El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 26 de mayo de 2012

 Blog de Sergio Ramírez

II. Sigue el misterio: un elogioso prólogo de Borges

Pero el parecido entre los títulos de ambos libros no era todo. Cuando el de Álvaro publicó, traía a manera de prólogo una carta del propio Borges, que comenzaba:

            "Mi querido amigo:
            Al conocer sus Cuentos breves y maravillosos, pienso que no fue meramente accidental que Kafka escribiera La Muralla China: se repite en usted la nota de lo que con Bioy Casares llamamos las antiguas y generosas fuentes orientales. Se repite y se prueba mi idea de que el número de fábulas o de metáforas de que es capaz la imaginación de los hombres es limitado...limitado o no, lo cierto es que usted prueba a su vez que ese número no está en manera alguna agotado...mas usted le da nuevo engaste y logra con intensidad lo que otros, en más de veintitrés siglos, no lograron con extensión. Por eso yo no acepto el homenaje que me rinde al declararse mi seguidor. Si de algo es usted seguidor es de sus propios sueños..."

            Las dudas envidiosas no tardaron en estallar como burbujas malsanas en el mundillo literario centroamericano, y sobraron las acusaciones de plagio de los propios textos del libro, y las de falsificación burda de la carta de presentación. Álvaro, que ya se sabe era publicista sagaz, escribió él mismo, bajo nombre simulados, no pocas de esas acusaciones que llegaban a los periódicos, con lo que las ventas del libro se dispararon. Nadie reparó en la nota con que, al final del libro, completaba su ardid:

            "Querido maestro Borges:
            Mi vanidad y mi nostalgia -me digo con sus palabras- han armado una escena imposible.  De pronto despierto de un sueño y tengo su carta en las manos, como la flor de Coleridge...". La carta, los cuentos, la nota final, todo era parte de la misma ficción, todo era borgiano.

[Publicado el 01/7/2011 a las 09:00]

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I. Comienza el misterio: dos títulos demasiado parecidos

Recién se han cumplido los 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges, y quiero recordarlo en clave centroamericana porque siendo él maestro de tantas cosas, lo fue de los textos apócrifos, y en El Salvador, un aventurado cuentista buscó imitarlo en ese arte selecto de poner en boca de otros lo que uno mismo ha inventado, haciéndolo a costillas del propio Borges.

            En 1963 Alvaro Menen Desleal, que por puro amor al arte de las ficciones había descompuesto sus apellidos originales, Menéndez Leal, para darles un toque más provocador, de lo leal a lo desleal, tenía 31 años de edad y ya había dejado tras de sí una larga cauda que incluía su expulsión de la Escuela Militar Gerardo Barrios por haber publicado un poema que las autoridades castrenses juzgaron subversivo; lo metieron preso luego bajo el cargo de conspirar contra el régimen del coronel Osorio, había peleado en las arenas de boxeo de México y Centroamérica en la categoría de peso mosca, y después de ejerce el periodismo escrito había fundado el primer noticiero de televisión que se transmitió en El Salvador, amén de haber dado pruebas de ser un publicista sagaz.

            Ese año de 1963, entonces, ganó el segundo lugar en el Certamen Nacional de Cultura con su libro Cuentos Breves y Maravillosos,  título que recordaba demasiado el de Cuentos Breves y extraordinarios de Borges, aparecido diez años atrás.

[Publicado el 29/6/2011 a las 10:07]

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IV. La vida que está en los libros que permanecen juntos

Son libros que cuando desbordan la casa, desbordan la vida. Imponen su abundancia, y con su abundancia, su tiranía. Si intentaras deshacerte de ellos, más bien te cerrarían el paso y no te dejarían trasponer la puerta. Casa tomada. Cuando los libros ya no caben en los pasillos, ni en la cocina, y llegan a los baños, no hay más que rendirse. Alfonso Reyes, cuando le preguntó el arquitecto qué clase de casa quería, dicen, respondió que una biblioteca con un cuarto para dormir. Una iglesia, una capilla, con una celda para el oficiante.  Aquí, una cama matrimonial cercada de libros.

            Por eso es que esta casa muerta, sin habitantes, tiene vida porque la vida está en los libros, que permanecen juntos. Pueden hablar unos con otros. Los hijos de Alí se han convertido en guardianes celosos para que así sea. Cuántas veces bibliotecas como ésta, que hablan, y que respiran, van a dar a los deshuesaderos que son las librerías de viejo, cada libro separado de su par, huérfanos de su unidad, perdidos y malbaratados, vendidos por libra, comprados a ojo de buen cubero, huérfanos tras una catástrofe.

             Hay una fotografía de Alí, ya de las últimas, recostado en una cama de hospital, entre sus libros. Quiso que lo trajeran aquí, que lo dejaran aquí, ya no en el dormitorio, sino en la sala mayor de la biblioteca. La vida, y la muerte, entre los libros.

            Cuando la visita ha terminado, Guillermo va apagando las luces, y ya en el corredor, mientras el aire cálido de la noche mueve apenas los árboles del jardín, pone llave a la puerta. Atrás ha quedado la multitud de libros en la oscuridad y en el silencio. Se multiplican en la oscuridad y en el silencio. Siguen creciendo. Se les puede oír cómo crecen, porque ésta es la biblioteca infinita.

[Publicado el 24/6/2011 a las 09:00]

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III. Ser pobre para poder ser rico en libros

También están las fotos. En una, Alí y su mujer, Octavio Paz y su mujer, sonrientes todos, en uno de los cumpleaños del dueño de la casa, una fiesta celebrada en las estancias iluminadas, cuando los lomos de los libros tomaban más lustre. Y vuelvo a meditar sobre la cifra, cuarenta mil, o más de cuarenta mil. Una biblioteca como la imaginó Borges. Sólo la de Alfonso Reyes, o la de José Luis Martínez, llegaron  a ser tan grandes, me cuentan mis anfitriones.

            Libros coleccionados a lo largo de toda una larga vida, desde los primeros que Alí tuvo en su adolescencia de Acaponeta, su pueblo natal del estado de Nayarit, y los que fue adquiriendo en su temporada de estudiante en Guadalajara. Guillermo recuerda que decía que llegó a tener tantos libros porque era pobre, y los había ido comprando uno a uno, con cada centavo disponible.

            Una hermosa paradoja, ser pobre para poder ser rico en libros. No es la inmensa biblioteca de un potentado que los compra por metros, y que no leerá nunca, sino libros que tienen cada uno un sentido, escogidos cada uno por una razón diferente, colocados en su lugar con mano amorosa.

            La revista Forbes debería hacer listas de esta clase de millonarios, los millonarios en libros.

[Publicado el 22/6/2011 a las 09:00]

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II. Libros que llenan una casa sin ecos

En el salón principal nos recibe el silencio, y el olor a papel viejo de la multitud de libros que forran las cuatro paredes parece dar un color invisible al aire estancado. Las casas vacías que siguen viviendo solas me llenan siempre de desasosiego, una vaga inquietud por lo finito que la muerte convierte en infinito, el vacío del vacío. Los dueños se han ido. Lourdes, la esposa, primero, Alí después, y no volverán nunca, pero cada objeto se halla en su lugar, como si la vida doméstica fuese a proseguir. Los libros siguen tal como Alí quiso que estuvieran, en su lugar preciso, bajo ese código de colocación que sólo el dueño de su propia biblioteca conoce; el sofá, los sillones, que esperan por las visitas. La mesa de trabajo del poeta, la máquina de escribir de teclas mudas. Los estantes llegan hasta el techo, muchos de los libros forrados en tafilete, obra esmerada de encuadernadores artesanales. Pero también hay libros en los demás salones, en un entrepiso, en los pasillos, en la cocina donde un canasto con cebollas cuelga del techo. Los habrá seguramente en el segundo piso, más allá de la escalera que ya no recoge ningún paso en la casa que se ha quedado sin ecos. Y en los espacios de las paredes donde no hay libros, numerosas pinturas y dibujos, regalo de los amigos. Los inconfundibles cuadros de Mérida, un dibujo de Diego Rivera, otro de Cuevas.

[Publicado el 17/6/2011 a las 09:00]

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I. La calle Gelati de San Miguel Chapultepec

Los hijos del poeta Alí Chumacero me han invitado a visitar la casa donde vivió, en la calle Gelati de San Miguel Chapultepec. La cita es a la siete de la noche, pero he llegado tarde porque el conductor se ha perdido en este barrio que parece tan provinciano y antiguo rodeado por el tráfago cada vez más denso de la infinita ciudad de México, un barrio de ayer donde las calles llevan el nombre de héroes militares. Héctor Aguilar Camín, que vive por aquí cerca, ha escrito un cuento sobre el fantasma impenitente del coronel Gregorio Vicente Gelati, caído en 1847 en la batalla librada en Molino del Rey, un paraje que no queda lejos, contra las tropas interventoras de Estados Unidos.

            Alí Chumacero murió apenas el año pasado, a los 92 años de edad. Fue un poeta relevante, crítico literario, y editor, ligado por décadas al Fondo de Cultura Económica, y aunque él mismo consideraba hermética su poesía, de minorías, su obra literaria y cultural le hizo merecedor de múltiples premios y homenajes, uno de ellos que al cumplir los noventa años le dedicaran un sorteo de la Lotería Nacional, con su efigie impresa en los billetes.

            Esta visita a su casa tiene para mí el significado de una peregrinación a un santuario cuyas puertas sólo se abren de vez en cuando. Al fin el conductor ha podido encontrar la calle, y Guillermo Chumacero y su esposa Marcela me esperan en la acera para conducirme entre las sombras del jardín hacia el corredor lateral donde se halla la puerta. Cuando entramos, van encendiendo luces. Más tarde llegarán María y su esposo Gabriel, hijo del novelista Agustín Yañez, quienes viven en la vecindad.

[Publicado el 15/6/2011 a las 09:00]

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IV. Los augurios de la oscuridad

Y antes del golpe que derrocó al presidente "Tití" Aristide en 1991, quien ha vuelto también al país tras su exilio en Sudáfrica, los altos militares golpistas eran clientes asiduos de la discoteca The Garage, propiedad de Swett Micky. Y por si fuera poco, uno de sus designios presidenciales es ahora la restauración de las fuerzas armadas, desmanteladas en 1995, y que a lo largo de la historia han sido una de las maldiciones del país, fuente de golpes de estado, y de dictaduras.


¿Podrá hacer algo por Haití este cantante pop que en los escenarios se disfraza de manera estrafalaria, a veces de mujer, otras en pañales, y que ahora, ya presidente, viste impecables trajes cortados a la medida? Las promesas de ayuda financiera, y de inversiones del capital extranjero, siguen pendientes. Las instituciones siguen ausentes. Los hospitales siguen en manos de organizaciones humanitarias internacionales.


Aunque no se lleva mal con Préval, o así parece, nadie puede garantizarle que tendrá su apoyo en el Congreso Nacional, donde su propio partido, Respuesta Campesina, apenas sacó 3 diputados, mientras el partido de Préval, Inite, ganó 52 asientos, más de la mitad, con lo que tiene en sus manos el control parlamentario.


La ceremonia de toma de posesión, efectuada en una improvisada construcción de madera frente a las ruinas del Palacio Legislativo, y seguida de un Tedeum frente a las ruinas del Palacio Nacional, porque la catedral también resultó destruida por el terremoto, costó más de cuatro millones de dólares, una suma ofensiva frente a los centenares de miles que sobreviven en las carpas, y entre las corrientes de aguas negras a flor de tierra.


Y a pesar de todo lo gastado en dar brillo a la ceremonia, se fueron las luces en la barraca donde Sweet Micky prestaba juramento. La oscuridad es siempre un mal augurio.

[Publicado el 10/6/2011 a las 09:00]

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III. Un calvo sin pelo de tonto

Al presidente Préval, mientras duró la sensación mundial provocada por el terremoto, la comunidad internacional le prometió el oro y el moro para reconstruir el país, nada menos que 5 mil millones de dólares, pero se enfriaron con el tiempo los entusiasmos humanitarios, y al fin sólo llegaron migajas; de modo que los edificios públicos aún siguen en ruinas, empezando por el Palacio Nacional, lo mismo que las viviendas, con cerca de 700 mil personas habitando bajo carpas ya envejecidas por las que se cuela la lluvia, y que sufren, además del acoso de las bandas de delincuentes, la falta de servicios básicos, empezando por el agua potable.

            ¿Quién, en verdad, Sweet Micky fuera de la luz de los reflectores de sus conciertos? ¿Un ingenuo? ¿Un advenedizo con suerte? ¿Un insensato que sin ninguna experiencia política acepta hacerse cargo de un país que vive una catástrofe permanente?

            A pesar de ser calvo, de tonto no tiene ni un pelo. Además de su amistad declarada con el teniente coronel Michel François, antiguo jefe de la policía de Puerto Príncipe, convicto por crímenes contra la humanidad, tampoco oculta sus estrechas relaciones con "Baby Doc" Duvalier, un criminal de peso aún mayor, quien está de regreso en Haití después de su largo exilio en Francia; apoyó a Sweet Micky en la campaña electoral, y figura como su asesor.  Ningún tribunal juzgará ahora a "Baby Doc", heredero del poder dictatorial de su padre, "Papa Doc" Duvalier, por los crímenes de que se la acusa.

[Publicado el 08/6/2011 a las 09:00]

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II. Un toro negro de grandes cuernos

Sweet Micky fundó un partido político al que llamó en creole Repons Peyizan (Respuestas Campesina), y le puso como emblema la figura de un toro de grandes cuernos, como el que anuncia el brandy Osborne en las carreteras de España. Quedó en tercer lugar en la primera vuelta, pero al retirarse de la contienda el candidato oficial, Jude Celestin, yerno del presidente René Préval, obligado por las acusaciones de fraude, Sweet Micky se midió a solas en la segunda con la ex primera dama Mirlande Manigat, y le ganó fácilmente con un 67% de los votos.

            Un inusitado presidente para un país desesperanzado, sin instituciones confiables, empezando por la que cuenta los votos, y en manos de la misión de las Naciones Unidas que controla, a como puede, el orden público con sus tropas multinacionales. Un país en ruinas, que ya era el más pobre entre los pobres antes del terremoto de enero del 2010 que destruyó Puerto Príncipe, con un saldo de 250 mil muertos y 2 millones de damnificados, y luego, como si aún fuera poco, vino un ciclón devastador, uno de tantos que han castigado con rigurosa periodicidad la isla, y más luego la epidemia de cólera de la que se ha culpado a los soldados nepaleses del contingente militar de la ONU.

[Publicado el 03/6/2011 a las 09:00]

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I. Sweet Micky se tercia la banda presidencial

El cantante Michel Martelly, mejor conocido en los escenarios como Sweet Micky,  es un héroe de la música pop al que veneran los jóvenes haitianos descalzos y descamisados, muchos de ellos sin techo alguno sobre sus cabezas. No hay nadie que interprete mejor el konpa dirèk, un género bailable de la música creole que nació a mediados del siglo pasado pero que él renovó cuando de vuelta a Haití en 1987, tras una de sus largas temporadas errantes en Estados Unidos, tocaba el piano en las fiestas elegantes de Petionville y Kenskoff, los suburbios adinerados de Puerto Príncipe. Desde allí pasó luego a los escenarios abiertos, y al olor de multitudes. 

            Como es calvo, también lo llaman "Testuz Kalé", que en creole quiere decir cabeza pelada. Quiso ser médico, pero no dio el ancho. Quiso ser militar, pero huyó de la academia castrense donde estudiaba tras haber embarazado a la hija del general que dirigía la institución. En Colorado fracasó como alumno de un colegio comunitario, y se empleó de dependiente de mostrador en una tienda de abarrotes. En Miami trabajó como obrero de la construcción. Gracias la música, o como haya sido, llegó a ser un hombre de dinero, como para hacerse dueño de una residencia amurallada en la capital más miserable de América Latina, además de famoso como "presidente" del konpa dirèk. Ahora es, además, presidente de Haití.

[Publicado el 01/6/2011 a las 09:00]

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011).

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

 


Bibliografía

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