Cuando entregarse al arte no tendría más peso que el refugio en Dios
El proyecto de subordinación de las inclinaciones de la subjetividad a las leyes impuestas por el pensamiento y el lenguaje, y concretamente la legislación sobre el alma de los expedientes del lenguaje poético y narrativo, provocaba en mi amigo José Lázaro la sospecha de que podría tratarse de un nuevo refugio en lo imaginario, de un nuevo artilugio para el ser pusilánime, o llanamente cobarde, incapaz de asumir con entereza su condición finita; podría en suma tratarse de un equivalente de la religión. Esta interrogación es absolutamente pertinente:
No se trata de predicar la singularidad de la aparición del lenguaje en la historia evolutiva, y la imposibilidad de reducirlo a un código que simplemente bastaría para ayudar a la subsistencia. Se trata de que esta novedad radical que el lenguaje supondría en relación a la vida, en relación a los seres que son sistemas abiertos sometidos al segundo principio de la termodinámica, sometidos pues a la cifra del cambio destructor... se trata, digo, de que el páthos de tal singularidad sea realmente lo que en acto legisla, lo que se impone en un determinado aquí y ahora. De no ser así estaríamos en efecto una vez más en el caso de una promesa eternamente diferida, razón por lo cual no sólo cabe efectivamente sospechar de la misma, sino que estamos obligados - por dignidad- a hacerlo. Aunque si la dignidad del hombre pasa por no aceptar consuelo a costa del juicio, el hecho mismo de que surja ese imperativo de dignidad significaría ya que en el hombre hay algo irreducible, que efectivamente, el hacerse verbo de la carne marca un abismal antes y después en la historia evolutiva.
La sospecha sobre que realmente sea así remite a una desconfianza sobre lo singular de nuestra naturaleza, sobre el grado realmente subversivo de lo que supuso en el seno de la vida y de los códigos de señales animales la aparición del lenguaje. Apostar a que el lenguaje relativice el peso de la inevitable finitud, sería entonces como apostar que lo haga Dios.
Desazonante idea, que conduciría afirmar que el héroe de A Portrait of the Artist as a Young Man, ese Stephen Dedalus, más o menos espejo de James Joyce, hubiera podido perfectamente seguir anclado en sus problemas de conciencia y sentimiento de suciedad en razón del pecado carnal; hubiera podido seguir en esa turbia modalidad de confrontación consigo mismo consistente en resistir a la tentación; hubiera- al salir victorioso- debido seguir el destino que para él traza la Compañía de Jesús y abrazar la orden...Pues obviamente una falacia análoga encerraría su propósito de llegar a ser un poeta que una decisión de entregarse a Dios.
[Publicado el 17/6/2010 a las 09:00]
Sigo agradeciendo mucho el blog de Víctor.
No intervengo porque no creo que yo pueda aportar ahora algo nuevo a lo que él dice y , precisamente, no quiero hacer del don de la palabra un juego, o (lo que es lo mismo) un vehículo de justificación de mi impotencia o de mis manías.
Un beso profundamente sincero para todos. Y mi agradecimiento.
Comentado por: Lu el 19/6/2010 a las 13:52
"Aunque si la dignidad del hombre pasa por no aceptar consuelo a costa del juicio, el hecho mismo de que surja ese imperativo de dignidad significaría ya que en el hombre hay algo irreducible, que efectivamente, el hacerse verbo de la carne marca un abismal antes y después en la historia evolutiva".
Impecable la argumentación.
Lo que para el filosofo queda oculto,para el místico está entreabierto.
Comentado por: Maleas el 18/6/2010 a las 12:38
Es evidente que la resistencia y la irreductibilidad del hombre a través del lenguaje es necesaria como imperativo de dignidad.¿Y quién no prefiere el juicio como prioridad?.Pero,dudo que lo tremendo de la finitud tenga demasiada relativización.Necesitamos consuelo tantas veces...No hay excusa,asumo con la menor cobardia de la que soy capaz mi condición finita como dice José Lázaro.Pero también difiero.Bienvenidos sean,cuantos más mejor,los refugios imaginarios que caben en el alma sin que se nos tengan que señalar como artílugio.Pobre ser humano,¿no es ya clamorosa su desgracia?.
SALUDOS.
Comentado por: ÁNGEL el 17/6/2010 a las 10:00
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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