El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 11 de marzo de 2010

 Blog de Sergio Ramírez

III. Un tigre adicto a las mujeres

Existen, pues, clínicas especializadas en el tratamiento de la adicción sexual, es decir, del vicio de las mujeres, como hay otra en Los Ángeles, el Sexual Recovery Institute , donde los pacientes se benefician de la compañía de otros pacientes con el mismo problema; y existen también programas de televisión dedicados al tema, como Rehabilitándose sexualmente con el doctor Drew. Este médico sostiene que Woods no padece de adicción sexual, sino amorosa, y que según su criterio no es lo mismo, dado que el paciente sostuvo relaciones con sus numerosas amantes por largos meses, y no como cosa de un instante. "Aparentemente siente la necesidad de ser adorado", dice el médico, "verse reflejado en los ojos de esas mujeres, y que eso signifique algo en su vida".

Faltaba el acto final. Woods salió bajo permiso de la clínica para presentarse ante el implacable tribunal de la moral pública y hacer su confesión, un acto litúrgico que se celebró en Pontevedra, Florida, delante de las cámaras de televisión, con la sola presencia física de cuarenta personas cercanas a él, entre ellas, en primera fila, su madre; pero al contrario de lo que se acostumbra en estos rituales de purificación, faltó su esposa.

"He tenido affaires", confesó con rostro sombrío, "fui desleal, fui falso". Y no dejó registro sin tocar en cuanto al arrepentimiento por los pecados sexuales cometidos. Sus implacables asesores de imagen y sus relacionistas públicos le exigieron ir a fondo en su strip-tease moral. Pidió perdón a su madre, a su esposa, a sus hijos, a sus patrocinadores, a sus fans, a los jóvenes y niños que lo habían tenido como ejemplo, y lamentó haberse alejado de su fe budista. Pero todavía no había tocado fondo, sino cuando dijo: "Pensé que me podía salir con las mías en cualquier cosa que yo quisiera. Pensé que había trabajado duro toda mi vida y que merecía gozar de todas las tentaciones que me rodeaban. Gracias al dinero y la fama, no tenía que ir muy lejos para encontrarlas."

[Publicado el 10/3/2010 a las 09:00]

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II. Un tigre en graves dificultades

La imagen deportiva que Tiger Woods vendía era la del caballero intachable, de costumbres rectas y austeras, buen esposo y buen padre de familia, el correcto vecino de al lado incapaz de la menor trasgresión a las reglas de la moral puritana que es el gran fetiche de la cultura de la clase media en los Estados Unidos. Y, de repente, esa imagen se hizo trizas.

            Nada menos que el día de Acción de Gracias, el gran ritual anual de la familia norteamericana, un accidente de tráfico en las vecindades de su residencia en los suburbios de Tampa sirvió para descubrir una riña con su esposa, la modelo sueca Elin Nordegren, provocada por la revelación del primero de una serie de casos de infidelidad conyugal que pronto sumarían una docena. Las compañías que hasta entonces compraban su imagen le retiraron su patrocinio, desde la Pepsi Cola hasta Guillette, pasando por Nike, IT&T y General Motors. De acuerdo a los especialistas en la materia, los accionistas de estas empresas perdieron, gracias al escándalo, entre 5 y 12 billones de dólares.

            Woods reconoció que era un adicto sexual, un desorden compulsivo de la conducta que se equipara al vicio de las drogas, el alcohol, o los juegos de azar, y cuya existencia como categoría científica confieso que ignoraba, igual que sigo ignorando todo lo relativo al golf; y aceptó someterse a terapia intensiva en una clínica de Wickenburg, Arizona, el Meadows Rehabilitation Center.

[Publicado el 05/3/2010 a las 09:00]

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I. Un tigre en el verde prado

Ignoro todo acerca del golf. Mis imágenes más lejanas de este deporte vienen de los días de la infancia cuando encontraba en los periódicos las fotografías del presidente Dwight Eisenhower montado en un carrito que lo llevaba a través del campo donde jugaba, y desde entonces supe que se trataba de una diversión propia de presidentes y de millonarios segregados en clubes exclusivos; y cuando repaso los canales de televisión me detengo a veces, con aburrida curiosidad, en los torneos que se juegan en esos terrenos de tarjeta postal que parecen maquillados, con verdes colinas, suaves hondonadas, estanques plácidos y tranquilas arboledas, siempre bajo un soleado cielo azul.

            Pensé que difícilmente un ídolo de multitudes podría salir de la monotonía de los campos de golf, a lo Magic Johnson en el basquetbol, pero sucedió el milagro con la aparición de Tiger Woods, campeón absoluto de cuanto torneo existiera, cuya genialidad con el palo en la mano le creó una inusitada audiencia de televisión y una cauda de patrocinadores comerciales que pagaban por su imagen, lo que llegó a reportarle más de cien millones de dólares anuales. El mundo, además, se había vuelto al revés, porque se trataba de un negro de fe budista reinando en un plácido deporte de jugadores blancos.

[Publicado el 03/3/2010 a las 10:46]

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IV. Madiba

Igual que Mugabe, Mandela sufrió larga cárcel en castigo por su lucha en contra del régimen racista, porque Sudáfrica y Rhodesia eran los dos modelos de supremacía blanca en el continente africano, hasta que tuvo que ser liberado tras una de las luchas populares más heroicas y trascendentes de que el siglo veinte tuvo memoria, y fue electo en 1994 el primer presidente negro de su país por un período de cinco años. Mandela se encarnó en la conciencia de su pueblo oprimido como un líder natural, el Madiba, más allá de los votos, y pudo hacerse quedado en la presidencia todo el tiempo que hubiera querido, hasta hoy mismo, cuando ha llegado a los 92 años de edad, y habría seguido siendo el líder indiscutido del Congreso Nacional Africano, su partido.

Sin embargo, al término de su período decidió no quedarse un día más, y dio paso a la escogencia de su sucesor, renunciando a la reelección y abandonando el poder en la plenitud de su poder, y de su prestigio mundial. Se apartó con humildad, y en su cuenta no hay abusos de poder, ni actos de corrupción, ni discursos huecos, ni bufonadas, sino la visión de un hombre que quiso construir un país democrático y unido, más allá de las fronteras raciales, buscando la reconciliación con la minoría blanca para tener una sola y gran nación. Un estadista verdadero, que basó su sentido del poder en la ética, y en la lealtad a sus principios, el mismo cuando estaba en la cárcel que cuando estaba en el palacio presidencial.

La historia no recordará a Mugabe sino como un tirano corrupto, de los que hay muchos, que frustró un proyecto de nación y falseó la palabra liberación y la palabra revolución en el más abyecto de los sentidos, por mucho que llene las plazas de estatuas suyas, y las calles de carteles con su rostro. Mientras tanto Mandela es un símbolo universal de lo que podríamos llamar la santidad en la política.

La más valiosa de los figuras mundiales del siglo veinte, una figura ética por sobre todas las cosas, más allá de las estatuas que se alzan en su homenaje, muy a pesar suyo.

[Publicado el 26/2/2010 a las 09:00]

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III. El poder hasta la muerte

Mugabe, preso por diez años en las cárceles de Rhodesia, fue aclamado como un héroe nacional durante la lucha armada en contra del régimen racista, al que terminó derrotando en 1980 para crear la república de Zimbawbe y convertirse en el líder del país, primero como primer ministro y luego como presidente por los últimos treinta años tras sucesivas elecciones en las que no han faltado los fraudes electorales. A los 86 años de edad sigue sin querer apartarse del poder, y lejos ya de las hazañas de la lucha de liberación nacional, se sostiene gracias a a la represión brutal y a la lealtad de un partido corrupto, y en su haber se halla la destrucción de la economía, y el empobrecimiento cada vez mayor de la población.

Nunca he aprendido tanto sobre la historia contemporánea de Zimbawbe, de la lucha antirracista hasta su transformación en un país libre, y como todo comienza a descomponerse bajo la corrupción y la incompetencia bajo la mano de Mugabe, que leyendo Risa africana, el estupendo libro de memorias de Doris Lessing, premio Nóbel de Literatura, parte de la minoría blanca de ese país pero contraria a ella. No quiero establecer más paralelos, pero cuánto me recuerda Zimbawbe a Nicaragua.

[Publicado el 24/2/2010 a las 09:00]

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II. La historia, con los ojos abiertos

Las estatuas, generalmente huecas como se ve cuando son derribadas, hay que dejárselas a otros a quienes la historia olvidará junto con los monumentos que se hicieron levantar a sí mismos, como, digamos, Robert Mugabe, que aún continúa, ya anciano, aferrado a la presidencia de Zimbawbe, la antigua Rhodesia, el país gemelo a Sudáfrica en sus tribulaciones bajo el racismo, ambos con fronteras comunes.

A diferencia de la justicia, a la que se representa con los ojos vendados, la historia mantiene siempre los suyos bien abiertos y no se equivoca en sus juicios a la hora de escoger a quienes de verdad la hacen cambiar de curso, y entonces trasponen las puertas hacia el futuro, y se quedan en la memoria colectiva. Humildad, temple, perseverancia, visión de estado, sentido de la historia, de la reconciliación, del perdón, de la compasión.

No es fácil juntar todos estos atributos en una sola persona, y por eso es que los líderes de ese temple son tan raros. ¿Cuántos Nelson Mandela han existido en nuestro tiempo?

Las vidas de Mandela y de Mugabe son vidas paralelas, hasta que en determinado momento se separan abruptamente.

[Publicado el 19/2/2010 a las 09:00]

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I. Lejos de las estatuas

A Nelson Mandela no le vienen bien las estatuas. Ahora que se cumplen veinte años de la fecha en que el gobierno de Frederik de Klerk decidió poner fin a su cautiverio de 27 años, ya en la agonía del régimen del apartheid, han instalado una de tamaño enorme, realizada en bronce, en las afueras de la prisión de Drakenstein, cercana a Ciudad del Cabo; allí cumplió la última etapa de su condena tras ser trasladado desde el penal de Robben Island donde picaba piedras como el prisionero número 46664, habitante de una pequeña celda que se ha hecho tan famosa como él.

La estatua recuerda el momento en que salió de la prisión, con el puño en alto, el 11 de febrero de 1990, caminando hacia la libertad que era a la vez la libertad de todo un pueblo oprimido bajo uno de los sistemas más oprobiosos del siglo veinte. El apartheid establecía con todo detalle y lógica jurídica en las leyes el sometimiento de los negros, que eran la inmensa mayoría, bajo el dominio de la minoría de los blancos que habían ejercido su señorío sobre Sudáfrica a lo largo de trescientos años.

Demasiado grande Mandela para una estatua, cualquier que sea su tamaño, una grandeza que nace de su humildad que no se deja inmovilizar bajo ninguna pátina dorada.

[Publicado el 17/2/2010 a las 09:00]

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IV. Escritor hasta la muerte

En el balance de su vida, Tomás colocó al final la literatura por encima de su otra pasión visceral, el periodismo, aunque en sus novelas nunca abandonó el periodismo que quedó en el entramado de la narración. Un clásico de nuestras letras contemporáneas, maestro en el arte de borrar todo espacio o frontera entre la historia pública y la imaginación hasta crear una realidad paralela mucho más creíble que la realidad real, tanto así que inventó una historia de Argentina en La novela de Perón y en Santa Evita, que sobrevivirá a la de los libros de texto. Ningún otro triunfo mejor para una novelista que inventar la historia de su propio país.

"Tenemos que estar agradecidos por cada momento en que la historia nos deja en paz", dice Philip Roth en alguna parte. A Tomás la historia nunca lo dejó en paz, y agradecido, cargó a la Argentina a lo largo de toda su vida como en peso vivo, como si se tratara del cadáver mismo de Eva Perón. Era su destino latinoamericano. Un destino hasta la muerte, y un escritor hasta la muerte que nunca cejó en escribir porque era su oficio sagrado. Ya casi imposibilitado, siguió escribiendo sus lúcidos y siempre aleccionadores artículos, y cada vez que yo abría el diario en Managua los domingos y me encontraba su firma, era como si recibiera un mensaje suyo, estoy aquí, sigo vivo, sigo trabajando, lo haré hasta el último aliento.

Y así, escritor hasta el último aliento, siguió adelante tratando de terminar su última novela sobre el Olimpo, dictándola cuando ya no pudo con los dedos, sin dejarse nunca amedrentar por la muerte.

[Publicado el 12/2/2010 a las 09:00]

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III. Una iluminación feliz

La presencia de Tomás siempre fue una iluminación feliz para todos sus amigos, preocupado por la suerte ajena, siempre con algún libro cuya lectura recomendar, y con algo nuevo y deslumbrantemente divertido que contar, dueño de eso que yo llamaría una maledicencia edificante, unas historias en las que, igual que en sus novelas, nunca se sabía donde comenzaba la mentira y donde terminaba la verdad, pero nunca faltaba la risa.  Una presencia transparente la suya alejada de las mezquindades que suele teñir el oficio literario, generoso con los más jóvenes y generoso con sus pares como cuando, ya bajo los estragos del mal que se lo ha llevado, y venciendo todas las dificultades de un viaje así, voló desde Buenos Aires hasta México para estar presente en la celebración de los ochenta años de Carlos Fuentes.

 Hasta que la enfermedad lo fue inmovilizando pero nunca dejó de contestar los mensajes electrónicos, por mano suya o por la de alguno de sus hijos, siempre fiel hasta el final al gentil deber de la correspondencia como todo un caballero antiguo, mensajes suyos en los que nunca declinó el ánimo, ni perdió el optimismo ni el entusiasmo por la vida. "Le he dicho a los médicos que quiero calidad de vida y no cantidad de vida", me escribió.

[Publicado el 10/2/2010 a las 09:00]

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II. Complicidades y alegrías

Pasaron años sin que Tomás y yo volviéramos a vernos, hasta que nos encontramos otra vez en Buenos Aires en 1998, diez años después, para la Feria del Libro cuando se presentó mi novela Margarita está linda la mar, que había ganado la primera convocatoria del Premio Alfaguara, con él entre los miembros del jurado; pero fue un encuentro muy fugaz porque Tomás regresaba a la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey donde estaba ahora enseñando.

            Es desde entonces cuando estuvimos lado a lado de cerca y de lejos, en proyectos, complicidades, alegrías y tribulaciones como la muerte trágica de su esposa Susana, que le descalabró en tantos sentidos la vida, encontrándonos en tantas partes del mundo, en New Brunswick, o en su apartamento de la avenida Pueyrredón en Buenos Aires ya de regreso para siempre en Argentina, o en mi casa  en Managua, cuando vino por una única vez en toda su vida a Nicaragua y ya no quedaban ni rastros de la revolución, compartiendo asientos en el Consejo Rector del Premio de Nuevo Periodismo Iberoamericano, en la junta directiva de la cátedra Julio Cortázar, en las sesiones anuales del Foro Iberoamericano. Largas jornadas en librerías de Madrid o Lisboa, largas sobremesas en México o en Sevilla, su voz de timbre tucumano convocando a la risa, llamadas sorpresivas desde lugares distantes, mensajes electrónicos como cartas, ahora que ya no se escriben cartas.

[Publicado el 05/2/2010 a las 09:00]

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Foto autor

Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006),  El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007) y El cielo llora por mí (2009). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/

Bibliografía

El cielo llora por mí

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