El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 30 de julio de 2010

 Blog de Patricio Pron

A la búsqueda del padre improbable

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Héctor Abad Faciolince nació en Medellín en 1958 y publicó su primer libro en 1994, pero no fue sino hasta la obtención en 2000 del Premio Casa de América de Narrativa Innovadora con Basura y, en particular, con la publicación del celebrado El olvido que seremos (2006), que el autor colombiano comenzó a gozar de un reconocimiento crítico no reñido con las ventas. El olvido que seremos narraba el asesinato del padre del escritor por parte de los paramilitares colombianos en agosto de 1987 y la incapacidad y tal vez el desinterés de la policía de ese país por encontrar a los culpables, y el primero y más extenso de los textos de este Traiciones de la memoria funciona como una coda de ese asesinato y de su narración; allí, el hallazgo de un supuesto poema de Jorge Luis Borges en uno de los bolsillos del padre del narrador anunciaba una pesquisa pendiente. "Si la inepta justicia colombiana no había sido capaz de encontrar y condenar a los asesinos de mi padre, al menos yo tenía que ser capaz de encontrar al autor del soneto" (34), escribe Faciolince.
 
Su afirmación equipara elementos disímiles, la determinación de la culpabilidad de un asesinato político con la autoría de un poema no muy bueno y la figura del padre con la de Jorge Luis Borges, y resulta interesante tan sólo como expresión de deseos (no particularmente original, puesto que la mayor parte de los escritores iberoamericanos han pretendido o deseado ser hijos de Borges en un momento u otro) y como motor narrativo. A despecho de las interpretaciones psicológicas (que en general resultan fallidas o incompletas), y que Faciolince no esboza siquiera, el autor se lanza aquí a averiguar la historia de la transmisión de esos poemas. Su pesquisa lo lleva a sostener una polémica con el también colombiano Harold Alvarado Tenorio, que se atribuye su autoría como parte de un homenaje y de un chiste, a recurrir a los prestigiosos académicos Daniel Balderston y Julio Ortega y a visitar o a tener contacto con otras veintisiete personas radicadas en once países. Al final del relato Faciolince cree haber reunido las pruebas suficientes para afirmar que a los cinco poemas que persiguió, incluyendo el que encontró en uno de los bolsillos de su padre el día en que éste fue asesinado, "los escribió Borges" (180); esta conclusión es menos atractiva que el periplo que condujo a ella, que demuestra la existencia de una comunidad internacional de borgeanos que adquiere el carácter difuso pero trascendental que suelen tener siempre los conspirados en la obra del argentino.
 
Traiciones de la memoria reúne otros dos textos de menor extensión: "Un camino equivocado", un recuerdo de las aventuras principalmente eróticas que Abad vivió durante su estancia como refugiado en Turín que recuerda un poco a algunos relatos de Roberto Bolaño pero carece de su sentido del humor trágico y de su determinación de dar cuenta de una experiencia colectiva y no individual, y "Ex futuros", una digresión sobre las decisiones que suponen una renuncia a otros periplos vitales, que funcionan como reverso de la experiencia real.
 
Aunque bellamente editado, el libro de Faciolince decepciona por la gran cantidad de puerilidades y lugares comunes que su autor reúne en unas pocas páginas, una prosa escolar y carente de relieve y una descripción de las prácticas sexuales del narrador con su amante, una rica turinesa, están entre lo más torpe que una literatura particularmente inepta para el erotismo como la iberoamericana puede ofrecer. El lector no puede sino sonrojarse al leer frases como "[s]i la vida es el original, el recuerdo es una copia del original y el apunte[,] una copia del recuerdo. Pero[,] ¿qué queda de la vida cuando uno no la recuerda ni la escribe? Nada" (15). El lector se pregunta al leer cosas así si el autor colombiano está a la altura de su prestigio, que es grande y parece injustificado ante las numerosas torpezas del narrador de este Traiciones de la memoria. Abad Faciolince reúne amabilidades y buenas intenciones en su libro, y estas amabilidades y buenas intenciones le honran como persona pero le descartan, desafortunadamente, como escritor.
 
 
Héctor Abad Faciolince
Traiciones de la memoria
Madrid: Alfaguara, 2010

[Publicado el 28/7/2010 a las 14:00]

[Etiquetas: Héctor Abad Faciolince; Miscelánea; Alfaguara]

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El crítico involuntario

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Günter Grass según Fernando Vicente

En esta casa somos admiradores del trabajo del ilustrador español Fernando Vicente, cuyo blog y cuya página web solemos visitar regularmente y en ocasiones saqueamos, como sabe todo lector de esta bitácora. A diferencia de las de otros dibujantes, las ilustraciones de Vicente se caracterizan porque, de algún modo, ya están "editorializadas", es decir, surgen de lo que uno imagina son las lecturas del ilustrador y, aunque funcionan como caricaturas al uso, consisten en algo mucho menos superficial que la exageración de uno o dos rasgos físicos: en ellas hay caricatura, y esta a menudo es muy fina, pero también hay un conocimiento amplio del mundo íntimo y no sólo personal del autor retratado.
 
Así, su retrato de Mario Vargas Llosa recurre a la referencia ineludible a la sonrisa permanente del autor de La casa verde, pero el lector también puede reparar en la poltrona en la que se sienta el personaje, cuya elegancia y carencia de modernidad funcionan como clave de lectura. Sucede algo similar con los ojos desproporcionados de Juan Carlos Onetti en su retrato respectivo, la navaja de Luis Buñuel, los laureles de Juan Gelman, los ojos de Milan Kundera, el brazalete inconveniente de Louis-Ferdinand Céline, el humo del habano de Guillermo Cabrera Infante, el compañero nocturno de Evelyn Waugh y la sombra de Günter Grass, entre otros. También en el magnífico retrato de Roberto Bolaño que convierte al escritor chileno y a su máquina de escribir en objeto de un imposible manual de anatomía.
 
En sus ilustraciones de escritores, reunidas ahora en el volumen Portraits, Fernando Vicente practica unas operaciones de lectura que no distinguen demasiado su labor de la del crítico literario, de allí que mi impresión así como la de muchos otros lectores al leer los artículos a los que estos retratos sirvieron de ilustración en el suplemento Babelia del diario El País era que estos servían de apoyo a la ilustración de Vicente y no al revés como sucede habitualmente en la prensa. La pequeña y casi clandestina pero muy interesante editorial madrileña Blur Ediciones ha puesto a disposición de los lectores una selección de esas ilustraciones, una cincuentena de opiniones de uno de los críticos literarios más avezados del momento (y, quizás, uno de los más involuntarios) en un tomo pequeño que puede encontrarse en librerías especializadas y que es un placer ineludible para amantes de la literatura.
 
 
Fernando Vicente
Portraits
Pról. Arnal Ballester
Madrid: Blur Ediciones, 2009

[Publicado el 26/7/2010 a las 11:59]

[Etiquetas: Fernando Vicente; Ilustración; Blur]

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Cicatrices

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David Small (Detroit, Michigan, 1945) es un autor e ilustrador estadounidense que colabora regularmente con publicaciones como New Yorker y New York Times. Aunque bien conocido por su trabajo como ilustrador (regularmente, de las obras de su esposa, Sarah Stewart), su obra permaneció inédita en español hasta la aparición este año de su "memoria gráfica". Stitches (título que alude a los "puntos" de sutura que recibe el protagonista tras ser operado) narra la infancia y la adolescencia del propio autor a partir de los seis años de edad. Small creció bajo la órbita de una madre despótica y cruel y un padre ausente. "Nací enfadado e inquieto. Mis senos nasales y mi sistema digestivo no funcionaban como debían", anota; su padre, un radiólogo, lo sometió a curas experimentales, una de las cuales consistió en la exposición a rayos x. Años después, este tratamiento acabaría provocándole un tumor en el cuello que le fue operado sin que se le informara que se trataba de un cáncer; con el tumor se le extrajo también una de las cuerdas vocales, lo que lo condenó a la mudez durante casi toda la adolescencia. Cuando Small descubrió casualmente lo que había sucedido, comenzó a perder el juicio: huyó del hogar familiar (aunque estas dos últimas palabras no constituyen más que un eufemismo, dadas las circunstancias), fue detenido y se lo obligó a inscribirse en un colegio del Este del país del que se fugó tres veces; finalmente comenzó a recibir ayuda psiquiátrica y fue esa ayuda la que otorgó a su vida un sentido de utilidad y de valor de los que ésta había carecido hasta ese momento. A los dieciséis años Small huyó de su casa y alquiló un piso en un barrio marginal de Detroit donde comenzó a trabajar como pintor y se abrió camino. Años después, la convalecencia de su madre en su lecho de muerte abrió una puerta para una reconciliación que Small, con reservas, acabó aceptando, y que constituye uno de los pasajes más conmovedores de la obra, a la que complementa un apéndice, de lectura imprescindible, que pone en antecedentes y narra lo que sucedió con los protagonistas de este libro.

Stitches es una obra dura y de lectura dolorosa; su autor es extraordinariamente hábil para narrar la inmensidad de la pesadilla en la que se vio envuelto mediante un grupo reducido de recursos, entre los que se encuentran los sueños recurrentes, la recreación de personajes y motivos del clásico de Lewis Carroll Alicia en el país de las maravillas el uso de la perspectiva y un dibujo de gran versatilidad que pasa con rapidez de la caricatura al trazo realista y de él a la abstracción y la mancha.

Quizás sea exagerado afirmar que Stitches supone un salto cualitativo en la novela gráfica; sin embargo, su calidad es incuestionable, y ridiculizará a quienes piensan aún que la novela gráfica es el producto de una literatura de entretenimiento en la que unos tíos con mallas demasiado apretadas hacen uso de unos poderes que los asemejan a dioses. No hay nadie más carente de poderes como el protagonista infantil de Stitches, y su impotencia no sólo está en las antípodas de la literatura de superhéroes; también constituye un adecuado contraste con la magnífica potencia de esta obra.

Stitches encabezó la lista de los más vendidos de The New York Times, fue elegido como uno de los diez mejores libros de 2009 por Publishers Weekly y fue finalista del National Book Award de ese año.

 

David Small

Stitches, una infancia muda

Trad. Rocío de la Maya

Barcelona: Reservoir Books, 2010

[Publicado el 21/7/2010 a las 11:52]

[Etiquetas: David Small; Reservoir Books; Cómic]

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En primera persona

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Poema visual del venezolano Manel Costa

"Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso". Holden Caulfield, protagonista de El guardián entre el centeno de Jerome David Salinger, es probablemente uno de los personajes más recordados de la literatura del siglo XX pero también uno de los menos imitados, ya que ningún siglo ha sido tan pródigo en memorias, testimonios y autobiografías. La publicación de una importante cantidad de obras de este tipo en los últimos meses ha devuelto a la autobiografía su visibilidad en los escaparates del negocio literario pero también ha llevado a que se agrupe bajo un mismo rótulo a obras de características muy diferentes, introduciendo una pregunta tácita acerca de qué es lo que se entiende por autobiografía en nuestros tiempos y cuáles son las razones de su proliferación.

A la aparición de nuevas obras de autores extranjeros como Wole Soyinka (Partirás al amanecer, RBA) y  J. M. Coetzee (Verano, Mondadori) y al rescate del Diario del duelo (Paidós) de Roland Barthes se suman obras de autores hispanoamericanos como el colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de El olvido que seremos (Seix Barral, 2007), un desgarrador testimonio sobre el asesinato de su padre y la incapacidad y tal vez el desinterés de la policía colombiana por resolver ese crimen, y la reciente Traiciones de la memoria (Alfaguara), que se articula en torno a un poema atribuido a Jorge Luis Borges que el narrador encontró en uno de los bolsillos de la chaqueta de su padre el día que fue asesinado. Más convencionales desde el punto de vista del género son La novela de la memoria de José Manuel Caballero Bonald (Seix Barral) y En la ciudad sumergida de José Carlos Llop (RBA). En ellas la identidad entre autor, narrador y personaje (todos identificados de forma consuetudinaria por el nombre que aparece en la portada) se cumple por completo, aunque, en el caso de la obra de Llop la memoria narrada no es sólo la individual sino también la de los abuelos y los padres y el resultado no es la glosa de una fotografía familiar sino un fresco de la ciudad de Mallorca, la manifestación de sus vínculos con otras ciudades literarias como la Alejandría de Cavafis y el París de Proust y el relato de su desaparición a manos del siempre cruento paso del tiempo. Un fresco (aunque ya no de una ciudad sino de ese paisaje cambiante que es la literatura) es también Egos revueltos de Juan Cruz Ruiz (Tusquets), que recoge anécdotas de su vida como escritor, periodista y editor de algunos de los autores más importantes de los últimos cincuenta años. También Seductors, il.lustrats i visionaris (Edicions 62) de Josep Maria Castellet, cuyos personajes son tanto el autor como Carlos Barral, Gabriel Ferrater y Terenci Moix, y las memorias de la editora y escritora Esther Tusquets Habíamos ganado la guerra (Bruguera, 2007) y Confesiones de una vieja dama indigna (Bruguera).

Más interesantes resultan aquellas obras que afectan a la distribución canónica de los textos entre los subgéneros afines de la autobiografía, la escritura confesional, la novela autobiográfica, la autoficción, el diario y las memorias. Entre este segundo tipo de obras destacan Tiempo de silencio de Marcos Giralt Torrente (Anagrama) y Autobiografía sin vida de Félix de Azúa (Mondadori). El primero es el relato descarnado y emotivo de la relación del autor con su padre, el extraordinario pintor Juan Giralt (1940-2007), con quien sólo compartió quince días en dieciocho años pero junto al cual vivió la enfermedad y la muerte; el libro de Giralt Torrente destaca por su particular cruce entre escritura confesional y autobiografía y por su carácter autoconclusivo, que se diferencia de la necesaria incomplitud que es consustancial a la autobiografía y que surge del hecho mismo de que, en tanto su autor sigue vivo, la autobiografía está necesariamente inacabada. La segunda es una autobiografía ya no del autor mismo sino de lo que éste llama "una vida de imágenes", un fondo común de experiencias estéticas con el que el autor no procura reivindicar su individualidad sino la existencia de un colectivo y de un tipo de sociabilidad que desaparecen en la medida en que el arte pierde su sentido en la sociedad posmoderna. La autobiografía de Félix de Azúa es una despedida de una serie de impresiones amadas que por motivos de economía llamaremos aquí artísticas, pero si aún puede ser adscrita al género sin violentarlo lo es tan sólo porque la omisión de la figura del autor recorta su silueta sobre el tapiz como la de una ausencia.

"El libro de Félix de Azúa no es propiamente autobiografia como narración de una vida, pero su matriz adopta un yo reflexivo que podríamos asociar al de la forma intelectual de los Essais de Montaigne para elucidar el sentido del arte en la sociedad contemporánea" opina José María Pozuelo Yvancos, autor de la fundamental De la autobiografía: teoría y estilos (Crítica, 2005), quien sostiene además que las autobiografías más recientes no suponen grandes cambios en la concepción tradicional del género. "Las que sí han cambiado son las figuraciones del yo en la novela", afirma y menciona como los autores más importantes de esta tendencia a Javier Marías y Enrique Vila-Matas.

Quizás valga la pena preguntarse por esta proliferación reciente de autobiografías en el ámbito hispanohablante y el desafío a las convenciones que preside algunas de ellas. Una respuesta superficial podría reducirse a que el género "está de moda", pero, esté de moda o no, lo que parece haber detrás de su proliferación es la crisis de un cierto tipo de relato que explicó y normalizó el pasado español reciente, con sus estaciones obligatorias en la educación católica, el franquismo, la Transición, etcétera. En ese sentido, el escritor argentino Blas Matamoro, autor del ensayo Novela familiar. El universo privado del escritor (Páginas de Espuma), en el que glosa la vida familiar de unos trescientos sesenta escritores, sostiene que la recuperación de la figura del padre en la escritura autobiográfica "adquiere incontables personificaciones: Dios, la patria, la lengua". Las nuevas versiones del pasado reciente español están basadas en la subjetividad de sus autores, que reivindican un ordenamiento alternativo de ese pasado que no necesariamente lo normaliza ni lo edulcora.

Quizás detrás de esta proliferación esté también la pregunta acerca de cómo se puede narrar la propia vida en un momento histórico en el que gracias o por culpa de la aparición de blogs, redes sociales, mensajería instantánea y otras formas de comunicación la vida y su narración son casi simultáneos; es decir, el interrogante acerca de cómo se puede o debe contar la vida propia tras el declive de la cultura letrada tal como ésta era concebida tradicionalmente. Sean estas las razones de su proliferación o no, las preguntas que el género autobiográfico provoca en sus autores y lectores (la cuestión de la verdad en literatura, la de la mímesis de la realidad, la de la unidad de la identidad, etcétera) parecen hoy en día más pertinentes que nunca. Aquí hay un puñado de autores que han decidido narrar su vida para dotarla de verdad y sentido, y no es improbable que otros los sigan; quizás la autobiografía ha llegado realmente para quedarse.

 

[Publicado originalmente en ABC Cultural. Julio 19 de 2010]

[Publicado el 19/7/2010 a las 13:10]

[Etiquetas: Jerome David Salinger; Héctor Abad Faciolince; José Carlos Llop; Juan Cruz Ruiz; Josep Maria Castellet; Esther Tusquets; Marcos Giralt Torrente; Félix de Azúa; José María Pozuelo Yvancos; Blas Matamoro; Autobiografía]

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Fantasmas del Japón

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La palabra "yōkai" designa en japonés a los espíritus y a los demonios y, de forma más general, a cualquier tipo de aparición. A diferencia de los espíritus de Occidente, los yōkai no son necesariamente hostiles a los humanos: algunos de ellos los evitan, pero otros procuran convivir con ellos en sus casas o en los bosquecillos cercanos a las ciudades y los pueblos, beneficiándolos cuando pueden e incluso concibiendo con ellos. Su influencia en la cultura japonesa es tan grande que permea una de sus formas más típicas de entretenimiento de masas, el cómic o manga, que cuenta con un subgénero del mismo nombre. Shigeru Mizuki (Sakaiminato, 1922) es reconocido como el maestro indiscutido de este subgénero, el yōkai, que ha contribuido a crear con una serie de larga extensión titulada Ge Ge Ge no Kitaro y con NonNonBa, publicada ahora en español por Astiberri.
 
Mizuki (cuyo verdadero nombre es Shigeru Mura) tiene una historia curiosa, cuyo comienzo no podía ser mejor (una infancia feliz en el pequeño pueblo costero de la prefectura de Tottori) pero que pronto se echó a perder: en 1942, a los veintiún años, Mizuki fue enrolado por la fuerza en el ejército imperial japonés y enviado a combatir en la isla de Nueva Bretaña, en la actual Papúa Nueva Guinea; allí contrajo malaria, asistió a la muerte de la mayor parte de sus camaradas en acciones bélicas o suicidándose por desesperación, sobrevivió a un naufragio, perdió el brazo izquierdo en un bombardeo y estuvo a punto de morir a causa de la infección, pero consiguió sobrevivir y en 1957 inició su carrera como autor de cómics. Una de sus principales inspiraciones en ese sentido provino de su propia vida, pero también de Non Non Ba, una anciana supersticiosa de Sakaiminato que solía contarle historias de fantasmas. Mizuki profundizó su conocimiento de estos en la obra del etnólogo y folclorista Kunio Yanagida, y de ese interés surgieron sus mejores obras.
 
NonNonBa es una de ellas; aquí se narra la historia de Gege, un niño cuya vida cotidiana está atravesada por acontecimientos fantásticos y extraordinarios en los que a menudo interviene Non Non Ba. Enamoramientos infantiles, peleas entre bandas rivales de niños, incidentes en la escuela, muertes cercanas, el robo del banco local o el despido del padre son los acontecimientos más importantes de la vida del niño en su transformación en adulto, pero dejan una impresión menos duradera en el lector que aquellos en los que intervienen los yōkai. En NonNonBa el lector encuentra un yōkai que exige que se le ceda el paso en todo camino rural, otro con forma de verruga, hay un fantasma que se frota contra las personas porque siente picazón, otro que refleja el alma de quien lo contempla y está el Azuki Hakari, el yōkai sonriente que aconseja al protagonista cuando éste lo requiere e incluso le permite acompañarle a un paraíso de características oníricas.
 
La obra de Mizuki dejará un recuerdo perdurable en el lector (en particular en aquel que no lee habitualmente manga) porque sus editores han contemplado la voluntad de su autor y han decidido publicar la obra respetando el sentido de lectura japonés, lo que supone que el libro debe ser leído desde lo que para un occidental serían sus últimas páginas, y avanzar de derecha a izquierda; algo similar sucede con la lectura de las páginas, que debe hacerse de derecha a izquierda y de arriba a abajo, al igual que en la escritura tradicional japonesa, y esta modalidad de lectura debe ser empleada aun en las viñetas mismas, que también deben ser leídas de derecha a izquierda; si bien el resultado puede resultar desconcertante al comienzo, muy pronto el lector acaba habituándose a esta atípica forma de lectura del mismo modo que también se acostumbra a lo que tradicionalmente es llamado el "efecto máscara" propio del manga, que consiste en la combinación de personajes caricaturescos y entorno realista. Ambos resultan muy logrados en NonNonBa, que es una obra sabia y por momentos conmovedora.
 
Según la anciana que da nombre a la historia, los fantasmas no pueden posarse en las superficies escritas; quién sabe si el propio Mizuki (que también es autor de una biografía de Adolf Hitler) no escribe pues para que ningún fantasma se pose sobre él o sobre sus lectores.
 
 
Shigeru Mizuki
NonNonBa
Trad. Alberto Sakai
Bilbao: Astiberri, 2010

[Publicado el 15/7/2010 a las 11:59]

[Etiquetas: Shigeru Mizuki; Cómic; Astiberri]

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La escritura del padre

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Escribir sobre el padre consiste principalmente en averiguar cómo se escribe sobre el padre. La invención de la soledad de Paul Auster (1988), Patrimonio de Philip Roth (1991) y, más atrás, Mi padre y yo de J.R. Ackerley (1968) y la Carta al padre de Franz Kafka (1919) surgen por esa razón de una doble dificultad: aquella inherente a su propio tema (que suscita preguntas acerca de la legitimidad del autor para narrar hechos, de los cuales fue un testigo infantil y por ello poco confiable, y personas a las que no conoce realmente pero a las que lo unen el afecto o el rechazo) y otra vinculada con la anterior y que tiene que ver con cómo narrar una materia tan dificultosa.

A esta pregunta el escritor español Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968) la responde mediante la acumulación de falsos comienzos en las primeras páginas de su nuevo libro y el abandono de la voz narrativa utilizada en sus obras anteriores (principalmente en las novelas París y Los seres felices). El abandono de esa voz narrativa y de los trucos y los recursos que (a través de un laborioso procedimiento de ensayo y error) se han demostrado eficaces y nos permiten a los escritores escribir adquiere aquí el carácter de un valiente despojamiento que deja al autor, literalmente, desnudo. "Hasta ahora no había escrito con mi propia voz", admite Giralt Torrente en un pasaje de su libro, soslayando el hecho de que escribir con la "propia voz" es tal vez imposible y que la propia escritura supone ya una transformación de esa voz; pero lo que importa es su constatación al respecto de que "es una sensación nueva que aturde". Ante el aturdimiento y la consiguiente imposibilidad de escribir sobre el padre, Giralt Torrente recurre a la sencillez formal: una voz, la del narrador (quien a su vez es identificado con el autor, como es prescriptivo en el género autobiográfico), narra sus encuentros y desencuentros con un padre ausente, el extraordinario pintor español Juan Giralt (1940-2007), con quien sólo compartió quince días en dieciocho años pero junto al cual vivió la enfermedad y la muerte.

Este no es un ajuste de cuentas ni propiamente una memoria, ya que los hechos importan aquí mucho menos que el sentido que debe emanar de ellos. Giralt Torrente está a la búsqueda de explicaciones, y para encontrarlas no se contenta con narrar los hechos que presenció o de los que fue testigo: se remonta a la vida de su padre antes de que éste se convirtiese en uno (y, antes, a la de sus abuelos y sus bisabuelos) y lo que encuentra es una serie de malentendidos y de historias de incomprensión entre padres e hijos. "Qué contrariedad para mi padre [...]. Qué destino incómodo tener en tu propia familia, en la figura de tu único hijo, un notario descontento y suspicaz que, creyendo conocerte, levante acta de tus debilidades, de tus faltas y de tus promesas incumplidas" (99), afirma; pero lo hace a sabiendas de que él no puede levantar acta, primero porque no conoce realmente a su padre, y segundo, porque el suyo es un "homenaje de amor" (122).

Más que las anécdotas del padre distante y hostil y del hijo que no podía odiarlo pero tampoco amarlo, y esto último cuando ya casi era tarde, el verdadero tema de este valiente y hermoso Tiempo de vida es pues ése, cómo comprender al padre. La pintura de éste se caracteriza por la descomposición del paisaje, la pintura del fragmento y la cita mediante el collage y sin él; también por su soledad: hay algo en las visiones del pintor que no parece comunicable, que señala una suspensión de la capacidad comunicativa de la pintura debido a la abstracción de la mirada y a su renuencia a ser integrada a las formas canónicas de la interpretación en las artes plásticas que hace que el pintor se quede a solas con su visión. Algo de esa soledad existe también en Tiempo de vida, como si el único modo de comunicación entre padres e hijos adoptase la forma de un silencio compartido y de una necesidad perentoria de comprender quién ha sido el padre para poder convertirse en uno.

Quizás el mandato de honrar a los padres se deba a que el autor del texto bíblico ha comprendido que se debe honrarlos porque no se puede amarlos, pero (como quiera que sea) con Tiempo de vida Giralt Torrente cumple con el mandato bíblico y, lo que es más importante, agrega un capítulo más a una obra inconformista y exigente que, de forma silenciosa y subterránea, sostiene una literatura nacional y evita su derrumbe completo en las profundidades de las teorías inconsistentes, el realismo ramplón y el más absoluto ridículo, y de ese modo la salva y la enriquece.

 

Marcos Giralt Torrente

Tiempo de vida

Barcelona: Anagrama, 2010

[Publicado el 12/7/2010 a las 12:39]

[Etiquetas: Marcos Giralt Torrente; Juan Giralt; Anagrama; Autobiografía]

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"Moby Dick: batalla de arpones"

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Una orgía cuyos protagonistas son seiscientos voluntarios y una sola mujer, una antigua actriz pornográfica en decadencia, y su registro audiovisual a los fines de crear el filme pornográfico más importante de la Historia son los materiales con los que está conformada Snuff; considerando el carácter provocador de la obra de Chuck Palahniuk (Portland, 1964) y su fama de adentrarse en las zonas más perturbadoras de la cultura contemporánea, los materiales parecen de antemano los más idóneos para la escritura de una de sus mejores novelas, pero Snuff decepciona por la incapacidad de su autor de producir en el lector la incomodidad que tan hábilmente conseguía en textos anteriores.

Aquí, al igual que en otros libros de Palahniuk, los narradores son brutalmente honestos y directos y no escatiman ningún detalle en sus descripciones: "para todo el mundo que llegue después del tío número cincuenta, Cassie Wright parecerá un cráter abierto por un misil y engrasado con vaselina. Carne y sangre, pero como si algo le hubiera explotado dentro" (14). Aquí también hay una idea de índole sociológica: la de que los filmes de gang bang como el que ocupa las páginas de Snuff son el resultado de aplicar al espectáculo sexual la lógica acumulativa del capitalismo. Aquí también, finalmente, los personajes son freaks de vidas complejas y retorcidas cuyas intenciones no son fáciles de dilucidar a simple vista: Cassie Wright es una estrella pornográfica en decadencia obsesionada por romper el récord de la sesión de sexo más multitudinaria de la Historia aunque la imposibilidad física de servir a seiscientos hombres suponga su muerte, filmada en tiempo real y comercializada con la finalidad de dejar al mundo un testimonio de su paso por él y hacer rico al hijo o a la hija que diera en adopción cuando era joven. El señor 72 lleva rosas a su actriz pornográfica favorita pero teme que ésta sea su madre, y decide que, en el caso de que lo sea, él hará lo posible por alejarla de ese mundo. El número 600 es Branch Bacardi, estrella del porno de la década de 1980 que se afeita el pecho y come patatas fritas mientras confía en que esta aparición casi anónima en el filme relance su carrera. El señor 137 es el antiguo protagonista de una serie policíaca que perdió su trabajo cuando salió a la luz una cinta pornográfica homosexual que rodó en sus comienzos como actor; participar de la orgía con Cassie significa para él la posibilidad de reivindicar su heterosexualidad ante toda la industria cinematográfica. Finalmente, Sheila, la asistente de Cassie, es una postfeminista que evoca los preparativos de la filmación mientras la coordina, y desprecia puntualmente a todos y cada uno de los hombres que la rodean aplicándoles motes como "cascapollas" o "disparaleches" (29), "frotacapullos" y "machacapichas" (30).

La narrativa avanza mediante la alternancia de los soliloquios de sus protagonistas y sus diálogos mientras esperan que les llegue su turno para ingresar en el set de rodaje: el señor 600 entrega una pastilla al muchacho 72 para facilitarle la erección y más tarde le da otra pastilla que el muchacho debe entregar a Cassie para que ésta muera sin dolor durante la filmación; naturalmente, las pastillas acaban mezclándose. A su vez, el muchacho 72 cree que el señor 600 es su padre y Cassie Wright, su madre. Naturalmente, también, el filme acaba siendo snuff, lo que significa que hay un muerto; decir más sería revelar un final que se desea sorprendente, y que tal vez lo sea para muchos lectores, pero que, sin embargo, parece ejecutado con torpeza, por no mencionar el hecho de que, al igual que en obras anteriores, aquí Palahniuk se permite un final acorde con los valores dominantes que contradice su fama de provocador. Algunos lectores considerarán que el final melodramático de este libro es un guiño irónico de parte del autor, pero otros tal vez no lo vean así; como sea, es probable que los primeros sean fanáticos de Palahniuk y disfruten de Snuff de todas maneras; para los otros, y para quienes no han leído nada del autor antes, quizás valga la pena recomendar que busquen la muy buena Asfixia (2001) y el relato "Guts" [entrañas], lo mejor que Palahniuk ha escrito hasta el momento.

Como sostiene uno de los extractos de prensa que apoyan la obra, "al abrir una novela de Palahniuk, el lector puede estar seguro de una cosa: en algún momento le repugnará, y le divertirá"; sin embargo, Snuff no provoca ninguna de las dos reacciones. De hecho, la escasa comicidad de este libro no es mérito de Palahniuk sino de su traductor al español, que reemplazó los títulos originales de los filmes pornográficos imaginarios que Palahniuk menciona en el libro por títulos de su propia invención. Aquí van algunos de mis favoritos: "Taladrar a un ruiseñor", "El cartero siempre se corre dos veces", "La dimensión descoñecida", "El nabo de Oz" y "Moby Dick: batalla de arpones".

 

Chuck Palahniuk
Snuff
Trad. Javier Calvo
Barcelona: Mondadori, 2010

[Publicado el 08/7/2010 a las 12:15]

[Etiquetas: Chuck Palahniuk; Novela; Javier Calvo; Mondadori]

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La mejor literatura argentina escrita en francés

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Copi nació como Raúl Damonte en 1939 en Buenos Aires, pero vivió toda su vida adulta en París, escribió buena parte de su obra en francés y dedicó una novela a Uruguay, donde pasó su infancia; escogió un nombre de pluma que ni siquiera es un nombre; fue homosexual y travestí y produjo una obra breve e iconoclasta que ocupa a la crítica aún hoy, más de veinte años después de su muerte en 1987. Aunque todo esto sería ya suficiente para considerarle un escritor extraordinario, hay algo más: si bien su influencia es notoriamente visible en buena parte de la literatura argentina de las tres últimas décadas, durante años sus libros han sido prácticamente inhallables en ese país y en España, donde su nombre funciona aún hoy como contraseña para la entrada a un club selecto y poco elegante.

Obras, primer volumen de lo que se proyecta como la prosa reunida del autor publicada en Anagrama, viene pues a devolverle la visibilidad a un escritor fundamental; el libro contiene tres novelas y un texto autobiográfico parcialmente inédito. Escrita en 1984, "Río de la Plata" es una pieza de una memorialística delirante que atribuye a los argentinos una sexualidad compulsiva y zoológica, a sus políticos forma de pecho femenino y a sus mujeres un carácter intolerable; de todas estas atribuciones, quizás sólo la última sea verdaderamente cierta, pero lo que importa aquí es que el texto autobiográfico induce al lector a preguntarse si Copi no está tomándole el pelo. Naturalmente, lo está haciendo; pero lo hace de forma tan hilarante que el lector acaba cayendo derrotado bajo el imperativo, que surge de la propia obra, de que no se tome muy en serio lo que lee, o a sí mismo.

La narrativa de Copi se caracteriza por la sustitución de las relaciones causales por las contingencias sin motivo, el cuestionamiento de la representabilidad del mundo y el borramiento de los límites entre el mundo real y el mundo narrado, pero también por la ironía, el esteticismo, la teatralidad camp y la exageración humorística. En buena medida, todos estos elementos se encuentran presentes ya en la primera novela del autor, El uruguayo; aquí, la ciudad de Montevideo es cubierta de arena por el perro del narrador; del pozo cavado por el animal comienzan a salir pollos que mueren asados cuando tocan la superficie, un misterioso avión lanza una bomba sobre un grupo de militares y sobre el presidente del país, y el narrador comienza a hacer pequeños milagros, los cadáveres esparcidos por la ciudad resucitan y empiezan a perseguirlo, pero el presidente le otorga protección cortándole los labios y los párpados para conservarlos como reliquias y canonizándole, Uruguay comienza a encogerse y el cielo se junta con la tierra, anunciando más catástrofes por venir. En otra de las novelas reunidas en Obras, La vida es un tango, Silvano Urrutia llega a Buenos Aires tras ganar un concurso de poesía auspiciado por un periódico pero a poco de llegar se ve envuelto en la muerte de uno de sus redactores, Alemania invade Holanda, la decisión de titular "Hitler asesino" crea un conflicto con el jefe de policía, un notorio entusiasta del nacionalsocialismo quien, en ausencia del presidente de la República, auspicia los ataques contra judíos y chantajea a los dueños del diario, trasuntos corruptos y cocainómanos de la familia del autor, que dirigió el importante diario Crítica en las décadas de 1930 y 1940; Urrutia huye de Buenos Aires y en la segunda parte del libro presencia y protagoniza involuntariamente la revuelta de París de mayo de 1968, sólo para regresar más tarde a su origen provinciano. En La Internacional Argentina, única obra del autor escrita en español, el mediocre y vanidoso poeta argentino Darío Copi conoce al magnate Nicanor Sigampa, un gigantesco negro que financia a la intelectualidad argentina exiliada en París y convence a Copi de que se candidatee a la presidencia; Copi acepta y se ve involucrado en el asesinato del embajador argentino en París y en las intrigas de Raoula Borges, la hija natural del gran escritor argentino, y acaba viendo frustrados sus planes de acceder a la presidencia argentina al descubrir que es hijo ilegítimo y que además es judío y nacido en Auschwitz. Aquí la crítica a instituciones tan argentinas como el racismo, el antisemitismo y la homofobia ya presente en textos como "Río de la Plata" alcanza su punto más alto: Sigampa le anuncia que ha decidido retirarle su apoyo ya que es improbable que la ciudadanía argentina vote a un candidato judío.

El uruguayo, La vida es un tango y La Internacional Argentina muestran que Copi no duda ni se detiene ante consideraciones estéticas o de índole nacional, y, con ello, va mucho más lejos que cualquiera de sus contemporáneos. Aunque de forma distorsionada y delirante, las tres obras son también piezas autobiográficas al tiempo que textos humorísticos de primera categoría y piezas fundamentales del puzzle de la literatura argentina. Sin ellas, autores tan diferentes como los argentinos César Aira, Alberto Laiseca, Washington Cucurto y Pablo Pérez, el chileno Pedro Lemebel y el uruguayo Dani Umpi, serían difíciles de imaginar, ya que todos parecen haber recurrido a la figura tutelar de Copi para librarse del mandato de seriedad, corrección y falta de sentido del humor que preside las literaturas del Cono Sur. La publicación reciente de sus novelas La ciudad de las ratas y La guerra de las mariconas por el sello argentino El cuenco de plata y la de estas Obras por Anagrama merecen ser celebradas pues por lo que tienen de rescate de la obra fundamental de un escritor de una sofisticación y una inocencia únicas, alguien que oponiéndose a todas las convenciones fundó convenciones nuevas y transformó la literatura en dos idiomas, el español y el francés. Es de desear que a este primer tomo de la narrativa de Copi, al que seguirá un segundo volumen con la novela El baile de las locas y los relatos de Los viejos travestis y Virginia Woolf ataca de nuevo le siga también la publicación de la dramaturgia de Copi, tan visceral como su narrativa pero prácticamente inédita en español, y de sus extraordinarios cómics, también parcialmente inéditos en castellano, cuyos vínculos formales y temáticos con la narrativa del autor son notables. Se trata de la mejor literatura argentina en francés que puede leerse, escrita por un autor cuyo nombre no era de mujer ni de hombre y que alguna vez reconoció ser tan vanguardista que se había pillado el sida primero que nadie.

 

 

Copi

Obras (Tomo I)

Pról. María Moreno

Barcelona: Anagrama, 2010

 

[Publicado originalmente en Letras Libres. Madrid; Ciudad de México, junio de 2010] 

[Publicado el 05/7/2010 a las 12:30]

[Etiquetas: Copi; Anagrama; Novela]

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“El infierno está subiendo a por vosotros”

 
La noticia del asesinato del cineasta, poeta y, en general, intelectual italiano Pier Paolo Pasolini, ocurrido la noche del 1 al 2 de noviembre de 1975, provocó una conmoción en la izquierda italiana y un agrio debate cuyas repercusiones aún no han terminado; para entender estas reacciones hay que tener en cuenta los siguientes hechos, que esta muy buena edición en español de la obra de Gianluca Maconi menciona en la "cronología del caso Pasolini" que cierra el libro: el país estaba conmocionado por la violencia de las Brigadas Rojas y por la de un importante grupo de fascistas que había perpetrado varios asesinatos, tres médicos abortistas de Florencia habían sido detenidos meses antes, en lo que iba de año habían tenido lugar varios asesinatos de estudiantes de izquierda y uno de un joven fascista y la mayoría de edad había sido rebajada de veintiuno a dieciocho años para facilitar la acción policial. En ese contexto, el asesinato de Pasolini adquiría un cariz claramente político, incluso aunque en su origen no se haya tratado, como todo parece indicar, más que de un crimen pasional o de un robo perpetrado con violencia.
 
La edición de esta novela gráfica de Gianluca Maconi debe ser celebrada pues por tratarse de la presentación en público de una nueva editorial, pero también porque la obra de Maconi contribuye a echar luz sobre el asesinato contextualizándolo mediante la cronología que ya he mencionado, incluyendo un prólogo del periodista Furio Colombo, una de las últimas personas que vio a Pasolini con vida, y un capítulo titulado "homicidio, pesquisas, versiones", escrito por Francesco Barilli. En cuanto a la novela gráfica en sí, su aspecto es evocador del manga japonés y su narración incluye las diferentes versiones acerca del crimen (incluyendo el testimonio de Giuseppe Pelosi, el presunto asesino de Pasolini, de diecisiete años, y el de la periodista italiana Oriana Fallaci) pero su intención no parece ser establecer una hipótesis definitiva acerca del asesinato (aunque da la impresión de que el autor se decanta por la del crimen político) sino más bien la de actualizar el pensamiento contradictorio y provocativo del cineasta e intelectual italiano vinculándolo a eventos posteriores como el 11 de setiembre, la frontera cisjordana, la represión de la plaza de Tian'anmen, la guerra de Afganistán y las luchas antiglobalización. Quizás Maconi se equivoque al vincular en su narrativa el asesinato de Pasolini con su historia (rescatada de unos "Appunti per un film sull'India" que el cineasta nunca llegó a filmar) acerca del príncipe hindú que se sacrifica para que una tigresa alimente a sus cachorros, ya que, en primer lugar, Pasolini no se sacrificó voluntariamente y, en segundo lugar, su muerte no contribuyó a paliar ninguna injusticia (naturalmente, de fondo está la idea, de inspiración cristiana, del sacrificio personal como herramienta de transformación política que tanto daño ha hecho al objetivo de esa transformación y a sus partidarios), pero lo que importa aquí es que su novela gráfica trae de regreso un pensamiento que aún tiene actualidad y vigor y todavía incomoda.
 
"El infierno está subiendo a por vosotros", afirmó Pasolini en la última entrevista que concedió; tal vez baste simplemente mirar a nuestro alrededor para ratificar ese pronóstico.
 
 
Gianluca Maconi
El caso Pasolini: crónica de un asesinato
Trad. Julio Reija
Madrid: Gallo Nero Ediciones, 2010

[Publicado el 02/7/2010 a las 12:00]

[Etiquetas: Gianluca Maconi; Pier Paolo Pasolini; Gallo Nero Ediciones; Cómic]

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"En la muerte las voces son una sola voz"

 
 
Unas semanas atrás, el crítico español Santos Sanz Villanueva daba cuenta de la existencia de un "movimiento modernizador de nuestra novela" entre cuyos autores mencionaba a Agustín Fernández Mallo, Manuel Vilas, Robert Juan-Cantavella y otros; también destacaba que ese movimiento es más amplio de lo que creía pero asimismo insinuaba cierta sorpresa por el hecho de no haber sabido "nada" de Mario Cuenca Sandoval, "cuya novela El ladrón de morfina lo sitúa en esa órbita innovadora, hoy por hoy de frutos más innovadores que logrados".
 
El ladrón de morfina tiene lugar durante la Guerra de Corea de 1950 a 1953 y gira en torno a las peripecias prácticamente oníricas de un puñado de personajes entre los que se cuentan un colombiano asalariado en el ejército estadounidense, un médico coreano y su mujer que curan a los participantes en el conflicto sin preguntarles a qué bando pertenecen y finalmente acaban pagando por ello y un niño que roba morfina para el médico. Aunque abundan las páginas en las que el autor describe las acciones bélicas con un lenguaje que debe mucho al tratamiento de la guerra en las artes audiovisuales, la guerra que narra en su obra es más interior que exterior y sus efectos son más terribles y duraderos en la subjetividad de los personajes; allí también, provocan transformaciones importantes y cambios bruscos que tienen poco que ver con la guerra sin sentido que rodea a esos personajes y en la que la conquista de una población insignificante es seguida por su reconquista por parte del bando rival y nada parece cambiar realmente, excepto que algunos mueren y otros viven un tiempo más.
 
Sanz Villanueva sostiene que la obra contiene "exploraciones diversas acerca de la hermandad, la ternura, la compasión, el sexo, la esperanza, la muerte, la culpa, la ideología" pero la principal indagación aquí (también mencionada por el crítico) es la de la identidad y sus juegos de espejos: ¿quién escribe este libro? ¿Quién es realmente su supuesto autor, el artista plástico y escritor S. K. Caplan, creador también de un arte infográfico algunas de cuyas obras son reproducidas en el libro? ¿Quién es el Flaco Bentley? ¿Es William A. Bentley, el fotógrafo de los copos de nieve? ¿Y cuál es su contribución a la escritura de este libro? ¿Quién escarba los túneles en los que se refugian los protagonistas? En la exploración de esos aspectos radica todo el interés que el lector puede encontrar El ladrón de morfina, que Sanz Villanueva califica de "novela exigente", que "requiere esfuerzos excesivos de lectura" y posee una "dimensión demasiado abstracta, que lastra la anécdota, mortecina, y a los personajes, de insatisfactoria caracterización"; contra estas objeciones, que quizás sean excesivas, vale la pena sostener que El ladrón de morfina está narrado con un muy meritorio aliento poético que, aunque no es ajeno a ciertos tópicos, a veces entrega párrafos de gran plasticidad:

La señora Kim le explicó al doctor, mientras él le tomaba la tensión [...], que aquellas tal vez fueran voces de muertos, de soldados fantasma que marchaban hacia la aldea, dispuestos a dar término a alguna misión en la que fracasaron, algo que no pudieron concluir, [...] soldados de cuello larguísimo, soldados cuya cabeza giraba trescientos sesenta grados alrededor de su cuello, con las cuencas de los ojos vacías, cantando al unísono porque en la muerte, aseguró la señora Kim, todas las voces son una sola voz, porque todos los fallecidos piensan con un solo pensamiento [...] (96-97).

Vale la pena mencionar también, pienso, que la de El ladrón de morfina es una apuesta arriesgada y, por lo tanto, valiosa. Quizás su dificultad provenga del hecho de que la primera de las cinco secciones que componen el libro es la más larga y menos interesante; un error que hubiera podido subsanarse desplazando la información narrativa contenida en ese apartado a los otros dos sin que la novela hubiese perdido en unidad. Más allá de esto, y de las objeciones planteadas por Santos Sanz Villanueva, El ladrón de morfina es una obra meritoria, que probablemente lleve al lector a profundizar en la obra de su autor, por ejemplo en sus libros de poesía Todos los miedos (Renacimiento, 2005), El libro de los hundidos (Visor, 2006) y Guerra del fin del sueño (La Garúa, 2008) y sobre todo en su novela Boxeo sobre hielo (Berenice, 2007), una obra valorada por algunos de los lectores más inteligentes del momento. El ladrón de morfina probablemente lleve también al lector a interesarse por el futuro de Mario Cuenca Sandoval, que sospecho que será el futuro de la literatura española.

 

Mario Cuenca Sandoval
El ladrón de morfina
Madrid: 451 Editores, 2010

[Publicado el 30/6/2010 a las 12:04]

[Etiquetas: Mario Cuenca Sandoval; 451 Editores; Novela]

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Foto autor

Biografía

Patricio Pron (1975) es escritor. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004 y el Jaén de Novela 2008, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones como The Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Eñe y Granta (España). Su trabajo como crítico es publicado regularmente en medios como ADNCultura de La Nación (Buenos Aires), Quimera, Letras Libres y Revista de Libros, entre otros. Pron es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999) y El vuelo magnífico de la noche (2001) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007) y El comienzo de la primavera (Literatura Mondadori, 2008), distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año. Es licenciado en comunicación social por la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y doctor summa cum laude en filología románica por la Georg-August-Universität de Göttingen (Alemania). Su último libro es El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (Literatura Mondadori, 2010).

Bibliografía

Ficción

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

Formas de Morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

Edición

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

Crítica

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

Enlaces

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