El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 26 de mayo de 2012

 Blog de Rafael Argullol

Galería de espectros: Roy

Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he visto los cabellos rubios del de Roy.
Delfín Agudelo: Esos cabellos rubios han vuelto a ver la luz en estos días, justamente cuando cumple Blade Runner sus 25 años de estreno.
R.A.: Estos días también ha vuelto a plantearse la polémica sobre el final alternativo que tiene Blade Runner. Ha habido algunos partidarios de aquél final en el cual por fin se rompía la oscuridad opresiva de los Ángeles, y los protagonistas salían en una última escena incierta pero ya con la luz del día; y otros de aquél desenlace por lo visto el previsto por el mismo Scott, en que todo el final de la película quede integrado en la escenografía negro y lluviosa de Los Ángeles. La última escena coincide con la muerte de Roy. Cuando pienso en Blade Runner, pienso en muchos aspectos visuales, arquitectónicos, y también pienso con frecuencia en la gran originalidad de los diversos personajes. Pero creo que con el tiempo me ha resultado particularmente impactante el personaje de Roy, el replicante más perfecto de ese grupo de replicantes que ha llegado a la tierra, para plantear al hombre, a su creador, las mismas preguntas que el hombre se viene haciendo desde siempre respecto a su propia situación en la vida. El juego de espejos general que crea Blade Runner me parece lo más destacado de la película. Los replicantes han llegado a un nivel de perfección anatómica tal que también desarrollan toda una serie de preguntas, de interrogantes, que son los mismos que desarrollan los humanos. Y dentro de esos replicantes, me parece particularmente trágico y heroico el caso de Roy, quien comete una suerte de deicidio al matar al creador en esa secuencia central de la película. Al matar él mismo a su creador se libra de determinados fantasmas, al igual que le ocurre al hombre cuando es capaz de emanciparse de las ideas preconcebidas y dogmáticas acerca de su propia naturaleza. Sin embargo, después de ese deicidio queda expuesto como nunca a la misma desnudez de la raza humana. Me parece absolutamente grande cuando él, por su fuerza y situación ventajosa, sería capaz de destrozar y matar al policía que lo ha venido persiguiendo, encarnado en Harrison Ford, y finalmente no lo hace.
Allí hay una cuestión a la que le he dado muchas vueltas. ¿Por qué él, que debería vengarse de la persecución del policía, finalmente decide no hacerlo? Él mismo dice sentir llegar el tiempo de la muerte, y tiene ese monólogo tan extraordinario sobre lo que ha visto y lo que ha soñado, y que sin embargo ahora se perderá todo como las lágrimas entre la lluvia. ¿Por qué no mata al policía? Ahí es cuando definitivamente se confirma que Roy ha adquirido no solo las características de la condición humana, sino que ha adquirido lo que podríamos denominar una espiritualidad superior. No lo hace por compasión. Él sabe que ese acto de compasión es lo que da una última belleza a su vida que se está acabando, y al comprender eso, creo que ejecuta un acto de alta espiritualidad y de belleza trascendente. Por tanto diríamos que a través de Roy el replicante que ha aspirado a ser hombre llega también a un grado de finura, de refinamiento espiritual, que incorpora la compasión, la piedad como un último acto de la belleza del hombre.

[Publicado el 04/2/2008 a las 09:30]

[Etiquetas: Galeria, espectros, Roy, Blade Runner]

[Enlace permanente] [23 comentarios]

Compartir:

Galería de espectros: Edipo

Edipo y la EsfingeRafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he divisado los ojos ciegos del de Edipo.


Delfín Agudelo: Al pensar en Edipo, no puedo dejar de imaginar la noción de fatalidad de la encrucijada de los caminos, y de los que decidirán su destino.

R.A.: En todo el destino, en todo el itinerario de Edipo, siempre hay sucesivas encrucijadas. De hecho, es un personaje que representa como pocos esa necesidad nuestra de decidir en la encrucijada continua que es cada uno de nuestros momentos. Pienso incluso en un momento particularmente conmovedor de la vida de Edipo, que es su final, su muerte tal como la describe Sófocles en Edipo en Colona, en que Edipo de nuevo se siente en la encrucijada de tener una muerte vulgar, o tener una muerte prodigiosa, que en cierto modo ilumine y devuelva la luz a sus ojos después de años de peregrinaje. Y Sófocles, en la última obra de su vida, lanza a Edipo hacia esa muerte prodigiosa de la que nadie sabe nada a excepción de Teseo, que es quien asiste pero que no lo cuenta. Pero si a partir de la muerte de Edipo hacemos un flash-back, vemos que Edipo siempre está en la encrucijada. Tuvo que decidir cuando era rey de Tebas si avanzaba o no en la investigación de la verdad, a pesar de que sabía que esa investigación le llevaría a su propia destrucción. Podía seguir el camino cómodo de tapar la verdad o el camino de seguirla, y toma el camino que le lleva a la destrucción de Yocasta, su mujer y madre, a la que ama. El amor de Edipo con Yocasta es uno de los amores más emocionantes d e la historia de la literatura, y lo lleva a la pérdida de la visión arrancándose los ojos precisamente con el broche de Yocasta. Previamente, ha tenido que enfrentarse a la encrucijada que le ha indicado el sabio adivino ciego Tiresias, quien le ha ofrecido la posibilidad también de salvarse. Sin embargo, Edipo elige el camino del conocimiento, que será a corto plazo el camino de la perdición. Había estado en la encrucijada de enfrentarse o no al enigma, a los cantos del enigma. Hubiera podido evitarlos, pero se enfrenta, y gracias a eso es elegido el más sabio de los hombres. Previamente está en la encrucijada decisiva en la cual él va desconociéndolo, y es cuando va a matar a su padre, el que dirige esa procesión de desconocidos. Edipo ha sido siempre en cierto modo el protagonista de las encrucijadas anteriores por cuanto ha sido un personaje atrapado en esa estructura simbólica que siempre continua en encrucijada que es el oráculo. Él era el niño destinado a morir, que no muere; destinado a reinar en Tebas, pero que finalmente es adoptado por los reyes de Corinto; destinado a reinar en Corinto pero que por otro oráculo debe alejarse de allí. Es el hombre que siempre tiene que enfrentarse a una continua destrucción de su identidad. Y luego, peregrinando las tierras de Grecia, tiene que enfrentarse siempre a la reconstrucción de esa identidad. Por eso en el caso de Edipo, contemplar sus ojos vacíos, sus ojos ciegos, es contemplar una luz extraordinaria, que es la luz del deseo del conocimiento más allá de todo riesgo. Ante las sucesivas encrucijadas, nunca escoge el camino más fácil, sino el más verdadero. Y eso quizá le convierte en el arquetipo por antonomasia de la lucha por el conocimiento.

[Publicado el 01/2/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Galeria, espectros, Edipo]

[Enlace permanente] [14 comentarios]

Compartir:

Galería de espectros: Kurtz

Fotograma "Apocalypse Now", Marlon Brando como KurtzRafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros me ha parecido escuchar la voz de Kurtz.

Delfín Agudelo: He recordado muchas veces las escenas de El corazón de las tinieblas de Conrad en la que aparece Kurtz, y también, todavía más, las escenas en Apocalypse Now de Coppola, en las que Marlon Brando encarna al coronel Kurtz. ¿Por qué la voz?

R.A.: Cuando pienso en Kurtz, pienso en la voz. Pienso en una voz extraordinaria, inusual. Pienso en una voz que realmente ha penetrado en el infierno y ha regresado de él. Pienso en una voz que está instalada en un finis terrae, en un lugar de frontera, en una voz que más allá de ella no hay nada a excepción del coro de los demonios. Siempre que pienso en El corazón de las tinieblas, no sé por qué lo hago en términos de sonido. A medida en que Marlow va a la busca de Kurtz, primero bajando desde Europa por el Atlántico, y luego internándose por el río Congo, hay, no lo niego, una importante presencia de lo pictórico e incluso de lo olfativo. Los colores y olores que nos describe Conrad son igualmente fuertes, pero a partir de un momento determinado de los tramos que va remontando por el río Congo hacia el interior de la selva, se hace cada vez más presente el protagonismo de los sonidos, de unas músicas que son al mismo tiempo sumamente arcaicas y abstractas, unas músicas que nos sitúan más allá de lo histórico, y a veces parecen situarnos más allá de lo humano. Marlow va quedando como magnetizado por el círculo de estas músicas, si bien en el centro de todos esos círculos él se va imaginando, va fantaseando con la música más extraña de todas, que es la voz de Kurtz: las palabras de ese hombre que se ha instalado definitivamente en el corazón de las tinieblas, en el corazón del horror. Me llama mucho la atención que, para Marlow, Kurtz no sea tanto una presencia corporal como una voz más allá de la cual solo hay el horror y sólo hay en cierto modo el final de una iniciación dolorosa. Y curiosamente -aunque en la libre interpretación que hace Coppola la presencia física de un Marlon Brando extremadamente obeso nos podría llegar a hacer creer que en la película es la plasticidad rotunda de ese cuerpo lo dominante- el acierto de Coppola, y sobre todo el acierto de la genial interpretación, es la voz, la voz de Marlon Brando, que recrea lo máximo que se puede recrear desde el punto de vista cinematográfico. Es la insinuación terminal de lo que puede ser una voz que nos indica Conrad en su libro. Por eso para mí el espectro de Kurtz es un espectro sonoro, de un sonido que está situado en el límite mismo de las cosas.

[Publicado el 28/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Galería, espectros, Kurtz, Joseph Conrad, Corazón de las tinieblas, Apocalypse Now, Coppola]

[Enlace permanente] [7 comentarios]

Compartir:

Galería de espectros: Hamlet

Rafael Argullol:  Hoy en mi galería de espectros me he topado con el de Hamlet.
 
Delfín Agudelo: Parece un juego de espejos, porque en la obra de Shakespeare es Hamlet quien se topa con el espectro de su padre.
 
R.A.: Eso es cierto y sin embargo no se por qué siempre que pienso en Hamlet pienso en él como el espectro. Quizá porque mi relación con el personaje Hamlet siempre ha sido muy ambigua. Cuando era muy joven simpatizaba con él pero a medida en que han pasado los años me he alejado. Incluso en algunos momentos he llegado a sentir una franca antipatía por él. Me ha parecido que no sólo es la encarnación espectral de la duda permanente que hay en todos nosotros, sino que, en su caso, esa duda con frecuencia le hace derivar hacia un egoísmo completamente destructor y maligno. Hamlet no es alguien que verdaderamente rinde homenaje a la figura de su padre, ni cumpla realmente la deuda que tiene o que cree tener con su padre. Esa vacilación, esa impotencia quizá demasiadas veces teñida de cobardía, le hace emprender un camino completamente exterminador. Nunca me ha parecido que fueran justificadas las muertes que provoca. Fundamentalmente no me parece justificada la muerte por dolor que causa en Ofelia, ni la falta de lealtad que tiene con sus amigos, ni incluso su odio hacia la madre y al padrastro, a pesar de que es un odio plenamente razonado por el hecho de que es el odio hacia los asesinos. Es un odio que a veces parece hacia la vida o hacia la plenitud de sentidos inmorales que éstos demuestran, y que él es incapaz de asumir. Es un hombre que va retrasando continuamente la iniciación de la vida y su asunción. He visto en Hamlet -y por eso quizá he tenido esa progresiva antipatía-la personificación de la adolescencia perpetua que nuestra época ha entronizado como figura central del escenario. Es la incapacidad de tener la frescura y la amoralidad rica del niño, y la incapacidad de tener también la responsabilidad del adulto, incluso para emprender caminos peligrosos. Siempre queda como colgado en un espacio de suspensión. Por eso Hamlet, a medida que he ido pensando  en él, lo he terminado viendo como un puro espectro más espectral que su padre, porque lo he visto incapaz para la vida. En ese caso el espectro de Hamlet no es el de aquél que ha tenido la vida y la ha perdido; es el de aquél que pese a todo no la ha tenido.

[Publicado el 25/1/2008 a las 09:00]

[Etiquetas: Galeria, espectros, Hamlet]

[Enlace permanente] [15 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).  

Bibliografía


 
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).

En librerías a partir del 15 de septiembre

 

 
/upload/fotos/obras/lampedusa_1_med.jpg 
 

Lampedusa (2008). El Acantilado, España

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2011 | Gran Vía, 32 - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres