La ambición eterna de hacernos invisibles

David Copperfield, en Madrid.
Volverse uno invisible ha sido a través de la historia de la humanidad la ambición de no pocos. Cuento en esta lista de primeros a quienes lo desearían por necesidad de su profesión, como los magos y prestidigitadores, que hasta ahora deben valerse de trucos de espejos, cajas de doble fondos y otras falsedades para crear ante los espectadores la ilusión de que desaparecen y se vuelven transparentes como el aire.
En esa misma categoría profesional pondría a los espías que quisieran entrar en los despachos privados para revisar a gusto la correspondencia secreta del enemigo, o los archivos de las computadoras, y a los detectives que buscan sorprender bajo encargo a las parejas de infieles, y podrían así penetrar en el mismo lugar de los hechos, es decir, las alcobas clandestinas.
Y están también, no podemos decir que faltos de razones profesionales, los ladrones que sueñan con penetrar las cajas blindadas de los bancos y de las joyerías; y por qué no, los novelistas, que siempre queremos escuchar las conversaciones ajenas con toda impunidad, y así mismo ser testigos de las escenas íntimas que nos están vedadas, voyeurs como somos de oficio. Y no olvidemos a los tímidos, que prefieren pasar siempre desapercibidos.
El asunto ha sido resuelto, y ya podremos hacernos invisibles a voluntad.
[Publicado el 13/8/2008 a las 09:38]
Bueno, bueno, ¿resuelto? digamos que empiezan. Qué terrorífico en verdad. Y luego quién distinguirá a los que oyen voces de los que no ven nada...
El futuro empieza a darme miedo, aunque inventada la cerradura se creó la llave maestra, un poco de esperanza. Pol dios, adónde vamos, qué vertigo de montaña rusa. Como decía aquel, que paren el mundo que me bajo, aunque sólo sea un instante para recuperar el equilibrio, reajustar la mente y luego, al carrusel.
Comentado por: aliblue el 13/8/2008 a las 13:49
Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011).
Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.
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