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www.elboomeran.com | 22/4/2008
Revista Eñe
El vicio solitario de Luis Alberto de Cuenca
"El caso es que siempre estoy machacándome el alma con un libro o con un tebeo. No existe un solo día en el año, ni un solo día, en que no dedique unos minutos o unas horas a practicar ese vicio solitario", apunta De Cuenca en las primeras línea de la sección Biblioteca Particular de la revista Eñe.
Al poeta lo que le fascinaba, ya desde niño, eran los tebeos. Esos eran sus juguetes. "Me correspondieron aquellas innumerables colecciones apaisadas de Bruguera, de Maga o de Valenciana", completa. Y le invaden los recuerdos de aquellos días felices. "Todos los sábados (entonces íbamos al colegio los sábados; librábamos los jueves por las tardes, como las chachas), al salir del colegio, me detenía en un quiosco de periódicos que había -y hay- en la calle de Goya, entre Castelló y Núñez de Balboa, regentado entonces por dos amables viejecitas con aspecto de brujas de cuento, y me compraba los tebeos de la semana, que eran como diez o doce...". Y recorre de nuevo las librerías donde se gastaba sus ahorros de infancia, donde vaciaba sus bolsillos.
"Pero donde de verdad se inició mi pasión por los libros y la literatura fue en la biblioteca familiar. Yo tuve la fortuna, y doy gracias a Dios por ello, de no tener que moverme de casa de mis padres para iniciarme en el vicio solitario de la lectura (todos los vicios los adquiere uno en la niñez; luego nos limitamos a regarlos para que crezcan)". Se encontró de frente con las historias de capa y espada de Rafael Sabatini y con El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde, de Robert Louis Stevenson. "Me conmocionó toparme con un personaje que era capaz de llevar una existencia rutinaria, burguesa, pacata y victoriana de día, y que se transformaba de noche en un titán del mal por el mero hecho de trasegar un vaporoso bebedizo". Y el poema If de Kipling o El Libro de la selva (en una exquisita edición de Gustavo Gili), que "sigue siendo una apuesta excelente a la hora de recomendar una obra literaria los que apenas leen, porque abre el apetito lector como muy pocos libros son capaces de hacerlo".
Heredó de su padre la pasión por las novelas de aventuras, fue un fanático de todo lo que cayera en sus manos y firmara Conan Doyle y los Episodios nacionales fueron "lectura familiar obligatoria durante muchos años". "Inés, la novia de Gabriel, el protagonista, fue entonces, a mis doce años, mi ideal femenino. Lo sigue siendo hoy. Mi hija Inés se llama así por ella. Varias generaciones de adolescentes españoles aprendimos en esa Inés lo que significa «eterno femenino". Su texto se cierra a partir de lo que sigue: "Leer a Shakespeare ha sido lo más importante que me ha pasado en los últimos cuarenta años. Leer a Shakespeare en la cama es como hacer el amor, también en la cama, con la vida, que es una morena espectacular de ojos verdes que se parece a Hedy Lamarr".
[Etiquetas: literatura]
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