El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 4 de septiembre de 2010

 Agresiones cotidianas / Blog de Sanjuana Martínez

Los "levantados"

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Foto: Sanjuana Martínez

 

 

Son miles. No sabemos exactamente cuantos. Los "levantados" son la nueva figura del desaparecido en México. A diferencia de la década de los 70's cuando el ejército y las policías secuestraban, torturaban y desaparecían por razones políticas, ahora se hace bajo el pretexto de la guerra contra el narcotráfico.

Doña Gloria Aguilera Hernández llora todo el tiempo. Lleva una bolsa de plástico con fotos y documentos. Se limpia las lágrimas con un pañuelo de papel. Aquella mañana del 26 de septiembre del 2008 despidió a sus dos hijos y a su esposo con un beso. Nunca pensó que ese beso que les dio de manera amorosa, pero rutinaria, sería el último. Ese día los tres fueron "levantados". Giovanni, de 26 años; Julián Edwin, de 27, y su esposo Julián Urbina Torres, de 47 años eran trabajadores de Transito de Monterrey y no se explica la razón por la cual los desaparecieron. Nunca hubo una llamada de los secuestradores. Jamás pidieron rescate.

La vida de doña Gloria dio un vuelco brutal. De la confusión inicial pasó al deseo de morir. Pensó que se volvía loca sin ellos. Creyó por un momento que su caída al abismo de la depresión la llevaría muy pronto a la tumba. Pero transformó su profundo dolor en coraje, en lucha, en esperanza. Y se hizo una promesa: "los encontraré. Los voy a buscar hasta el final".

No puede contener el llanto. Esta al lado de otras madres, hermanas, tías, esposas, que también buscan a cientos de desaparecidos. La mayoría han sido amenazadas "no los busquen, les puede pasar lo mismo". Ellas no se dejan amedrentar. Son las siete y media de la mañana. Hoy, 30 de agosto es el Día Internacional del Desaparecido. El bochorno del verano regiomontano se empieza a sentir. Apenas un aire fresco recorre la Explanada de los Héroes del Palacio de Gobierno de Nuevo León donde decidieron hacer un plantón para reclamar al gobernador Rodrigo Medina que les "devuelva" a sus seres queridos o que renuncie.

El silencio es estremecedor. Visten de negro. Llevan una leyenda al frente: ¿Dónde están? Y a la espalda: "Queremos ver sus caras". Los sollozos son sutiles, apenas perceptibles. Lloran todas en silencio. Me avergüenzo de este gobierno. Miro hacia abajo para ocultar las lágrimas y pienso en el poema de Mario Benedetti: "Cuando empezaron a desaparecer hace tres, cinco, siete ceremonias, a desaparecer como sin sangre, como sin rostro y sin motivo, vieron por la ventana de su ausencia lo que quedaba atrás. Ese andamiaje de abrazos cielo y humo..." 

¡Ay los desaparecidos!... No existe en el mundo tormento más cruel, dice Doña Gloria. Me mira a los ojos, me toma de las manos. Y me habla al oído: "Yo muero cada día, cada instante, esperándolos". Tiemblo ante su entereza, su valor, su inmenso coraje. "A veces no se como me levanto por las mañanas" ----me confiesa--- "¿Sabe cuál es mi fuerza?... el amor que siento por ellos".

Los busca todos los días. En el súper, en las calles, en las plazas. Cree verlos aquí o allá. Espera una llamada, una señal, un vestigio. Intenta reconocerlos a los lejos, por la espalda, por el cabello, por el cuerpo. Corre. Los alcanza. Pero no son ellos. Se desanima. Cae. Se levanta. Vuelve a levantarse. Sabe que si ella no los busca nadie lo hará. La indiferencia del gobierno es absoluta, la complicidad de las autoridades es común, la negligencia de las policías cotidiana.

En la administración de Felipe Calderón 3.000 personas han desaparecido según la Fedefam, la mayoría bajo el método del "levantón", una palabra soez como dice Doña Rosario Ibarra de Piedra, la incansable luchadora de los desaparecidos de México. El Ejército le arrebató a su hijo en abril de 1975 en Monterrey. Y nunca más se lo devolvió. Creyeron que se iba a cansar. Que dejaría de buscarlo algún día. Pero han pasado 35 años y ella sigue. Ayer presentó una denuncia contra el expresidente Luis Echeverría responsable de 500 desapariciones durante la guerra sucia de 1970 a 1976. Es un crimen de Estado. Un genocidio y debe ser juzgado por ello, sentenciado, dice Doña Rosario, quien lamenta que el presunto delincuente este tranquilamente en su casa viviendo con una generosa pensión vitalicia.

La impunidad invita a la repetición del crimen. México está condenado a repetir su historia mientras no permita que las víctimas tengan acceso a la justicia y a la reparación del daño. La cifra de 3.000 desaparecidos se queda corta, dice Judith Galarza, directora de Fedefam. Señala que ninguna institución quiere dar estadísticas de los desaparecidos. Y que los métodos utilizados en los 70's para desaparecer son los mismos que ahora usa el Ejército, la Marina, las policías y el crimen organizado: "¿Quién secuestra más el crimen organizado o el ejército y las policías? Son los mismos", dice sin titubear.

Los familiares deambulan por las calles, por las oficinas de gobierno, las procuradurías, los juzgados. Nadie les hace caso. La mayoría desconocen las causas de la desaparición. La nebulosa de la guerra contra el narcotráfico lo cubre todo y parece que todo está permitido. "Si desapareció es porque andaba metido", le dijeron a Doña Socorro Gorena Ontiveros cuando fue a reportar el "levantón" de su hijo Raymundo Cepeda Gorena. Ocurrió de manera natural, a plena luz del día. En dos taxis llegaron un grupo de hombres a la colonia Valle Verde, donde el muchacho vivía con su madre, y se lo llevaron. Fue el 5 de agosto del año pasado. Y desde entonces no duerme, no come bien, no vive.

Doña Socorro porta una pancarta verde con su foto: "éste es mi hijo, devuélvanmelo". Su rictus de tristeza es gélido. Esta inmóvil mientras le tomo las fotos. No se inmuta ante los gritos de sus compañeras de lucha: "Tenemos la esperanza de que estén vivos, pero si no, queremos que nos digan dónde dejaron sus cuerpos. A quienes se los llevaron les pido, les ruego que me digan dónde está. Es lo único que les pido", me dice con la mirada extraviada como si estuviera hablando a los delincuentes.

"Están en algún sitio, nube o tumba", dice Mario Benedetti. Y tiene razón.

[Publicado el 02/9/2010 a las 23:00]

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Fosas comunes

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Foto: Sanjuana Martínez

 

Son las diez de la mañana y en el verano de Monterrey el termómetro ya marca los 26 grados. El calor se funde con el hedor de los muertos transportados por una camioneta del Servicio Médico Forense al cementerio municipal. Es el último viaje de los "NR" (No reclamados) y los "NN" (No nombre).

Cientos de cadáveres se amontonan en el anfiteatro. El lugar está saturado y fue necesario contratar un camión frigorífico. Este estacionado afuera custodiado por el ejército, encendido las 24 horas para evitar los olores de la muerte.

Pero esta mañana hay una docena de funcionarios de la procuraduría al pie de una fosa común para dar fe de la sepultura de 33 cuerpos. "Hay que despejar el anfiteatro", repite María Pizaña Campos, la coordinadora operativa del servicio fúnebre. No hay flores, ni cruces, o plegarias.

Desde que Felipe Calderón declaró esta guerra se han registrado 28 mil muertes violentas. Ahora abundan los No Reclamados: "Algunos tienen nombre y apellidos, pero los familiares temen venir por sus muertos y ser involucrados. Se nos ha incrementado mucho el trabajo", dice el doctor Eduardo Villagómez Jasso, coordinador del Servicio Médico Forense.

Hace un mes las autoridades descubrieron tres narcofosas. Había 73 cadáveres. Abarrotaron el Semefo. Solo 7 fueron identificados y reclamados por sus familias. No todos eran criminales. Estaban en el lugar equivocado a la hora equivocada cuando fueron asesinados, como Sonia Clara Villalobos Zurita, de 18 años. Desde hacía un mes su madre la buscaba afanosamente por las policías denunciando su desaparición. Una tarde salió de su trabajo y mientras iba en su coche por la avenida Constitución otro vehículo la embistió por la parte trasera. Alcanzo a llamarle a su madre para comentarle que los responsables no le permitían salir de su coche. La llamada se cortó abruptamente. Luego apareció su cuerpo descompuesto en la narcofosa de Juárez, Nuevo León.

Los mexicanos hemos tenido que acostumbrarnos a convivir con la muerte. Hay decenas de muertos todos los días. A veces gente que conoces o autoridades, como el alcalde de Santiago, Nuevo León, Edelmiro Cavazos, torturado salvajemente y asesinado dos días después de que un comando lo secuestró en su casa. Amaneció muerto el miércoles, tirado en una cuneta en el mismo municipio que gobernaba.

El olor a muerte es penetrante. Se queda en la nariz durante horas. Y la camioneta que trae a los 33 NR y NN esta mañana no está refrigerada. El tufo a carne podrida tira para atrás. Dos hombres vestidos con mono blanco y tapabocas, abren de par en par las puertas traseras. Allí están los muertos empacados individualmente en bolsas grises. Llevan un número colgado. Es su expediente y los detalles de su autopsia. El tipo de ropa que usaban cuando murieron, sus señas particulares y su ADN.   

Como en cualquier guerra, con el aumento de muertos, también han aumentado las fosas comunes: "Son muertitos que nadie reclama. Es bien gacho. Tal vez por eso se escucha el llanto de una mujer a lo lejos. En 22 años que llevo trabajando aquí nunca había visto nada, pero ya van tres veces que el llanto estremece a todos, ¿verdad?", dice el enterrador Humberto Garza, dirigiéndose a sus compañeros que solo asienten con la cabeza.

En México no existe un programa nacional de identificación de cadáveres para cuadrar la información con los cientos de denuncias de desaparecidos interpuestas en los últimos años. Los Estados trabajan por su cuenta. Y si en Nuevo León es asesinado alguien de Chiapas, pues seguramente se irá a la fosa común. No hay programa de información entre procuradurías ni entre las más de 2.000 policías que existen en el país, sobre los muertos. 

En la fosa común escavada esta mañana los trabajadores vestidos con el mono blanco sucio bajan uno por uno los cuerpos que expiden un olor putrefacto. Seguramente si no hubiera periodistas como yo tomando fotos los cadáveres serían arrojados a la fosa común sin cuerdas y sin muchos miramientos. 

"Nos han tocado decapitados, desmembrados y entambados donde ya casi no podemos hacer nada porque apenas quedan vestigios de restos humanos, por el ácido que utilizan para desintegrar a las personas", dice el doctor Villagómez mientras me muestra el anfiteatro atestado de muertos, en compañía del doctor Isidro Manuel Juárez, jefe del Semefo.

¿Por qué los muertos impresionan tanto a los vivos? Es una pregunta que me hago al llegar a la sala de disección. Hay dos cadáveres. Uno esta completamente abierto del estomago. La cabeza es una especie de tela roja cortada de oreja a oreja que deja ver el cerebro. El impacto es inmediato. Trato de ver hacia otro lado, pero allí esta el hombre corpulento sobre una mesa de acero inoxidable. A su lado hay cuchillos, bisturís, tijeras, pinzas con dientes, sierra stryker para serruchar la cabeza, costotomo para abrir las costillas, y agujas con hilo.

Ambos médicos forenses me miran con naturalidad. Están acostumbrados a convivir con la muerte, aunque la última temporada ha sido terriblemente dura para todos. Han tenido que aumentar la plantilla de personal. Me comentan que nunca habían visto tanta aberración, tanta tortura y ensañamiento con los cuerpos. "Los asesinos usan machetes, dagas, cimitarras, serruchos. Antes no veíamos esto....Es terrible. ¿Cómo es posible que un ser humano haga eso con otro? Estos asesinos son gente que no está bien", dice el doctor Villagómez que además de forense es médico cirujano.

El olor a muerte se impregna en la nariz, viaja al estomago, se anida en el alma. La fragilidad de la vida. Pienso en las madres que buscan a sus hijos, en los hijos que no encuentran a sus padres, en los familiares que siguen esperando con una leve esperanza dar con los desaparecidos. Pienso en esos 33 recién enterrados. En quienes aún los buscan con vida. Pienso en su triste final. Y en las desoladoras y frías fosas comunes.

[Publicado el 20/8/2010 a las 03:42]

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¿Profesión? Sicario

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El Chino. Foto: Manuel Ortiz

 

"El Chino" lleva a la Santa Muerte tatuada en sus pantorrillas, también en el pecho y en la espalda, incluso más abajo y por todas partes, lo muestra con orgullo. Dice, que todo su cuerpo es una ofrenda a la santa patrona del crimen organizado.

Estamos en el epicentro del clandestinaje sinaloense. Esta es la tierra del Chapo Guzmán y del Mayo Zambada, amos y señores, venerados y odiados en Culiacán. Como en tiempos de Pablo Escobar, aquí los dos grandes capos del sexenio de Felipe Calderón son considerados por muchos como benefactores, filántropos o Robin Hood; gente buena, pues.

El Chino entra en el Bar Papion's. Es la una de la mañana y al ritmo de banda en la improvisada pista bailan prostitutas, narcos de poca monta y travestis. El ambiente es sórdido, el olor también. El tufo a orines se mezcla con los tequilas. Los sanitarios son inexistentes. En una esquina hay una pared falsa que esconde los meaderos como en los establos. En la barra están apoyadas viarias mujeres de la vida galante. Llevan minifaldas y ropa muy ajustada que deja ver sus extensos michelines. Hay entre diez o doce mesas pegadas a las paredes. En el centro un hombre gordo y sudoroso aprieta las nalgas de su acompañante mientras bailan fajando.

El lugar es centro de reunión de sicarios y el Chino sabe que hasta aquí viene gente y lo contrata. Se sienta a la mesa con la mirada retadora. Le jode que una periodista pretenda preguntarle cosas de su trabajo, de su chamba, de su profesión como el le dice: "Es un trabajo, jefa. Entiéndalo, alguien tiene que hacerlo".

Se sabe guapo. Anda en los 30 años. Tiene los ojos borrados muy pupujados tirando a orientales; tal vez por eso le dicen El Chino. Su piel morena brilla con las luces neón del lugar. Es muy delgado y de repente su mirada extraviada por la cocaína se posa en la realidad del lugar al que ha llegado: "Pinches travestis, no valen verga", espeta sin contemplaciones. Adopta pose de mamón, está recién bañado y lleva el cabello largo peinado rechupado hacia atrás con algo de brillantina. Me ve de reojo. Viste unas bermudas verdes y camiseta oscura. Cruza la pierna y finalmente me mira. Coquetea. Silencio.

Le invito una cheve, la bebe a gran velocidad y al terminar acaricia la figura en plata de la Santa Muerte que trae colgada al cuello. ¿Qué quiere saber?, me suelta de entrada, "Pa'que chingaos quiere que le cuente". Le explico que me dedico a escribir, que además de periodista, me interesa desde el punto de vista humano conocer detalles de su profesión. "Yo estoy especializado. ¿Entiende lo que quiere decir especializado? Si jefa, especializado, especializado". En ese momento se saca una especie de funda dorada que llevaba en alguna parte del cuerpo. De la funda extrae lentamente una daga grande cuyo filo resplandece. Se ríe al ver mi expresión y define: "Corto cabezas".

Me explica que es un profesional. Sus cortes, según dice, son quirúrgicos. Sostiene que de un solo tajo desprende la parte superior del cuerpo humano. No le gusta la tortura. Él va a lo que va. Asegura que hace su trabajo lo "más limpio" posible. Le pregunto si se droga para hacerlo. Ríe sin contestarme.

Hablamos por cuarenta o cincuenta minutos. Se ve relajado. Pide más bebida. Le pregunto su cuota, el precio de sus "trabajitos". Y suelta: "Usted me cae bien, a usted se lo dejo barato. Nomás déme 3.000 pesos (150 euros) y le quito al gallo de encima. ¿A poco no tiene enemigos? Le agradezco el detalle, pero le explico, sin ofenderlo, que no me interesan sus servicios.

El Chino esta cada vez más relajado y suelta la lengua. Da detalles de su chamba sin hablar sobre sus jefes. Empieza a hablar cosas de su vida privada. No quiere decir si su madre está viva, si tiene familia, si está emparejado: "Yo solo vivo el momento. Las pinches viejas siempre quieren lo mismo: casarse, las muy pendejas". Me pregunta si yo soy igual. Asiento con la cabeza. Me mira lascivamente de arriba a abajo.  

Aprovecho para comentarle que mi compañero, el fotógrafo Manuel Ortiz, le quiere hacer unas fotos para mostrar sus tatuajes. Dice que si, pero invita a salir fuera del lugar. Las calles en Culiacán no son un lugar seguro, especialmente en este barrio. Se van los dos y a los pocos minutos Manuel vuelve con el asombro en la cara: "Dice que quiere que le pague, que le gusta mi equipo". El Chino llega retador: "Denme 6.000 pesos".  Le pido que se calme, pero se pone bravo. Pedimos un taxi. Amenaza: "Ustedes no se van hasta que me paguen". Su mirada extraviada se convierte en expresión iracunda.

Salimos como podemos. Todo pasa en cuestión de segundos. El taxi esta en la puerta. Nos metemos a estirones, pero El Chino amenaza también al conductor: "Si se mueve amigo, se lo lleva la chingada". El pobre chofer quiere huir y de paso llevarnos. El Chino no suelta la puerta. Lo miro y le digo gritando: "¡Cálmate!... ¿A cuenta de qué quieres dinero, guey?... "Nomás culeros. Páguenme por las fotos pinches ojetes. No quiero que me saquen la cara, pendejos. Si me la sacan, los mato cabrones".  

El chofer acelera. Le alcanzo a dar las gracias con una sonrisa y le digo adiós con la mano. Nos vamos con la puerta abierta unos metros y cerramos.

En ese momento pienso en la fragilidad de la vida. Reímos a carcajada nerviosa. La adrenalina todavía se siente en el cuerpo. El hormigueo en las manos persiste. Volteo y veo al Chino encabritado haciendo aspavientos con los brazos.

"Anda bien loco el bato", dice el taxista acostumbrado a las incidencias nocturnas. "Es un sicario", le digo, "según él, cobra 3.000 pesos por matar a alguien.... "¡Uffff!... eso es caro", comenta sin inmutarse, "Aquí matan de a gratis".

[Publicado el 08/8/2010 a las 19:20]

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Esta no es mi guerra

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Parece una película de serie B dedicada a la violencia sin límite, pero desgraciadamente se trata de nuestra realidad: México está en guerra, una guerra que no es la nuestra, una guerra que lastima y hiere, una guerra cuyo saldo de 25 mil muertos es apenas el comienzo, una guerra injusta, nebulosa y criminal, iniciada por el gobierno.

Hay un antes y un después luego del coche bomba estallado en Ciudad Juárez. A partir de ahora México entra en una nueva dimensión. El narcoterrorismo llega para quedarse. El Cártel de Juárez "La Línea" inauguró el pasado 15 de julio, con 10 kilos de explosivos activados por un teléfono móvil, uno de los métodos más mortíferos e indiscriminados de la violencia.

El discurso oficial del gobierno de Felipe Calderón sigue evadiendo su responsabilidad en esta guerra fallida. El Ejecutivo inició una batalla que estaba seguro ganar. La falta de prudencia, inteligencia y sentido común les ha demostrado que no es así. El amor propio del presidente no le permite reconocer que se equivocó. Se necesita grandeza para eso y no hay más que ver la estatura física y mental de Calderón para saber que nunca dará marcha atrás, ni reconocerá sus errores.

Los coches bomba, no obstante, ya están entre nosotros en medio de  cualquier ciudad esperando estallar. El miedo se ha instalado en los ciudadanos. Salir a la calle se ha convertido en una odisea, en el azar de perder la vida al pasar frente a una balacera entre sicarios y autoridades, en cruzar el instante mortal de una bala pérdida o los cañonazos de militares y policías.  Hay 30 mil niños huérfanos de esta guerra absurda. 

Esta guerra que no es nuestra, es una guerra desigual, donde el enemigo son los 10 cárteles de la droga que se disputan el territorio mexicano y el bando de los buenos está representado por un presidente ciego y sordo que juega a la guerra con sus soldaditos de plomo sin importarle los miles de muertos inocentes.

Esta no es mi guerra, ni tampoco la de ningún mexicano de a pie. Es la guerra de los señores de la guerra representados por un hombre que llegó a los Pinos seriamente cuestionado, que sueña con una legitimidad que ni las armas le dan; un señor soberbio, enfermo de poder, incapaz de reconocer a tiempo las consecuencias garrafales de sus decisiones.

La última pretensión de este gobierno es convencer a los mexicanos que esta guerra contra el narcotráfico nos pertenece a todos, porque afecta a todos. Nos invitan a combatir en un duelo desigual. Frente a las cuernos de chivo, los ciudadanos solo tenemos la indefensión y el miedo; frente a la escalada de terror solo nos queda protegernos en nuestras casas y ante las balas indiscriminadas de ambos lados no tenemos más defensa que nuestro instinto de supervivencia.

Funcionarios, políticos profesionales, periodistas, académicos y profesionistas varios, fustigan a la sociedad señalando su falta de determinación a la hora de tomar partido por uno de los dos bandos. De manera absurda se nos acusa a los ciudadanos de inactividad, de ser "tontos útiles" del crimen organizado, de no dar la batalla. Se nos quiere convencer que asumamos una culpa que tampoco nos pertenece. El discurso oficial insiste y acusa a los ciudadanos de apoyar a los malos al no actuar beligerantemente y enfrentarlos cara a cara.  Es un disparate digno del delirio de un  gobernante alejado de la realidad.

Pero Felipe Calderón tiene su guardia pretoriana dispuesta a secundarle sus dislates. El emperador débil esta rodeado no solo de un ejército impune, sino de  súbditos merolicos encantados de recibir prebendas a cambio de su obscena aralaca.

El escritor Héctor Aguilar Camín, intelectual generador de opinión pública sin importar el color del gobierno en turno, argumenta que esta guerra es de todos porque el coche bomba estallado en Ciudad Juárez iba dirigido a todos...

En cambio, otros estamos francamente en desacuerdo con Aguilar Camín. Esta no es mi guerra porque yo no trafico con drogas, porque no tranzo con los criminales; esta no es mi guerra porque no la declaré yo, ni la instigue o la provoqué con mis errores; esta guerra no es mi guerra porque soy pacifista, una convencida de que la ley y el orden no se obtienen a base de un combate sin rumbo.

No es falta de solidaridad, por favor, no me malinterpreten. Es puro sentido común.

 

 

[Publicado el 26/7/2010 a las 00:48]

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Vuelve el dinosaurio

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Rodolfo Torre Cantú, candidato priísta asesinado días antes de las elecciones.

 

"Cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía ahí", dice el cuento de Augusto Monterroso, el más breve de la literatura universal, que resulta ideal para representar la vuelta del PRI al poder en las últimas elecciones a gobernadores celebradas en México.

Tal vez el dinosaurio nunca se fue, como bien dice el brevísimo texto del escritor guatemalteco. En México la presencia del partido hegemónico que gobernó con mano de hierro al país durante 70 años fue y es omnipresente. Por algo la dictablanda bautizada por Mario Vargas Llosa duro tantos años y supo mantenerse en la sombra, regenerando sus principios básicos: roba y reparte; miente y corrompe; asesina y vive impune, que todo está justificado en el decálogo priísta, hasta los narcoestados.

Esta vez, el dinosaurio ganó en 9 estados de la República y perdió tres de sus bastiones emblemáticos. Fue un triunfo indiscutible cuya lectura  muestra el gran fracaso de la alternancia en manos del derechista Partido Acción Nacional. Dos gobiernos fueron suficientes para entender que no hubo transición, ni mucho menos cambio.

La interpretación de los resultados electorales la encierra aquella frase popular: "más vale diablo por viejo que por diablo". La gente está harta de que el PAN se haya convertido en una mala copia del PRI, como dijo antes de renunciar a su escaño la diputada de ese partido Tatiana Clouthier, hija del luchador por la democracia mexicana Manuel J. Clouthier, conocido mejor como el "Maquío". El PRIAN, como se le llama al partido en el poder es una continuación patética del poder corruptor político.

El PAN ha fracasado. El PRI, el dinosáurico PRI vuelve a ganar. Y su triunfo llegara hasta la presidencia en 2012. Televisa se encarga ya de elegir en lugar de todos los mexicanos, al próximo presidente del país, el multigalán de telenovela, el gavioto, Enrique Peña Nieto, flamante gobernador del Estado de México, quien ya despacha como presidente aprovechando la debilidad del acabado Felipe Calderón.    

El único dato optimista de este desolador destino manifiesto, es que la derecha del PAN y la izquierda del PRD se unieron en estas últimas elecciones y lograron arrebatar los tres importantes Estados al PRI. Fue la única manera de evitar el tan famoso "carro completo" de nuestro dinosáurico partido.

La orfandad en la que se encuentran los votantes mexicanos de izquierda es terrible, sin opciones reales en las elecciones. El PRD esta muy lejos de ser una alternativa. En la misma situación se encuentra la gente decente de derechas que no se siente representada por el PAN corrupto. Muchos votantes del PRI apostaron por un cambio que nunca llegó y por tanto han vuelto a apoyar al viejo conocido.  

El Jurassic Park es tan amplio como espeluznante... México se aproxima nuevamente a la oscuridad democrática.

[Publicado el 06/7/2010 a las 04:58]

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Matar toxicómanos

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Las imagenes de las últimas semanas son dantescas. El nuevo escenario de las masacres perpetradas por los capos de la droga que dominan México no es la calle. El epicentro se ha trasladado a los centros de rehabilitación repletos de muchachos arrepentidos.

A manera de castigo ejemplar, los cárteles de la droga que actualmente le ganan la guerra a Calderón, han decidido acribillar a diestra y siniestra jóvenes toxicómanos en rehabilitación. Las historias se repiten. El Estado se muestra incapaz de detener este obsceno goteo de sangre.

Los lugares de desintoxicación de drogadictos están en peligro. Generalmente son atendidos por voluntarios. En la mayoría de los casos se valen de la religión católica para enderezar el camino del drogadicto a base de mucho evangelio y una droga sustituta. En el centro "Fe y Vida" de Chihuahua la noche del 10 de junio parecía ser normal. A base de rezos y terapias de grupo, los chicos se disponían a terminar el día de manera tranquila para retirarse a dormir. A las 11 de la noche llegaron cuatro camionetas pick-up y dos Hummers. Se bajaron 20 sujetos fuertemente armados y se identificaron en la puerta como policías federales.

Los supuestos agentes de la ley exigieron a los internos del centro que se tiraran al suelo boca abajo porque iban a realizar un cateo. De manera inmediata, empezaron a rafagearles durante varios minutos. Mataron a 19, uno de ellos de 16 años.

Cuado terminaron la matazon, se dieron el lujo de colocar algunas cartulinas con leyendas escritas a mano: "Esto les pasa por violar mujeres y robar a la gente". Los mensajes estaban firmados por Mexicles una pandilla juvenil ligada al Cártel de Sinaloa.

El año pasado los asesinatos en centros de rehabilitación empezaron en Ciudad Juárez donde el 2 de septiembre sujetos armados asesinaron a 17 jóvenes en el centro de desintoxicación "El Aliviane" y 13 días después mataron a 10 personas más en otro centro denominado "Anexo de Vida". 

Los capos de la droga no están dispuestos a ignorar los centros de rehabilitación y exigen vender la droga destinada a los internos y matar a los narcomenudistas arrepentidos. El pasado 16 de junio mataron a seis personas afuera del Centro Integral contra las Adicciones en Ciudad Juárez. El 25 de junio sucedió otra masacre en el Centro de Rehabilitación Fuerza para Vivir, A.C. de la ciudad de Durango donde mataron a 9 personas entre 17 y 40 años.

La Secretaría de Salud se muestra incompetente de garantizar la seguridad de los internos en estos centros, mientras el gobierno simplemente decide mirar para otro lado considerando a los adictos como ciudadanos de segunda clase.  

Se trata pues, de una limpieza social. 

 

[Publicado el 28/6/2010 a las 20:59]

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Saramago y Monsi

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Es mucho el nivel de pérdida por esos dos grandes escritores que se nos van casi al mismo tiempo.  

¿Qué vamos a hacer sin ti, querido Monsi?, decía Elena Poniatowska a medida de despedida; mientras Pilar del Río resumía el adiós evocando su vida con José: "Que lloren por él, solo los que no lo conocieron".

Ambos, en diferentes dimensiones, caminaban por la misma senda: la búsqueda de la justicia social, el compromiso irrestricto a los derechos humanos y la solidaridad con las causas más legítimas. 

Su literatura transita por el complejo universo del género humano. Saramago y Monsi eran dos hombres centrados en el análisis de las miserias y las virtudes de nuestro mundo contemporáneo.

Ninguno de los dos rechazo nunca encabezar o apoyar una causa noble. Estuvieron siempre con los más desfavorecidos, con los sin voz, con el pueblo llano.

Sin ambages, sin condiciones, criticaron a los poderes fácticos, examinaron los excesos de los potentados, fustigaron las injusticias de un sistema capitalista salvaje y se burlaron del rancio establishment intelectual y  político.

Los conocí a los dos. Los entrevisté siempre que quise. Nunca me negaron su palabra. Eran generosos con todos...  Sus multitudinarios funerales muestran el cariño de la gente.

¿Cómo concebir el mundo sin su conciencia crítica?...  Me siento desolada, demasiado triste... busco un poco de consuelo, vuelvo a sus libros, los leo y los siento cerca.

¡Monsi y Saramago vivirán para siempre!

[Publicado el 21/6/2010 a las 21:32]

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Morir en la frontera

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La primera vez que mi padre fue a trabajar a Estados Unidos en un contingente de campesinos solicitados por la gran potencia con destino a los campos de California, nos contó que los policías estadounidenses recibían a los mexicanos exigiéndoles quitarse la ropa para después rociarlos de insecticida y auscultarlos minuciosamente.

Era un acto sumamente humillante, pero mi padre lo narraba sin apenas resentimiento: "Decían que era para que no los contagiáramos de las plagas mexicanas". Nunca nos habló de las penurias que vivió en el país vecino, todo  lo pintaba maravilloso y hermoso. Supongo que quería dar a sus hijos una especie de divinización de su estancia durante 20 años en aquel país. A veces soltaba algún que otro comentario negativo: "Los más racistas con los mexicanos eran los cubanos de Miami. Ni siquiera nos dejaban entrar a los restaurantes". 

Esto viene a cuento, porque hace algunos años viví en Estados Unidos y me adentré en el drama cotidiano de la frontera donde se sucede un auténtico genocidio, un goteo de muertes diarias silenciosas e invisibles de aquellos que pretenden alcanzar el sueño americano.

En mis primeros reportajes visité los albergues llenos de inmigrantes en las grandes ciudades, los puentes donde duermen quienes no tienen para pagarse una vivienda por tal de enviar todo su sueldo a las familias que dejaron en México, los barracones que los patronos agricultores colocan improvisadamente en medio de la nada para que vivan en condiciones infrahumanas los hombres y mujeres que les trabajan la tierra....

Una noche, después de visitar los puentes de San Francisco donde dormían grupos de mexicanos a la intemperie, volví a casa llorando, pensando en lo que tuvo que haber pasado mi padre durante su estancia como inmigrante en Estados Unidos: "¿Por qué papá nunca nos contó estos dramas?"--- le dije por el teléfono a mi madre--- "Porque los amaba hija, y porque tal vez, le daba vergüenza".

Supongo que mi padre intentó ocultarnos las cosas horribles que se vio obligado a vivir para enviar dinero a sus hijos. Por eso, cuando veo la imagen de Anastasio Hernández, el mexicano apaleado la semana pasada por la patrulla fronteriza de San Diego y asesinado con una pistola eléctrica, me indigna pensar que es el pan de cada día.

Los testimonios que pude obtener a orillas del muro que separa a ambos países eran estremecedores: "Desde aquí vemos como los muchachos escalan el muro ante la atenta mirada de un policía gringo que espera a que lleguen a la parte de arriba para disparar y así lograr que el cadáver caiga del lado mexicano para evitarse problemas", me contaba un sacerdote jesuita que dirige una casa para migrantes en Tijuana.

En mis recorridos por la frontera, recuerdo un reportaje que escribí sobre los inefables Minutman;  hombres y mujeres que se dedican a cazar inmigrantes como si fueran conejos: "Me salvo la vida una lata de fríjoles que llevaba en la mochila", me contaba un joven mexicano que corrió tan rápido ante la persecución de estos auténticos paramilitares fuertemente armados y que logró escapar gracias a los fríjoles refritos que su madre le dio para aguantar la travesía por el desierto. 

La histórica actitud de sumisión del gobierno mexicano ante las constantes y sistemáticas violaciones a los derechos humanos de Estados Unidos contra ciudadanos cuyo único delito es buscar solución al hambre, es un insulto para todos. Casi ningún gobernante ha tenido el valor de poner un alto a los desmanes de los distintos gobiernos estadounidenses.

¿Cuántos muertos más tenemos que acumular para que un presidente mexicano diga basta?

[Publicado el 03/6/2010 a las 03:05]

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Garzón, un héroe

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Patético resulta el espectáculo del sistema judicial español entregado al mundo. Han convertido a Baltasar Garzón en un auténtico héroe a la vista de muchos.

No es para menos, intentar hacer justicia y ofrecer reparación a las víctimas del franquismo resulta una causa noble, las formas y los procedimientos poco importan para el grueso de los mortales, pero no para los magistrados actuales que han decidido en un plis-plas el futuro del juez estrella.

Siempre dude de las clases de transición democrática impartidas por españoles en América Latina desde hace 20 años, particularmente porque el modelo español de transición me resulta débil, en el buen sentido de la palabra. No se vayan a ofender.

Dejar el estamento judicial en manos de franquistas no habla bien de esa transición. Tampoco me gustaban esos señores con tricornio que seguía viendo en edificios públicos y patrullando las autopistas. Y mucho menos la cuestión inventada de la "monarquía parlamentaria" sostenida incluso más allá de la simulación cuando el sistema enalteció al Señor como garante de la democracia, ignorando que había sido nombrado heredero por el Generalísimo.

En fin, que lo menos que me gustaba era saber que en la judicatura se habían quedado los franquistas y ahora los hijos y nietos de franquistas.... Lo recordaba cada vez que había un lío judicial, que era casi siempre, como ahora, más o menos. La convulsa vida judicial ha sido una constante, que les voy a contar. Esta gente no ha dejado de dar la tabarra y lo seguirá haciendo.

Esa es la deuda de los socialistas, haber dejado a España a medio camino de una auténtica democracia. Suspiro por la transición en Portugal, y por la de otros países cuyos ciudadanos han tenido el valor de hacer auténticas reformas, pero la española me duele en el alma.

Y les voy a decir por qué: particularmente por el olvido intencional a la página del exilio. Durante mucho tiempo hablar de la República estaba mal visto. Era de mal gusto. Y cuando se hacía, la gente prefería abordar el tema en voz baja. Yo llegué a España en la década de los 80's esperando encontrar libros de Max Aub en las librerías, de León Felipe o Cernuda... y descubrí que los jóvenes no los conocían porque ni siquiera se abordaba en clase el tema del exilio...

Me dolió en el alma ese velo de silencio en torno a todo lo que sonara exilio. Las dos Españas las llevo clavadas en mi corazón. Me dolió y me sigue doliendo porque creo que esos hombres que llegaron a México, hablo en particular sobre mi caso, construyeron con su vida la imperfecta democracia de la cual hoy disfrutan los españoles.

La recuperación de la memoria histórica ha hecho un extraordinario trabajo y en los últimos años otra es la realidad. Recuerdo con emoción la primera exposición que se hizo del exilio organizada por Alfonso Guerra en el Palacio de Cristal del Parque del Retiro... Al ver las fotos, los escritos, los vídeos, no pude contener el llanto y busque una esquina alejada para poder desahogar la emoción que me producía la reivindicación que por fin España le hacía a quienes salieron del país para salvar sus vidas por la persecución franquista contra los ideales democráticos.

Ver como un juez es echado de mala manera de su trabajo por intentar hacer justicia a las víctimas del franquismo es desolador para todas las personas de bien, sobre todo porque las cunetas de muchos pueblos todavía están llenas de cadáveres...

Despedir a Baltasar Garzón nada soluciona. España no descansará hasta que sea capaz de revisar su historia, sin rencores, sin agravios ni maldad o enfrentamientos.

[Publicado el 15/5/2010 a las 03:24]

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Sueños guajiros

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Mi vida onírica es intensa. Me encanta soñar y recordar lo que sueño. Anoche, por ejemplo, soñé con el Monterrey de mi adolescencia, un espacio seguro, tranquilo y monótono que ahora extraño porque el actual Monterrey esta lleno de violencia.

Cuando desperté pude ver como esta falsa guerra en la que nos ha metido Felipe Calderón sigue arrojando cadáveres a montones. Solo durante los últimos tres años han muerto 22 mil personas y el número aumenta vertiginosamente cada día.

Las mañanas de mi adolescencia eran placenteras porque desayunaba al lado de mis hermanas y mis padres viendo las noticias. Hoy, la cosa es tan distinta que prefiero tomarme un café sin ver la tele, porque eso significaría recibir 45 minutos de noticias sangrientas: balaceras, enfrentamientos, muertos, heridos, decapitados...

Recuerdo el pueblo donde nació mi padre como un lugar apacible donde dormíamos con la puerta abierta. La realidad actual es tan distinta. Las zonas rurales de Nuevo León se han convertido en un territorio en disputa. En cuanto anochece la gente se encierra en sus casas, incluso los maestros de la pequeña escuela decidieron suspender las clases durante tres días por miedo a las balaceras entre Zetas y militares. Los dueños de las pocas tiendas de abarrotes que existen dicen sentirse ciertamente temerosos por la presencia de los narcos que acuden particularmente a cobrarles "la cuota de seguridad" a amenazarles de muerte si no pagan. Algunos han preferido cerrar sus negocios para evitar problemas.

La gente se encuentra en la indefensión. La cotidianidad en las ciudades esta inmersa en la dinámica del narco y del ejército. En los barrios lo que impera es la ley del más fuerte y el más fuerte es el crimen organizado que se ha adueñado de las calles. Los ciudadanos por un instinto de supervivencia han preferido ceder los espacios públicos.

La actuación del ejército, sin un marco legal que limite sus funciones y garantice justicia en caso de excesos, deja mucho que desear. La autoridad castrense enloda a todos los ciudadanos asesinados entre balacera y balacera.  Los militares argumentan que las personas que asesinan por accidente eran sicarios, les "siembran" armas, como les paso a los dos estudiantes del Tec de Monterrey asesinados dentro de las instalaciones del plantel educativo. Ambos asesinatos no han sido resueltos y difícilmente serán esclarecidos. A los muchachos los mato el ejército y eso en México se traduce en impunidad. Las Fuerzas Armadas son intocables, por encima de las leyes civiles.

En mi sueño, recuerdo que reviví mis días de palenque de la Feria de Guadalupe. Los jóvenes nos preparábamos con tiempo para disfrutar en los meses de primavera el espectáculo musical del palenque preparado para la pelea de gallos. En el lugar se daban cita los cantantes del momento. Allí ligábamos y tomábamos cerveza hasta las tantas de la madrugada. Era divertido.

Ahora la cruda realidad se impone. La última función del palenque hace unos días fue sangrienta. Al escuchar unos disparos, la gente salió del lugar en estampida. El saldo: cinco muertos aplastados y 17 heridos.

La violencia ha cambiado nuestras vidas. En las noches, la ciudad luce vacía. Hay miedo, mucho miedo... y yo prefiero soñar...

[Publicado el 07/5/2010 a las 19:47]

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Biografía

Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2, la revista Proceso y el periódico La Jornada.  Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos. Y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha publicado los libros: Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo), La cara oculta del Vaticano (Plaza y Janés), Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos (Grijalbo). Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Editorial Planeta) recibió en 2008 el premio "Rodolfo Walsh" de la Semana Negra de Gijón. Sus último libros son: Se venden niños (Editorial Temas de Hoy), Periodismo incómodo (UANL) y Verdades que no mueren (Ediciones Oficio). Es coautora de los textos: Los intocables (Editorial Planeta), Un día sin inmigrantes (Grijalbo) y Voces de Babel (Alfaguara).

 

Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.

 

Bibliografía

 
 

Obras asociadas

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