A la búsqueda del padre improbable

[Publicado el 28/7/2010 a las 14:00]
[Etiquetas: Héctor Abad Faciolince; Miscelánea; Alfaguara]
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Günter Grass según Fernando Vicente
[Publicado el 26/7/2010 a las 11:59]
[Etiquetas: Fernando Vicente; Ilustración; Blur]
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David Small (Detroit, Michigan, 1945) es un autor e ilustrador estadounidense que colabora regularmente con publicaciones como New Yorker y New York Times. Aunque bien conocido por su trabajo como ilustrador (regularmente, de las obras de su esposa, Sarah Stewart), su obra permaneció inédita en español hasta la aparición este año de su "memoria gráfica". Stitches (título que alude a los "puntos" de sutura que recibe el protagonista tras ser operado) narra la infancia y la adolescencia del propio autor a partir de los seis años de edad. Small creció bajo la órbita de una madre despótica y cruel y un padre ausente. "Nací enfadado e inquieto. Mis senos nasales y mi sistema digestivo no funcionaban como debían", anota; su padre, un radiólogo, lo sometió a curas experimentales, una de las cuales consistió en la exposición a rayos x. Años después, este tratamiento acabaría provocándole un tumor en el cuello que le fue operado sin que se le informara que se trataba de un cáncer; con el tumor se le extrajo también una de las cuerdas vocales, lo que lo condenó a la mudez durante casi toda la adolescencia. Cuando Small descubrió casualmente lo que había sucedido, comenzó a perder el juicio: huyó del hogar familiar (aunque estas dos últimas palabras no constituyen más que un eufemismo, dadas las circunstancias), fue detenido y se lo obligó a inscribirse en un colegio del Este del país del que se fugó tres veces; finalmente comenzó a recibir ayuda psiquiátrica y fue esa ayuda la que otorgó a su vida un sentido de utilidad y de valor de los que ésta había carecido hasta ese momento. A los dieciséis años Small huyó de su casa y alquiló un piso en un barrio marginal de Detroit donde comenzó a trabajar como pintor y se abrió camino. Años después, la convalecencia de su madre en su lecho de muerte abrió una puerta para una reconciliación que Small, con reservas, acabó aceptando, y que constituye uno de los pasajes más conmovedores de la obra, a la que complementa un apéndice, de lectura imprescindible, que pone en antecedentes y narra lo que sucedió con los protagonistas de este libro.
Stitches es una obra dura y de lectura dolorosa; su autor es extraordinariamente hábil para narrar la inmensidad de la pesadilla en la que se vio envuelto mediante un grupo reducido de recursos, entre los que se encuentran los sueños recurrentes, la recreación de personajes y motivos del clásico de Lewis Carroll Alicia en el país de las maravillas el uso de la perspectiva y un dibujo de gran versatilidad que pasa con rapidez de la caricatura al trazo realista y de él a la abstracción y la mancha.
Quizás sea exagerado afirmar que Stitches supone un salto cualitativo en la novela gráfica; sin embargo, su calidad es incuestionable, y ridiculizará a quienes piensan aún que la novela gráfica es el producto de una literatura de entretenimiento en la que unos tíos con mallas demasiado apretadas hacen uso de unos poderes que los asemejan a dioses. No hay nadie más carente de poderes como el protagonista infantil de Stitches, y su impotencia no sólo está en las antípodas de la literatura de superhéroes; también constituye un adecuado contraste con la magnífica potencia de esta obra.
Stitches encabezó la lista de los más vendidos de The New York Times, fue elegido como uno de los diez mejores libros de 2009 por Publishers Weekly y fue finalista del National Book Award de ese año.
David Small
Stitches, una infancia muda
Trad. Rocío de la Maya
Barcelona: Reservoir Books, 2010
[Publicado el 21/7/2010 a las 11:52]
[Etiquetas: David Small; Reservoir Books; Cómic]
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Poema visual del venezolano Manel Costa
"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso". Holden Caulfield, protagonista de El guardián entre el centeno de Jerome David Salinger, es probablemente uno de los personajes más recordados de la literatura del siglo XX pero también uno de los menos imitados, ya que ningún siglo ha sido tan pródigo en memorias, testimonios y autobiografías. La publicación de una importante cantidad de obras de este tipo en los últimos meses ha devuelto a la autobiografía su visibilidad en los escaparates del negocio literario pero también ha llevado a que se agrupe bajo un mismo rótulo a obras de características muy diferentes, introduciendo una pregunta tácita acerca de qué es lo que se entiende por autobiografía en nuestros tiempos y cuáles son las razones de su proliferación.
A la aparición de nuevas obras de autores extranjeros como Wole Soyinka (Partirás al amanecer, RBA) y J. M. Coetzee (Verano, Mondadori) y al rescate del Diario del duelo (Paidós) de Roland Barthes se suman obras de autores hispanoamericanos como el colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de El olvido que seremos (Seix Barral, 2007), un desgarrador testimonio sobre el asesinato de su padre y la incapacidad y tal vez el desinterés de la policía colombiana por resolver ese crimen, y la reciente Traiciones de la memoria (Alfaguara), que se articula en torno a un poema atribuido a Jorge Luis Borges que el narrador encontró en uno de los bolsillos de la chaqueta de su padre el día que fue asesinado. Más convencionales desde el punto de vista del género son La novela de la memoria de José Manuel Caballero Bonald (Seix Barral) y En la ciudad sumergida de José Carlos Llop (RBA). En ellas la identidad entre autor, narrador y personaje (todos identificados de forma consuetudinaria por el nombre que aparece en la portada) se cumple por completo, aunque, en el caso de la obra de Llop la memoria narrada no es sólo la individual sino también la de los abuelos y los padres y el resultado no es la glosa de una fotografía familiar sino un fresco de la ciudad de Mallorca, la manifestación de sus vínculos con otras ciudades literarias como la Alejandría de Cavafis y el París de Proust y el relato de su desaparición a manos del siempre cruento paso del tiempo. Un fresco (aunque ya no de una ciudad sino de ese paisaje cambiante que es la literatura) es también Egos revueltos de Juan Cruz Ruiz (Tusquets), que recoge anécdotas de su vida como escritor, periodista y editor de algunos de los autores más importantes de los últimos cincuenta años. También Seductors, il.lustrats i visionaris (Edicions 62) de Josep Maria Castellet, cuyos personajes son tanto el autor como Carlos Barral, Gabriel Ferrater y Terenci Moix, y las memorias de la editora y escritora Esther Tusquets Habíamos ganado la guerra (Bruguera, 2007) y Confesiones de una vieja dama indigna (Bruguera).
Más interesantes resultan aquellas obras que afectan a la distribución canónica de los textos entre los subgéneros afines de la autobiografía, la escritura confesional, la novela autobiográfica, la autoficción, el diario y las memorias. Entre este segundo tipo de obras destacan Tiempo de silencio de Marcos Giralt Torrente (Anagrama) y Autobiografía sin vida de Félix de Azúa (Mondadori). El primero es el relato descarnado y emotivo de la relación del autor con su padre, el extraordinario pintor Juan Giralt (1940-2007), con quien sólo compartió quince días en dieciocho años pero junto al cual vivió la enfermedad y la muerte; el libro de Giralt Torrente destaca por su particular cruce entre escritura confesional y autobiografía y por su carácter autoconclusivo, que se diferencia de la necesaria incomplitud que es consustancial a la autobiografía y que surge del hecho mismo de que, en tanto su autor sigue vivo, la autobiografía está necesariamente inacabada. La segunda es una autobiografía ya no del autor mismo sino de lo que éste llama "una vida de imágenes", un fondo común de experiencias estéticas con el que el autor no procura reivindicar su individualidad sino la existencia de un colectivo y de un tipo de sociabilidad que desaparecen en la medida en que el arte pierde su sentido en la sociedad posmoderna. La autobiografía de Félix de Azúa es una despedida de una serie de impresiones amadas que por motivos de economía llamaremos aquí artísticas, pero si aún puede ser adscrita al género sin violentarlo lo es tan sólo porque la omisión de la figura del autor recorta su silueta sobre el tapiz como la de una ausencia.
"El libro de Félix de Azúa no es propiamente autobiografia como narración de una vida, pero su matriz adopta un yo reflexivo que podríamos asociar al de la forma intelectual de los Essais de Montaigne para elucidar el sentido del arte en la sociedad contemporánea" opina José María Pozuelo Yvancos, autor de la fundamental De la autobiografía: teoría y estilos (Crítica, 2005), quien sostiene además que las autobiografías más recientes no suponen grandes cambios en la concepción tradicional del género. "Las que sí han cambiado son las figuraciones del yo en la novela", afirma y menciona como los autores más importantes de esta tendencia a Javier Marías y Enrique Vila-Matas.
Quizás valga la pena preguntarse por esta proliferación reciente de autobiografías en el ámbito hispanohablante y el desafío a las convenciones que preside algunas de ellas. Una respuesta superficial podría reducirse a que el género "está de moda", pero, esté de moda o no, lo que parece haber detrás de su proliferación es la crisis de un cierto tipo de relato que explicó y normalizó el pasado español reciente, con sus estaciones obligatorias en la educación católica, el franquismo, la Transición, etcétera. En ese sentido, el escritor argentino Blas Matamoro, autor del ensayo Novela familiar. El universo privado del escritor (Páginas de Espuma), en el que glosa la vida familiar de unos trescientos sesenta escritores, sostiene que la recuperación de la figura del padre en la escritura autobiográfica "adquiere incontables personificaciones: Dios, la patria, la lengua". Las nuevas versiones del pasado reciente español están basadas en la subjetividad de sus autores, que reivindican un ordenamiento alternativo de ese pasado que no necesariamente lo normaliza ni lo edulcora.
Quizás detrás de esta proliferación esté también la pregunta acerca de cómo se puede narrar la propia vida en un momento histórico en el que gracias o por culpa de la aparición de blogs, redes sociales, mensajería instantánea y otras formas de comunicación la vida y su narración son casi simultáneos; es decir, el interrogante acerca de cómo se puede o debe contar la vida propia tras el declive de la cultura letrada tal como ésta era concebida tradicionalmente. Sean estas las razones de su proliferación o no, las preguntas que el género autobiográfico provoca en sus autores y lectores (la cuestión de la verdad en literatura, la de la mímesis de la realidad, la de la unidad de la identidad, etcétera) parecen hoy en día más pertinentes que nunca. Aquí hay un puñado de autores que han decidido narrar su vida para dotarla de verdad y sentido, y no es improbable que otros los sigan; quizás la autobiografía ha llegado realmente para quedarse.
[Publicado originalmente en ABC Cultural. Julio 19 de 2010]
[Publicado el 19/7/2010 a las 13:10]
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[Publicado el 15/7/2010 a las 11:59]
[Etiquetas: Shigeru Mizuki; Cómic; Astiberri]
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Escribir sobre el padre consiste principalmente en averiguar cómo se escribe sobre el padre. La invención de la soledad de Paul Auster (1988), Patrimonio de Philip Roth (1991) y, más atrás, Mi padre y yo de J.R. Ackerley (1968) y la Carta al padre de Franz Kafka (1919) surgen por esa razón de una doble dificultad: aquella inherente a su propio tema (que suscita preguntas acerca de la legitimidad del autor para narrar hechos, de los cuales fue un testigo infantil y por ello poco confiable, y personas a las que no conoce realmente pero a las que lo unen el afecto o el rechazo) y otra vinculada con la anterior y que tiene que ver con cómo narrar una materia tan dificultosa.
A esta pregunta el escritor español Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) la responde mediante la acumulación de falsos comienzos en las primeras páginas de su nuevo libro y el abandono de la voz narrativa utilizada en sus obras anteriores (principalmente en las novelas París y Los seres felices). El abandono de esa voz narrativa y de los trucos y los recursos que (a través de un laborioso procedimiento de ensayo y error) se han demostrado eficaces y nos permiten a los escritores escribir adquiere aquí el carácter de un valiente despojamiento que deja al autor, literalmente, desnudo. "Hasta ahora no había escrito con mi propia voz", admite Giralt Torrente en un pasaje de su libro, soslayando el hecho de que escribir con la "propia voz" es tal vez imposible y que la propia escritura supone ya una transformación de esa voz; pero lo que importa es su constatación al respecto de que "es una sensación nueva que aturde". Ante el aturdimiento y la consiguiente imposibilidad de escribir sobre el padre, Giralt Torrente recurre a la sencillez formal: una voz, la del narrador (quien a su vez es identificado con el autor, como es prescriptivo en el género autobiográfico), narra sus encuentros y desencuentros con un padre ausente, el extraordinario pintor español Juan Giralt (1940-2007), con quien sólo compartió quince días en dieciocho años pero junto al cual vivió la enfermedad y la muerte.
Este no es un ajuste de cuentas ni propiamente una memoria, ya que los hechos importan aquí mucho menos que el sentido que debe emanar de ellos. Giralt Torrente está a la búsqueda de explicaciones, y para encontrarlas no se contenta con narrar los hechos que presenció o de los que fue testigo: se remonta a la vida de su padre antes de que éste se convirtiese en uno (y, antes, a la de sus abuelos y sus bisabuelos) y lo que encuentra es una serie de malentendidos y de historias de incomprensión entre padres e hijos. "Qué contrariedad para mi padre [...]. Qué destino incómodo tener en tu propia familia, en la figura de tu único hijo, un notario descontento y suspicaz que, creyendo conocerte, levante acta de tus debilidades, de tus faltas y de tus promesas incumplidas" (99), afirma; pero lo hace a sabiendas de que él no puede levantar acta, primero porque no conoce realmente a su padre, y segundo, porque el suyo es un "homenaje de amor" (122).
Más que las anécdotas del padre distante y hostil y del hijo que no podía odiarlo pero tampoco amarlo, y esto último cuando ya casi era tarde, el verdadero tema de este valiente y hermoso Tiempo de vida es pues ése, cómo comprender al padre. La pintura de éste se caracteriza por la descomposición del paisaje, la pintura del fragmento y la cita mediante el collage y sin él; también por su soledad: hay algo en las visiones del pintor que no parece comunicable, que señala una suspensión de la capacidad comunicativa de la pintura debido a la abstracción de la mirada y a su renuencia a ser integrada a las formas canónicas de la interpretación en las artes plásticas que hace que el pintor se quede a solas con su visión. Algo de esa soledad existe también en Tiempo de vida, como si el único modo de comunicación entre padres e hijos adoptase la forma de un silencio compartido y de una necesidad perentoria de comprender quién ha sido el padre para poder convertirse en uno.
Quizás el mandato de honrar a los padres se deba a que el autor del texto bíblico ha comprendido que se debe honrarlos porque no se puede amarlos, pero (como quiera que sea) con Tiempo de vida Giralt Torrente cumple con el mandato bíblico y, lo que es más importante, agrega un capítulo más a una obra inconformista y exigente que, de forma silenciosa y subterránea, sostiene una literatura nacional y evita su derrumbe completo en las profundidades de las teorías inconsistentes, el realismo ramplón y el más absoluto ridículo, y de ese modo la salva y la enriquece.
Marcos Giralt Torrente
Tiempo de vida
Barcelona: Anagrama, 2010
[Publicado el 12/7/2010 a las 12:39]
[Etiquetas: Marcos Giralt Torrente; Juan Giralt; Anagrama; Autobiografía]
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"Moby Dick: batalla de arpones"

Una orgía cuyos protagonistas son seiscientos voluntarios y una sola mujer, una antigua actriz pornográfica en decadencia, y su registro audiovisual a los fines de crear el filme pornográfico más importante de la Historia son los materiales con los que está conformada Snuff; considerando el carácter provocador de la obra de Chuck Palahniuk (Portland, 1964) y su fama de adentrarse en las zonas más perturbadoras de la cultura contemporánea, los materiales parecen de antemano los más idóneos para la escritura de una de sus mejores novelas, pero Snuff decepciona por la incapacidad de su autor de producir en el lector la incomodidad que tan hábilmente conseguía en textos anteriores.
Aquí, al igual que en otros libros de Palahniuk, los narradores son brutalmente honestos y directos y no escatiman ningún detalle en sus descripciones: "para todo el mundo que llegue después del tío número cincuenta, Cassie Wright parecerá un cráter abierto por un misil y engrasado con vaselina. Carne y sangre, pero como si algo le hubiera explotado dentro" (14). Aquí también hay una idea de índole sociológica: la de que los filmes de gang bang como el que ocupa las páginas de Snuff son el resultado de aplicar al espectáculo sexual la lógica acumulativa del capitalismo. Aquí también, finalmente, los personajes son freaks de vidas complejas y retorcidas cuyas intenciones no son fáciles de dilucidar a simple vista: Cassie Wright es una estrella pornográfica en decadencia obsesionada por romper el récord de la sesión de sexo más multitudinaria de la Historia aunque la imposibilidad física de servir a seiscientos hombres suponga su muerte, filmada en tiempo real y comercializada con la finalidad de dejar al mundo un testimonio de su paso por él y hacer rico al hijo o a la hija que diera en adopción cuando era joven. El señor 72 lleva rosas a su actriz pornográfica favorita pero teme que ésta sea su madre, y decide que, en el caso de que lo sea, él hará lo posible por alejarla de ese mundo. El número 600 es Branch Bacardi, estrella del porno de la década de 1980 que se afeita el pecho y come patatas fritas mientras confía en que esta aparición casi anónima en el filme relance su carrera. El señor 137 es el antiguo protagonista de una serie policíaca que perdió su trabajo cuando salió a la luz una cinta pornográfica homosexual que rodó en sus comienzos como actor; participar de la orgía con Cassie significa para él la posibilidad de reivindicar su heterosexualidad ante toda la industria cinematográfica. Finalmente, Sheila, la asistente de Cassie, es una postfeminista que evoca los preparativos de la filmación mientras la coordina, y desprecia puntualmente a todos y cada uno de los hombres que la rodean aplicándoles motes como "cascapollas" o "disparaleches" (29), "frotacapullos" y "machacapichas" (30).
La narrativa avanza mediante la alternancia de los soliloquios de sus protagonistas y sus diálogos mientras esperan que les llegue su turno para ingresar en el set de rodaje: el señor 600 entrega una pastilla al muchacho 72 para facilitarle la erección y más tarde le da otra pastilla que el muchacho debe entregar a Cassie para que ésta muera sin dolor durante la filmación; naturalmente, las pastillas acaban mezclándose. A su vez, el muchacho 72 cree que el señor 600 es su padre y Cassie Wright, su madre. Naturalmente, también, el filme acaba siendo snuff, lo que significa que hay un muerto; decir más sería revelar un final que se desea sorprendente, y que tal vez lo sea para muchos lectores, pero que, sin embargo, parece ejecutado con torpeza, por no mencionar el hecho de que, al igual que en obras anteriores, aquí Palahniuk se permite un final acorde con los valores dominantes que contradice su fama de provocador. Algunos lectores considerarán que el final melodramático de este libro es un guiño irónico de parte del autor, pero otros tal vez no lo vean así; como sea, es probable que los primeros sean fanáticos de Palahniuk y disfruten de Snuff de todas maneras; para los otros, y para quienes no han leído nada del autor antes, quizás valga la pena recomendar que busquen la muy buena Asfixia (2001) y el relato "Guts" [entrañas], lo mejor que Palahniuk ha escrito hasta el momento.
Como sostiene uno de los extractos de prensa que apoyan la obra, "al abrir una novela de Palahniuk, el lector puede estar seguro de una cosa: en algún momento le repugnará, y le divertirá"; sin embargo, Snuff no provoca ninguna de las dos reacciones. De hecho, la escasa comicidad de este libro no es mérito de Palahniuk sino de su traductor al español, que reemplazó los títulos originales de los filmes pornográficos imaginarios que Palahniuk menciona en el libro por títulos de su propia invención. Aquí van algunos de mis favoritos: "Taladrar a un ruiseñor", "El cartero siempre se corre dos veces", "La dimensión descoñecida", "El nabo de Oz" y "Moby Dick: batalla de arpones".
Chuck Palahniuk
Snuff
Trad. Javier Calvo
Barcelona: Mondadori, 2010
[Publicado el 08/7/2010 a las 12:15]
[Etiquetas: Chuck Palahniuk; Novela; Javier Calvo; Mondadori]
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La mejor literatura argentina escrita en francés

Copi nació como Raúl Damonte en 1939 en Buenos Aires, pero vivió toda su vida adulta en París, escribió buena parte de su obra en francés y dedicó una novela a Uruguay, donde pasó su infancia; escogió un nombre de pluma que ni siquiera es un nombre; fue homosexual y travestí y produjo una obra breve e iconoclasta que ocupa a la crítica aún hoy, más de veinte años después de su muerte en 1987. Aunque todo esto sería ya suficiente para considerarle un escritor extraordinario, hay algo más: si bien su influencia es notoriamente visible en buena parte de la literatura argentina de las tres últimas décadas, durante años sus libros han sido prácticamente inhallables en ese país y en España, donde su nombre funciona aún hoy como contraseña para la entrada a un club selecto y poco elegante.
Obras, primer volumen de lo que se proyecta como la prosa reunida del autor publicada en Anagrama, viene pues a devolverle la visibilidad a un escritor fundamental; el libro contiene tres novelas y un texto autobiográfico parcialmente inédito. Escrita en 1984, "Río de la Plata" es una pieza de una memorialística delirante que atribuye a los argentinos una sexualidad compulsiva y zoológica, a sus políticos forma de pecho femenino y a sus mujeres un carácter intolerable; de todas estas atribuciones, quizás sólo la última sea verdaderamente cierta, pero lo que importa aquí es que el texto autobiográfico induce al lector a preguntarse si Copi no está tomándole el pelo. Naturalmente, lo está haciendo; pero lo hace de forma tan hilarante que el lector acaba cayendo derrotado bajo el imperativo, que surge de la propia obra, de que no se tome muy en serio lo que lee, o a sí mismo.
La narrativa de Copi se caracteriza por la sustitución de las relaciones causales por las contingencias sin motivo, el cuestionamiento de la representabilidad del mundo y el borramiento de los límites entre el mundo real y el mundo narrado, pero también por la ironía, el esteticismo, la teatralidad camp y la exageración humorística. En buena medida, todos estos elementos se encuentran presentes ya en la primera novela del autor, El uruguayo; aquí, la ciudad de Montevideo es cubierta de arena por el perro del narrador; del pozo cavado por el animal comienzan a salir pollos que mueren asados cuando tocan la superficie, un misterioso avión lanza una bomba sobre un grupo de militares y sobre el presidente del país, y el narrador comienza a hacer pequeños milagros, los cadáveres esparcidos por la ciudad resucitan y empiezan a perseguirlo, pero el presidente le otorga protección cortándole los labios y los párpados para conservarlos como reliquias y canonizándole, Uruguay comienza a encogerse y el cielo se junta con la tierra, anunciando más catástrofes por venir. En otra de las novelas reunidas en Obras, La vida es un tango, Silvano Urrutia llega a Buenos Aires tras ganar un concurso de poesía auspiciado por un periódico pero a poco de llegar se ve envuelto en la muerte de uno de sus redactores, Alemania invade Holanda, la decisión de titular "Hitler asesino" crea un conflicto con el jefe de policía, un notorio entusiasta del nacionalsocialismo quien, en ausencia del presidente de la República, auspicia los ataques contra judíos y chantajea a los dueños del diario, trasuntos corruptos y cocainómanos de la familia del autor, que dirigió el importante diario Crítica en las décadas de 1930 y 1940; Urrutia huye de Buenos Aires y en la segunda parte del libro presencia y protagoniza involuntariamente la revuelta de París de mayo de 1968, sólo para regresar más tarde a su origen provinciano. En La Internacional Argentina, única obra del autor escrita en español, el mediocre y vanidoso poeta argentino Darío Copi conoce al magnate Nicanor Sigampa, un gigantesco negro que financia a la intelectualidad argentina exiliada en París y convence a Copi de que se candidatee a la presidencia; Copi acepta y se ve involucrado en el asesinato del embajador argentino en París y en las intrigas de Raoula Borges, la hija natural del gran escritor argentino, y acaba viendo frustrados sus planes de acceder a la presidencia argentina al descubrir que es hijo ilegítimo y que además es judío y nacido en Auschwitz. Aquí la crítica a instituciones tan argentinas como el racismo, el antisemitismo y la homofobia ya presente en textos como "Río de la Plata" alcanza su punto más alto: Sigampa le anuncia que ha decidido retirarle su apoyo ya que es improbable que la ciudadanía argentina vote a un candidato judío.
El uruguayo, La vida es un tango y La Internacional Argentina muestran que Copi no duda ni se detiene ante consideraciones estéticas o de índole nacional, y, con ello, va mucho más lejos que cualquiera de sus contemporáneos. Aunque de forma distorsionada y delirante, las tres obras son también piezas autobiográficas al tiempo que textos humorísticos de primera categoría y piezas fundamentales del puzzle de la literatura argentina. Sin ellas, autores tan diferentes como los argentinos César Aira, Alberto Laiseca, Washington Cucurto y Pablo Pérez, el chileno Pedro Lemebel y el uruguayo Dani Umpi, serían difíciles de imaginar, ya que todos parecen haber recurrido a la figura tutelar de Copi para librarse del mandato de seriedad, corrección y falta de sentido del humor que preside las literaturas del Cono Sur. La publicación reciente de sus novelas La ciudad de las ratas y La guerra de las mariconas por el sello argentino El cuenco de plata y la de estas Obras por Anagrama merecen ser celebradas pues por lo que tienen de rescate de la obra fundamental de un escritor de una sofisticación y una inocencia únicas, alguien que oponiéndose a todas las convenciones fundó convenciones nuevas y transformó la literatura en dos idiomas, el español y el francés. Es de desear que a este primer tomo de la narrativa de Copi, al que seguirá un segundo volumen con la novela El baile de las locas y los relatos de Los viejos travestis y Virginia Woolf ataca de nuevo le siga también la publicación de la dramaturgia de Copi, tan visceral como su narrativa pero prácticamente inédita en español, y de sus extraordinarios cómics, también parcialmente inéditos en castellano, cuyos vínculos formales y temáticos con la narrativa del autor son notables. Se trata de la mejor literatura argentina en francés que puede leerse, escrita por un autor cuyo nombre no era de mujer ni de hombre y que alguna vez reconoció ser tan vanguardista que se había pillado el sida primero que nadie.
Copi
Obras (Tomo I)
Pról. María Moreno
Barcelona: Anagrama, 2010
[Publicado originalmente en Letras Libres. Madrid; Ciudad de México, junio de 2010]
[Publicado el 05/7/2010 a las 12:30]
[Etiquetas: Copi; Anagrama; Novela]
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“El infierno está subiendo a por vosotros”

[Publicado el 02/7/2010 a las 12:00]
[Etiquetas: Gianluca Maconi; Pier Paolo Pasolini; Gallo Nero Ediciones; Cómic]
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"En la muerte las voces son una sola voz"

La señora Kim le explicó al doctor, mientras él le tomaba la tensión [...], que aquellas tal vez fueran voces de muertos, de soldados fantasma que marchaban hacia la aldea, dispuestos a dar término a alguna misión en la que fracasaron, algo que no pudieron concluir, [...] soldados de cuello larguísimo, soldados cuya cabeza giraba trescientos sesenta grados alrededor de su cuello, con las cuencas de los ojos vacías, cantando al unísono porque en la muerte, aseguró la señora Kim, todas las voces son una sola voz, porque todos los fallecidos piensan con un solo pensamiento [...] (96-97).
Vale la pena mencionar también, pienso, que la de El ladrón de morfina es una apuesta arriesgada y, por lo tanto, valiosa. Quizás su dificultad provenga del hecho de que la primera de las cinco secciones que componen el libro es la más larga y menos interesante; un error que hubiera podido subsanarse desplazando la información narrativa contenida en ese apartado a los otros dos sin que la novela hubiese perdido en unidad. Más allá de esto, y de las objeciones planteadas por Santos Sanz Villanueva, El ladrón de morfina es una obra meritoria, que probablemente lleve al lector a profundizar en la obra de su autor, por ejemplo en sus libros de poesía Todos los miedos (Renacimiento, 2005), El libro de los hundidos (Visor, 2006) y Guerra del fin del sueño (La Garúa, 2008) y sobre todo en su novela Boxeo sobre hielo (Berenice, 2007), una obra valorada por algunos de los lectores más inteligentes del momento. El ladrón de morfina probablemente lleve también al lector a interesarse por el futuro de Mario Cuenca Sandoval, que sospecho que será el futuro de la literatura española.
Mario Cuenca Sandoval
El ladrón de morfina
Madrid: 451 Editores, 2010
[Publicado el 30/6/2010 a las 12:04]
[Etiquetas: Mario Cuenca Sandoval; 451 Editores; Novela]
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Patricio Pron (1975) es escritor. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004 y el Jaén de Novela 2008, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Eñe y Granta (España). Su trabajo como crítico es publicado regularmente en medios como ADNCultura de La Nación (Buenos Aires), Quimera, Letras Libres y Revista de Libros, entre otros. Pron es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999) y El vuelo magnífico de la noche (2001) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007) y El comienzo de la primavera (Literatura Mondadori, 2008), distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año. Es licenciado en comunicación social por la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y doctor summa cum laude en filología románica por la Georg-August-Universität de Göttingen (Alemania). Su último libro es El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (Literatura Mondadori, 2010).
Ficción
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.
El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.
Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.
El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.
Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.
Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.
Formas de Morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.
Edición
Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.
Crítica
Página web de Patricio Pron
29/7/2010 23:01
Lee Angosta o El olvido que...
Publicado por: hellman pardo
29/7/2010 13:58
Publicado por: Lesterticio Font
26/7/2010 13:39
Un debate interesante sobre...
Publicado por: Perro Flaco
25/7/2010 02:28
Publicado por: bravo
24/7/2010 23:22
Gracias por tu comentario, Perro...
Publicado por: Cristina
24/7/2010 18:55
Publicado por: Perro Flaco
23/7/2010 10:46
El narrador dice lo que quiere...
Publicado por: Filippa
21/7/2010 08:58
Publicado por: P.
20/7/2010 22:37
Hola, es Holden Caulfield (no...
Publicado por: Clément Cadou
19/7/2010 21:32
Publicado por: Pablo
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