Bret Easton Ellis: Obsesivos días circulares

[Publicado el 21/6/2010 a las 17:47]
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Carlos Monsiváis: Postales mexicanas

Carlos Monsiváis acaba de fallecer. Lo leí, lo admiré, lo enseñé. Cuando lo conocí, me sorprendió la acidez de su humor, su mirada abarcadora sobre la cultura y política latinoamericanas. La última vez que lo vi, hace un par de años en Madrid, lo encontré muy pesimista sobre el presente mexicano, y me dijo que la culpa era de la violencia cotidiana. Sus comentarios tenían la brillantez de siempre.
En septiembre del 2006, cuando ganó el premio Juan Rulfo, escribí sobre él en La Tercera. La reproduzco a continuación.
Hace un par de años en la feria del libro de Miami, asistí a un feroz debate entre Mario Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner y Carlos Monsiváis. El intercambio de ideas llevó a una clara polarización: en una esquina, Vargas Llosa y Montaner; en la otra, Monsiváis. Pese a ser superado numéricamente, el intelectual mexicano se defendió con humor y lucidez; sus ataques al ALCA no tuvieron desperdicio. Todo el público quedó convencido de la ortodoxia izquierdista de Monsiváis.
Esa misma noche, en la cena en homenaje a los participantes del debate, tuve la oportunidad de sentarme a su lado. De inmediato, Monsiváis me contó que Evo Morales había visitado México hacía poco, y que lo habían escandalizado los aplausos de la intelectualidad de izquierda cuando el líder indígena boliviano habló de llevar a la cultura occidental "al paredón de fusilamiento". Ahí me quedó claro que Monsiváis era un izquierdista peculiar: nada ortodoxo, capaz de ser crítico con la misma izquierda cuando era necesario. Otro ejemplo más actual: su ferviente apoyo a la candidatura presidencial de Lopez Obrador, su convicción de que en las elecciones mexicanas hubo fraude y de que la protesta es justa y necesaria, no ha evitado que atacara en un carta pública los métodos elegidos por Lopez Obrador para la protesta: "el bloqueo... es un hecho de insensibilidad profunda que lastima una causa que es de muchísimos".
Carlos Monsiváis, reciente ganador del premio Juan Rulfo, es un intelectual tan conocido por el público que ha aparecido en más de una tira cómica (ya en 1995, el periódico La Jornada llamó a esto "monsimanía"). Nacido en 1938 en el seno de una familia protestante en el México católico, se estrenó como periodista en 1954 -año en que también aparece el primer libro de Carlos Fuentes--, con una crónica sobre una manifestación política en la que habían participado Frida Kahlo y Diego Rivera. Con más de cincuenta años de participación continua en la esfera pública, Monsiváis ha sido uno de los que más ha hecho por mantener la elevada calidad del género de la crónica en la tradición latinoamericana (una tradición que tiene su punto elevado con los modernistas de fines del siglo XIX). Lo suyo, claro, es más bien "nueva crónica", pues dialoga activamente con el "nuevo periodismo" de los Estados Unidos (Tom Wolfe, Hunter Thompson), con su estilo de no oponer la crónica a la ficción (la crónica también participa de la ficción, de la imaginación). Entre sus libros más importantes de crónicas se encuentran Amor perdido (1977), Escenas de pudor y liviandad (1981) y Los rituales del caos (1995).
Monsiváis es un creador prolífico, de admirable versatilidad temática: sus textos van desde el análisis de la alta calidad literaria presente en la obra de Salvador Novo hasta la importancia del bolero y la telenovela como formas culturales imprescindibles para entender el siglo veinte mexicano, pasando por los ritos melodramáticos relacionados con la Virgen de Guadalupe. Después de Borges, es el que más ha hecho por convertir al prólogo en un género literario.
Monsiváis es un agudo observador de la vida política; de hecho, su fama comienza con sus crónicas sobre la masacre de Tlatelolco en 1968, recogidas en su libro Días de guardar (1970): "En el féretro el hijo único, victimado dos días antes en el Casco de Santo Tomás, al adueñarse el ejército de las escuelas del Politécnico. No, ella no ha acumulado reproches, ni maldiciones, ni injurias. Avanza y va demostrando, con desplazamientos irrevocables y exactos, la torpeza de la estatuaria cívica. Ella camina y su paso lo preside todo, restaura proporciones que el caos había olvidado. Sus brazos en alto concluyen en la V. Un concepto del luto y de la pérdida se está enterrando ahora". Se puede decir que, en Tlatelolco, la izquierda mexicana encuentra su voz en los textos de Monsiváis y Elena Poniatowska.
A través de las crónicas de Monsiváis se puede seguir el crecimiento desaforado de la ciudad de México. Como dice John Kraniuskas, el tema constante es el de la "creatividad de la cultura popular en un contexto de urbanización acelerada y precariedad económica". La identidad mexicana no se forma en la escuela sino a través de la industria cultural; la radio, el cine, la música popular, la televisión ofrecen modelos de conducta para ser sacralizados (el pelado, el macho, Cantinflas): Monsiváis señala que entre 1930 y 1950, gracias a la radio, "se va precisando el nuevo personaje o nueva categoría social, el Ama de Casa, el primero y el más firme de los auditorios cautivos... la criatura de la domesticidad y los detergentes que llora, ríe o se pasma a petición del melodrama y de las sugerencias como órdenes del locutor".
El melodrama ayuda a unificar la sociedad, su sentimentalismo amortigua la transición de la sociedad tradicional a la sociedad moderna. En Monsiváis no hay nostalgia ante aquello que se pierde; hay más bien crítica ante la forma regocijada en que la gente se integra a la sociedad de consumo capitalista, y una mirada dispuesta a sorprenderse ante las nuevas formas que tomará la creatividad popular.
Kraniuskas también sugiere que todo se desplaza en los textos de Monsiváis: el cronista deambula por la ciudad; la cultura alta se disemina a través de la cultura de masas (la poesía modernista se refugia en los boleros); lo religioso impregna lo secular (el vocabulario sacro es central en las canciones de Luis Miguel). Las crónicas y ensayos de Monsiváis, obsesivamente centrados en México, también sirven para entender a América Latina -de hecho, el año 2000 ganó el premio Anagrama de ensayo con Aires de familia, un análisis de la cultura y sociedad latinoamericana--. Con todo, lo cierto es que en Monsiváis se encuentra una paradoja necesaria: por más que lo suyo sea el desplazamiento continuo, él es principalmente el privilegiado cronista de un espacio único, la ciudad de México.
[Publicado el 19/6/2010 a las 21:49]
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[Publicado el 18/6/2010 a las 22:33]
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[Publicado el 17/6/2010 a las 14:06]
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Estados Unidos: como si fuera China

[Publicado el 13/6/2010 a las 16:49]
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Estados Unidos y el fútbol: una curiosa desconexión

Hacia 1994, fui a ver un partido de fútbol en Texas entre los Estados Unidos y Bolivia. Al llegar al estadio, me sorprendió que no hubiera aglomeraciones, que los autos circularan como si nada importante estuviera ocurriendo, que no hubiera gente vendiendo banderas. El día seguía su curso, el tráfico fluía, la televisión seguía con su programación normal. Entendí que lo que veía era un buen símbolo del estado del fútbol en los Estados Unidos: la selección podía jugar, pero eso le era indiferente al ciudadano medio. Después de todo, no se trataba de un partido de fútbol americano, ni uno de baloncesto o béisbol.
Una vez en el estadio, descubrí que la mayoría de los espectadores eran inmigrantes bolivianos. También había otros inmigrantes hispanos (mexicanos, salvadoreños, etc). El resultado de todo esto era que, esa tarde en Texas, Bolivia jugaba como si estuviera de local y los Estados Unidos era un equipo visitante en su propio país. No debía haberme sorprendido, de hecho había visto jugar a los Estados Unidos contra México en Los Angeles, y el clima en el estado era incluso agresivamente ofensivo contra los Estados Unidos.
Más de quince años después, las cosas no han cambiado. El ciudadano medio sabe quién es David Beckham, pero si le preguntan por Landon Donovan pondrá una cara de desconocimiento total. Estados Unidos sigue jugando de visitante en estados como California, Texas y la Florida. La liga de fútbol nacional (MLS) se ha consolidado, los equipos tienen sus seguidores fervorosos, pero esto se debe sobre todo a que el país es tan grande que hasta una liga de cricket podría funcionar sin problemas: hay suficientes inmigrantes como para respaldar los deportes más exóticos. Eso de el fútbol como pasión de multitudes no termina de cuajar aquí.
Hay, entonces, una curiosa desconexión entre lo que sucede en las calles (y en las pantallas) y en la cancha. Estados Unidos juega cada vez mejor, y la FIFA lo considera uno de los quince mejores equipos del mundo. La última vez que perdió España, el gran favorito de este mundial, fue contra Estados Unidos (el año pasado, en las semifinales de la Copa Confederaciones). A su acostumbrado despliegue físico, los norteamericanos le han ido añadiendo, con los años, disciplina táctica y tranquilidad a la hora de salir jugando; nada de los pelotazos y el correr como gallinas sin cabeza de hace apenas dos décadas.
Incluso el futuro está del lado de los Estados Unidos: en Soccernomics, Simon Kuper y Stefan Szymanski llegan a la conclusión de que hay ciertos factores que influyen mucho en el resultado de un partido, entre ellos tener un PIB impresionante y una población enorme. Debido a eso, Kuper y Szymanski pronostican que entre las grandes potencias del fútbol de este siglo estarán Japón, Australia, Turquía y… los Estados Unidos.
Un equipo sólido con un gran futuro, un mundial con suficientes fanáticos como para llenar los principales bares de Boston, Nueva York y otras grandes ciudades… ¿Qué más se puede pedir? Si al país le va bien, no habrá despliegues apasionados en las calles, pero digamos que nadie es perfecto. En cuanto a mí, para el partido de este sábado contra Inglaterra esperaré con ansias una victoria de los Estados Unidos. ¿Y cuándo a esta selección le toque jugar contra un equipo latinoamericano o España? Mejor no digo nada por ahora. Yo, argentino.
(Blog Papeles Perdidos, Babelia, El País, 11 de junio 2010)
[Publicado el 11/6/2010 a las 20:06]
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1994: Un mundial sin la pelota
El periódico El Comercio de Lima pidió a varios escritores y deportistas que escribieran algunas líneas sobre mundiales pasados. A mí me tocó el de 1994. Esto fue lo que escribí:
Tuve la suerte de pasar mis vacaciones de invierno en Bolivia el 94, de modo que pude ver el mundial de Estados Unidos con mis amigos de la infancia en Cochabamba, en bares con pantalla gigante. Tenía un mal recuerdo del mundial del 90, que me había tocado ver en los Estados Unidos (donde vivo), en casa y solo, y me prometí no volver a hacerlo. Además, el 94, Bolivia había clasificado para el mundial y teníamos una generación notable, que incluía al Diablo Etcheverry, Milton Melgar y Platini Sánchez. Valía la pena verlo en casa, entre banderas tricolores, con esa fe que no se agota a pesar de tantos desengaños.
El partido inaugural lo vi en un restaurante a tres cuadras de mi casa. Bolivia sorprendió jugándole de igual a igual a Alemania, uno de los favoritos; de todos modos, como suele ocurrir en estos casos, el gol lo metió Alemania. En los minutos finales entró Etcheverry, que acababa de recuperarse de una lesión muy grave. Creíamos que el mundial lo podía consagrar; en cambio, terminó expulsado minutos después de un choque con Matthaus. El lugar común volvió a aparecer: jugamos como nunca, perdimos como siempre.
No se puede hablar maravillas de un mundial en el que, por primera vez en la historia, el título se decide por penales: Brasil, repetitivo campeón, con la creación de Romario y Bebeto y la destrucción de Dunga. Quedan los tiros libres de Hagi, la magia de Baggio, el jogo bonito de los holandeses, la capacidad para fallar penales de los mexicanos, y, como posdata sangrienta, el asesinato del defensor colombiano Andrés Escobar, poco después de que terminara el mundial, culpable de haber metido un autogol en un partido clave. Ah: terminamos últimos en nuestro grupo, incluso después de Corea.
Una vez más, la gran estrella fue Diego Maradona. Pero esta vez se trataba de una estrella caída. Véanlo hacerle un pase maravilloso a Caniggia para uno de los goles contra Nigeria. Asómbrense de la forma en que encara el área para marcar su último gol en un mundial. Qué energía, dice un amigo, y a su edad. Despídanlo de la cancha de la mano de una enfermera, ave de mal agüero que lo llevará al control antidoping y al infierno del positivo. Los cables dirán efedrina, pero la literatura no es tan prosaica y ya se encargará de inventarle una historia a la medida de su leyenda.
Etcheverry, Escobar y Maradona: lo que más recuerdo de ese mundial no ocurrió con la pelota. Nada bueno para el fútbol, sublime para la literatura.
(El Comercio, Lima, junio 2010)
[Publicado el 09/6/2010 a las 17:41]
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Los ingleses, eternos candidatos a títulos, esperando el desenlace de una tanda de penales
[Publicado el 07/6/2010 a las 17:10]
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Hace unos diez años estaba revisando las solicitudes para el doctorado en literatura latinoamericana en Cornell cuando me topé con un ensayo deslumbrante sobre Borges. Su autor se llamaba Mike Wilson. Mis colegas coincidieron conmigo al reconocer la calidad del dossier de Mike, y así él vino a hacer su doctorado con nosotros. Era un caso curioso: un estadounidense que quería escribir en español (había nacido en la Argentina y estaba casado con chilena). Lo tuve como alumno de cursos de literatura contemporánea, y recuerdo su emoción al descubrir la obra de Rodrigo Fresán. Fascinado por la ciencia ficción, por la literatura fantástica y la novela gráfica, no me sorprendió que su tesis doctoral dialogara tanto con El Eternauta y Borges como con películas como Moebius o Dark City.
Esos años en Ithaca, Mike luchaba por combinar el trabajo académico con la vocación literaria. Se fue a vivir a Chile el 2005 y con el tiempo ha logrado consolidar ambas cosas. Mike es, por un lado, profesor de literatura en la Universidad Católica de Santiago de Chile. Por otro, su primera novela, El púgil (2008), logró muy buenas críticas. La segunda, Zombie, acaba de publicarse en Chile por Alfaguara y muestra un notable salto cualitativo. Zombie está ambientada entre las ruinas de un suburbio de clase media-alta en el día después de una conflagración nuclear ("del otro lado está el cráter; la desolación negra de donde una vez se alzaba la Capital"). En ese devastado paisaje post-apocalíptico deambulan los adolescentes de esta novela dueña de una poderosa carga visual y un sofisticado ensamblaje literario, con referencias inteligentes a Lovecraft y a otros clásicos del horror y la ciencia ficción. El que se roba la novela es Frosty; con su cara desfigurada y su adicción al meth, es el corazón oscuro de este texto que sugiere que acaso no haya nada peor que seguir viviendo después del fin.
La carrera de Mike Wilson está lanzada. Habrá larga vida para Zombie.
P.D.: Aquí se pueden leer las críticas a Zombie.
[Publicado el 26/5/2010 a las 11:10]
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Los verdaderos dueños de Wall Street

[Publicado el 24/5/2010 a las 16:16]
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Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de nueve novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006) y Los vivos y los muertos (2009); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Norte (Mondadori, 2011). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España).

Norte (2011). Mondadori
24/5/2012 21:58
Edmundo, al otro lado del mundo...
Publicado por: Claudia
19/5/2012 19:53
Ha muerto el último Pope de la...
Publicado por: Rolando Denver
15/5/2012 20:34
Hay noticias sobre la reedición?
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13/5/2012 16:19
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Publicado por: Marcelo Paz Soldan
10/5/2012 04:10
Verdaderamente para quienes...
Publicado por: Joaquín
05/5/2012 05:00
CD. Juarez, te amo y prometo...
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29/4/2012 00:07
Publicado por: Jesús Suárez
26/4/2012 18:55
Hola con todos, regreso a la...
Publicado por: todotranqui
09/4/2012 14:15
Publicado por: Grace
03/4/2012 11:32
Acabo de leer "Siete años", de...
Publicado por: Teresa M.
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