He leído la larga entrevista que te hacen en La Vanguardia de Barcelona publicada junto a una crónica de la polémica "desatada" en Portugal por tu nueva novela. El periodista, como no podría ser de otro modo, utiliza la palabra "escándalo" para contar las reacciones políticas y eclesiásticas a la publicación de Caín. Supongo que habrá lectores inclinados a lamentar esta nueva manifestación de intolerancia pero yo querría detenerme a celebrar las airadas controversias que excita tu libro. ¿Acaso no es una prueba del poder que todavía tiene la literatura? La susceptibilidad de los custodios de La Biblia -los mismos que durante siglos prohibieron su lectura- nos demuestra que jamás la han leído. Si la hubieran leído, meditado y comprendido, se habrían visto sorprendidos por una creciente y desconcertante sospecha: los redactores de la Biblia no estuvieron tan ajenos como parece al espíritu de José Saramago. Tu Caín, José, contribuye a descubrir el valor de un texto milenario: el autor bíblico que nos relata el comportamiento de la divinidad es un hombre escandalizado. Lo que cuentas de Abraham y Sodoma, por ejemplo. ¿Acaso no es la Biblia la que nos permite conocer un episodio que conmueve nuestra Humanidad y asienta el alcance moral de nuestras dudas? La Biblia es el resultado de una impresionante paradoja: testifica cómo brota, crece y se expande la conciencia del hombre ante un Dios incomprensible. Y sin embargo, esta voz del hombre consternado -intrigado, seducido, convencido y repudiado- se convierte en un libro sagrado. Un libro venerado por una iglesia tan ignorante como mojigata. De hecho, su preocupación ha sido siempre la misma: impedir que el hombre comprenda la Biblia, impedir que el hombre se comprenda a sí mismo. De ahí su enfado con tu libro.
[Publicado el 22/10/2009 a las 16:49]
[Etiquetas: José Saramago, Biblia, Iglesia]
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Leyendo los recuerdos que hilvanaba Barral a cuento de los días pasados en Formentor es difícil no verse envuelto por la melancolía en la que siempre supo ser un consumado maestro. Pues ya no importaba, cuando escribía Años sin excusa, si había pasado mucho o poco tiempo por encima de los amigos que la edad dispersaba o perdía de vista, sino la perecedera naturaleza de aquel memorable episodio literario.
Las cosas, entonces, se cometían: conspiraciones literarias, rivalidades larvadas en el regazo de la amistad, amoríos impertinentes. Desde las vehementes y geniales declamaciones pronunciadas a favor o en contra de una obra literaria decisiva, hasta la trágica humillación infligida por funcionarios policiales, las risas y los llantos que todavía hoy contagian a un lector conmovido, germinaban y se agostaban en una única jornada de esplendor. Como si los actores de nuestra literatura convocados en Formentor se conformaran ensayando una obra de teatro a cuyo estreno no podrían asistir.
Nunca más tendría lugar un encuentro como el iniciado por los poetas y escritores españoles en 1959 y fisgando las fotos en blanco y negro hechas en aquellos días de primavera, vemos en los rostros la grave atención que se prestaban los unos a los otros o el gesto de alegría ante unos cuerpos sazonados en la orilla del mar, cuando lo usual sería verlos en sus respectivas armaduras de rango, posición y prestigio, pero también se distingue en las miradas el brillo de una sutilísima impaciencia, una intranquilidad que ayudaba a consumar lo que no podía durar demasiado.
¿Qué puede significar la memoria de Formentor cincuenta años después? Conmemoramos la forja de una disidencia literaria, la ruptura estética y moral con la mediocridad de un Régimen agotado (por mucho que luego fuera a languidecer). Pero sobre todo nos hemos propuesto recuperar la cita de Formentor y prolongar la conversación de aquellos editores, escritores y poetas como si nada hubiera pasado: ni siquiera el tiempo.
(A finales de septiembre nos veremos en Formentor con José Saramago, Juan Goytisolo, Félix de Azúa, Josep Ramoneda, Javier Fernández de Castro y numerosos amigos impacientes...)
[Publicado el 07/9/2009 a las 17:44]
[Etiquetas: Formentor, José Saramago, Juan Goytisolo, Félix de Azúa]
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El Subcomandante Marcos/El País
Dicen que es escurridizo: se ausenta de las citas previsibles y anuncia lo que no consuma. Desconcierta. Quizá Marcos sea un estratega de la comunicación. Su personaje -sea quién sea el que lo habita- es una construcción contra la trampa mediática: sabe eludir callejones sin salida. El guerrillero ha sorteado el peligro de la caricatura aunque ha visto de cerca sus fauces. No que lo agarre la corrupta policía mexicana, sino quedar fijado como una estampilla devocional. Otro póster en las aulas de la universidad europea. ¿Quién es Marcos? Un personaje, una figura teatral: su pasamontañas esconde la expresión que, en el caso de mostrarse, sería devorada. ¿Un rostro desnudo ante la mirada insaciable del mundo? Los medios son una maquinaria reiterativa hasta la saciedad: destruyen, por acumulación, el significado de las imágenes. Los hombres como signos son efímeros: lo impone la industria del entretenimiento y la expectativa de un público emocional. No hay personalidad real que resista tanta exigencia. ¿Una revolución en Chiapas? Lo justifica el estado de miseria que padecen sus habitantes, pero ¿cómo gobernar el impetuoso flujo de la información? Un acto político es interpretación: por qué hacemos lo que hacemos. Requiere propaganda, insistencia y razón. Controversia. Y no siempre es a gusto de todos. La sociedad mediática tiene sus leyes. La anécdota reiterada se impone a la crónica del conflicto. La noticia pasa de moda: pasa de largo. Nada queda.
Además, el mundo está escarmentado: ¿conduce un levantamiento de pobres y desheredados a la tiranía del caudillo? ¿Este es el único guión posible? ¿Y cómo escapar de la miseria en una democracia corrupta y violenta? ¿Cómo legitimar la insurrección contra un gobierno incapaz de garantizar los Derechos del Hombre? El caudillo encapuchado ¿no será un acto de renuncia, una decepcionante y trágica claudicación? ¿Y adónde irá un pueblo sin caudillo? ¿Detrás de una sombra?
[Publicado el 08/1/2009 a las 10:49]
[Etiquetas: Subcomendante Marcos, José Saramago, caudillos]
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Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.
Tengo una pregunta para mí
En la 2 de RTVE
¿Quién nos enseña a vivir?
Basilio Baltasar conversa sobre enseñanza y educación
con Fernando Savater, Josep María Flotats, Rafael Argullol y Paco Ibáñez.
21/5/2012 16:42
Fue en cierto modo afortunado al...
Publicado por: Rosita
01/5/2012 16:33
El buen escritor no se sitúa en...
Publicado por: Rosita
25/4/2012 14:38
Basilio a ve si cambiais ya la...
Publicado por: de nada
20/4/2012 20:47
Publicado por: Emy
19/4/2012 20:47
El prestigio de Bloom reside en...
Publicado por: Emy
28/3/2012 15:55
Estoy de acuerdo con Franco,...
Publicado por: modas
25/3/2012 19:52
En "Un arte que agoniza", que he...
Publicado por: Franco Mimmi
19/3/2012 20:29
Necesito la dirección de los...
Publicado por: Nancy
11/3/2012 16:58
El mensaje nuevo de Cristo es el...
Publicado por: Heurtebise
05/3/2012 18:01
“Se liberan del dolor de ser y...
Publicado por: la lábil libelula azúl
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