III. Se comieron la gallina robada, y no escondieron las plumas

Se sentía venir el fraude, anunciado por tantas señales ominosas, pero la idea de los votantes que queremos preservar la democracia en Nicaragua era buscar como impedir ese fraude votando, para frenar cualquier maniobra basada en la escasa diferencia de votos; anular votos, o actas de juntas receptoras de votos, hasta alcanzar la mayoría fraudulenta, es algo perfectamente practicable cuando se trata de pocos votos, el voto duro y militante, pero no cuando se trata de muchos. Si es que se piensa en un fraude hecho de manera artera, con cuidado de no dejar huellas escandalosas.
Pero los cálculos fueron demasiado púdicos. El fraude consumado por el aparato de poder de Ortega, que tiene bajo su dominio al propio Consejo Supremo Electoral, a las estructuras territoriales de ese organismo, así como al sistema de cómputo, fue obsceno y descarado. Se robaron las elecciones sin preocuparse en lo más mínimo de buscar como esconder el fraude. A eso decimos en Nicaragua, comerse la gallina robada, y no esconder las plumas.
Parte del fraude sin máscaras fue el robo de mi voto y el de todos mis vecinos del Centro de Votación 501, pues en los recuentos oficiales ese centro no figura. Simplemente hicieron desaparecer de los cómputos finales las 8 mesas de votación donde emitimos votos válidos 1707 personas: 80% para el candidato a alcalde Eduardo Montealegre y sus candidatos a concejales; 20% para los candidatos de Daniel Ortega, según las actas entregadas al final del escrutinio de esas mesas a los fiscales de la oposición. Y la suma nacional de esas actas demuestra que los candidatos de Ortega fueron derrotados en la inmensa mayoría de municipios del país.
[Publicado el 19/11/2008 a las 07:00]
Escrito en el 1990.
Vaya, o ha cambiado mucho Daniel (a pesar de las miles de horas que usted dice que pasó con él), o ha cambiado usted
Daniel
por Sergio Ramírez Mercado
Cuando desde la tarima en la Plaza Carlos Fonseca, nutrida de la inmensa multitud que se perdía en el horizonte, oía a Daniel invocar el don de la sabiduría que Salomón reclama de Dios en el Libro de los Reyes, mientras el viento del pueblo soplaba también en mis oídos, recordaba otro libro de la Biblia, precisamente el Libro de Daniel, el antiguo profeta que los judíos utilizaron como símbolo de la resistencia en tiempos de la lucha de liberación de Los Macabeos. Daniel en el foso de los leones, hermano de cautiverio de quienes fueron arrojados a las llamas, atizadas siete veces, por negarse a rendir pleitesía a la estatua de oro macizo, de treinta metros de alto, que había mandado a erigir el Rey Nabucodonosor en el llano de Dura, en la provincia de Babilonia.
La hoguera para quienes al costo de sus vidas rehusaron adorar a la estatua de oro, el foso de los leones para que los patriotas perecieran devorados por las fieras, mazmorras, torturas y cadenas; y allí de pie, oyendo a Daniel y oyendo a la multitud que se perdía en el incesante bosque de banderas, recordé a Camilo, victorioso entre las llamas de la hoguera, cuando en aquel cuartito clandestino que era dormitorio, oficina y archivo de Humberto, nos dieron la noticia de su muerte en Los Sabogales, Camilo purificado ya por las llamas del martirio y Humberto con el teléfono firmemente pegado al oído comunicándole a su madre la noticia y diciéndole sin titubeos, que así había querido morir Camilo, entre su pueblo, luchando por su pueblo, mientras tras su voz firme se ahogaban las lágrimas como también se ahogaban las mías, sentado en el catre revuelto de sábanas sucias, sobre papeles dispersos y magazines de pistola.
Tiempos lejanos, y tan palpable la cercanía de esos tiempos de sacrificio, de decisión y de lágrimas reprimidas, ahora que Daniel invocaba del Dios del Antiguo Testamento fortaleza para hacer posible la paz, el perdón y la reconciliación, sepultando la venganza, frente a la multitud sin horizonte que celebraba de antemano la victoria definitiva, diez pasos delante de mí, el micrófono en la mano, caminando por aquel muelle que entraba en el inmenso mar de pueblo, el estadista de jeans desteñidos y camisa juvenil que había salido un día del foso de los leones para conducir tantas luchas y tantas victorias, tras tantos años de cárcel y combates clandestinos, el jefe guerrillero del Frente Norte en Macuelizo y Diputo que ahora encarnaba, frente a su pueblo despierto, lúcido y consecuente de su nueva victoria, a la Nicaragua invicta que ya no entregaríamos jamás a ningún imperio, Nabucodonosor derrotado, los Macabeos victoriosos. Hay profetas en su propia tierra.
Recordé, también entonces, y ahora lo escribo para que no se olvide, mientras el viento de la inmensa plaza nutrida de pueblo aún arrecia en mis oídos, la primera vez que me entrevisté con Daniel en abril de 1977, en la casa de Marcos Valle, en San José. La única imagen suya que yo conservaba para entonces, era la del muchacho de mirada indoblegable que entraba al Palacio de Justicia de Caifás, custodiado por dos soldados armados de Garand, una fotografía de la "Novedades" de aquellos años de escarnio.
--Vas a conocer a mi hermano-- me había dicho Humberto. Lo recogí en mi vehículo en la esquina de los Pollos Kentucky, carretera a San Pedro de Montes de Oca, santo y seña de por medio, y juntos nos fuimos a aquella reunión de los dos, horas de plática, que para mí serían tan definitivas: un gobierno provisional de unidad nacional, convocar a todos los sectores del país en la lucha contra el somocismo, la insurrección popular, abandonar todos los dogmas, todos los esquemas, una lucha creativa, pluralismo, no alineamiento. Todo lo que Daniel repetía ahora en la plaza inmensa, ante la multitud inmensa, estaba desde entonces en su cabeza, el mismo muchacho de jeans desteñidos, seguro también desde entonces de la victoria, aunque las armas disponibles fueran tan pocas.
Y desde entonces nació también aquella fraternidad imbatible que nos ha unido, una amistad serena y sólida, compañía de más de diez años día a día, noche a noche, madrugada tras madrugada, enfrentando desafíos, dificultades, victorias, viéndolo madurar sin tregua, afinar su sagacidad, desarrollar frente a cada prueba su pensamiento político, todo un sistema de pensamiento entre fuegos y refuegos que es ya historia viva, viéndolo avanzar a paso firme hasta colocarse a la cabeza de esta Revolución victoriosa.
Ráfagas en la memoria: cuando nos despedimos con un abrazo al regresar yo a Managua a desafiar a la dictadura, con el Grupo de Los Doce --y lo recordé cuando de cara a la multitud en la plaza chocamos alegremente las manos: ¡La partimos! Cuando juntos en León el 19 de julio de 1979 vimos aparecer en la pantalla del televisor la imagen de Sandino quitándose y poniéndose el sombrero --algo que ni él ni yo olvidamos nunca, impacto de victoria, sensación íntima de triunfo-, Y todos estos diez años juntos que yo no cambiaría por nada de este mundo, la Revolución la razón de mi vida, cada uno en su celda de la Casa de Gobierno con sus luces que nunca se apagan," reuniones interminables y discusiones sin fin: --papelerío- suele decir Daniel con sorna de los documentos que se acumulan también de manera interminable --un papelerío de todos los demonios--, efectivamente.
El compañero de fórmula del candidato a Presidente de Nicaragua, quiere hablar hoy de su hermano de encierros, de su hermano de tantos miles de kilómetros recorridos juntos por todos los caminos de Nicaragua, en dos campañas electorales, en centenares De Cara al Pueblo, en miles de horas de reuniones. Apenas un esbozo, porque habrá un libro algún día. Lo que compartimos: la fobia contra el servilismo, el desdén por la formalidad protocolarla, el guiño burlón de complicidad frente a la inmodestia y la presunción, el tiro de gracia a la vanalidad, horas de silencio en los largos recorridos oyendo a Mozart, o a los Tigres del Norte, nos da igual, enumerando preferencias por la música, las películas, o los libros, enhebrando una conversación sin fin sobre la libertad en el arte, las relaciones Este-Oeste y la Perestroika, la religión o el lenguaje popular, barajando cifras económicas, hablando de tiempos idos, pero sobre todo, de los tiempos por venir. Comer a deshoras, conversar a deshoras, trabajar a deshoras.
Su rostro transfigurado por la dureza --dureza de puras lágrimas reprimidas al abrazar a una madre que ha perdido a su hijo en la guerra, y esto también que quede en las fotografías, junto con su modestia, su humildad y su identificación -alma, vida y corazón-- con los humildes de Nicaragua y los humildes del mundo. Un alto en la carretera a medianoche para bajarnos a conversar junto a un mojón que nos indica que todavía falta mucho camino por recorrer -y todavía falta tanto camino por recorrer.
El único candidato a Presidente de Nicaragua que tendría en mí, a un compañero de fórmula, y el mejor Presidente que ha conocido la historia de Nicaragua, para decirlo en pocas palabras Por eso escribo estas líneas que lo van a sorprender, cuando las lea, ahora que vamos a votar por la paz de Nicaragua y lo vamos a elegir Presidente.
Comentado por: JO el 30/11/2008 a las 18:30
Comentado por: El fraude paso a paso el 21/11/2008 a las 23:47
"la suma nacional de esas actas" Ud. las conoce Sr. Ramírez?
por qué medios?
la mayor parte de nicaragüenses sólo tenemos como medio de conocer esas sumas las oficiales del CSE, cómo Ud. pudo acceder a la suma de actas "nacioales" del PLC (del candidato de Alemán)?
es Ud. asesor de ese grupo?
por qué habla de sumas nacionales, si las elecciones era municipales?
Si en el 2004, el FSLN ganó mayoría en las municipales con 50% de abstención, cómo diablos la oposición iba a calcular una debacle sandinista?
por qué Ud. no dice que la abstención fue también bastante signficativa en estas elecciones, que no hubo voto masivo?
a lo más que podían aspirar los liberales era a ganar la mitad de las alcaldías (73), pero están muy despretigiados luego de varios gobiernos corruptos (entre sus figuras está Montealegre, el candidato que Ud. defiende). Como podía suceder en cualquier otra elección municipal, los liberales fueron derrotados (sólo lograron 35 municipios). Era una debacle posible y hasta esperable. No se trata de su voto perdido, don Sergio, sino de cómo perdieron la brújula los liberales (¿y Ud. junto con ellos?)
Comentado por: Yader Valdivia el 21/11/2008 a las 17:47
Todos lo leen y nadie comenta, querido Sergio, es así. Lo fue en el pasado y ahora se repite. A nadie, fuera de Nicaragua, le duele su espanto. Por aquí apenas arrancamos con esto que ustedes están combatiendo hace rato y su crónica nos desanima al pensar en cuánto nos falta todavía. Qué pena que nuestro petróleo esté a punto de financiar masacres.
Comentado por: VENEZOLANO el 19/11/2008 a las 23:05
¿Las fotos que ilustran su comentario de hoy y ayer son fotos tomadas recientemente, del fraude en Nicaragua? ¿Esas son papeletas de votantes destruidas?
Sería bueno poner nota de esas fotos, y su origen y fecha.
Pero si alguien tiene información de esas fotos, sería bueno.
Gracias! Pero es surreal lo que ha hecho la dictadura de Ortega. ¿Es ese el nuevo socialismo que reemplazará al demonio llamado "capitalismo" que también otro, Evo Morales, anda gritando por ahi? diciendo?
Comentado por: Juan sin tierra el 19/11/2008 a las 18:24
Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011).
Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.
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