
Las camionetas del CdeG dominan la ciudad con su logo
Es un arte en crecimiento, tangible, constante.
La simulación forma parte del sistema político mexicano. La guerra perdida de Felipe Calderón contra el narco ha generado un complejo aparato logístico y estratégico de narcopolítica. La mayoría de los políticos bailan al son de los capos de la droga. Ningún partido se salva. El dinero compra voluntades, lealtades, conciencias.
Los estados fronterizos son una prueba cotidiana de la narcopolítica. En Tamaulipas, por ejemplo, un estado fallido cuyas instituciones han sido aniquiladas, casi erosionadas por el narco, la vida transcurre bajo el domino absoluto del Cártel del Golfo (CdeG) dirigido desde la cárcel de Florida por Osiel Cárdenas Guillen y operado con mando único por Jorge Eduardo Costilla Sánchez, El Coss.
En Matamoros, centro neurálgico de operaciones del CdeG su alcalde Alfonso Sánchez Garza tomó posesión hace cinco meses en un restaurante, no en el palacio municipal. Muy simbólico. Tiene 40 años y lo observo mientras preside un evento en Playa Bagdad. Saluda durante quince minutos con amabilidad a policías, militares, marinos, rescatistas... Lo acompaña su esposa. En su perfil de Facebook dice que sus “intereses” son: Ser un Buen Hijo , El Mejor Esposo , Un Gran Padre , Un Excelente Matamorense , Un Orgulloso Tamaulipeco....”
Ups... La narcopolítica también es el arte de la simulación. En esta ciudad todo pasa por las manos del Cártel del Golfo: la policías municipales, la estatal, la federal, el ejército, la prensa, el sistema económico, la actividad productiva, la producción lícita e ilícita de mercancías.
Los reporteros de Matamoros entrevistan a su alcalde. Él se luce, habla con aplomo y presume sus logros, dice que la seguridad y la paz están garantizadas en su ciudad. Sonríe, mira a los ojos, incluso en su discurso tiene un tono muy parecido al de Felipe Calderón, aunque él sea del Partido Revolucionario Institucional.
Aprovecho unos minutos de silencio para romper la rutina periodística.
--- Usted dice que la seguridad está garantizada en Matamoros, pero esta es tierra del Cártel del Golfo. ¿Cómo combate eso, señor alcalde?
--- Mira, yo te puedo decir que gracias a Dios hasta el momento Matamoros ha estado tranquilo. Hemos contado con nuevos empleos. Y todo eso se logra precisamente porque la gente, los inversionistas y la ciudadanía van ganando confianza... hemos podido ir recuperando la confianza de la gente y de los mismos inversionistas. En este mes hemos tenido un repunte de dos mil empleos...
El alcalde no se atreve ni siquiera a mencionar “Cártel del Golfo”, de hecho, nadie me secunda. Lo sigo, lo observo, insisto, se despide apresuradamente de todos. Y deja el lugar. Entre toda la parafernalia de seguridad que le asiste, observo tres coches blancos con vidrios oscuros que lo custodian al final. Pregunto a un colega quiénes son: “Es la escolta del CdeG”, me responde con absoluta naturalidad.
¿Cómo puede gobernar un alcalde en una ciudad dominada, controlada y gestionada por el Cártel del Golfo? Plata o plomo, tal vez, es la disyuntiva. Son ellos quienes quitan y ponen autoridades. Me imagino las negociaciones que llevan al poder y luego la construcción de un discurso del disimulo, la impostura, la farsa.
Hace unos días preguntaron a Felipe Calderón su actuación frente a la narcopolítica: “En cuanto haya evidencia y esta sea judicializable estoy seguro que la autoridad correspondiente procederá, pero si no la hay, de ninguna manera me parece correcto andar buscando, entre comillas, evidencias en contra de nadie".
¿Judicializable? Calderón tiene muy poco respeto por la inteligencia de los demás. ¿En qué momento perdió el contacto con la realidad? Acaso se ha preguntado: ¿cuántos alcaldes, gobernadores de su partido, el PAN, están controlados por el narco? ¿Hacerse de la vista gorda como en el tema del lavado de dinero resuelve algo? ¿No investigar elimina el problema?
Es tan obvio y tan pocas las voces que se alzan para denunciarlo. El diputado federal panista Manuel Clouthier Carrillo es el único que ha tenido el valor de afirmar que Felipe Calderón ha permitido “la consolidación de la narcopolítica”. Hijo del luchador por la democracia Manuel Clouthier, Maquío, nacido en Sinaloa, tierra del Chapo Guzmán, el diputado no se anda por las ramas a la hora de decir por qué Calderón y su gobierno no le han entrado a la investigación de la narcopolítica: “porque se hacen pendejos”.
¿Así o más claro?
[Publicado el 09/5/2011 a las 20:04]
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La barbarie de esta guerra delirante tiene nombres propios. Y este blog es una muestra de ello. Cada post, es la particularidad de una generalidad siniestra. Protagonistas sin afán, héroes anónimos, canallas célebres, víctimas sin fin. Hay que ponerle rostro a la tragedia para recordarla y combatir el olvido y el silencio.
Me niego a ver 36.000 muertos en un amasijo de carne y huesos; de estadistícas. Me niego a aceptar que 8 mil 897 personas asesinadas no tienen nombre. De ellos 3 mil 457 son hombres y mil 885 mujeres. Hay 55 casos que no puede determinarse el sexo; pero todos ellos tenían nombre y apellido, una historia de vida.
Estoy segura que muchos de esos “No Nombre” son buscados por sus familiares, sus parejas e hijos. En tan solo cinco años se han registrado más de 18.000 desaparecidos. Son muchas vidas destrozadas, familias mutiladas, existencias cercenadas.... ¡Cuánto dolor acumulado!
Y de pronto, entre los miles de crímenes execrables, entre las matanzas cotidianas y el exterminio de desconocidos, aparece un occiso que no solo tiene nombre y apellido, sino que resulta cercano; alguien que deja de ser “cualquier muerto” y que aparece distinto, singular, único; como deberían aparecer todos.
Entonces el azoro permanente por la abyección se convierte en insoportable estupor; en rabia, indignación y en exasperación contenida.... ¡Cuánto inocente asesinado!... ¡Cuánta muerte inútil!...
Juan Francisco Sicilia Ortega tenía 24 años y era hijo del colega y poeta Javier Sicilia. Lo encontraron junto a otras seis personas, todos atados de pies y manos. Los siete fueron torturados y asfixiados. El joven iba con sus amigos Julio César y Luis Antonio Romero Jaime y Gabriel Alejo Cadena. No conocía al resto: el ex militar Álvaro Jaimes, María del Socorro Estrada y Jesús Chávez Vázquez.
Las circunstancias de los asesinatos son oscuras como el eterno camino a la procuración de justicia en este país. El hallazgo de los cuerpos fue el 28 de marzo y según la procuraduría de Morelos había un narcomensaje firmado por el CdeG (Cartel del Golfo)... pero días después aparecieron mensajes de este cártel de droga, desmintiendo dicha autoría.
Javier está devastado, pero su entereza es admirable, una muestra de dignidad para todos. Ha encabezado actos de protesta y convocado a una marcha nacional para este miércoles 6 de abril. Para él hay un antes y un después. Sus palabras conmueven porque nos unimos a él: “todos los jóvenes corrompidos o muertos en esta guerra, y que sólo son manejados por el gobierno como estadísticas, se llaman desde ahora para mí: Juan Francisco Sicilia. Todos son nuestros hijos”.
Su territorio es la palabra y la espiritualidad: “A mi hijo lo mató la bondad y el amor, porque fue a ayudar a sus amigos. Hizo lo correcto. En el momento final, estoy seguro que Dios lo asistió”.
Juan Francisco iba a graduarse en administración de empresas y en junio se iba a Europa de vacaciones. Toda una vida por delante. Su padre le escribió el último poema: “El mundo ya no es digno de la palabra. Nos la ahogaron adentro. Como te (asfixiaron). Como te desgarraron a ti los pulmones. Y el dolor no se me aparta, sólo queda un mundo. Por el silencio de los justos. Sólo por tu silencio y por mi silencio, Juanelo”.
Javier ha dicho que no volverá a escribir poesía. Y lo entendemos porque compartimos su dolor, su sufrimiento. Perder un hijo es contranatura. Uno está preparado para irse antes; lo demás es amputación. Su grito elegíaco nos mueve a todos: “los políticos van a acabar reinando sobre un montón de osarios y sobre gente que ya tendrá el alma carcomida y despedazada. ¿Ese es el México que queremos?
No. La mayoría quiere lo mismo que tú Javier, un México distinto, un México en paz. Habrá que refundar el Estado, recuperar la palabra, el gobierno del pueblo. Recordarle a los políticos que se deben a la voluntad de los gobernados. Exigiremos justicia, el fin de la guerra, de la barbarie; sin mutilar la palabra, sin desterrar la poesía. Sin callar.
Porque tu palabra, tu acción, tu expresión es poesía Javier; porque Juanelo son todos los jóvenes destrozados por esta guerra, porque tenía razón Gustavo Adolfo Bécquer: “poesía eres tu”.
[Publicado el 04/4/2011 a las 20:51]
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El general Bibiano Villa Castillo
“Que quede claro que yo lo único que le voy a decir son verdades, a mi no me gusta andar por las ramas. Yo no digo mentiras”, me aclara el general Carlos Bibiano Villa Castillo ex director de Seguridad Publica de Torreón y ahora de Quintana Roo.
De entrada me suelta un código militar no escrito, pero que todos conocemos: “Cuando agarro a un Zeta o Chapo lo mato. ¿Para qué interrogarlo? Que le vaya a decir a San Pedro lo que hizo”.
Esta entrevista que realicé el 9 de marzo generó todo tipo de reacciones, pero me sorprendió particularmente la cantidad de gente que defiende las técnias extrajudiciales del General Villa. He recibido mensajes con insultos, amenazas y malos deseos de gente que me acusa de atacar a un "héroe".
Por lo pronto, la entrevista servirá para llevar el caso del general Villa ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Fue una entrevista de tres horas. El general Villa me recibió en su oficina. Estaba sentado y no se levantó para saludarme. Iba vestido de azul marino y tenía una pistola encima de su escritorio “Es el águila del desierto”, me dijo sonriendo al sacarle el cargador y mostrármela.
En ese momento. Lucía relajado. En una silla cercana tenía su fusil de francotirador G3. Ambas armas son de su propiedad. Lo dijo con orgullo. También tiene un escaner para pinchar teléfonos que le costó cuatro millones de pesos. Interceptar llamadas es un trabajo que domina a la perfección, por algo tiene dos licenciaturas y una maestría en telecomunicaciones.
El general me dejo claro que cuando le gusta una mujer se lo dice. Por eso tampoco se anduvo por las ramas para galantear. Su visión del sexo femenino la expuso sin sutilezas cuando realizamos un patrullaje por las zonas “más calientes” de la ciudad:
"Mujeres halconas hay como unas cuatro en cada red. Son mujeres pobres, gordas, todas jodidas, pero también se mueren. Con ellas no batallo, simplemente les pongo un hilo en la cabeza y se ahogan. No deben vivir. Al menos mueren completas. Un detalle por ser mujeres".
--- General no todas son feas como usted dice, también hay mujeres bonitas que andan con los narcos.... le preguntó.
--- Cuando se agarran también se matan, salvo que las agarren otros. Lo que yo desconfío de la Policía Federal es que ellos no matan, ellos nomás agarran. Y el Ejército y la Marina mata.
--- ¿Matan y luego averiguan?
--- Es que así debe ser. Es un código de honor contra quienes deben de morir".
Durante la entrevista el general repite esa frase “deben morir”, al referirse a “los malos”, es decir, a los miembros del crimen organizado: “Los delincuentes nunca han hecho frente, que quede claro. Nosotros si hacemos frente. Yo por eso les he dicho a todos: yo si les tiro a matar”.
--- ¿No habla primero con ellos?
--- Ni madres, yo no.
--- ¿Usted primero mata y luego averigua?
--- Yo si les tiro a matar porque ellos no me tiran con rosas.
--- ¿Usted hace patrullaje en la Durangueña? Acabo de estar allí y ni el taxi quiere entrar a esa colonia. Fui caminando.
--- Recuerde usted que también los taxistas tienen miedo, pero que no le hagan al pendejo los taxistas porque son narcomenudistas, operación hormiga que entra a la Durangueña y lo reparten. Eso todos lo sabemos. Por eso cabrón que agarramos, cabrón que tiramos”.
--- ¿Cuántas balas tiene su pistola?
--- Ocho cartuchos. Cuando penetran, explotan.
--- ¿Cuantas veces ha disparado su pistola?
--- Uy...
--- ¿Cuántos ha matado?
--- Eso nunca se dice. No se cuantos habrán caído, pero de que han caído, han caído.
--- ¿Cuántos ha matado?
--- No recuerdo.
--- ¿Es mejor para usted no tener memoria? Supongo que por los fantasmas.
--- ¿Cuáles fantasmas?, pregunta con aparente enfado. “A mi no me persiguen los fantasmas. Yo me duermo y duermo bien”.
--- Usted dice que Torreón no es Ciudad Juárez, pero tiene el número dos en foco rojo, hay matanzas y le tiran en el río cuerpos mutilados, desmemrados...Le dejaron, incluso, un dorso en la O de Torreón a la entrada de la ciudad...
--- A mi me vale sorbete que me tiren cuerpos. Tengo 15 lugares clandestinos por donde pasan los Chapos. Hay dos fuerzas: los Chapos y los Zetas. Todos se pelean Torreón”.
--- ¿Y la policía con quien está, con los Chapos o con los Zetas?
--- Con los dos.
--- ¿Está penetrada por los dos?
--- Si. Cuando yo llegue aquí agarre 1.100 policías operativos, de los cuales, 1.000 eran corruptos. ¿Entonces con quien dormía? Pues con el enemigo adentro.
El general hizo “una limpia” de la policía y trajo sus 114 militares para escolta personal. También hizo una “limpia de escoria”, es decir de Zetas o Chapos: “El otro día nos tocó ir a matar allí a seis cabrones y los matamos. ¿Cuál es el problema?
–¿Y eran Zetas o Chapos?
–Zetas.
–¿Cómo sabe? no los interroga, ni habla con ellos...
–Lo supimos porque nos habían robado unas armas, y allí las localizamos.
–Hay leyes, general. Usted decide quién debe morir o vivir... ¿no cree que eso lo decide Dios?
–Pues sí, pero hay que darle una ayudadita.
–Si se le acerca uno de esos para hablar...
–Allí mismo lo mato. Yo me lo chingo.
–¿Mata, luego averigua?
–Así debe ser. Es un código de honor.
--- ¿Cómo?
--- Ya se perdió aquella épica que tenía el sicario, los narcotraficantes. Ahora ya son asesinos los cabrones. Antes tenían ética hasta para matar un cabrón. Ahora no. Llegan y hacen pedazos.... Ya la ética hasta de asesino se acabó. Ya no hay ética.
--- Ahora hay un primitivismo: mutilan, destazan, descuartizan...
--- No, no, no es eso. Lo que pasa es que actualmente el sicario viene siendo albañil, limpiaparabrisas y de esa forma se ganan sus tres mil pesos...es dinero fácil. Actualmente cualquier cabrón es Zeta, cualquier cabrón es sicario y no es cierto. Porque a la hora de los chingadazos agarra usted uno de esos y se orina y se hace popo y se hace todo. Pero debe morirse. Y se muere.
--- ¿Debe morir? ¿Por qué?
--- Porque salva uno a los torreonenses de un mal elemento. Y debe morir.
¿Es el general Carlos Bibiano Villa Castillo el paradigma del paramilitarismo en México? Algunos defensores de derechos humanos piensan que si, pero una parte de la sociedad mexicana lo considera un héroe sin importar que realice “ejecuciones extrajudiciales”.
Eso es lo que ha conseguido la guerra emprendida por Felipe Calderón que lleva más de 35 mil muertos. Envilecer una parte del tejido social que pide venganza y aplaude “la mano dura” que militariza las policías en el país. Una mano dura que actua fuera del marco de la ley.
Lo que no sabe esa gente, dice el obispo Raúl Vera, es que las próximas víctimas del general Villa pueden ser ellos, los que le apoyan.
[Publicado el 23/3/2011 a las 06:23]
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Sara Salazar de Reyes
Sara Salazar de Reyes no ha dejado de cavar tumbas desde hace un año. Primero le mataron a su nieto Julio César de 15 años. Los militares, los paramilitares, los escuadrones de la muerte, valga la redundancia, lo secuestraron y lo mataron. A partir de entonces alzo la voz para denunciar esa atrocidad y sus visitas al cementerio aumentaron: ha enterrado ya a cuatro hijos, un nieto más y una nuera.
Ha llorado tanto, llora siempre. Las lágrimas no las puede contener. Va vestida de negro, ese color maldito que no se puede quitar de encima. La desgracia se ha cebado con su familia. La desgracia de pertenecer a un país como México donde la impunidad militar esta por encima de todo; donde los escuadrones de la muerte actúan bajo la atenta mirada del Estado.
Tiene 76 años y no piensa callar. Uno muere varias veces en la vida. Ella en 14 meses ha ido muriendo cada vez que sepulta a un miembro de su familia. Su cabello esta cubierto de canas y tiene un rostro endurecido por el infortunio y el desamparo; por el desprecio de este gobierno indolente.
Sara Salazar es una luchadora social y lo seguirá siendo. Es la matriarca de la familia Reyes cuyo activismo empezó en la década de los 70. No quiere irse del Poblado Juárez y Reforma del Municipio de Guadalupe, en el Valle de Juárez, Chihuahua donde vive, a pesar de las ofertas de asilo que ha recibido de diversos países. Allí seguirá. Allí se quedará. El destino, siempre es manifiesto.
Los Reyes son una familia de panaderos. Por azares del destino se empezaron a involucrar con denuncias por graves violaciones a los derechos humanos: desapariciones forzadas, ejecuciones, asesinatos de mujeres, corrupción policial, impunidad militar... No podían permanecer impasibles ante el atropello constante de las garantías individuales contra los ciudadanos del poblado donde radican. Tal vez, por eso, desde 1992 empezaron a recibir presiones y amenazas. A pesar de eso continuaron con su labor y en 2006 criticaron duramente el llamado Operativo Conjunto "Chihuahua" que ya ha registrado 150 casos de abusos militares.
Pero la desgracia en cascada llegó luego del asesinato de Julio César. A partir de allí, su madre Josefina Reyes no paró de exigir justicia y denunciar la impunidad del ejército mexicano. A consecuencia de eso le asesinaron otro hijo, Miguel Angel de 26 años. En ese momento a Josefina le dio un vuelco la vida. Dedicada a la panadería y a la venta de barbacoa en su casa, decidió instalar un comité de derechos humanos para denunciar los abusos de los militares en el poblado. Lo pagó caro. El 3 de enero del año pasado le dispararon 6 balazos en la cara, luego de pasar un reten militar. Los soldados habían allanado su casa en tres ocasiones y le habían advertido que se callara. No lo acepto. Haber guardado silencio hubiera significado convertirse en cómplice del asesinato de sus hijos.
El relevo de Josefina en la familia Reyes lo tomó entonces Rubén, fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y regidor en su municipio e integrante del llamado “Gobierno Legítimo” del líder político Andrés Manuel López Obrador. Rubén también era panadero y mientras se dirigía a comprar insumos básicos para su negocio fue ejecutado en plena calle a las 8 de la noche el 18 de agosto del año pasado.
Sara había enterrado a tres seres queridos y pensó que la pena era tan inmensa que ya no podía haber nada peor. Se equivocó. La saña, prepotencia e impunidad se cernían nuevamente sobre su familia que seguía denunciando los crímenes.
"A mí me matan en el camino porque no me voy a quedar en casa", repetía Sara quien a sus 76 años no dejaba de ir a oficinas gubernamentales a pedir justicia y reparación, sin saber que aún estaba por llegar lo peor.
En eso andaba con dos de sus hijos y su nuera cuando el pasado 7 de febrero entre las 6 y 7 de la tarde fueron detenidos cerca de su pueblo. Iban en una camioneta y los obligaron a bajar. Era un comando de hombres encapuchados fuertemente armados. Se llevaron a sus hijos Malena y Elías y a la esposa de este, Luisa Ornelas. Allí dejaron a Sara en la calle junto a su nietecito, ahogada en llanto y desesperación.
Empezó entonces una nueva lucha: la búsqueda de sus tres desaparecidos. Ella y su hija Marisela instalaron un plantón permanente en la subprocuraduría de Justicia de la zona norte de Chihuahua, Jorge González Nicolás. Durante dos semanas estuvo pidiendo ser atendida y el funcionario jamás se dignó a verla, mucho menos a ofrecerle una solución. Pidió a los medios difundir una carta donde con voz entrecortada pedía clemencia a los captores de sus familiares para que se los entregaran. Como respuesta le quemaron su casa esa misma noche.
Fue entonces cuando Sara y su hija Marisela decidieron viajar a la Ciudad de México para hacer el plantón afuera del Senado de la República. Allí estaban esperando noticias cuando el pasado viernes 25 de febrero les llegó la fatal noticia: el hallazgo de sus familiares, muertos, tirados en una carretera secundaria de Chihuahua.
Sara constataba así el exterminio paulatino de su familia por parte de fuerzas de seguridad del Estado; un Estado que no actuó nunca para resolver los crímenes porque es cómplice de esos grupos paramilitares, militares o policiales que violan la ley desapareciendo y ejecutando ciudadanos que se atreven a alzar la voz para denunciar abusos.
La historia de la familia Reyes demuestra que en México existe un modus operandi manejado desde el gobierno de Felipe Calderón y las fuerzas de seguridad, policial y militar que permite de manera sistemática violar derechos humanos, torturar, desaparecer y ejecutar ciudadanos.
Es muy grave, ver como “comandos armados de encapuchados” actúan bajo la negligencia dolosa, la connivencia y la complicidad del Estado. Y como el gobierno se justifica ante estas muertes argumentando que se trata de “pleitos entre rivales” o “crímenes de la delincuencia organizada”.
Sara esta segura que no son omisiones del Estado. Que la matanza ominosa de su familia tiene el sello del gobierno: “No merecían morir así… pero sabemos que estamos en manos del gobierno, de unos criminales que hacen lo que les viene en gana”, dice sin dejar de llorar.
No hay consuelo para Sara. Viste de negro, ese color espectral que no la deja vivir en paz...
[Publicado el 28/2/2011 a las 21:34]
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Cassez dice que no sabía a que se dedicaba Israel, su novio
“Mi nombre es Cristina Ríos Valladares y fui víctima de un secuestro, junto con mi esposo Raúl (liberado a las horas siguientes para conseguir el rescate) y mi hijo de entonces 11 años de edad. Desde ese día nuestra vida cambió totalmente. Hoy padecemos un exilio forzado por el miedo y la inseguridad. Mi familia está rota. Es indescriptible lo que mi hijo y yo vivimos del 19 de octubre de 2005 al 9 de diciembre del mismo año. Fueron 52 días de cautiverio en el que fui víctima de abuso sexual y, los tres, de tortura sicológica. El 9 de diciembre fuimos liberados en un operativo de la Agencia Federal de Investigación (AFI)”.
El testimonio corresponde a una víctima de la banda de Los Zodiaco liderada por Israel Vallarta compañero sentimental de la francesa Florence Cassez, una mujer que se dice inocente del delito de secuestro por el cual se le condenó a 60 años de prisión. Su caso ha provocado un conflicto diplomático entre México y Francia. Es un conflicto por una presa condenada por un delito detestable que alimenta una próspera industria. El secuestro ha colocado a México en el primer lugar del ranking mundial con 8.000 casos anuales.
Florance Cassez se declara inocente. Se sabe guapa. Su tez blanca y rasgos suaves no coinciden con la de una horrible secuestradora. Recuerdo el final de la película “8 milímetros” cuando Nicolás Cage le quita la mascara al asesino de mujeres y surge el rostro infantil regordete y rosado de un hombre. Ante la sorpresa de Cage, el criminal le dice: “¿Qué esperabas? ¿Un monstruo?”... Cassez no solo es guapa, es seductora. Sarcozy habló con ella una hora por teléfono antes de enfrentarse con el gobierno mexicano.
La francesa se presenta como víctima, pero ha utilizado para su defensa un argumento muy débil. Dice que no sabía a qué se dedicaba Israel, su pareja. Tengo mis dudas. Yo no se si es culpable o inocente, pero me pregunto, ¿cómo se puede vivir con un hombre varios años y no saber en qué trabaja, ni de donde obtiene los recursos con los cuales viven los dos? ¿cómo se puede vivir con él en el rancho utilizado como cautiverio de las víctimas del secuestro? Hay fotos de Cassez y sus padres, junto a Israel Vallarta en ese lugar.
Cassez se defiende, pero las víctimas como Cristina Ríos Valladares la incriminan: “Acusados de nuestro secuestro fueron detenidos Israel Vallarta y Florence Cassez, esta última de origen francés, quien ahora se presenta como víctima de mi caso y no como cómplice del mismo. Desde nuestra liberación, mi familia y yo vivimos en el extranjero. No podemos regresar, por miedo, pues el resto de la banda de secuestradores no ha sido detenida. Hasta nuestro refugio, pues no se puede llamar hogar a un sitio en el que hemos sido forzados (por la inseguridad) a vivir, nos llega la noticia de la sentencia de 60 años a la que ha sido merecedora Florence Cassez, la misma mujer cuya voz escuché innumerables ocasiones durante mi cautiverio, la misma voz de origen francés que me taladra hasta hoy los oídos, la misma voz que mi hijo reconoce como la de la mujer que le sacó sangre para enviarla a mi esposo, junto a una oreja que le harían creer que pertenecía al niño. Ahora escucho que Florence clama justicia y grita su inocencia. Y yo en sus gritos escucho la voz de la mujer que, celosa e iracunda, gritó a Israel Vallarta, su novio y líder de la banda, que si volvía a meterse conmigo (entró sorpresivamente al cuarto y vio cuando me vejaba) se desquitaría en mi persona)”.
Cassez dice que los testimonios de las víctimas que la han reconocido son falsos y que incluso son malidicientes porque asegura que las víctimas cambiaron su testimonio, aunque sus abogados no ofrecen aquellas primeras declaraciones hechas bajo el aturdimiento del rescate. Yo me preguntó ¿qué necesidad tiene la señora Cristina Ríos Valladares de mentir? ¿Por qué querría perjudicar a Cassez? ¿De qué le sirve mentir si vive exiliada en otro país? ¿Qué va a sacar dando falso testimonio contra una inocente?
El arresto de Florance Cassez efectivamente estuvo plagado de irregularidades, particularmente el montaje que Genaro García Luna en ese entonces director de la AFI, hizo para beneficiar a las dos televisoras a fin de que grabaran la reconstrucción de los hechos. No sabemos si Televisa y TV Azteca sabían del montaje. Esa es una discusión interesante sobre deontología periodística. Pero ese montaje que a cualquier funcionario le hubiera provocado el despido, fue premiado por el gobierno. Felipe Calderón ascendió luego a García Luna al cargo de Secretario de Seguridad Pública.
El gran error del montaje o las fallas en el debido proceso, sin embargo, no borran los delitos de los secuestradores, pero ha sido un argumento utilizado no solo por los abogados defensores de Cassez, sino por Nicolas Sarkozy quien ha logrado exacerbar el nacionalismo galo cuando su popularidad ronda el 20 por ciento. También es un argumento utilizado por otros defensores de Cassez y particularmente por un buen número de periodistas europeos que se han dedicado a reproducir los dichos de la francesa olvidando los testimonios de las víctimas.
Cristina Ríos Valladares no olvida: “Florence narra el ‘calvario’ de la cárcel, pero desde el penal ve a su familia, hace llamadas telefónicas, concede entrevistas de prensa y no teme cada segundo por su vida. No detallaré lo que es el verdadero infierno, es decir, el secuestro. Ni mi familia ni yo tenemos ánimo ni fuerzas para hacer una campaña mediática, diplomática y política (como la que ella y su familia están realizando) para lograr que el gobierno francés y la prensa nacional e internacional escuchen la otra versión, es decir, la palabra de las víctimas de la banda a la que pertenece la señora Cassez. Pero no deja de estremecernos la idea de que Florence, una secuestradora y no sólo novia de un secuestrador (con el que vivía en el mismo rancho y durante el mismo tiempo en el que permanecimos mi hijo y yo en cautiverio) ahora aparezca como víctima y luche para que se modifique su sentencia. Si lo logra o no, ya no nos corresponde a nosotros, aunque no deja de lastimarnos.”
[Publicado el 16/2/2011 a las 18:16]
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Incendiaron el pueblo
Llegan arrasando con todo. Unos y otros. Primero vinieron por las cosechas, luego por las mujeres jóvenes, algunas todavía niñas; después por los campesinos y sus líderes. Se apoderan de sus tierras, ranchos y casas. Hasta que hay alguien que les planta cara.
Estaban cansados de la extorsión constante. Celebraron la Navidad con una temperatura bajo cero. Era 26 de diciembre y un comando de 10 hombres con ropa militar y encapuchados llegó al poblado Tierras Coloradas en el municipio de El Mezquital a unas doce horas de camino a la ciudad de Durango. No era la primera vez que los hombres del Chapo Guzmán se acercaban para amenazar a sus pobladores.
Esta vez el líder de la comunidad tepehuana, Vicente Cabada Chamorro les hizo frente. No se lo esperaban. Corrieron cuando Vicente les empezó a disparar. Creyeron que se sometería. Lo pagó caro. Murió en el ataque, pero antes alcanzo a matar a uno de ellos.
Los indígenas sabían que los hombres del Cártel de Sinaloa volverían a vengar a su hombre. Se pusieron de acuerdo y alrededor de 50 familias se fueron al monte. La zona boscosa de la Sierra de Durango ha sido su casa por generaciones, así que decidieron irse con lo puesto, dejando a alguno para vigilar sus pertenencias. Hicieron bien. Dos días después la gente del Chapo volvió. Esta vez eran entre 60 y 70 hombres que predieron fuego a 37 casas y 27 vehículos. Arrasaron con todo: clínica, escuela, tienda Conasupo...
Estuvieron vagando por la Sierra, luego acordaron irse rumbo a la capital. Llegaron el 6 de enero y contaron su historia a las autoridades. El gobierno dijo que era un problema entre cárteles rivales, ya que los campesinos habían vendido droga a los Zetas y por eso los del Cártel del Golfo se vengaron.
En esta zona, como en muchas otras de México son los cárteles los que colocan a las autoridades. Los capos ponen y quitan alcaldes, gobernadores, directores de penales, jefes de policía, mandos militares... el dinero de la droga compra voluntades.
La Fiscalía de Durango reconoció finalmente la agresión el 12 de enero y desde entonces prometieron ayudar a los indígenas. Han pasado varias semanas desde entonces y nada se ha hecho. No han cumplido. Los indígenas mexicanos (el 12 por ciento de la población) son invisibles, no están representados en las instituciones y el racismo lo padecen de muchas formas.
Impasibles, indolentes, las autoridades observan como los tepehuanos deambulan en la capital del Estado sin tener a dónde ir. La mayoría no habla español. Otros en cambio, decidieron volver a la Sierra: “Están debajo de los pinos, por ahí en las cuevas, por allá a la intemperie pues”, dice Alejandro Aguilar, quien sustituyó a Vicente.
Lo perdieron todo. Su pueblo se reduce ahora a un montón de escombros y se añade a la larga lista de pueblos fantasmas.
[Publicado el 06/2/2011 a las 17:10]
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Heridas de la violencia en México
No le creían. Sus adversarios políticos la denostaron diciendo que todo era un montaje para aumentar su popularidad. La señalaban como una simuladora sin escrúpulos que se victimizaba. El partido le retiró su apoyo. Y Ella se hartó. Les mostró las pruebas de sus heridas de guerra.
Se llama María Santos Gorrostieta y es la alcadesa de Tiquicheco en el estado de Michoacán. La intentaron matar en dos ocasiones. Es un milagro que siga viva y dando la batalla y por eso ha querido mostrarlo al mundo difundiendo las fotos de sus cicatrices.
El crimen organizado que en Michoacán se llama “La Familia”, un cártel de la droga con fuerte acento conservador y católico, la quiso matar el 15 de octubre de 2009. La rafagearon con ametralladora cuando ella y su esposo esperaban a otro funcionario. Mataron a su marido.
Hace un año, la intentaron asesinar nuevamente. Andaba en Ciudad Altamirano en el estado de Guerrero y un comando disparó a la camioneta donde viajaba en gira de trabajo. Se moría y el médico que la atendió tuvo a bien trasladarla vía área a un hospital de Morelia, la capital de Michoacán. Le salvó la vida.
A María la vida le ha dado un vuelco en dos años. De ser una mujer sana y activa, ha pasado a padecer las secuelas de las heridas de los dos atentados: tiene lesiones en los brazos, en el costado derecho, y la espalda parece una coladera con cicatrices de balas, pero lo que más le da lata es la colostomía, una abertura quirúrgica en el colon a través del estomago.
“La prueba esta en sus manos” --- les dijo a los descreídos--- “mi cuerpo mutilados habla por sí solo como una prueba de lo vulnerable que somos. Quise mostrarles mi cuerpo herido, mutilado, vejado, porque no me avergüenzo de él, porque es el resultado de grandes desgracias que han marcado mi vida, la de mis hijos y la de mi familia”, dijo en un comunicado acompañado de una serie de fotos que muestras las heridas que deja la violencia indiscriminada que padece México y que ha dejado 32 mil muertos en cuatro años.
María Santos Gorrostieta es madre de tres hijos. Asumió su puesto el 1 de enero de 2008. No se doblegó ante las exigencias de los maleantes. Tampoco claudicó ante los reclamos de los corruptos que todo lo convierten en clientelismo y negocio. Ha preferido seguir luchando para ofrecer un cambio a: “los niños, las mujeres, los ancianos y los hombres que se parten el alma todos los días sin descanso, para procurar un pedazo de pan para sus hijos... La fuerza interna que me ha movido para levantarme aún moribunda, ha servido para demostrar y hacer palpable el gran compromiso que tengo con mis ideas", dijo.
Se necesita una inmensa cantidad de agallas para continuar. Y María además de valiente ha convertido su rabia en servicio a los demás. Nos mostró las cicatrices del cuerpo, pero no las del alma; aquellas que se quedan marcadas por la perdida y el duelo. México ya no es lo que era hace cinco años y tampoco su vida.
[Publicado el 26/1/2011 a las 16:48]
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La autora de esta frase fue asesinada. Se llamaba Susana Chávez y además de activista contra los feminicidios en Ciudad Juárez, era poeta. Tenía 36 años. Tiraron su cuerpo semidesnudo a la calle. Su cabeza estaba envuelta en una bolsa de plástico negra. Le faltaba la mano izquierda.
A Susana le gustaba escribir. Empezó a los 11 años. Estaba a punto de terminar un poemario. Dedicó su vida a denunciar las injusticias contra las mujeres. Ofrecía lecturas de sus poemas durante las manifestaciones por las mujeres desaparecidas y asesinadas.
Verónica Leiton realizó un performance basado en su obra. Susana publicaba en revistas y periódicos y participó como modelo en la portada promocional de la película “16 en la lista” cuyo argumento giraba en torno a los feminicidios.
Susana escribió en su blog “primera tormenta” su último pensamiento: "Sentí dolor antes de que se recrudeciera toda la violencia que estamos viviendo los ciudadanos de esta mi natal Juárez. Pero ahora siento vacío, desamparo e impotencia, supongo que como muchos. Pensar en mejorías para mí está en verde, pero la esperanza la tengo aún porque soy mujer de fe. ¡Viva Juárez!".
El 5 de enero le dijo a su madre que iría al centro con unos amigos. Ni siquiera se llevó su bolsa. Ese día fue asesinada, pero las autoridades entregaron su cuerpo cinco días después. ¿Por qué?, se preguntan muchos. La versión que la fiscalía de Chihuahua quiere vender es que se trató de un crimen común que no tenía nada que ver con su activismo.
Afirman que la mataron tres jóvenes de 17 años con los que se fue a tomar cerveza. La hipótesis que sostienen es que Susana decidió irse a la casa de uno de ellos y que allí discutieron por lo que decidieron asesinarla. No esta nada claro. La sospecha se cierne sobre la versión oficial.
Supuestamente los asesinos fueron Sergio Rubén Cárdenas De la O "El Balatas", Aaron Roberto Acevedo Martínez "El Pelón" y Carlos Gibran Ramírez Muñoz "El Pollo". Dicen que Susana les comentó que era policía y que los iba a denunciar por pertenecer a una pandilla. Que entonces se la llevaron a la regadera y que allí la asfixiaron. Y que luego con un serrucho le cortaron la mano para hacer ver el crimen como algo de la delincuencia organizada. La fiscalía descartó que hubiera rastros de violación, pero supuestamente ese fue uno de los motivos de la agresión.
¿Era Susana Chávez tan ingenua como para irse a beber sola con tres chavales desconocidos a una casa? ¿Era tan prepotente para mentirles argumentando que trabajaba como policía y los iba a denunciar por pandilleros?
Lo dudo. Su historial de vida no coincide con estas actitudes. Además, la autoridad de Chihuahua que no ha sido capaz de resolver ni un solo caso de los 13 activistas sociales asesinados en un año, tres de ellas mujeres, tiene poca credibilidad. Una fiscalía que tampoco ha sido capaz de atender los feminicidios carece de apoyo social. El año pasado asesinaron a 446 mujeres. Por eso existe la desconfianza, la sombra de la duda.
La fiscalía se defiende y argumenta que Susana tenía seis años de no participar en marchas contra los feminicidios, que ya no estaba relacionada con el ambiente de las organizaciones no gubernamentales que denuncian violaciones a los derechos humanos, que los últimos años trabajó en el Paso, Texas cuidando ancianos... en fin.
Lo cierto es que no merecía morir así. Ni ella ni nadie. Y que Amnistía Internacional ya ha pedido una investigación rigurosa. Y que la Comisión Nacional de Derechos Humanos abrió un expediente. Y que las ong’s y colectivos de mujeres no piensan callarse, ni esconder su indignación. Y que muchas y muchos pensamos que guardar silencio nos convierte en cómplices. Es tanto dolor acumulado, tantas muertes, tantos asesinatos que se parecen.... lo único que nos queda es seguir alzando la voz.
El asesinato de Susana Chávez se inscribe invariablemente en la senda de los feminicidios, un crimen que se une al de miles de mujeres asesinadas por razones de violencia. Es la radiografía de la masculinidad más primitiva, la que lacera, ofende, lástima, agrede, insulta y cercena a la sociedad. Necesitamos construir entre todos una masculinidad libre de violencia, de ataques e impunidad.
Una guitarra le da la despedida en el panteón. Su madre coloca una hoja en el ataúd. Es el poema que Susana Chávez escribió en honor a una muerta de Juárez: “Sangre mía, sangre de alba, sangre de luna partida, sangre del silencio”.
www.websanjuanamartinez.com Twitter@SanjuanaMtz
[Publicado el 13/1/2011 a las 02:41]
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Funeral del doctor Betancourt
El año nuevo exige recuento y ejcutometro. Las matanzas selectivas están generando terror. Ellos, los del crimen organizado, necesitan todo tipo de mano de obra. Profesionales que les construyan sus búnkers o mansiones; técnicos que les organicen sus telecomunicaciones; electricistas, albañiles, mecánicos, químicos para sus laboratorios de drogas y por supuesto médicos para atender a los suyos o mantener con vida a las víctimas de tortura.
La complicidad de médicos en hechos atroces esta documentada en algunos regímenes como las dictaduras militares de Argentina y Chile. ¿Pero qué pasa cuando no cooperan? ¿cuándo se niegan a atender a los criminales? ¿cuando algún pez gordo del crimen organizado se les muere irremediablemente?.... los matan, matan a los médicos.
Eso está pasando en Ciudad Juárez donde los cárteles de la droga tienen un nuevo objetivo: los galenos. Van ocho asesinados y quince secuestrados en los últimos meses. En la vorágine de información sobre violencia que se vive en México, muchos se han dedicado a contar los muertos. El ejecutometro le llamamos los periodistas. Un ejecutometro que despersonaliza, que se olvida de contar las historias de los protagonistas y que se reduce solamente a enumerar a cientos de muertos con hechos fríos o más bien escalofriantes la mayor parte de las veces.
Por eso quiero destacar en esta cacería aterradora la figura del ortopedista y traumatologo Alberto Betancourt Rosales. Un hombre bueno, maestro de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Secuestrado, torturado brutalmente y asesinado a los dos días de cautiverio. Su cadáver fue arrojado a la calle con la cabeza cubierta con cinta masking tape plateada.
Sus captores habían pedido dos millones de pesos que la familia no pudo reunir en tan poco tiempo. Supuestamente estaban negociando. Fue una víctima fácil. Lo secuestraron en el estacionamiento del Centro Médico de Especialidades donde trabajaba. Así lo han hecho con otros médicos. Los esperan a la salida de sus consultas, por eso algunos han decidido dar servicio privado de manera discreta, sin letreros, sin batas blancas, sin llamar la atención en un consultorio oculto. El gremio está harto. Desesperado. Han pedido médicos militares para atenuar la presión y el miedo.
Más de 3.000 personas fueron asesinadas en Ciudad Juárez durante el año que apenas termina y casi 7.500 desde que Felipe Calderón empezó su guerra...
El ejecutometro sigue avanzando en el país... 31 mil muertos.... Y el ojo humano se acostumbra cada vez más a la violencia despiadada, a las imágenes espantosas de los muertos colgados en los puentes, desmembrados, decapitados... La última modalidad: arrancar el rostro a las víctimas parece no sorprender a casi nadie.
La insensibilidad, la banalización del dolor, el horror de la inacción humana, la terrible realidad de ser simples espectadores.
www.websanjuanamartinez.com Twitter@SanjuanaMtz
[Publicado el 05/1/2011 a las 05:31]
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Marisela con la foto del asesino de Rubí
“...nos tocan a todas”... Nos han tocado a todas, es verdad. A todas las que seguimos compartiendo su lucha, su grito desesperado, su denuncia, su exigencia de justicia y reparación.... y ahora su asesinato.
Marisela Escobedo era una mujer de convicciones. La conocí hace unas semanas en la Suprema Corte de Justicia donde premiamos un reportaje sobre el caso de su hija Rubí Frayre, asesinada a los 14 años por su compañero sentimental, exonerado por tres jueces de Ciudad Juárez.
Marisela acudió a la ceremonia del Concurso de Periodismo “Género y Justicia, 2010” del que fui jurado. Su presencia era un poderoso símbolo del fracaso del Estado de Derecho en México: “¿Qué más puedo hacer?, me dijo con una noble sonrisa, “Seguir denunciando. Seguir exigiendo justicia. No voy a parar hasta ver al asesino de Rubí en la cárcel. Y no me van a callar. Lo hago por ella y por todas las mujeres asesinadas de Ciudad Juárez, de México, del mundo”.
El reportaje premiado de la periodista Mirna Pastrana narra la historia de Rubí y la lucha de Marisela. El viacrucis policiaco y judicial que Marisela sufrió desde que Sergio R. Barraza, mató a su hija hace dos años. El joven de 25 años fue contratado por ella para trabajar en su negocio de carpintería. Allí conoció a Rubí cuando tenía 14 años. La acosó, la conquistó. Luego la embarazó. Al nacer la bebé se la llevó a vivir con él. A los pocos meses la mató a golpes. Tiró su cadáver en una marranera en la zona poniente de Ciudad Juárez y le prendió fuego. El sujeto desapareció con la pequeña.
Marisela sospechó de él inmediatamente. Lo buscó con mirada detectivesca. Ofreció 1.500 dólares de recompensa a quien le diera informes sobre su paradero. Hasta que lo encontró en Fresnillo, Zacatecas. Fue ella quien dio aviso a la policía para que lo detuvieran. Así pudo rescatar a su nieta. Sergio confesó el crimen y llevó a las autoridades al lugar donde había quemado el cuerpo. Encontraron 39 partes de restos óseos de Rubí. Con el asesino confeso, el caso fue turnado a a la Fiscalía Especializada de Homicidios de Mujeres en Ciudad Juárez. El juicio fue anunciado para el 27 de abril de 2010.
Marisela esperó pacientemente la fecha. La sala de juicios orales tenía toda la solemnidad que manda el protocolo. Hay un video en youtube que muestra ese momento. Los tres jueces, Catalina Ochoa, Nezahualcóyotl Zúñiga y Rafael Boudid, permanecen en silencio. Marisela tuvo oportunidad entonces de hacer uso de la palabra mirando a los ojos al asesino de su hija: “Sergio, no te perdono, que te perdone Dios si es que algún día te arrepientes, porque se que no lo haz hecho, de viva voz lo haz exteriorizado..” La jueza presidenta lee el dictamen: “Se absuelve por unanimidad a Sergio Rafael Barraza Bocanegra”. Los gritos desgarradores de Marisela y las otras mujeres resuenan como una condena para el poder judicial de Ciudad Juárez. Los policías intentan controlar a las mujeres que se levantan de sus asientos gritando “No, no, no....”
Se necesita mucho valor para convertir el coraje y la frustración en lucha. Marisela era una mujer valiente. Desde ese momento no cejó en su intento de repetir el juicio. El 20 de mayo el Tribunal de Casación revisó el caso y anuló el juicio oral que absolvió a Sergio. El 26 de mayo fue condenado a 50 años de cárcel. Condenado en ausencia, claro. Huyó y sigue prófugo hoy en día.
Marisela llevaba siete meses de búsqueda. Le seguía el rastro al asesino de su hija, pero también buscaba denunciar la inoperancia del sistema de justicia mexicano. Buscaba exhibir a los cómplices del asesino de su hija, los jueces, policías, ministerios públicos, funcionarios, gobernantes, que han sido parte de la maquinaria que permite la impunidad en este país.
Y allí estaba, frente al palacio de gobierno colocando unas mantas para seguir denunciado cuando su asesino se le acercó. Ella lo vio a la cara. Corrió intentando salvar la vida. Cruzó la calle. Pero él matón la alcanzó. Le disparó a bocajarro en la cabeza.
Marisela y Rubí fueron asesinadas por la impunidad. Son crímenes de Estado. Símbolos del despotismo contra las víctimas sin dinero. Los pobres no tienen acceso a la justicia en México.
Marisela te lloro de impotencia, de indignación, de rabia...
[Publicado el 18/12/2010 a las 17:35]
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Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2, la revista Proceso y el periódico La Jornada. Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos. Y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha publicado los libros: Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo), La cara oculta del Vaticano (Plaza y Janés), Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos (Grijalbo). Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Editorial Planeta) recibió en 2008 el premio "Rodolfo Walsh" de la Semana Negra de Gijón. Sus último libros son: Se venden niños (Editorial Temas de Hoy), Periodismo incómodo (UANL), Verdades que no mueren (Ediciones Oficio) y La frontera del narco (Planeta, 2011). Es coautora de los textos: Los intocables (Editorial Planeta), Un día sin inmigrantes (Grijalbo) y Voces de Babel (Alfaguara).
Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.
11/5/2012 05:41
saquenme de la duda, aqui en...
Publicado por: adrian carrillo
04/5/2012 19:03
Publicado por: juan diego
27/4/2012 01:39
Publicado por: alejandra garcia amezcua
26/4/2012 23:48
usted sabia que un costarricense...
Publicado por: juan carlos
26/4/2012 20:52
Publicado por: juan carlos
26/4/2012 20:47
Publicado por: xxxxxxx
09/4/2012 09:20
Sanjuana, me permito dejarle el...
Publicado por: Laura Mendoza
20/3/2012 15:40
Publicado por: Santiago Acera
03/3/2012 01:45
lamentable el trato que le dan a...
Publicado por: FERNANDO
22/2/2012 07:29
Publicado por: Dr Raul Rene Villamil Urirte
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