El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 26 de mayo de 2012

 Blog de Vicente Verdú

El frigorífico

El frigorífico es una invención de finales del siglo XIX, años en los que se desarrolló una importante industria en torno al frío. Frío pata crear barras de hielo destinadas directamente al consumo y frío generado en barcos frigoríficos que transportaban carne y productos lácteos de Nueva Zelanda, de Australia y Argentina a lo ancho del mundo.

Esta segunda aplicación industrial tardó en verse representada dentro del hogar pero la neta fabricación de hielo que se repartía en bicicleta, envuelto en arpilleras durante los veranos vino a ser una referencia estival superlativa. No sólo se celebraba la regularidad del paralepípedo casi transparente sino sus desconocidas propiedades,  sus expresiones muy pesadas y resbaladizas, su magia de cristal derivado del agua y su inédito sabor que aunque debiera ser insípido adquiría un carácter peculiar debido a su composición bajo cero.

Con trozos de hielo se hacían los polos de diferentes colores y gustos pero, aún desnudo, el hielo poseía prestigio y personalidad inmanentes puesto que su íntima potencia le permitía mantener al agua unida, esforzadamente sólida, apegada a sí y con tal poder de apelmazamiento que lo igualaba a la identidad, igualmente misteriosa, de los imanes. El hielo en barra era como un imán que mantenía fuertemente unida la desleída propensión del agua y era, contradictoriamente, un imán lábil también, tan delicado que apenas recibía un fogonazo de calor iba demedrándose hasta presentar una imagen depresiva de sumisión o de triste evanescencia.

 Todo hielo que goteaba daba cuenta de este proceso  que habiendo empezado no había alcanzado todavía el punto de su muerte líquida, una suerte de muerte del imponente drácula por la sola legada de la luz solar.  El calor pues a la vista la flaqueza estructural del hielo pero sin él, la barra de hielo fabricado brindaba un espectáculo excepcional que, en efecto, gracias a la asombrosa tecnología de finales del XIX, se unía  a la batería de prodigios que estaban cambiando, material y moralmente, a la sociedad occidental.

La nevera que tantas satisfacciones proporcionaba en los primeros veranos del siglo XX operaba sólo en cuanto armario del hielo. Toda la producción de hielo en casa que desarrolló después el frigorífico fue una transposición, a pequeña escala, de los artefactos navales que transportaban carne y  quesos en sus desplazamientos oceánicos.

La nevera llegó a casa como una miniatura del vientre de esos buques o, más concretamente, como un órgano que fuera injertado por el progreso en la interioridad de esos buques para aumentar el beneficio de las navieras.

La nevera fue, en efecto, un símbolo de tener dinero, un primer electrodoméstico de inequívoco valor estatuario nacido de la naviera. Abrir la nevera y recibir su vaharada de frescor daba la sensación de haber incorporado a  nuestro servicio doméstico un animal mecánico que con su aliento nos refrescaba a voluntad y en su almario acogía las diferentes provisiones de alimentación para protegerlas con su eficiente  barniz de frío.

 El calor, el fuego, fue desde el origen la fuente primordial de vida. ¿Cómo podría ser el frío, su contrario, el símbolo de lo yerto, una razón también de vida?

 

(Continuará)

[Publicado el 29/11/2010 a las 13:00]

[Enlace permanente] [2 comentarios]

Compartir:

El retoque

El retoque es la fase del trabajo dentro de la pintura en  que los ojos deben aguzarse más. Ese momento pertenece al último tramo de la obra que culmina para sí  y forma parte del principio de la obra que será pronto contemplada por los otros.

La obra ha cumplido su misión de establecerse, de ganar un  estatuto aprobable por el autor pero, a continuación, exige ser retocada para que  el ojo ajeno coincida con el nuestro. La prolongada mirada del artista ha llegado a familiarizarse n con el cuadro pero el que llega tropieza con un suceso para el que no posee, generalmente, introducción, código apropiado. Esto, claro está, si se exceptúa a la masa de pintores que se copian a sí mismos y repiten la fórmula de éxito como si reprodujeran su logo popular sobre cualquier tela.

Exceptuando esta manada de esclavos del marchante o del mercado, los otros, no esclavos sino libertos,  no esforzados sino hedonistas, pintan un cuadro sin tener seguridad de su más o menos en la cotización o el entendimiento de los demás. Pintan como un canto nacido del gozo de pintar y, en consecuencia, en el proceso es inevitable encariñarse con la memoria de ese goce. De ese placer, sin embargo, hay que descamar ciertos deleites  personales para que al exponerlos  no perturben la comunicación y aún la falseen con su obscenidad o su ridículo.

 El oficio enseña esta necesidad que nada tiene que ver con adaptar la obra al gusto general sino de adaptar la obra a la precisa comunicación del gusto propio. El retoque viene a ser, por tanto, como una cirugía final que elimina de la obra ciertas adherencias sentimentales, ciertas males artes y dudas que, como gangas, se han agregado sin calidad ni pertinencia a la globalidad del cuadro.

 El retoque es un repique de campanas que advierten contra el riesgo del desequilibrio emocional de baja calidad o, también, contra el abandono del producto sin haberlo cernido en la autocrítica. En esa autocrítica participa tanto el juicio del autor como el ojo crítico de los receptores, sean todos ellos como un segundo o tercer ojo que decide la óptica definitiva.

El cuadro nunca será perfecto ni  complacerá a todos pero debe ser públicamente digno puesto que su carácter no es, en sustancia, algo de orden interno, un hecho para permanecer oculto, sino un hecho externo destinado a la exposición.

El punto crucial del retoque reúne tanto la manufactura creadora como la manufactura comunicativa. Las dos se suman -o no-  en el resultado productivo. Y productivo en el sentido de generar importantes sensaciones en los demás, no reducidas por la abulia o la torpeza de la terminación. Un cuadro, en fin, no se encuentra concluido en su gestación plena sin el esmero del retoque porque de la misma manera que muchas mujeres no se sienten seguras en las noches de fiesta sin retocarse de vez en cuando el color, el cuadro no asienta su personalidad ante la diabólica observación de los demás si no se siente afianzado y consciente de su apariencia. Se trata sólo de actuar sobre pequeños detalles, de pequeños toques, pero ¿quién no ha sufrido en las personas o en las cosas, en la escritura, la pintura o la música un malestar inesperado, inexplicable y desproporcionado por culpa de un mal adjetivo, un relente inadecuado o una nota fuera de su lugar. Lo que en música se entiende tan bien con el nombre de afinar o desafinar, en la pintura se comprende con el retoque que, efectivamente, no se ve como tal si es atinado o se ve como algo, incluso siniestro, si la mano que otorga belleza falla o falta.

[Publicado el 25/11/2010 a las 12:56]

[Enlace permanente] [1 comentario]

Compartir:

Ignorar a todos

"Ignora a todo el mundo!, Ignore Everybody, fue el título que escogió Hugh MacLeod para una libro clasificable entre la autoayuda personal y la ayuda empresarial que se vendió mucho  en Estados Unidos durante el 2009. Junto a esta recomendación de apariencia  misantrópica se ofrecía, además, una lista de otras 38 claves para conseguir la originalidad y, entre ellas, media docena de consejos con mayor relevancia. Estos son: 1) Olvidarse de lo que hoy es comercial.2) Desentenderse de lo que le vendrá bien para salir en los media. 3)Trabajar asiduamente y con seriedad. 4) Tomarse el quehacer con gusto, a ala manera de un hobby y, en absoluto,  como un deber laboral o profesional.5) Saborear los momentos en los que se nos ocurre nada. 6) Mantener una vida de relativa frugalidad en todos los sentidos.  Es decir, dejar, en suma que el entorno disminuya su presencia y que su desvanecimiento o su ausencia se convierta en la atmósfera donde el nacimiento inédito pueda nacer y encuentre a los sentidos hambrientos. Ignorar a los demás y la actualidad de las circunstancias  no debe entenderse como equivalente a la deliberada actitud de instalarse en una isla desierta o desarrollar una negación global sobre lo ya establecido. Basta ignorar. Basta ignorarlo casi todo, serena y relajadamente. puesto que la ignorancia elimina el imperio de los maestros, las constricciones d ela historia y las determinaciones de la moda. Ignorar, por el contrario, favorece la libertad,  el olvido de las pautas trazadas y transforma la responsabilidad del ejercicio severo en un mundo divertido. Lo di-vertido y lo divertido se confunden en el mismo ejercicio de la libre creación original.

En la pintura, por ejemplo, y según mi  experiencia, este olvido de los otros y lo Otro se convierte, cuando se siente tal ausencia, en el máximo deleite del quehacer. Nada de olvidos hirientes, ni voluntarios, ni resentidos, ni arrogantes, sencillamente el lienzo se alza delante de mí como un cuerpo absoluto e inimitable, tal como el cuerpo de la mujer o el hombre amados se nos ofrecen desnudos y humeando amor. En el disfrute de ese amor, esa aroma carnal, no hay cánones, ni reglas, deberes, obligaciones o resultados preestablecidos ni dignos de publicidad. Se trata de un recreo en sí mismo, un recreo con el otro a quien amamos, de mí con la pintura, de eso y esto que se quieren en la conjunción. Y es, sin duda, un recreo en sentido recreativo o infantil y un recreo en el sentido de la re-creación celeste. Se tarta en suma de la creación de lo nuevo, de la faena  re-creada por uno y por él mismo, a solas con el enlace del amor, ignorando a todos sin despecharlos ni recordarlos, simplemente porque no caben en esa relación. No tienen sitio ni pueden ocupar lugar porque precisamente la luminosa línea que se afina entre un cuerpo y otro, una y otra mente, no dejan más espacio que para la inspiración de la piel. De ese carácter, más o menos, es la originalidad creadora. No será igual a ninguna y necesariamente es inimitable puesto que su origen (su originalidad) no nace de otro lugar que no sea el efecto único de ser, en ese cortejo, verdaderamente, tú.

[Publicado el 23/11/2010 a las 14:28]

[Enlace permanente] [4 comentarios]

Compartir:

El silencio

La palabra está llena de éxitos y de fracasos, exornos, sentencias y oropeles pero el silencio es divino. Dios es aquel que es gracias a su extremo silencio. No hay modo de arrancarle una palabra y de eso se deduce que lo posee y lo sabe todo. No dice una sola palabra pero puede decirse que es amo del verbo, el dueño del mundo. La autoridad, la riqueza, el respeto, la devoción de los demás a causa de su silencio es tan desorbitada que no la igualan todas las fortunas y ejércitos de este ruidoso mundo. Muy a menudo, para la descalificación del adversario se cree necesario  ametrallarlo con palabras, frases finamente estudiadas y labradas para hacer daño y, sin embargo, nadie da mejor en el blanco y anula basalmente que el empleo del silencio. Como sucede con el puñado de elementos nucleares que componen el mundo ahora conocido, el silencio se encuentra entre los de corazón más disolvente, inteligente  y duro. Deshace o edifica con una solvencia y rotundidad, con una elegancia y habilidad, que ningún otro sonido le igual. Más que eso: el silencio es la base radical de cualquier otro sonido y en las ocasiones más graves que exigen eliminar a alguien no hay mejor procedimiento letal que administrarle silencio puro.

[Publicado el 22/11/2010 a las 10:04]

[Enlace permanente] [2 comentarios]

Compartir:

O el enredo

Aún en la vida adulta o muy adulta se hace difícil valorar el tiempo en función de la muerte. O lo que es lo mismo, poner en orden la bonanza del tiempo sobre el deber de cumplir con los deberes. La importancia, en fin del deber bien atendido se impone sobre la relajación sin culpa, la satisfacción de responder apropiadamente a lo debido gana terreno -y tiempo- al tiempo sin más objetivo. El objetivo del objeto resta holgura y holganza, complacencia al hacer sin objetivo, dicha al dejar de hacer. De este modo, el sujeto queda sometido al mandato del objeto cuando el objeto, precisamente, desfallece y el sujeto sigue sin atenerse a este desfallecimiento pereciendo antes. Pero la razón de este juego estúpido no es otra cosa que la vulgar añagaza de la vida tratando de engañar la proximidad de la muerte. Igualmente, el posible enredo de este discurso no es otra cosa que la vanidad de pretender vivir en la edad adulta o muy adulta como si el transcurso de la vida no hubiera discurrido bastante ya sobre sí, su objetivo y su objeto. Hubiera enredado bastante a su sujeto.

[Publicado el 12/11/2010 a las 09:00]

[Enlace permanente] [19 comentarios]

Compartir:

De la limpieza

La limpieza de la superficie es semejante al vacío que acoge el espacio tridimensional. Paralelamente, el plano halla su máxima faz en la limpieza separada de la ganga y el poliedro halla su alma primordial en el vacío completo. Sobre la faz más límpida vibra su luminosa potencialidad. A partir de esa plataforma nace su esencia atómica y mediante su palpitación puede edificarse la retórica abultada de la estatua. Sin ese vacío superficial la escultura deja de pertenecerse y deriva desde su base en una posible anfractuosidad que, aun invisible o mínima, entorpece el trazo. 

Igualmente, sin vacío absoluto en la teoría todo deviene en conclusiones vacilantes Al punto de que el descubrimiento de la imposibilidad del vacío absoluto desploma las creencias y la crisis actual comportaría la consecuencia de haber perdido el orden de la transparencia.

Todos los órdenes afectados por la imperfección del vacío imperfecto, afeados por residuos de suciedad, acaban fragmentándose,  sustituyendo la totalidad por el caos y el sistema por el accidente.

De ahí que la pulcritud, tanto del vacío tridimensional como del plano  requieran llegar hasta su nivel cero. Aquello que en su desarrollo no conquistara la radicalidad del detritus cero sería cimiento ni morada fiables. Uno y otro se craquelarían en gravas  y arena.

Ser limpio de corazón es por tanto el tropo que alude a una personalidad cimentada en el honor y la ecuanimidad garantizada.  La limpieza en estos casos funda la altura de la construcción y la mantiene enhiesta. La firmeza del metal, la sagrada belleza de una bóveda anticipan la importancia de los elementos netos  y hacen, a su vez de su desnudo natural, en las piedras o en la carne el símbolo de la pervivencia.

[Publicado el 10/11/2010 a las 13:56]

[Enlace permanente] [3 comentarios]

Compartir:

Mails

Entre el teléfono y la carta se encuentra el mail. Pero no parece tan seguro este orden si se le añade el mensaje corto y las comunicaciones en las redes sociales. ¿Qué categoría, por tanto, posee el mail? Hay cosas que no parece correcto trasmitir por mail pero el cine y la realidad se encuentran ya poblados de incontables ejemplos en los que el mail incorpora  mensajes trágicos y decisivos. ¿Será el mail, entonces, el lugar común de todas las comunicaciones, graves o leves, tal como fuera la presencia oral en otros tiempos más simples? 

La pregunta carece de pertinencia.

 Con múltiples formas de comunicaciones la comunicación adquiere a la fuerza rangos y significaciones diferentes. ¿Es más confidencial la  carta que el e-mail? Inmediatamente nos parecería que sí pero ¿qué decir de los accidentes que pueden sobrevenir a un sobre en su largo viaje? El mail, en cambio, traza un arco libre, cierto e instantáneo de persona a persona. Y también es así para el mensaje corto. O, en general, para cualquier contenido que circule por el ciberespacio que es al espacio tradicional lo que la nube al suelo, lo que el soplo al susurro, lo que la flecha a la piedra, lo que la bomba de neutrones a la bomba de mano, más cercana la segunda que la primera, pero también menos precisa y, al cabo, menos selectivamente humana, tan cercana a la tierra como próxima a su indiscriminada  brutalidad. (continuará)

[Publicado el 08/11/2010 a las 15:20]

[Enlace permanente] [4 comentarios]

Compartir:

Inauguración y exposición

imagen descriptiva

Hoy se inaugura mi primera exposición de pintura y un amigo pintor, muy veterano, me pregunta qué se experimenta en este trance porque él, a fuerza de exponer, ya no se siente expuesto.

Podría ocurrir como con la escritura, que si el primer libro o el primer artículo nos excitan, más tarde dejan de hacerlo o sólo conceden una emoción sobresaliente en casos excepcionales.

Pero hay una importante diferencia, una diferencia radical, entre exponer el cuadro y mostrar el libro o el artículo. La escritura posee el defecto y la virtud, a la vez, de que no dice nada, no significa nada si no se extrae su significado emocional y racional de descodificar su garabato.

Con el cuadro, sin embargo, la dicción es directa y, de hecho,  cuando una colección de ellos queda a disposición del público se la llama "exposición". En la "exposición", en esta exposición total, no hay muchos  modos de esconderse. Todo escrito es un "reflejo" del autor pero el cuadro se acerca más al "retrato". Basta pensar que con la escritura nos sometemos a un sistema común de signos mientras el cuadro pinta más singularmente y mejor.

Se  requiere mucho narcisismo para exponerse, tanto escribiendo como pintando, pero también valor. La diferencia entre colgar la pintura o dejar el libro en las librerías es precisamente que en el primer caso los detractores nos cuelgan más deprisa y, además, más cargados de sinrazón. No será la mente tanto como en el libro la que oriente su dictamen sino notablemente los sentidos que sentencian sin mediar la razón. ¿A qué recurrir pues? Exponer cuadros comporta  una arrogancia o una impertinencia suficiente como para ocultarse en la inauguración pero, encima, el criterio que uno u otro de los visitantes conciba vendrá a ser irrebatible. O, lo que es lo mismo, su sentencia definitiva, sin recurso. Vencido y desarmado se va al desafío que  ni en el mejor o más positivo de los casos, se puede ganar. Porque ¿cómo celebrar con todo fundamento las emociones del público que sabe Dios con qué humor asisten, con qué talante ponderan,  con qué frase (o sentencia gramatical) podría el autor corregir sus sentencias del corazón?

[Publicado el 05/11/2010 a las 12:15]

[Enlace permanente] [9 comentarios]

Compartir:

Los demás

Un consejo terrible pero supremo es el que dice: "no esperes nada de los demás". Su parte de misantropismo se compensa con la dosis de humildad, la cantidad de menosprecio de los otros se iguala al propio. Pero con un resultado capital: la independencia respecto al juicio positivo o negativo de los otros aumenta la energía para hacerse mejor. Y no sólo para sí sino para la posible mejora ambiental de la gente que nos rodea. Y que nos juzga. Que nos da o nos quita. O que pretende hacer tanto una cosa como otra, ignorante del terrible y piadoso consejo inicial.

[Publicado el 03/11/2010 a las 10:07]

[Enlace permanente] [13 comentarios]

Compartir:

El blanco de la sangre

El blanco, la bandera blanca connotan con la idea neta de inicio, término de hostilidades y práctica de la paz. Los bebés son, por su inocencia, consustanciales al blanco, almas sin mancha, sin vicio, sin tara.

La primera comunión, las bodas, llevan a la conclusión que unos y otros se encuentran sin mancillar o bien se han lavado tanto que han redundado en el blanco, el mismo color de la piedra con que los romanos señalaban los días afortunados.

Toda la insistencia de la publicidad de los detergentes en la obtención del blanco les lleva a proclamar que serán capaces de ofrecer un blanco más blanco que el blanco. Un blanco radical que se halla en la raíz del blanco, en el lugar correspondiente al antes que el mismo blanco haya visto la luz y en consecuencia pueda haber sido tocado por ella. Blanco impalpable pues, blanco invisible que se aproxima tangencialmente a la nada o que de la nada brota en un primer instante como su potencia presentida. Una potencia no visible a la óptica pero implícita en el núcleo del más blanco que el blanco. Blanco nuclear, blanco de ipods,  blancos de muros y exposiciones, de muebles y drogas, sociedad blanca para un tiempo de crisis cuya básica aspiración no es la abundancia de color sino, sencillamente, la desaparición de la deuda, la eliminación del déficit, el menos que cero en la rentabilidad de los bonos públicos. Blanco alusivo a la pacífica neutralidad tradicional sino blanco de subterráneos sin luz, blanco de paraíso todavía oculto o de muerte todavía en el inmediato estado de lividez. Blanco se exaspera en la propaganda contra la persistencia de la crisis negra, la deflación descolorida y deshilachada en fibras de deshechos El blanco que iguala la zona de salida, nace así desde su subsuelo para crear la ilusión de una nueva tabula rasa donde se edificarán, liberadas de culpa, las basuras morales del ocaso.  Un blanco de alba. ¿Un blanco esperanzado e inaugural?

Efectivamente, el blanco se afana en esta dimensión de principio desnudo, presto para una esperanza de estreno pero también el blanco contemplado más detenidamente, poniendo oído a su habla muda trasmite la terrible presencia de una amenaza y la inminencia del pánico. El pánico absoluto de la ausencia de color.  O como dice Herman Melville "...hay algo impalpable que se guarece en lo más interno de la idea de este color, susceptible de producir más pánico al alma que el rojo de la sangre, que aterra." ("La blancura de la ballena", capítulo 41 de Moby Dick). Lugares de copas, tiendas electrónicas, vestíbulos de hoteles o grandes corporaciones, automóviles luciendo el blanco. Luciendo la luz o luciendo la falta de toda iluminación que les hubiera brindado una identidad coloreada, una personalidad para convivir sin temor persona a persona.

[Publicado el 02/11/2010 a las 09:00]

[Enlace permanente] [6 comentarios]

Compartir:

Foto autor

Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2011 | Gran Vía, 32 - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres