
El Cortijo de los Frailes de Bodas de Sangre
Pensando en las fugas de Lope, en aquellas aventuras que se hacían burlando normas y convenciones, disimulando, sabiendo callar, no atreviéndose a decir no y ser capaces de sorprender con el arte de la fuga. Muchas fugas que terminan sin conseguir el deseo que las impulsa. Algunas terminan trágicamente, otras entre la comedia y el esperpento. Fugas como la de Ulises, con vuelta a casa, pero menos aventuradas y extensas. Recordé una canción de Sabina, "Pájaros de Portugal" donde cuenta la fuga de dos adolescentes a Portugal, más o menos como Isabel de Urbina con Lope, pero sin destierro, ni épica. Menos mal que tuvo su poeta con canción. Sabina también sería amigo de Lope. De tragicómicas fugas, no de grandes dramas. La fuga cómo drama la contó teatralmente Lorca en "Bodas de sangre". Historia real de una fuga que no pudo ser. Yo conocí algunos de los protagonistas, a la silenciosa y esquiva novia. Al engañado y resignado novio. A los padrinos. Eran muy mayores, nos hablaban como en el drama de Lorca pero todavía vivían la fuga con pasión. La "mala" oficial seguía siendo la novia, una mujer que se ocultaba en sus ropas negras, bajo su velo y que no quiso hablar con nosotros. Su fuga no había llegado a ningún Portugal, no se escapó en ningún caballo, ni en trenes sin vigilancia. Frustrada fuga que la sometió a vivir dónde no quiso, que no pudo vivir con quién hubiera querido.
Ya no hay fugas cómo aquellas. Ahora las fugas son de andar entre moteles o paradores. Y con billete de vuelta. Yo admiro a los que practican fugas románticas. O a los que están dotados para fugarse sin salir de su imaginación: así lo hizo Bach. Yo soy de fugas imaginarias, de odiseas inventadas y de huidas soñadas. Lo mejor, cuando me despierto y sigo en casa. Como en casa no se fugo uno en ningún sitio. No hay fuga sin casa. Vuelvo al libro, y cierro, ese es uno de los asuntos sobre el que reflexiona el autor de "La huida", el joven Thirlwell. Todo un paseo sobre la fuga y la huida.
"Sí, todo el vocabulario de la fuga es puritano. De modo que todo acto de deserción es también un acto de hedonismo.
Y quizás la razón profunda de esto es que a nadie le gustan los desertores, los prófugos, porque evidencian el hecho de que siempre hay una opción. A menudo, es más fácil creer que la vida es una trampa. La trampa es la imagen de la seriedad de la vida.
Sin embargo, Haffner, mi héroe, no creía que uno tuviera que ser necesariamente fiel a la vulgar e inevitable tragedia de la vida. Si uno podía ser infiel a cualquier cosa, ¿no debería serlo sobre todo, creía él, al propio pasado"
Será la vuelta de las vacaciones, el final de esa fuga que cada año pactamos con nuestros empresarios, pero me siento bastante Lope. Y muy Haffner en muchas cosas.
[Publicado el 02/9/2010 a las 15:10]
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Acabo de ver la película "Lope", lo mejor- además de la mayoría de los actores y de devolverte los motivos para enamorarte otra vez de Pilar López de Ayala, sin olvidar pasiones por Leonor Waitling- es el deseo de volver a sus poemas. De saber más de su vida. No cito algunas de sus obras teatrales porque las más conocidas se siguen representando. Es posible que nos falten algunas sorpresas, algunas susceptibles de ser tocadas, y retocadas. Ahora se llama adaptación y ya era un uso común en los tiempos teatrales de Lope. No es poco que una película nos lleve a un tiempo, a una vida, a un autor y que lo haga sin haber producido sonrojo. No demasiado entusiasmo, eso tampoco. Y no entraré en discusiones menores contra opiniones nimias, para eso no nos desplazamos ni a éste bar.
También en la película se habla de fugas. Y se viven fugas. Hermosas fugas, aunque resulten frustradas. Fugas que están bien mientras duran. Y, naturalmente, en una película sobre Lope no se podría dejar de hablar de "amores adúlteros". Enamoradizo, seductor, tramposo, interesados y sinceros. Amores que no cesaron ni con su decisión de hacerse sacerdote. Con fervor religioso promete abandonar su libertina vida, pero cuando está diciendo misa en un convento, se fuga a otro lugar para seguir sus amores con Marta Nevares. Como muy bien dijo Cervantes "un monstruo de la naturaleza", un hombre en perpetuo estado de pasiones, de fugas al que sólo la muerte consiguió poner freno.
Un hombre excepcional, una vida que no cabe en varias biografías. Y desde luego que poco, muy poco, se parece a la amable imagen de ese joven apasionado y genial de una película. Un autor que escribió demasiado. Sus muchos líos, hijos, mujeres, juicios, destierros y deudas no permitieron que trabajara de forma más profunda lo que hizo con genialidad en extensión. Gozó de popularidad y de dinero pero tuvo que escribir sin parar, deprisa y por la cantidad que le dieran. No tenía agente que le pusiera en el mercado a pesar de que fue el más popular y famoso de su tiempo. Nunca tuvo un mecenas y bien que se lamentó. Un lamento en verso:
" Hubiera sido yo de algún provecho
Si tuviera Mecenas mi fortuna;
Mas fue tan importuna
Que gobernó mi pluma a mi despecho..."
Hoy hubiera sido el rey del blog, el de todos los premios, el más leído en Internet y el más famoso en las fiestas de sociedad. Pero, como a Miguel, no le hubieran dado el Cervantes. Ni siquiera el Nóbel...bueno el Nóbel sí tiene alguna tradición de golfemia.
Me hubiera gustado ser su amigo. Y a mis amigas les recomiendo que tengan amantes como él. Poco que ver con la película.
"...Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré que en un hora amando
venza los años que pasé fingiendo"
[Publicado el 31/8/2010 a las 20:28]
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Termina el mes. Nos quedan en la memoria muchos largos días sin hacer nada demasiado, un placer. No nos hemos librado de pensar, ni de leer. Hemos reído y escuchado músicas entre amigos. Disfrutado en las playas del Morrazo, apenas hemos salido del Morrazo que sigue siendo nuestra patria preferida de tantos veranos. También hemos leído. De algunas lecturas iré dando cuenta. De dos novelas paralelas lo haré ahora mismo. No tienen mucho, casi nada que ver en cuanto a estilo, intenciones y personajes y sin embargo se me enredan, se me parecen. Una es de un médico convertido en escritor, Jed Mercurio. Creo que será un best seller su novela sobre la vida privada- y algo de la vida pública- del más seductor de los presidentes americanos, John Fitzgerald Kennedy, casado con una mujer tan encantadora como elegante, Jacqueline Bouvier Kennedy, con Onassis ya fue otra cosa. Ella sabía de hombres, tuvo dos complicados y complejos hombres como pareja. Dijo que "los hombres son una combinación de cosas buenas y malas". Lo suyo no era la complejidad del pensamiento. Eso les pasa a los hombres, las mujeres, los gatos o a las lagartijas.
La novela "Un adúltero americano", es sobre todo una excursión por la imparable y compulsiva necesidad de aventuras sexuales de su marido. Una vida sexual llena de encuentros efímeros, de un obsesivo deseo de hacer el amor con casi todas las mujeres que se cruzaron en su vida. Parece que estuvo muy enamorado de Jacqueline, pero no impidió sus rápidos encuentros con Marilyn Monroe y otros cientos de mujeres de toda condición, edad o cultura. Generalmente las prefería jóvenes y no enamoradizas. Quería encuentros de usar y tirar, aunque algunas excepciones hubo en su imparable vida sexual. Un adúltero sin fisuras.
"Las jóvenes hermosas a veces recompensan con sexo la posición o los méritos de los hombres, y nuestro hombre lo considera un tributo adecuado y lo recibe con mayor gratitud que una medalla al civismo. Es una costumbre que él cuestiona sólo ocasionalmente, puesto que cuando es él el beneficiario lo considera una transacción natural, apropiada y pertinente. Hombres sobresalientes en el comercio o las artes a menudo reciben los favores de una joven admiradora, aunque no poseen la prestancia del presidente y aunque a menudo se engañen creyéndose dotados de un carisma corporal o espiritual, como si su opulencia y su poder o ambas cosas no tuvieran nada que ver con la transacción"
¿Un mecánico de la Ford tan atractivo como el presidente Kennedy o un empleado de banca hubieran tenido las mismas posibilidades de ser un adúltero cotidiano? Lo dudo pero cuando se tiene mucha afición tanta, siempre se encuentran voluntarias, creo.
La otra novela, también de un confeso adúltero, pero de un libertinaje mucho más complejo, mucho más evolucionado e interesante en sus relaciones, en sus gustos, en sus motivaciones, sin dejar de reconocerse en el lujurioso, egoísta y vanidoso, que tantos hombres llevan dentro, es la historia inventada de Raphael Haffner, un rico judío que recuerda su vida, y vive su momento, en un balneario de los Alpes. Está escrito por Adam Thirlwell, y es una gran novela. Llena de irónica melancolía, de alegrías y tristezas del sexo, de la carne. "Todos los álbumes de fotos son tristes, cada uno a su manera". Ciertamente hay una mirada de carencia sentimental cuando vemos esas fotos dónde parecemos felices, dónde fuimos tan jóvenes, antes de ser adúlteros.
¿Habrá hombres interesantes que no hayan sido adúlteros? Llevo pensando unos días. No recuerdo a nadie que no sea Manuel de Falla. Tengo que revisar mi catálogo de adúlteros y adulterios. Naturalmente estoy hablando de los demás. Yo no juego en esa liga.
P.D. Como siempre tienen razón los otros, aunque sean extraterrestres. la novela de Thirlwell se llama "La huida", en Anagrama, la misma editorial que la de Mercurio.
[Publicado el 26/8/2010 a las 12:43]
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Una de las imágenes del verano en las playas son los sexos al sol. Inevitables si paseas por una playa nudista. Incluso si la playa no es nudista también es difícil domesticar nuestra imaginación, nuestra memoria y nuestro gusto por el sexo femenino. Han cambiado los coños. Quiero decir que han cambiado por fuera. Se imponen los pubis no sé si llamarlos angelicales. La moda de rasurar el vello del pubis ha llegado a todos los lugares.
También en la costa gallega parecen ganar la batalla las depiladas, a veces las rasuradas como si quisieran parecer adolescentes impúberes. Yo prefiero los pubis con pelo. Con su pelo natural o con pequeños recortes que no impidan su misterio, ni su belleza escondida. No soy radical, pero si tengo que hacer lista de coños queridos, deseados, admirados, casi siempre ganan los pubis con su vello. Sí tengo que reconocer que hay muchas clases de vellos que me gustan entre esos labios, sobre ese maravilloso paisaje humano. No tengo nada cerrado mi "modelo" de vello púbico, ni del de las cejas de las mujeres, dos formas de la belleza que no se alejan demasiado.
Estos días no solo he mirado los pubis playeros- y no me quiero tener que disculpar de nada pero no soy un mirón de playa, sí soy un indisimulado voyeur de toda la vida- sino gracias, ¿o por culpa?, de Chiqui me he entretenido en algunos de los cuadros que representan a Leda y el cisne. Sin duda una de las representaciones artísticas más eróticas de los mitos griegos, una iconografía apasionante que nos pasea por todos los estilos de la mujer en trance de amores no convencionales. Así volví a tropezar con el cuadro de Boucher sobre Leda, uno de ellos. Y ese coño abierto, con un vello no excesivo, rubio, casi transparente, con ese cisne tan cerca, es una imagen conturbadora de la belleza. Una imagen que, al menos para mí, desbanca a esa otro coño tan conocido que pintó Courbet y que llamó el origen del mundo. Ninguno de los dos me es ajeno pero me siento más dispuesto a la admiración del de Boucher. ¿Será que me estoy dejando llevar por la moda de los sin pelo? No creo.
Para saber literariamente de los coños no hay que leer los textos de Juan Manuel de Prada- aquellos primeros textos con los que se dio a conocer-, aquellos juveniles textos parecían más de un joven desconocedor, o como mucho de un lector "pajillero"- con perdón- de Gómez de la Serna, que de un conocedor de primera mano, de vista en directo y de estudio en profundidad, para saber de coños lo mejor es olvidarse de la literatura. A cada uno según sus gustos.
[Publicado el 14/8/2010 a las 11:48]
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Luis García Berlanga es un genio. Pepe Isbert también lo fue. Manuel Alexandre lo es de manera cercana, entre la poca voz y el café, entre fugas y billares. Como lo fue su amigo Fernando Fernán Gómez. Y Buñuel que siempre se alegraba de ver, oír, trabajar y beber con Paco Rabal. Alfredo Landa, hablando como un español rural consiguió triunfar en Cannes. Saura sigue siendo un referente del cine español, hablando en el idioma de Gerarda Chaplin- no confundir con la hija de "El gordo y el flaco"- o haciendo que creciera Ana Torrent con sus lobos tan cercanos. O subiendo a Rafaela Aparicio por cumplir cien años. Hay muchos más genios de nuestro cine, unos hablan como los Ozores o son tan elegantes como Fernando Rey. Y después vinieron los otros, desde Almodóvar a Mar Coll.
Habría mucho que hablar. Pero no debemos olvidar lo que decía Wittgenstein: de lo que no se puede hablar más vale guardar silencio. O algo parecido. Pero no aprendo la lección, me cuesta callarme. Incluso sin ignorar aquello de lo que opino.
Se puede opinar desde la reflexión pero es mucho más común opinar desde nuestra propia ignorancia. Lo hacemos muchas veces al día. Lo hacemos en los bares, en comidas de amigos, en pandilla o en familia. Damos opiniones sobre casi todo, decimos cosas por decir, hablamos por hablar. Y "como te digo una co, te digo la o". Todo vale. Las opiniones se las lleva el viento pero valen por quién las dice, tienen el crédito, o descrédito, de quienes las emiten. Otra cosa son algunos foros, algunos espacios en los que los que se expresan opiniones por quienes tienen razones, argumentos y capacidad para emitirlas. En un foro público hay que saber lo que se dice, porqué se dice y quién lo dice. No siempre pasa así. A veces incluso no pasa ni en los más reputados lugares.
El lunes dos de Agosto, en mi refugio en la ría de Aldán y lejos de mundanales preocupaciones, había leído el titular de "la cuarta página" de El País, normalmente un lugar de reflexión, pensamiento, opinión y debate, pero ese dia me sorprendieron lo excesivo de las intenciones de un artículo pretencioso desde el título: "El problema más grave del cine español". La sorpresa no paró hasta el final, pasando por el confuso y torpe contenido. Y quería tratar, nada menos, del "problema más grave del cine español. Mucho más atrevido que las "conversaciones de Salamanca" de tiempos franquistas. Las sorpresas, como las desgracias, a veces no vienen solas sino que se aumentaron al leer quién lo firmaba: John J. Healey.
El hábil Healey que yo conocí, un zorro en el mejor sentido anglosajón de la palabraal que no se le pueden negar habilidades profesionales en cargos de representación y simpatía. No entiendo su enfado con un cine que desconoce segun su propia confesión en un programa de la SER. Justo antes de que hablara un conocedor del cine, de nuestra forma de hablar, de cantar y de contar, José Luis Cuerda, que no daba crédito a lo que había leído y escuchado del señor Healey. Me hubiese encantado escuchar lo que pensaría alguien tan escéptico y sagaz como Luis Ciges. No le hubiera dado importancia. Justo lo que yo tendría que haber hecho si fuera otro, si pensara más en Wiggenstein y menos en el contenido de un artículo que resultó ser un cúmulo de naderías, de arbitrarias opiniones, sin olvidarme de lo confuso unido a un grado notable de ignorancia. Una opinión de ningún valor sobre algo que no conoce y de alguien que no nos importa lo que diga. Nada sorprendente. Hubiera sido mejor el silencio. No ha podido ser. Lo siento por mi. Y por Me, que no se quién puede ser, pero que tiene razón con respecto a mi y mis tiempos de vacaciones desperdiciados. Corto y cierro con el tema. Sigo con mis lecturas adúlteras.
[Publicado el 05/8/2010 a las 17:35]
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Hay mucha gente bondadosa en el mundo. Hay con muy buenos sentimientos y mejores intenciones. También hay muchos que quieren imponer sus buenos sentimientos. Imponer sus gustos, incluso imponer sus ritos. Hay quién quiere que digamos, que escribamos, pensemos, cantemos o comamos lo que les gusta. Y lo hacen por nuestro bien. Por eso nos quitan algunos juguetes. Y algunas diversiones. Por nuestro bien, para reeducarnos. Para que no sigamos por el camino equivocado. Unas veces lo hacen desde votaciones parlamentarias. Otras lo hacen por otros métodos.
Todavía tendré tiempo de acudir a alguna corrida en Barcelona. No confundir con la tortura del "corre bous". Ni con el foie tan querido por algunos que luchan contra el maltrato de los animales. No están solos. A su lado están los buenos. También una que estuvo muy buena y ahora es otra cosa, la recordada Brigitte Bardot. Ay! Si Serge Gainsbourg levantara la cabeza. La Bardot ,también muy preocupada por otros animales, está muy contenta con el civilizado adelanto de la prohibición de los toros. Ella, que tanto nos gustó, incluso cuando usaba pieles y no estaba desnuda, ahora está cercana a Le Penn y- ¡qué cosas!- a los de la izquierda y derecha catalana. Contra los toros vivirán mejor.
También están muy contentos los de la lucha contra la tortura a los animales, los vegetarianos, los zen y otros colectivos de la gente buena, pero buena, buena, que nos quiere librar de nuestros lastres de primitivismo y brutalidad. Me siento mayor, pero todavía conservo la memoria de bastantes cosas y gentes..
Estoy repasando por razones de trabajo esa obra maestra sobre la música del siglo XX que se llama "El ruido eterno" de Axel Ross. Allí me encuentro estas líneas hablando del placer de un verano en Bayreuth, más o menos en estas fechas pero antes de la gran catástrofe, antes de las matanzas, de la solución final, de la barbarie. Todo era plácido entre el líder en ascenso y los habituales de Bayreuth., un plácido y culto estilo de vida, así lo cuenta Ross:
"Hitler absorbió rápidamente el estilo de vida de Bayreuth: vegetarianismo, activismo a favor del derecho de los animales, escarceos con el budismo y la sabiduría hindú"
Era muy majo, muy humano y con espíritu reformador. Los herederos de Wagner- sin que el genial Richard tuviera la culpa de esas amistades- estaban encantados con ese sensible político. Después pensó que tenía que intervenir en las músicas ,las artes plásticas, las comidas y las diversiones de un pueblo, de un mundo...Pero esa es otra historia. El tampoco habría aprobado esa barbaridad pública y notoria que es una corrida de toros.
[Publicado el 30/7/2010 a las 13:29]
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La cosa se pone fea. Se siguen muriendo los mejores. Y lo que es peor, los últimos de una memoria, de un país, de una ciudad, muchas ciudades, que se evaporan mientras sus cenizas se esparcirán por la barra de algunos bares. Antonio Gamero, que no era un joven, que no lo fue ni en edad de merecerlo, era uno de los últimos conocedores de la ciudad como barra abierta y con música de jazz de fondo. Cuando muy jóvenes nos colábamos en el viejo, prehistórico, whisky jazz de Madrid- al piano Tete Montoliú, al vibráfono Lou Bennet- Gamero ya estaba de vuelta. Sin duda uno de los mejores conocedores de la historia, casi secreta, del jazz en nuestro país.
Y luego estaba lo del cine. Una forma no muy molesta de ganarse la vida. Casi siempre se interpretaba a sí mismo con distintos papeles, en distintas épocas y con diferentes directores. Fue actor fetiche, y amigo, de José Luis García Sánchez, pero era un perfecto personaje de Berlanga, aunque trabajaran poco y no muy bien. Gamero era un berlanguiano en estado de calle y normalidad. No le hacía falta guión, ni historia. Un gran interprete de sí mismo. Y un crítico feroz de casi todos. Le gustaban muy pocos, y casi nunca lo reconocía. Un inteligente cascarrabias. Un sabio en cuestiones de jazz, historia del cine, supervivencia en bares y un maestro en saber pagar lo justo, incluso un poco menos.
Con él hemos disfrutado muchas noches, algunos días, en San Sebastián o en el barrio del Retiro, en Huelva o en Huesca. Era un seguro de inteligencia, de chulería culta, de ingenio izquierdista y de bon vivant, no importa con qué whisky o con que foie. Exquisito y tabernario, degustador de escabeches y experto en setas, amigo del caviar y del bocata de sardinas, conocedor de la vida como barrio. Le debo unas cuántas cosas- menos dinero, bastantes cosas- una de las más conocidas es que de su famosa frase: "Como fuera de casa en ninguna parte", hice principio, filosofía y título de una columna que tuve unos años en "El País". Nos falta Gamero, nos faltan otras cosas, pero esta noche nos vuelve a servir de excusa para tener que salir de casa y hacer un brindis en algunas barras que yo se me. Y con el fondo de Miles Davis, que quisimos tanto, que seguiremos queriendo, incluso sin Gamero. Qué putada.
[Publicado el 27/7/2010 a las 19:44]
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Miguel, así que pasen cincuenta años

Mi infancia son recuerdos de una plaza de la Universidad, de los bancos corridos de la vieja universidad Complutense, la Cisneriana. Allí jugábamos al futbol y a las chapas. Aquellos bancos del renacimiento, aquél granito pulido, era una buena pista para las carreras con chapas de botellas de "Cinzano" con nuestros ciclistas: Ocaña, Julio Jiménez, Anquetil o Poulidor. Por allí las chicas, por allí los besos furtivos y el pick-up de Carmelo, el gordito, que era famoso porque salía en la tele- en una serie que se llamaba "Siempre alegres para hacer felices a los demás"- y porque tenía una madre muy moderna y muchos discos. Entonces conocimos a Miguel Ríos, un poco después de ser Mike, pero todavía con aquel vendaval que llamaban "twis". Otros tenían a Jhonny Holiday y Silvie Vartan, a Celentano y Mina: nosotros teníamos a Miguel Ríos y Pili y Mili. Eso era como decirles, vosotros tenéis ONU, nosotros tenemos dos. Pero eso eran cosas de mayores, nosotros estábamos con el twis y "Pototitos". Aunque para bailar "agarrado" la mejor era "El ritmo de la lluvia".
Después llegaron los Beatles y mandaron parar. Aunque no olvidaremos la vuelta de Miguel Ríos, con esas ganas de cantar, con anuncios en la televisión- en la única- y un poco después su "Vuelvo a Granada". Nos llegó antes su himno a Granada que el de Alberti y Paco Ibáñez, que nunca habían estado en Granada. Con el pick-up, con las chicas de las filipenses, de las escolapias y con algunas del Instituto- no muchas porque no eran tan "modernas", nos acercábamos a las orillas del río y, para ser originales, llevábamos "El Río" de Miguel y su interminable estribillo.
A Miguel le debemos algunos ligues. Después nos hicimos mayores e internacionales, aprendimos Beethoven y cantamos "El himno a la alegría", ya habíamos conquistado el "Billboard "unos años antes con "Los Bravos", ahora volvíamos con Miguel.
Y llegaron los progres, se separaron los Beatles, nos quedaron los Rolling y quisimos ser neoyorquinos en peregrinación a California, pasando por Woodstock. Y Miguel se reinventó entre el rock, el amor y un poco de marihuana...y un poco de trullo, que los franquistas todavía mandaban mucho.
Volvimos a Miguel en Granada, en su Granada, en nuestra Granada, cuando los poetas, los músicos, actores y toda clase de gente decente hicieron un homenaje a Lorca en una tarde de Junio con palos y en Fuente vaqueros. Llegó la democracia, pasó la transición, Miguel se puso a recorrer las plazas con el "Rock and Ríos", siguió con el rock para las noches de verano, llegó el año del cometa, los viejos roqueros que nunca mueren y así pasaron treinta años, y Miguel siguió con nosotros. Y por suerte entró en nuestra vida, solo o en compañía de otros: de Joan Manuel, de Víctor, de Ana...ay Ana! Ya quisiera Silvie Vartan haber cantado, contado y actuado como Ana Belén.
Y así que pasen cincuenta años y Miguel que se arruga, que dice adiós con su rock y por el morro. No me lo creo, ahí están sus ejemplos a seguir: la joven María Dolores Pradera y la eterna Chavela Vargas, han vivido y bebido mucho más que el atlético, perdón, quiero decir: que el madridista Miguel y no se van retirando por una crisis de mierda, dos arrugas y unas canas. Siempre te quedará el Grecian Dos Mil, algunas prótesis y unas muletas rockeras. Los viejos roqueros deben morir a pie de carretera. No confundir los sesenta y seis son años perfectos para seguir en la ruta.
No nos hagas esto Miguel, por tu familia, por tus sobrinas, por tus amigos, por tu hija y por Regina. Que un jubilado se pone muy pesado. Tienes que seguir porque tú eres para nosotros mejor que ese protagonista del cuento de Monterroso.
Cuando el rock español despertó Miguel Ríos ya estaba allí.
Hoy le hacen un homenaje en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en la Magdalena de Santander. La universidad no se puede cargar a los roqueros con honores y galardones. Los roqueros deben volver a nuestras calles. Aunque sean madridistas.
[Publicado el 22/7/2010 a las 09:33]
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Estar en Julio en Madrid no es la mejor de las ideas. Estoy porque vendrá Patti Smith. Estoy por esos cursos de El Escorial. Estoy porque no me ido, pero me estoy fugando. Hoy es 19 de Julio, el día después del 18. Casi nadie, ni lo más fantoches de los nostálgicos, hacen ya ruido en esa fecha de tanto odio. Aquello que fue impuesto ya es impostura hace mucho. Mejor así. Pero tampoco olvidar.
Ayer, 18 de Julio, al lado de la plaza de Lavapiés, cerca de una taberna de gambas y boquerones que me gusta, un viejo me pidió el periódico. Quería comprobar que era el día ese. El día aquél. Y comenzó a contar cosas de su vida. De niño de pueblo que escuchó la guerra. De joven huyendo de miserias, trabajando en la posguerra como camarero en uno de esos cafés que de la Gran Vía en los que los vencedores quisieron olvidar sus miserias. Un hombre que creció en el franquismo y que todavía no olvida esos días de Julio. Se siente un poco raro frente a sus compañeros, a sus vecinos, a él le gusta pasar el tiempo en los museos. Le hubiese gustado leer más historia, más novelas, más poesía. Me voy a mis cañas. Le dejo con sus recuerdos.
Hoy, el día después, vuelvo al libro rescatado de Blas de Otero: "Hojas de Madrid con La Galerna". Un libro rescatado, mitificado, mal conocido, parcialmente inédito y muy cercano a las cosas que pasaban, que le pasaban y que pasaron por nuestra historia. También un libro enamorado. El poeta vive un nuevo amor, se nota en sus labios, en sus versos.
Yo hoy, 19 de Julio, día en que muchos madrileños se armaron para defenderse de los sublevados, de los fascistas armados en el Cuartel de la Montaña, no quiero olvidar esos días de Julio en una ciudad llena de vida que peleó contra los negros heraldos de la muerte, de los cobardes amparados en las armas de algunos cuarteles. Blas de Otero sacó sus palabras, su memoria a pleno sol y dejó escrito un poema para éste día:
"No olvides Madrid el día
....Madrid se encuentra en peligro,
Madrid defenderse quiere,
sobre sus rojos tejados,
sus fachadas indelebles,
y un dos de mayo interior
que ataca y canta y sostiene
una bandera encarnada
que el aire rosa estremece...
Fachadas rosas. Madrid,
Madrid de bravas mujeres
y niños que irrumpen hacia
un porvenir que se mueve
en las entrañas de un hoy
oscuro pero imponente.
No olvides, Madrid, el día
en que asaltaste de frente
el cuartel de la Montaña
con un cuchillo en los dientes"
Pues eso. Hoy me he levantado republicano. Casi de la "roja" de aquellos años. De aquellos que se levantaron contra los sublevados de aquél cuartel. Después perderíamos. Pero esos días de dignidad y combate no los borrará nadie. Mañana, posiblemente, volveremos a ser los escépticos que solemos. Todavía no toca ser reaccionario. ¿O sí?
[Publicado el 19/7/2010 a las 14:56]
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Es un cosmopolita de pueblo. Vive al lado de una de las más hermosas playas del sur en la que nunca se baña. Por su culpa, gracias a él, un grupo de escritores, poetas, músicos, y otros peculiares humanos que beben juntos al caer la noche, se reúnen el pueblo de Rota, cerca de Cádiz y al lado de una de las mayores "bases americanas" de Europa.
Es Felipe Benítez Reyes uno de los más curiosos, raros, elegantes e inclasificable entre los escritores españoles. Pertenece discretamente a un grupo que se creó por seguir su senda vital, parece un centroeuropeo con acento del sur, le sientan bien las patillas- pero se ha dejado barba- y los sombreros, aunque los usa con secuencia descendente. Sus libros narrativos nos reconfortan por el humor y sutiles tramas inteligentes. Sus poemas nos abren a otros mundos, otras voces. Tiene la gracia de saber decir y saber contar.
Desde hace unos días, y con el dulce placer de no hacer nada, estoy en los alrededores del "grupo de Rota", todos en vacaciones menos el sonetista y cantautor Sabina, que anda ganándose las perras en los escenarios. Manía de trabajar cantando para muchos que le permite mantener sus vicios. Sobre todo el feo vicio de comprar los mejores libros en las mejores ediciones.
Yo sigo instalado en la dulce pereza, el deseo de no hacer nada, el vagar sin apenas obligaciones, hacen que no haya abierto el ordenador. Una suerte de huida de tanto grito, tanta euforia, tantas banderas y tanto "viva España".
Entre lecturas y amigos, entre copas y atardeceres, y buscando una sombra para leer el último libro de Benítez Reyes, un libro de informes literarios y con collages del propio Felipe. Un ejercicio de imaginación con la marca de la casa. Una hermosa edición para un libro que se titula: "Formulaciones tautológicas". Estrena colección en la editorial ZUT. Y ante de copiarles uno de sus cuentos breves, me entretengo un instante en el principio de su biografía autorizada: "Poco más o menos, lo mismo que casi todo el mundo, aunque diferente- en lo accesorio al menos- a casi todo el mundo, como le sucede a casi todo el mundo en su paso por el mundo..." Pues, eso.
"LA FANTASIOSA"
"Lucrecia Urbach, prima de Matilde Urbach, siempre tuvo muy mala cabeza.
A los seis años de edad se aficionó al robo de identidades. "Hoy soy Leopoldo Lugones", podía proclamar. O bien: "A partir de ahora, sabed que soy el gato de Cheshire y que no pienso dejar de sonreír hasta que se me gasten los dientes". Un día se apoderó de la identidad de su abuela Magy, a consecuencia de lo cual la anciana se quedó anclada en una especie de limbo hasta la hora de su muerte, ya que su identidad era lo único que le quedaba, aparte de su colección de esmaltes húngaros, por supuesto, y de su abono para el Gran Teatro de la capital, donde tenía como vecino de palco al novelista Mujica Lainez.
Al cumplir los 18 años cogió la manía, en cambio, de regalar identidades incluso a los desconocidos. "Vos sos el astronauta Bowman", podía decirle a su padre. "Vos sos el obispo Ignacio de Antioquia", podía decirle al panadero.
A causa de aquellas fantasías, una mañana se levantó con dolor de cabeza, se miró en el espejo y vio lo que vio, tan incrédula como todos los que la vieron el resto de su vida"
Habrá que mirar el collage para entenderlo mejor. También se recomienda volver al poema de Borges. Incluso no viene mal reconocer que nunca fuimos aquellos que recibieron los favores de ninguna Urbach.
[Publicado el 15/7/2010 a las 10:18]
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Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
03/9/2010 15:31
Joder! pero este Alex no se...
Publicado por: Ramón Rozas
03/9/2010 00:44
Publicado por: alex
03/9/2010 00:31
Sin DuDa fue Zapatero. Sin duda...
Publicado por: alex
03/9/2010 00:28
Publicado por: alex
03/9/2010 00:27
Publicado por: alex
03/9/2010 00:26
----------------> DEBIO SER...
Publicado por: alex
03/9/2010 00:25
Publicado por: alex
03/9/2010 00:19
Publicado por: alex
03/9/2010 00:05
Guajira guam tanamera.. O tal...
Publicado por: alex
02/9/2010 23:56
Publicado por: alex
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