El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 25 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

Ángeles

Y el ángel que transporta un sol y una luna ya inútiles cuando ha sido dicho que la Luz de la cruz será mil veces más potente que la de los astros; y el que introduce su mano en el agua del baño de Jesús para ver si está caliente; y el que surge de las nubes para poner la corona en la frente de la Virgen; y todos aquellos que inclinados desde la cima del cielo en los balcones de la Jerusalén celeste, alzan los brazos expresando su espanto y su alegría ante la visión del suplicio de los condenados y la felicidad de los elegidos.           

(II, 197)

[Publicado el 11/8/2010 a las 09:00]

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Comentarios (8)

  • Pequeña conmemoración:

    http://www.youtube.com/watch?v=lFqTgtCBgXE

    Saludos

    Comentado por: Belcebúfalo el 11/8/2010 a las 19:51

  • Ángeles...Citaba el otro día un libro de Ramón Sibiuda, o Raimundo Sibiuda o Sabunde, pues por todos esos nombres es conocido. En ese libro el filósofo catalán nos habla de las propiedades del amor, cuya principal fuerza es que une al amante con la cosa amada, y cambia, convierte y transforma al amante en la cosa amada. Por esta conversión o transformación nuestra voluntad puede ser exaltada y ennoblecida y subir por encima de sí misma (haciéndonos ángeles) o corromperse, envilecerse y descender por debajo de sí (haciéndonos bestias). Todo depende del objeto de nuestro amor.
    Esta idea de la transformación del hombre en ángel la encontraremos posteriormente en el renacimiento italiano.

    Comentado por: Un bárbaro el 11/8/2010 a las 16:05

  • Saludos Belcebúfalo. Ante todo hacerte llegar mi respeto absoluto por tus creencias y experiencias. Empezaba hoy hablando de la muerte, de su significado, de cómo nos marca, de cómo condiciona nuestras vidas y creencias. Creo que a todos, sin excepción. Para el propio Krishnamurti la muerte de su hermano, con el que se sentía enormemente unido e identificado, marcó su vida, su pensamiento. Educado en la sociedad teosófica, encontró en su bagaje cultural las herramientas intelectuales para superar y asimilar la realidad de la muerte, para seguir aferrado a la vida... esa es la búsqueda.Y por supuesto que hay que disfrutar de la vida, de su belleza, de su poesía.. y relajarse, y respirar, y dejarse inundar por el sol... claro que sí.

    Comentado por: Un bárbaro el 11/8/2010 a las 15:48

  • Verá, Bárbaro, yo que no espero nada después de la vida, voy aceptando la conclusión de que la muerte no significa tanto condena como merecido descanso.
    (Creo que la creencia en una vida más allá de esta se encuentra nuclearmente ligada al temor, luego quien espera prolongar su existir después de la vida no deja de temer aunque llegue realmente a creer que su vida continuará. Esto es porque esa creencia va acoplada a la del censor omnipresente en el que todo dios deviene con sus relgamentaciones, mandatos, mandamientos, listado de pecados, etc... Es imposible morir tranquilo cuando se desea-espera-teme ser juzgado a posteriori por el total de lo vivido).
    Y no me malentienda por lo dicho, no estoy cansado de la vida, quiero tanta como me corresponda porque me sea dada. Ni más ni menos.

    Comentado por: Belcebúfalo el 11/8/2010 a las 14:11

  • No estoy exactamente de acuerdo con Belcebú, el hombre no puede dejar de buscar el sentido de todo. Yo creo que conviene intentar la búsqueda de la sabiduría haciendo un inmenso esfuerzo de alejamiento de nosotros mismos (no es imposible) para dejar de vernos como protagonistas de un universo que a todas luces nos excede y del que, a la vez, formamos parte. Mirarnos como parte del Todo. En ese Todo entran tanto los condenados como los elegidos, cuya sentencia, no nos engañemos, la dictamos los hombres. Sentencias que varían según la época y el lugar. No lo olvidemos tampoco.
    Saludos.

    Comentado por: Lu el 11/8/2010 a las 14:02

  • Pero Bárbaro, yo nunca he dicho eso.
    La vida puede no necesitar explicación pero tiene sentido por sí misma. (La vida es mucho más amplia que el hombre, anterior a este y seguirá adelante cuando no quede nadie para reducirla a palabras).
    Luego, cada quién habrá de darle un sentido propio o no, pero para que este tenga entidad debe enfocarse a la misma vida en sí, a cuando esta ocurre, ni a su memoria ni a su anticipación, libres de las fantasías y temores de lo que traspasar según qué fronteras puerda traernos.
    Los temores son siempre producto de la anticipación, luego fantásticos. Es por eso que el cuerpo se rebela y los somatiza como un reloj haciendo sonar la alarma, avisando de que "nos hemos ido"... No de la cabeza, sino exclusivamente dentro de esta, el lugar donde NO se encuentra la vida pero resuena toda...Para algunos, allá cada cuál, es un abismo del que no querrán salir jamás. En cierto modo, un lugar seguro. Pero ¿es un lugar seguro lo que busca quien quiere vivir?
    Quien no vive fuera de las ideas de la vida con las que juguetea hasta marchitarlas, es lógico que tema la muerte. Y no sólo que la tema sino que espere y hasta exija que haya algo más, puesto que nunca se habrá sumergido en lo que hay aquí. Y ahora.

    Y ahora, deseándole buen día, le dejo otro poco de

    KRISHNAMURTI


    LA SOLEDAD INTERIOR




    ...... Si se me permite repetir lo que dije el otro día, estas charlas tienen muy poca significación si no experimentamos no sólo directamente sino también de forma inmediata lo que se está diciendo; no sirve de nada reflexionar, o recordar y luego poner en práctica lo que se ha dicho,porque la experiencia directa de lo que es la verdad tendrá su propio efecto sin que la mente haya de buscar intervención alguna sobre ella.Ésta es la razón por que es muy importante escuchar no sólo lo que se está diciendo, sino todo en la vida.

    Cuando escuchamos a otra persona decir algo, cuando leemos, cuando oímos el canto de los pájaros o el sonido del mar agitado, es importante escuchar atentamente, porque en el mismo acto de escuchar existe una vivencia directa que no se encuentra contaminada por ninguno de nuestros prejuicios o nuestro particular condicionamiento. Tengo la impresión de que la mayoría de nosotros encuentra extremadamente arduo escuchar, porque hemos leído muchas cosas, y entonces justificamos o comparamos lo que hemos leído con lo que estamos escuchando, o intentamos recordar lo que se está diciendo para luego reflexionar sobre ello. Entonces la mente está intranquila y, por lo tanto, no escucha con atención.

    Interlocutor: Usted ha dicho que las nacionalidades, las creencias, los dogmas, son separativos. ¿Es también la familia una fuerza separativa?


    KRISHNAMURTI: Mientras exista alguna forma de identificación con la familia, con un grupo nacional, con un dogma, con unas creencias, obviamente será también separativa. Si yo me identifico con la India, con su pasado, con su religión, con sus dogmas, con su nacionalidad, yo, obviamente, estoy construyendo un muro a mi alrededor a través de la identificación con lo que yo pienso que es más importante que yo mismo.

    Claramente, la cuestión no es si la familia o el grupo son separativos, sino si la mente se identifica a sí misma con algo y, en consecuencia, crea división. ¿Por qué me identifico a mí mismo con la India? Porque, si no me identifico con la India, con América, con Oriente o con Occidente, o con lo que sea, estoy perdido, me siento solo, abandonado. Este temor a quedarse solo, aislado, me obliga a identificarme con mi familia, con mi propiedad, con una casa, con una creencia. Eso es lo que está causando separación, no la familia. Si yo no me identifico con nada, ¿qué es lo que soy? No soy nadie. Pero si digo que soy un hindú con sabiduría oriental y toda esa insensatez (ya ustedes saben todo lo que hay detrás de ello), entonces sí que soy alguien. El identificarme con América o con Rusia me da prestigio, hace que me sienta importante, le proporciona un significado a mi vida; porque yo no quiero ser nadie, no quiero pasar desapercibido. Puede que yo tenga un nombre, pero ese nombre debe proporcionarme una categoría; rechazo ser realmente nadie, no tener una identificación con el mí, con algo que yo considero más grande: Dios, la verdad, el país, la familia o la ideología.
    Es este proceso de identificación el que es separativo, destructivo. Por favor, escuchen esto. Este es su problema porque el mundo está siendo dividido actualmente en dos identificaciones dogmáticas que no están sino incrementando la fuerza separativa. Somos seres humanos, no hindúes, o americanos, o rusos. ¿Mas es posible vivir sin identificarnos, ser nadie en este mundo en el que todos luchan por ser alguien? Desde luego, es posible. Nuestros intentos por ser alguien nos están llevando a la miseria, a las guerras, todo lo cual lleva implicado la persecución del poder; y, cuando buscamos el poder individualmente, como grupo o como nación, estamos conduciéndonos hacia nuestra propia destrucción; esto es un hecho.

    ¿Podemos, tanto yo como ustedes, permanecer en soledad internamente, sin ir en busca de poder, sin identificarnos con nada -lo cual significa, realmente, carecer de temor? Encontrarán la respuesta por ustedes mismos si profundizan en la cuestión.

    Interlocutor: ¿Niega usted el valor y la integridad de los santos de todas las épocas, incluyendo a Cristo y a Buda?

    KRISHNAMURTI: Eso plantea una cuestión muy interesante: ¿Por qué quiere usted santos?, ¿Por qué quiere héroes?, ¿Por qué quiere ejemplos? ¿Y quién es un santo? Porque una Iglesia canonice a alguien, ¿es ese alguien un santo? ¿Y cuál es su medida de un santo? Su medida estará acorde con sus deseos, esperanzas y condicionamientos; pero, como usted ve, la mente quiere a alguien a quien aferrarse, algo que esté más allá de sí misma. Usted quiere líderes, santos, ejemplos a seguir, a imitar, porque por sí mismo es pobre, deficiente; por ello, usted dice: “Si pudiese seguir a alguien, me enriquecería”. Usted nunca se verá enriquecido; usted se convertirá en el más pobre porque es solo cuando la mente, cuando la totalidad del ser, se encuentra vacía, sin buscar, que la creatividad de la realidad aparece.

    Ustedes no tienen que creer en lo que yo estoy diciendo: sus santos, sus líderes les han conducido hacia ninguna parte. Ustedes solo tienen guerras, miseria, disputas, un continuo batallar interna y externamente. Pero si pueden ver lo que ustedes son -que son pobres internamente, que están atrapados en luchas y miserias-, verlo sin tratar de cambiar lo que son por otra cosa -lo cual solo sería una modificación; si pudiesen permanecer con lo que es sin guardar ningún deseo de transformarlo, entonces habría una transformación. Pero, mientras la mente esté tratando de imitar, de ajustarse, de medirse con sus ideas preconcebidas de lo que es o de lo que no es un santo, entonces todo ello no será más que una persecución de su particular realización, lo cual es vanidad.

    Interlocutor: Si pudiésemos experimentar la inmortalidad, ¿existiría el miedo a la muerte?

    KRISHNAMURTI: ¿Es posible para la mente, para usted, tener la experiencia de algo que no es mortal, que no es creado por la mente, que no pertenece al tiempo? Obviamente, si pudiésemos tener la experiencia de ello, no existiría el miedo a la muerte. Pero, ¿es eso posible? ¿Es posible para una mente que es temerosa, que funciona dentro de los dominios del tiempo, es posible para una mente así experimentar aquello que está fuera del tiempo? Quizá, si uno llevase a cabo algunos trucos, podría experimentar algo, pero eso aún estaría dentro de los dominios del tiempo.

    Por lo tanto, abandonemos por el momento la cuestión de qué es lo inmortal, porque desconocemos lo que es; pero sí que conocemos el miedo a la muerte, a la vejez y a deterioro; estamos muy familiarizados con ello. En consecuencia, examinémoslo, profundicemos en ello; y no preguntemos si podemos estar libres del temor si experimentamos la inmortalidad; una pregunta así tiene muy poca razón de ser.

    Tenemos miedo a la muerte, lo cual significa que estamos temerosos de llegar a un final. Tememos ver que todo lo que hemos adquirido -las experiencias que hemos acumulado, el conocimiento, las relaciones, los afectos, las virtudes que hemos cultivado- llegue a acabarse. Uno puede albergar la esperanza o la creencia de que habrá una resurrección en el futuro, pero sigue habiendo temor, porque el futuro es incierto. Aunque sus religiones, sus sacerdotes, sus esperanzas, han dicho que existe algún tipo u otro de continuidad, aún subsiste la incertidumbre. Uno no quiere morir; este es un hecho. En consecuencia, ¿existe en ello la comprensión del temor relacionado con la muerte?

    ¿Es posible morir mientras se vive? Por favor, escuchen: si yo no estoy acumulando, si no estoy viviendo en el futuro, en el mañana; si estoy satisfecho con el desbordante júbilo del momento, entonces, no existe una continuidad. Continuidad implica tiempo: yo fui, yo soy, yo seré. Siempre y cuando yo esté seguro de que seré, no tendré miedo; pero el seré es algo muy incierto; y entonces busco la inmortalidad, una confirmación de que voy a continuar.

    ¿Existe transformación en la continuidad? ¿Puede algo que continúa en el tiempo estar en un estado de completa revolución? ¿Puede haber renovación en algo que continúa? ¿Y no es importante morir internamente cada día, no teóricamente, sino realmente no acumular, no dejar que ninguna experiencia eche raíces, no pensar en el mañana psicológicamente?

    Mientras pensemos en términos de tiempo, existirá el miedo a la muerte. He aprendido, pero no he llegado a la culminación, y antes de morirme debo encontrarla; o, si no la encuentro antes de morir, al menos espero encontrarla en mi próxima vida, etcétera. Todo nuestro pensar se basa en el tiempo: nuestro pensamiento es lo conocido, es el resultado de lo conocido, y lo conocido es el proceso del tiempo; y es con esa mente que tratamos de descubrir lo que es inmortal, lo que más allá del tiempo, lo cual no es sino una búsqueda en vano, carente de sentido, excepto para los filósofos, teóricos y especuladores. Si yo quiero hallar la verdad, no mañana, sino realmente, directamente, ¿acaso no debo yo -con el mí, el yo que siempre está acumulando, compitiendo y dándose a sí mismo continuidad por medio de la memoria- dejar de continuar? ¿Es posible morir mientras se vive –que no es perder la memoria de forma artificial, lo cual es amnesia, sino dejar realmente de acumular por medio de la memoria y, en consecuencia, cesar de darle continuidad al mí? Viviendo en este mundo, que pertenece al tiempo ¿es posible para la mente generar, sin ningún tipo de compulsión, un estado en que quien tiene experiencias y la experiencia misma carezcan de razón de ser? Mientras haya alguien que tenga experiencias, que sea el observador, el pensador, debe existir el miedo a acabarse y, en consecuencia, a la muerte. Mientras siga buscando otras experiencias, mientras siga fortaleciendo mi propia continuidad a través de mi familia, de mi propiedad, de mi nación, de mis ideas, de cualquier forma de identificación, debe existir el miedo a que todo se acabe.

    Y, por tal razón, si fuese posible para la mente comprender todo esto, ser plenamente consciente de ello y no únicamente decir: “Sí, es muy simple”; si la mente pudiese ser consciente de la totalidad del proceso de la conciencia, si pudiese ver completamente lo que significa la continuidad y el tiempo, y la futilidad del buscar a través del tiempo para encontrar lo que está más allá de él; si tomase consciencia de todo ello, entonces, quizá hubiese muerte, que, de hecho, es la creatividad total que está más allá del tiempo.

    Comentado por: Belcebúfalo el 11/8/2010 a las 13:51

  • He estudiado, !ay!, filosofía,
    jurisprudencia y medicina,
    y también, !por desgracia!, teología;
    profundamente, con apasionado esfuerzo.
    Y heme aquí ahora, !pobre loco!,
    tan cuerdo como era antes.

    ...!Y sólo veo que nada podemos saber!


    Fausto.

    Comentado por: Un bárbaro el 11/8/2010 a las 13:37

  • El espanto de la muerte, el formidable peso de la conciencia que nos aboca a su implacable realidad. La sed de Dios y el hambre de Eternidad unamunianos. El sol y la luna sólo existen para nosotros mientras los percibimos, mientras somos conscientes de su realidad; su luz es tan fínita como nuestra existencia, cuando morimos muere con nosotros todo el universo, pues el universo sólo existe desde nuestra subjetividad, desde nuestra conciencia.
    "La Luz de la cruz será mil veces más potente que la de los astros..." Nuestra desesperación ante la muerte, nuestra cruz, nos lleva a creer en otra Luz, una Luz eterna, que nos ilumina más allá de la aniquilación y podredumbre de nuestros sentidos, una Luz percibida con otros ojos....
    Ante la desesperación de la muerte necesitamos creer-crear una Eternidad, una nueva vida tras la muerte y despojamos de todo valor, por finita, la vida de los sentidos. Pero una vida sin valor no merecería ser vivida. El cristianismo da por tanto un valor y un sentido a esta vida finita: según nuestro modo de obrar en ella nos merecemos un lugar en la Eternidad..."alzan los brazos expresando su espanto y su alegría ante la visión del suplicio de los condenados y la felicidad de los elegidos"
    Salvados por la fé de la neurosis colectiva. Arrastrados por la implacable corriente del tiempo, nuestra desesperación crea Eternidades, aniquilamos la razón para no caer en el nihilismo. Pero acaso, como afirma Belcebú...falo, el verdadero paraíso está en asumir que nada tiene sentido, ni finalidad...un nihilismo positivista, lúdico, vitalista...

    Comentado por: Un bárbaro el 11/8/2010 a las 13:21

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


Enlaces

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