El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 26 de mayo de 2012

 Blog de Sergio Ramírez

IV. Un llamativo epitafio

El príncipe, o cacique, sólo estuvo preso un año bajo el cargo de "falsas promesas", y siguió obteniendo préstamos para su principado, y timando incautos, hasta el año de 1837 cuando decidió batirse en retirada, y regresó a Venezuela, donde recobró su rango militar y se le abonaron los sueldos que había dejado de cobrar desde el año de 1820. Ahora su ocupación era tranquila. Se dedicó a plantar moreras, y a criar gusanos de seda. Ya muy viejo, y casi ciego, murió en Caracas en 1845.

Dice uno de sus escasos biógrafos venezolanos: "pese a estar enterrado en el Panteón Nacional, hoy apenas se le recuerda. Aventuraré un motivo para el olvido: McGregor no sólo era un maestro masón con grados recolectados de Glasgow a Londres y un guerrero capaz de derrotar a cuanto batallón español se le pusiera en frente; McGregor era, además, un arriesgado, perseverante e ingenioso estafador". Un llamativo epitafio.

Uno no debería contar nunca las novelas que alguna vez piensa escribir, porque desperdicia el tema en el camino, o porque alguien más avezado se lo quita. Pero he decidido correr el riesgo.

[Publicado el 27/5/2011 a las 09:00]

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III. Un director de ópera sin ópera

En 1822, McGregor hace publicar un lujoso prospecto de cerca de 400 páginas donde se describe la naturaleza paradisíaca de Poyais, la fertilidad inagotable de sus suelos, propios para criar ganado, sembrar trigo y cultivar la vid, la inagotable  riqueza de sus bosques de maderas preciosas, sus recursos minerales abundantes en oro y plata, las bondades de su clima exento de ciclones y otras molestias climáticas, y libre también de mosquitos y otras perniciosas alimañas; lo mismo que se detallan las maravillas de la capital, Saint Joseph, con sus hermosos edificios neoclásicos, sus calles pavimentadas tiradas a cordel, sus plazas, sus teatros, y sobre todo, su célebre ópera. Un país sacado de la nada, o mejor dicho, de la imaginación.

Muy pronto dos barcos con unos trescientos ilusionados, o ilusos, inmigrantes, se partieron hacia Poyais, no sin antes cambiar sus libras esterlinas por la moneda de Poyais, que McGregor hizo imprimir en Escocia. Tras una feliz y esperanzada travesía llegaron a la costa oriental de Nicaragua, pero a la altura del Cabo Gracias a Dios una feroz tormenta hundió uno de los dos barcos, y los náufragos sobrevivientes, perdidos todos sus haberes, alcanzaron con dificultad la costa donde les esperaban los pasajeros de la otra embarcación, y a todos no otra cosa que la impasible selva virgen, sus pantanos, y las enfermedades que empezaron a diezmarlos. De los 300 nuevos ciudadanos de Poyais, porque a todos se les había concedido por decreto la ciudadanía, ya había muerto más de la mitad cuando un barco de bandera inglesa rescató en abril de 1823 a los que quedaban. Uno de los infelices enterrados en la selva, víctima de la malaria, fue el músico escocés a quien McGregor había prometido el puesto de director de la Opera de Saint Joseph.

[Publicado el 25/5/2011 a las 09:00]

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II. Un país sacado de la imaginación

En 1817, aparentemente con el consentimiento de Bolívar,  tomó posesión, a la cabeza de un contingente de ochenta hombres, de la isla Amelia, al noroeste de la Florida, sin que la guarnición española opusiera resistencia, y creó la república libre y soberana de Las Floridas. Pero sus problemas empezaron cuando se decidió a conceder patentes de corso a sus propios capitanes para asaltar los barcos mercantes, y su república tuvo así una efímera duración de dos meses, pues fue expulsado de la isla por fuerzas militares de los Estados Unidos.

Ésa no sería, sin embargo, su más extraña hazaña, sino la que le tocó cumplir en territorio de Nicaragua: la creación, en el año de 1820, de un país al que bautizó con el nombre de Poyais, en la costa de la Mosquitia, y del que se proclamó cacique, o príncipe, daba lo mismo. Se trataba de un territorio de 32.500 kilómetros cuadrados que le había concedido mediante contrato el rey mosco George Frederick, que era también un rey ficticio, coronado en la catedral de Kingston, en Jamaica, por ardides del Ministerio de Colonias de Inglaterra.

McGregor llegó a Inglaterra ese mismo año investido de su autoridad como soberano de Poyais. Fue recibido con honores y celebrado con fanfarrias. Abrió la Embajada de Poyais en el corazón de Londres, y a sus recepciones oficiales concurría la nobleza, el cuerpo diplomático, y los banqueros. Fue así que, entre brindis con champaña, empezó a vender las tierras del principado fantasma, a 3 chelines por acre. Al poco tiempo, el Tesoro Nacional de Poyais recibiría un préstamo bancario de 200.000 libras para fortalecer las finanzas del principado.

[Publicado el 20/5/2011 a las 09:00]

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I. Personas de novela

Una vez llegó a mis manos la historia del conde Agoston Haraszthy, un emigrado húngaro que había hecho fortuna en Estados Unidos, impulsó la siembra de viñedos en California, y tras acusaciones de fraude que trajeron su ruina, vino a fincarse en Nicaragua para establecer un ingenio de azúcar; pero una mañana del mes de marzo de 1869, mientras trataba de cruzar un río, fue arrebatado por las fauces de una caimán, y así desapareció para siempre. Relaté esta historia en mi libro de cuentos El reino animal, bajo el título Sic Transit Gloria Mundis.

Extrañas historias, fantasmas tenaces. Ahora me he hallado con otra, cuyo escenario es también Nicaragua, tierra fértil para enterrar los sueños de gloria, o para que crezcan las mentiras más descomunales, y tiene que ver con un personaje que le gana en agallas, ardides y fantasías al conde Haraszthy por más de una cabeza. Se trata de Gregor McGregor, escocés de pura cepa, como puede suponerse por su apellido, a quien Francisco de Miranda concedió primero el rango de General de Brigada de Caballería, y luego el mismísimo Libertador Simón Bolívar, a cuyo estado mayor perteneció, le dio en 1816 el de General de División,  le otorgó además la Orden de los Libertadores, y la mano de una sobrina suya, Josefa Lovera. Hasta aquí, todo va muy bien con este héroe epónimo de la independencia de Venezuela.

[Publicado el 18/5/2011 a las 09:00]

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IV. Un amor incalculable

Como la Constitución Política de Guatemala opone el valladar de que la esposa no puede suceder en la silla presidencial al esposo, los Colom han tomado la decisión de divorciarse. Así, al quedar extinguido el vínculo, consideran que queda extinguida la prohibición. 

            Generalmente, en las historias románticas, los amantes apartan todos los obstáculos que se oponen a su amor para permanecer juntos hasta que la muerte los separe, no importa si ese obstáculo es todo un reino, como en el famoso caso del rey Eduardo VIII de Inglaterra, que abdicó al trono para vivir al lado de Wally Simpson, quien no calzaba en las reglas de la realeza. Pero aquí es al revés. Los esposos se divorcian, en busca de conservar el poder.

            No es falta de amor, han dicho los esposos, ella con lágrimas en los ojos, y luciendo aún en su dedo el anillo matrimonial, que el presidente también enseña en el suyo. "Mi amor por el presidente es grande y sólido, pero mi amor por el país y por la gente es ilimitado e incalculable", declara ella, y en sus palabras resuenan ecos de Eva Perón.

            ¿Pero qué pasará mientras tanto? ¿Se separan de verdad, y de verdad dan por terminadas sus relaciones conyugales? Lo digo porque ambos confiesan que no hay disensiones entre ellos. Se trata nada más de un asunto de conveniencia política. Es que si siguen casados, ella no puede ser candidata. Fatal disyuntiva.

¿Qué es más fuerte? ¿El amor al poder, o el amor conyugal? ¿Pasarán a ser amantes clandestinos? ¿O se acogerán a la separación de cuerpos que impone el divorcio? Como en las telenovelas, eso sólo podremos averiguarlo en un siguiente capítulo.

[Publicado el 13/5/2011 a las 09:00]

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III. Consortes con suerte

En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega tiene en su esposa Rosario Murillo a una especie de primera ministra que oficialmente lleva el título de secretaria de comunicación. Le ha entregado exactamente la mitad del poder, según su propia declaración, en una equitativa repartición de género. Pero hasta allí no más. La esposa no sucederá a su esposo, que acaba de ser proclamado de nuevo candidato presidencial, bajo las viejas reglas del caudillismo, que sigue siendo esencialmente masculino, y como ya mandó abolir las reglas constitucionales, el comandante podrá seguirse reeligiendo per secula secolurum.

            Tenemos otro caso aparte, el de la primera dama de la República Dominicana, Margarita Cedeño, quien ha decidido inscribirse como precandidata del PLD, el partido en el poder, en busca de competir por la sucesión de su marido, el presidente Leonel Fernández.

Pero el  más atractivo es, sin embargo, el de la pareja presidencial de Guatemala, formada por el ingeniero Álvaro Colom, y su señora esposa doña Sandra Torres, quien tras compartir el mando con su marido, de manera muy visible, ahora se prepara a ser proclamada candidata del partido de gobierno, la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE).

[Publicado el 11/5/2011 a las 09:00]

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II. El poder bajo las sábanas

En nuestra maltratada historia ha habido, y sigue habiendo, diferentes clases de sucesión familiar, pero se ha tratado de un asunto entre hombres. De padre a hijo, y de un hermano a otro, como la familia Somoza, bajo los términos de una dinastía dictatorial; y hoy vemos a Kiko Fujimori, hija de Alberto Fujimori, el dictador convicto por delitos de genocidio cometidos durante su mandato, compitiendo por la presidencia del Perú. También, en países de tradición democrática como Costa Rica, los padres próceres trasladan su prestigio a sus hijos, como don José Figueres y el doctor Calderón Guardia,  y ahora se dice que don Rodrigo Arias, hermano del dos veces presidente Oscar Arias, será candidato en las próximas elecciones. Y no olvidemos que también el recuerdo del general Torrijos sirvió de catapulta a su hijo Martín en Panamá.

            Pero el poder de los consortes se mueve bajo otras reglas. La primera de ellas la de la intimidad. Un poder bajo las sábanas. Quizás su mejor antecedente es el de los esposos Perón en Argentina, que tuvieron una bien calculada división del trabajo. Ella, Evita, actuaba con glamour en el escenario, envuelta en pieles, y desde su mano enjoyada partían las dádivas dispensadas desde la fundación que llevaba su nombre. Ganaba así ascendencia frente a las masas peronistas agradecidas, y servía de buen soporte a su marido el general Perón. Pero el acceso al poder político real siempre le estuvo vedado. Cuando quiso ser vicepresidente, en fórmula con su marido, los estamentos militares la vetaron. Y que Perón tuviera a su propia consorte como vicepresidenta, y luego como sucesora en la presidencia, sólo fue posible con su segunda esposa, Isabel, y ya devino todo en caricatura, amarga y sangrienta caricatura.

[Publicado el 09/5/2011 a las 09:00]

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I. Manos conyugales

Está de moda el poder matrimonial compartido. Se trata de un fenómeno nuevo que nos ha sido traído por el siglo veintiuno, y no precisamente como un aviso de modernidad. No me atrevería por tanto a juzgar que se trate de un avance del poder femenino, que se pone a la par del viejo poder patriarcal masculino, al aparejar la consorte a su pareja.

Hemos tenido, y tenemos, claro, casos de mujeres presidentas, Violeta Chamorro, Michele Bachelet, Laura Chinchilla, Dilma Rouseff, en los que el vínculo matrimonial ha sido ajeno al triunfo en las urnas.  Al contrario, aquí estamos hablando de mujeres casadas con presidentes, que cambian el papel tradicional de primeras damas, relegadas a dirigir obras de asistencia social, y pasan a asumir importantes cuotas de poder político y gubernamental, y luego, renuentes a dejar las alcobas y los salones de los palacios presidenciales, se convierten en candidatas, y sucesoras.

Algunas veces esta situación ocurre en planes de alternancia entre los esposos, ahora yo, mañana tú, y pasado mañana otra vez yo, como pensaba la pareja Kirchner que podía hacerse, hasta que vino la visitadora, la eterna separadora, tal como se designa a la muerte en Las mil y una noches, a descalabrar sus planes de poder para siempre compartido, el bastón de mando pasando sin fin de unas manos conyugales a otras.

[Publicado el 13/4/2011 a las 10:18]

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La historia que se repite

No es previsible que altere en lo fundamental las reglas de la economía de mercado, pero sí que haga crecer a su propio grupo empresarial, alimentado por los recursos del petróleo venezolano, un grupo que es a la vez privado y paraestatal, para diversificar su influencia en la vida económica del país, multiplicando sus áreas de negocios y de inversión, bajo las ventajas de la protección del estado, con lo que la empresa privada se verá disminuida y limitad

            Su fortaleza mayor se halla en la permanencia de Chávez en el poder, su principal aliado estratégico, y su mayor proveedor de recursos, manejados de manera privada, al margen del estado. Pero al mismo tiempo Chávez es su talón de Aquiles, porque siendo subsidiario suyo, de llegar éste a desaparecer, los cimientos del proyecto de Ortega se verían remecidos.

            Además, un poder de esta naturaleza, concebido sin plazos ni alternancias, no puede ser estático porque se debilita, y está condenado a buscar como expandirse, que es donde reside, precisamente, su precariedad. A más control social y económico, a mayor cierre de espacios políticos y de expresión, y ante la reducción cada vez más drástica de los cauces del libre funcionamiento democrático, que anula la posibilidad del cambio a través del voto popular, la historia de Nicaragua volverá otra vez a repetirse, signada por el enfrentamiento y la tragedia.

[Publicado el 08/4/2011 a las 09:00]

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Hacia el poder total

La existencia de regímenes autoritarios basados en el caudillismo tradicional, sólo puede ser vista como una anomalía en América Latina, donde la democracia ha hecho avances notables en los últimos treinta años. Y la prolongación de la permanencia de Ortega en el poder, empeñado en sostener su modelo populista, y a la vez autárquico, tenderá a producir cada vez más perturbaciones.

            Es evidente que no sólo busca la reelección por un período más, en unas elecciones expuestas al fraude, con un Consejo Supremo Electoral formado por magistrados sumisos, sino también la continuidad sin plazos de su presidencia, como cabeza insustituible de un proyecto político a largo plazo.

            Este empeño hace pensar que quiere asegurarse por primera vez una mayoría parlamentaria cómoda en la Asamblea Nacional, que le permita por sí mismo llamar a una Asamblea Constituyente, o hacer reformas profundas a la Constitución, para  consagrar su modelo "cristiano, socialista y solidario".

            Es un proyecto por etapas, y en la medida en que avance a las siguientes, buscará como consolidar su dominio sobre las instituciones, ya no de hecho, sino a través de mecanismos constitucionales, y no cejará en buscar como someter al Ejército y la Policía, y en extender el control de la sociedad a través de los Consejos del Poder Ciudadano (CPC).

[Publicado el 06/4/2011 a las 09:00]

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011).

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

 


Bibliografía

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