Antes del cementerio
[Publicado el 10/9/2010 a las 09:00]
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Pues no, no. El mundo no es esta pizarrita, hombre de Dios. ¿Qué duda cabe???
Lo que dice Ubar: suerte, ama a tus semejantes y goza con ellos la vida lo más que puedas. Solo tienes eso. Luego: plaf! y se acabó la tontería.
Saludos para todos.
Comentado por: Lu el 11/9/2010 a las 16:34
Comentado por: Unbar Baro el 11/9/2010 a las 15:16
La presencia de la vejez y de la muerte nos debería servir para tratar de disfrutar de la vida aprovechando el tiempo en todo aquello que merece la pena. Si nada ha de quedar, las guerras, la vanidad, la ambición de dinero o poder, las ofensas y humillaciones, y todo aquello que los hombres hacemos en contra de los hombres, se torna una actividad necia y sin sentido. Disfrutemos de lo único que realmente tenemos, las sensaciones de nuestro cuerpo, y facilitemos su disfrute en libertad a todos los hombres. Precisamente porque nada ha de quedar hagamos de lo único que tenemos, esta vida, un lugar agradable. Comprender y asumir nuestro fín da todo su valor a la vida, a su belleza y a las buenas cosas que en ella encontramos. Las Religiones y los Estados, la Revelación y la Historia, nos sacan de nuestro estado natural, nos alienan en nombre de mentiras. Lo terrible no es que nos sepamos mortales sino que nos creamos inmortales. Asumamos tan sólo el dolor y el sufrimiento que como seres vivos tenemos, y no creemos nuevos dolores y sufrimientos por las Ideas religiosas o patrióticas que sacuden el mundo. Porque nada ha de quedar.
Comentado por: Unbar Baro el 11/9/2010 a las 15:01
Entre citas y paja, señalo una falsedad más, la de que sólo podamos comunicarnos a través del lenguaje con quienes no están. Eso será un blog, pero el mundo no es estea pizarrita. Ahí fuera son posibles la pintura, la música, la arquitectura, el cine, etc. etc. que tienen su propio código, ajeno a la palabra, disciplinas ensuciadas con la palabrería de moralistas envidiosos y observadores inútiles para su práctica, experimentada en otra dimensión mental a la que son refractarios.
Yendo al fondo del asunto, tú sabrás hasta qué punto eres hipócrita. En cualquier caso, y aunque no le arriende la ganancia a tu espejo, te deseo suerte.
Comentado por: Belcebúfalo el 11/9/2010 a las 14:59
Comentado por: Lu el 11/9/2010 a las 14:15
Otro precioso comentario.
De acuerdo totalmente con la realidad que enfrenta Proust.
Pero insisto, todos esos "cretinos inmortales" solo es que no pueden con el miedo. Vamos, de hecho, yo tampoco puedo y quizá por eso me esfuerzo en no cerrar los ojos y escribir sobre ello. Formas distintas de remediar tan enorme sufrimiento.
Comentado por: Lu el 11/9/2010 a las 14:12
La literatura es la casa de...etc, etc.:(relación de profesiones, edades y condiciones morales). En dicha relación entran todos, si bien se mira.
Proust, ese coñazo, ese cantante de la nada, si algo deja claro es la imposibilidad de recuperar el tiempo perdido mediante la literatura. Pero es que la propia utilización del lenguaje lleva implícita la aceptación de imágenes e ideas que clasifican la realidad, que la explican; no es necesario el ejercicio masturbatorio de la literatura para "falsear" la realidad mediante el lenguaje.
Proust lo que intenta es proyectar una luz sobre la mente humana, sobre sus aparentemente más insignificantes rincones, para tratar de explicar y entender nuestro miedo, nuestra cobardía, nuestra hipocresía.
Ante la debilidad del hombre para aceptar "la única verdad de su existencia" no se limita a calificar a los hombres con las palabras de Belcebúfalo sino que intenta explicarnos las causas de su condición, y lo hace apegándose a la realidad cotidiana de sus vidas, y no a grandes ideas o pensamientos sobre lo que es la vida o lo que debería ser. Para ello se vale del lenguaje, pues no tenemos otra forma de comunicarnos con quienes no nos ven.
Borges, otro cobarde refugiado en la literatura, en su relato "El inmortal" nos habla de la hipotética ciudad de los inmortales como un laberinto angustioso de construcciones sin sentido. Más allá de la ciudad que el viajero buscaba, éste ve una tribu de trogloditas, desconocedores del lenguaje y de la palabra, que viven humilde y miserablemente. Así nos describe a uno de ellos: "Inmóvil, con los ojos inertes, no parecía percibir los sonidos que yo procuraba inculcarle." (intentaba enseñarle el lenguaje)."Echado en la arena, como una pequeña y ruinosa esfinge de lava, dejaba que sobre él giraran los cielos, desde el crepúsculo del día hasta el de la noche"...."Pensé que participábamos de universos distintos; pensé que nuestras percepciones eran iguales, pero que él las combinaba de otra manera y construía con ellas otros objetos; pensé que acaso no había objetos para él, sino un vertiginoso y continuo juego de impresiones brevísimas. Pensé en un mundo sin memoria, sin tiempo; consideré la posibilidad de un lenguaje que ignorara los sustantivos, un lenguaje de verbos impersonales o de indeclinables epítetos"
Así pasan días y años hasta que una mañana llueve y el troglodita emocionado por una lluvia que tardaba muchos años en aparecer en el desierto en el que vivía balbucea unas palabras de la Odisea."Le pregunté qué sabía de la Odisea. La práctica del griego le era penosa; tuve que repetir la pregunta.
-Muy poco, dijo. Menos que el rapsoda más pobre. Ya habrán pasado mil cien años desde que la inventé."
Los inmortales eran la tribu de trogloditas que habían abandonado la ciudad de arquitecturas imposibles para vivir como animales en miserables cuevas y que casi habían olvidado el lenguaje.
Más adelante Borges nos dice: "SER inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es SABERSE inmortal."
..."Los muerte (o su alusión) hace precioso y patéticos a los hombres. Éstos conmueven por su condición de fantasmas; cada acto que ejecutan puede ser el último; no hay rostro que no esté por desdibujarse como el rostro de un sueño. Todo, entre los mortales, tiene el valor de lo irrecuperable y de lo azaroso."..."Lo elegíaco, lo grave, lo ceremonial, no rigen para los Inmortales"
Proust y su elegía, su coñazo de discurso grave y ceremonial, sólo está destinado a los que se saben mortales, no a los que en lo más profundo se creen inmortales por más que digan que la muerte es el fín. (y esa es la verdadera hipocresía.)
Comentado por: Unbar Baro el 11/9/2010 a las 13:57
Me gusta mucho lo que comenta Unbar Baro. Pero yo creo, quizá no lo he entendido del todo, que ser ateo no significa no haberse enfrentado a la evidencia de la propia muerte.
Por otra parte, no creo que exista realmente un ser humano cabal que vea la muerte de los otros y se crea que el está libre. Lo que ocurre es que la idea no se afrota, tanto es el miedo. Pero late escondida en el fondo de cada persona, incluso se manifiesta en formas diferentes de ansiedad.
Comentado por: Lu el 11/9/2010 a las 11:59
Para decirlo pronto aunque temo repetirme, Proust me parece un coñazo, suntuoso sólo en lo redicho, y sus degustadores, por no llegarle a la suela del zapato, se quedan en pesados.
Coinciden todos en florear lo que conviene desnudar, pecado por otra parte necesario en la literatura pues de ello se nutre criando grasa, cantos repetidos a la nada o a la propia habilidad del cantarle al vacío, arabescos masturbatorios perpetrados en contra de la simple y llana verdad del miedo, el horror a la única verdad de la existencia: que es finita.
No es de extrañar, la literatura es la segunda casa de cobardes de todo pelaje, abogados, médicos, políticos, religiosos, militares, millonarios aburridos, periodistas, tenderos, jubilados, niñatos sin vida hecha o viejos sin perspectiva de vivir nada que valga la pena, pretenciosos que buscan su medalla, su minuto o su siglo de presencia gloriosa en la historia, gente a la que un hecho simple y directo como el de la desaparición les resulta inadmisible, cretinos bien criados, desgraciados imbéciles con ínfulas o, lo inefable, "escritores profesionales".
Los fariseos y la mierda me parecen hechos de lo mismo. Aún la mierda tiene componentes aprovechables. Son hipócritas, antes que respecto de otra causa, de y desde la palabra.
Comentado por: Belcebúfalo el 11/9/2010 a las 00:38
Fuí herido por los Demiurgos y lo que era instinto se convirtió en Premeditación, lo que era sentimiento y razón se cambió en dolor y necesidad, lo que era Presencia y Manifestación del Mundo se tornó en Revelación o Historia.
Antes actuaba como si el día se repitiera por los siglos de los siglos y la Premeditación me hizo actuar como si el día fuera preludio del próximo. Antes daba la Eternidad por hecha y ahora construyo, merecimiento a merecimiento, mi propia eternidad. Antes poseía la eternidad y ahora la premeditación. Soy un patán meritorio.
Comentado por: Unbar Baro el 10/9/2010 a las 22:54
Hay muchos que se consideran ateos sin haber mirado realmente y cara a cara a su propia muerte. Todos los días ven la vejez y la muerte de otros, pero ellos se creen inmortales y eternamente jóvenes. La felicidad del presente desecha pasados y futuros.
Son los "fariseos" del ateísmo.
Comentado por: Unbar Baro el 10/9/2010 a las 21:58
La vida es un proceso que irremediablemente conduce a la decadencia: enfermedad y vejez. Dicha decadencia sólo es una preparación del fín.(antes del cementerio).
Todo se va a perder y todo se pierde para siempre. Sólo la elegía podría comunicarnos el más genuino lamento de la tragedia humana. La Recherche es la más completa y bella elegía escrita nunca.
Dolor ante el ayer, ante todo pasado, irremediablemente perdido, e imposibilidad de recuperar la vida, el tiempo perdido, mediante el sueño del arte.
Nuestra sociedad se niega a mirar el abismo de lo que supone la muerte. El consumo nos oculta la verdad dolorosa de la muerte y la religión nos niega que la muerte sea un final completo y absoluto.
Necesitamos creer en las mentiras piadosas del consumo y la religión o asumir el canto de Proust, que sabe que al perder la vida pierde cuanto tiene, pero que mira dolorosamente de frente a su destino.
A partir de esa mirada dolorosa podría descubrirse un nuevo valor de la vida, más humano, más libre.
Comentado por: Unbar Baro el 10/9/2010 a las 21:38
Comentado por: Santiago el 10/9/2010 a las 19:33
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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