Chantaje y asesinato moral en nuestros días

"[...] primero, respetar al otro, segundo, tener alguna duda y algún interés en tratar de entender lo que el otro quiere decir. [...] tengo para mí que una de las claves de lo que ahora mismo está ocurriendo con la degradación del diálogo sucede porque el diálogo como tal nace truncado desde el momento en que hay mucha gente que tiene cosas que decir (o cree que las tiene) pero que tiene muy poquito interés en escuchar lo que otros tienen que decir. Y en todo caso, se acerca a eso con un gran número de prejuicios, un obstáculo muy superior al de la ignorancia, y con ideas predeterminadas, de tal manera que no hay la más mínima posibilidad de que otras voces u opiniones introduzcan algún factor que matice sus propios puntos de vista" (39-40).
"[...] en lugar de haber convertido la red en una plaza de gran trascendencia reflexiva, sometida a las discusiones más abiertas y más variadas, hemos dejado que esos ámbitos de discusión y de participación pública se nutran con los insultos más desconsiderados y con la más terrible de las lacras que vive la cultura escrita: el anonimato maldiciente en manos del que quiere hacer daño porque le place, el que no entiende de barreras ni de dicción ni de pensamiento" (15).
[Publicado el 20/1/2012 a las 10:15]
[Etiquetas: Juan Cruz Ruiz, Turpial, Miscelánea]
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Poema visual del venezolano Manel Costa
"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso". Holden Caulfield, protagonista de El guardián entre el centeno de Jerome David Salinger, es probablemente uno de los personajes más recordados de la literatura del siglo XX pero también uno de los menos imitados, ya que ningún siglo ha sido tan pródigo en memorias, testimonios y autobiografías. La publicación de una importante cantidad de obras de este tipo en los últimos meses ha devuelto a la autobiografía su visibilidad en los escaparates del negocio literario pero también ha llevado a que se agrupe bajo un mismo rótulo a obras de características muy diferentes, introduciendo una pregunta tácita acerca de qué es lo que se entiende por autobiografía en nuestros tiempos y cuáles son las razones de su proliferación.
A la aparición de nuevas obras de autores extranjeros como Wole Soyinka (Partirás al amanecer, RBA) y J. M. Coetzee (Verano, Mondadori) y al rescate del Diario del duelo (Paidós) de Roland Barthes se suman obras de autores hispanoamericanos como el colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de El olvido que seremos (Seix Barral, 2007), un desgarrador testimonio sobre el asesinato de su padre y la incapacidad y tal vez el desinterés de la policía colombiana por resolver ese crimen, y la reciente Traiciones de la memoria (Alfaguara), que se articula en torno a un poema atribuido a Jorge Luis Borges que el narrador encontró en uno de los bolsillos de la chaqueta de su padre el día que fue asesinado. Más convencionales desde el punto de vista del género son La novela de la memoria de José Manuel Caballero Bonald (Seix Barral) y En la ciudad sumergida de José Carlos Llop (RBA). En ellas la identidad entre autor, narrador y personaje (todos identificados de forma consuetudinaria por el nombre que aparece en la portada) se cumple por completo, aunque, en el caso de la obra de Llop la memoria narrada no es sólo la individual sino también la de los abuelos y los padres y el resultado no es la glosa de una fotografía familiar sino un fresco de la ciudad de Mallorca, la manifestación de sus vínculos con otras ciudades literarias como la Alejandría de Cavafis y el París de Proust y el relato de su desaparición a manos del siempre cruento paso del tiempo. Un fresco (aunque ya no de una ciudad sino de ese paisaje cambiante que es la literatura) es también Egos revueltos de Juan Cruz Ruiz (Tusquets), que recoge anécdotas de su vida como escritor, periodista y editor de algunos de los autores más importantes de los últimos cincuenta años. También Seductors, il.lustrats i visionaris (Edicions 62) de Josep Maria Castellet, cuyos personajes son tanto el autor como Carlos Barral, Gabriel Ferrater y Terenci Moix, y las memorias de la editora y escritora Esther Tusquets Habíamos ganado la guerra (Bruguera, 2007) y Confesiones de una vieja dama indigna (Bruguera).
Más interesantes resultan aquellas obras que afectan a la distribución canónica de los textos entre los subgéneros afines de la autobiografía, la escritura confesional, la novela autobiográfica, la autoficción, el diario y las memorias. Entre este segundo tipo de obras destacan Tiempo de silencio de Marcos Giralt Torrente (Anagrama) y Autobiografía sin vida de Félix de Azúa (Mondadori). El primero es el relato descarnado y emotivo de la relación del autor con su padre, el extraordinario pintor Juan Giralt (1940-2007), con quien sólo compartió quince días en dieciocho años pero junto al cual vivió la enfermedad y la muerte; el libro de Giralt Torrente destaca por su particular cruce entre escritura confesional y autobiografía y por su carácter autoconclusivo, que se diferencia de la necesaria incomplitud que es consustancial a la autobiografía y que surge del hecho mismo de que, en tanto su autor sigue vivo, la autobiografía está necesariamente inacabada. La segunda es una autobiografía ya no del autor mismo sino de lo que éste llama "una vida de imágenes", un fondo común de experiencias estéticas con el que el autor no procura reivindicar su individualidad sino la existencia de un colectivo y de un tipo de sociabilidad que desaparecen en la medida en que el arte pierde su sentido en la sociedad posmoderna. La autobiografía de Félix de Azúa es una despedida de una serie de impresiones amadas que por motivos de economía llamaremos aquí artísticas, pero si aún puede ser adscrita al género sin violentarlo lo es tan sólo porque la omisión de la figura del autor recorta su silueta sobre el tapiz como la de una ausencia.
"El libro de Félix de Azúa no es propiamente autobiografia como narración de una vida, pero su matriz adopta un yo reflexivo que podríamos asociar al de la forma intelectual de los Essais de Montaigne para elucidar el sentido del arte en la sociedad contemporánea" opina José María Pozuelo Yvancos, autor de la fundamental De la autobiografía: teoría y estilos (Crítica, 2005), quien sostiene además que las autobiografías más recientes no suponen grandes cambios en la concepción tradicional del género. "Las que sí han cambiado son las figuraciones del yo en la novela", afirma y menciona como los autores más importantes de esta tendencia a Javier Marías y Enrique Vila-Matas.
Quizás valga la pena preguntarse por esta proliferación reciente de autobiografías en el ámbito hispanohablante y el desafío a las convenciones que preside algunas de ellas. Una respuesta superficial podría reducirse a que el género "está de moda", pero, esté de moda o no, lo que parece haber detrás de su proliferación es la crisis de un cierto tipo de relato que explicó y normalizó el pasado español reciente, con sus estaciones obligatorias en la educación católica, el franquismo, la Transición, etcétera. En ese sentido, el escritor argentino Blas Matamoro, autor del ensayo Novela familiar. El universo privado del escritor (Páginas de Espuma), en el que glosa la vida familiar de unos trescientos sesenta escritores, sostiene que la recuperación de la figura del padre en la escritura autobiográfica "adquiere incontables personificaciones: Dios, la patria, la lengua". Las nuevas versiones del pasado reciente español están basadas en la subjetividad de sus autores, que reivindican un ordenamiento alternativo de ese pasado que no necesariamente lo normaliza ni lo edulcora.
Quizás detrás de esta proliferación esté también la pregunta acerca de cómo se puede narrar la propia vida en un momento histórico en el que gracias o por culpa de la aparición de blogs, redes sociales, mensajería instantánea y otras formas de comunicación la vida y su narración son casi simultáneos; es decir, el interrogante acerca de cómo se puede o debe contar la vida propia tras el declive de la cultura letrada tal como ésta era concebida tradicionalmente. Sean estas las razones de su proliferación o no, las preguntas que el género autobiográfico provoca en sus autores y lectores (la cuestión de la verdad en literatura, la de la mímesis de la realidad, la de la unidad de la identidad, etcétera) parecen hoy en día más pertinentes que nunca. Aquí hay un puñado de autores que han decidido narrar su vida para dotarla de verdad y sentido, y no es improbable que otros los sigan; quizás la autobiografía ha llegado realmente para quedarse.
[Publicado originalmente en ABC Cultural. Julio 19 de 2010]
[Publicado el 19/7/2010 a las 13:10]
[Etiquetas: Jerome David Salinger, Héctor Abad Faciolince, José Carlos Llop, Juan Cruz Ruiz, Josep Maria Castellet, Esther Tusquets, Marcos Giralt Torrente, Félix de Azúa, José María Pozuelo Yvancos, Blas Matamoro, Autobiografía]
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No es poco habitual que los escritores pensemos que los editores son unos cerdos, unos imbéciles y unos ladrones, aunque es más raro que tengamos razón. A poco que se les observe de cerca, los editores, al menos los buenos editores, no son muy diferentes de los autores: tienen una visión de lo que la literatura puede y quizás debe ser y procuran ser fieles a esa visión contra la opinión de los contables, quienes son a menudo los verdaderos responsables de las decisiones editoriales, lo que, sin duda, explica muchas cosas. Juan Cruz fue editor de Alfaguara entre 1992 y 2000; a él, los lectores debemos la recuperación de figuras como Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti y Alfredo Bryce Echenique, que el editor canario publicó contra la opinión de los contables (que sostenían que debían ser "traducidos" al español) en ediciones reunidas a un precio que incluso un adolescente pobre como yo podía pagar. A Juan Cruz el lector le debe además algunos de los mejores reportajes a escritores que se hayan realizado en las últimas décadas y, ahora, una memoria personal de su trabajo como editor y periodista, Egos revueltos. En ella, Cruz reúne "egos picudos, egos redondos, egos aguerridos, egos olvidadizos, egos reivindicativos, egos superlativos..." (17) sobre los que, contra lo habitual, no realiza un juicio condenatorio, sino que ve como parte inherente del funcionamiento social de la literatura: también
"[e]l editor tiene su ego, diluido en el ego de sus escritores. De la combinación de este ego A y de este ego B nace la literatura, que luego se multiplica en el ego de los lectores, de los críticos, de los agentes literarios, y así sucesivamente" (15).
Cruz traza un recorrido melancólico desde sus comienzos como periodista casi infantil y llega hasta el presente, pasando por uno de los hitos más importantes de su vida intelectual, la lista de escritores latinoamericanos que el autor argentino Marcos Ricardo Barnatán le entregó generosamente y que dio origen a muchos de los encuentros narrados en el libro. Sin embargo, este recorrido no es cronológico: Cruz se permite ir hacia adelante y hacia atrás en el tiempo acompañando los progresos o los retrocesos en su relación con autores como Guillermo Cabrera Infante, Rafael Sánchez Ferlosio, Jorge Luis Borges, Ángel González, Pablo Neruda ("acaso uno de los egos más grandiosos que dio la historia de la literatura que uno ha podido tocar", 73), Arturo Pérez-Reverte, Ernesto Sábato, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Francisco Ayala, Mario Benedetti, Juan Benet, Julio Llamazares, Juan Carlos Onetti, Rafael Azcona y Gabriel García Márquez entre otros, editores como Jaime Salinas y Carlos Barral y agentes como Carmen Balcells. Y sobre todo Camilo José Cela, "el más denso, evidente o íntimo, de los egos revueltos que he conocido" (68).
Allí donde aparece Cela, el escritor lo ilumina todo con su proverbial maldad, soberbia, resentimiento y ambición, pero, en este como en otros casos, Cruz no ajusta cuentas: el suyo es un relato conmovido y agradecido en el que, de forma programática, se pasa de puntillas por los hechos desagradables, las ofensas son perdonadas y se procura no perpetrarlas y no se habla de lo que otros han hecho mal o sólo se lo menciona brevemente, como a la decisión de los hijos de Juan Benet de expulsar a Blanca Andreu, su esposa, de la casa que ésta compartía con el escritor, decisión transmitida a la poeta al día siguiente de la muerte de Benet. Como en el caso del discutido escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, Juan Cruz procura recordar de sus personajes "más virtudes que defectos" (327), y el resultado es que su memoria es bondadosa pero en muchos casos no particularmente justa, una decisión estética asumida por el autor que es expresión de una convicción ética que quizás algún lector lamente pero que parece ser consustancial a su forma de ver el mundo:
"[...] sólo cuento lo que vi o lo que percibí, en el periodismo, en la política, en la literatura, nunca sentí que estuviera tomando notas de lo perverso, pero inevitablemente lo perverso podría colarse en esta concha del tiempo. Hubo muchas cosas nobles y notables, más que cosas perversas, pero no puedo evitar que muchas veces el recuerdo tuerza el gesto y se aposente en el libro como una experiencia difícil o rara, que sólo contaré cuando la entienda del todo, si la llego a entender del todo" (129).
Egos revueltos está narrado con un lirismo melancólico que se ensombrece ante la presencia de la muerte: "La muerte siempre nos rodea, se hace un sitio en la montura, nos sitia, pero hay un instante de la vida en que ya se hace presente, irrumpe, convierte los mayos en marzo, adelanta el tiempo, interrumpe e irrumpe, rompe" (291). Con la memoria conmovida de la pérdida de los escritores amigos y admirados y de la marcha de un tiempo irrecuperable culmina Egos revueltos, un libro que ya debe ser puesto junto a los también extraordinarios Por orden alfabético y El observatorio editorial, de Jorge Herralde, Lo peor no son los autores, de Mario Muchnik, y las Memorias, de Carlos Barral, responsables todos ellos como editores de que nuestro mundo de lectores haya sido más rico, el mejor de los mundos posibles.
Juan Cruz Ruiz
Egos revueltos. Una memoria personal de la vida literaria
XXII Premio Comillas
Barcelona: Tusquets, 2010
[Publicado el 22/3/2010 a las 11:30]
[Etiquetas: Juan Cruz Ruiz, memorias, Tusquets]
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Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.
Ficción
Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.
El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.
El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.
Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.
El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.
Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.
Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.
Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.
Edición
Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.
Crítica

25/5/2012 20:47
Adición a las emociones: he...
Publicado por: un subreal
25/5/2012 11:50
Fantástico. Gracias a todos por...
Publicado por: P
24/5/2012 20:00
¿Y qué tal nombres? Gustavo...
Publicado por: LucianoLV
24/5/2012 18:01
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Publicado por: Ya sabés quién
24/5/2012 14:37
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23/5/2012 15:41
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Publicado por: me ha entrado la risa tonta...ay
23/5/2012 14:09
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Publicado por: P
22/5/2012 13:27
No_ Patricio_ es Vicente Luis...
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Vaya adivinanza, El Bigotes. No...
Publicado por: P
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