue una condición que hace medio siglo decidía el destino de  las buenas relaciones, privadas o colectivas. 

Si la irresponsabilidad ha sustituido en buena medida al sentido del deber, la especulación ha hecho lo mismo con el sentido del crédito.

No hay producción en la especulación como no hay asiento en la firme personalidad del otro. De ello se deduce una malla social que se agujerea o deshilacha fácilmente y de cuyo desarreglo brotan individuos tarados. Tipos incapaces de responder ante su extraviada conciencia, siendo su conciencia el convenio con los demás. Sin ese acuerdo civilizado la comunidad se desciviliza o, justamente, se envilece.

Esta Gran Crisis llega a ser, por tanto, una crisis de civilización. Cada día que pasa  aumenta el número de gentes damnificadas por la causa primera del desastre. Una causa matriz que coincide con el desmantelamiento masivo de la moralidad pública y privada, privada y pública.

 A la degradación general de los materiales, la mala calidad de los tejidos, la calculada obsolescencia de los aparatos o la artificial elaboración del pan, sigue, en coherencia, la pérdida de calidad de las personas. ¿Cómo no pensar, pues, que si el sistema ha colapsado es por efecto de sus materiales revenidos y los defectos de su infame construcción?

[Publicado el 19/1/2012 a las 11:31]

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Latinoamérica en marcha

Hartos de no ser importantes, los países latinoamericanos, viendo como está el llamado mundo occidental, han empezado a creer en su propio futuro.

La tesis corresponde al libro Nuestra hora del emprendedor chileno Raúl Rivera y expone, punto por punto, de un tópico a otro, la realidad presente y potencial de los 600 millones de habitantes latinoamericanos.

 De ellos, unos 240 se hallan todavía en situación de pobreza, pero a semejanza de las zonas emergentes de Asia, la clase media se ha incrementado en 50 millones durante los últimos años y la idea de estancamiento, de violencia ciudadana o de postración crónica  está siendo sustituida por una confianza creativa que ya se manifiesta en innovaciones mercantiles y en un estado de ánimo que sería la otra cara de la infausta estampa europea y norteamericana de ahora.

Años de dictaduras y quiebras nacionales, calvarios de deudas externas y degradación de las vidas van mutando hasta ser ya el conglomerado de mayor esperanza de vida del planeta según Rivera, lo que no sólo reconforta a la juventud sino que indica, para la totalidad del censo, una mejora que, como debe ser, tiene su principio en la fortaleza de la vida. Pasen pues y lean este libro tan optimista como revelador de otra América Latina tanto tiempo contemplada como un acacharrado artefacto y  ahora se pone a funcionar engrasado por una población con el mayor mestizaje del mundo. Una mixtura esencial de la que hoy se deduce el máximo poder innovador para el desarrollo del siglo XXI.

En estos días tan pauperizados, algo bueno, por fin,  que podemos llevarnos los hispanos a la boca.

[Publicado el 18/1/2012 a las 11:32]

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El mal sin fin

La persistencia de la crisis, de la Gran Crisis, va teniendo un efecto humano que traspasa la adversidad económica y las penurias personales. Día tras día ha ido permeando en el organismo una sustancia viscosa y nociva que degenera el ánimo y hasta las ganas de vivir.

Saldremos de esta situación pero es tan difícil saber por dónde que la sensación de confinamiento en una penitenciaría aumenta cada jornada. ¿Pereceremos por consumación de lo peor nos consumiremos en la depresión? ¿Adquirirá la sociedad por mucho tiempo una condición triste? ¿Mutará poco a poco la concepción de la existencia y, en consecuencia, la manera de sentir y de actúar?

Keynes, que todo lo sabía, dijo para los malos momentos: "Cuando esperamos que ocurra lo inevitable, surge lo imprevisto".

Atados de pies y manos, sin medidas eficaces, sin dirigentes capaces, la única y delgada esperanza radica en que "el imprevisto", un "suceso" sin control humano venga milagrosamente a detener el hundimiento de la biología, la psicología y la teleología de cada persona contagiada ya de la masa amarga que no cesa de aumentar.

[Publicado el 17/1/2012 a las 12:24]

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Foto autor

Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011) Editorial Esfera de los libros

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

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