El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 25 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

El falangista, el comunista y el ideario kantiano

Tras un doble coloquio en Madrid, por un lado con colegas psiquiatras en la Universidad Autónoma  y por otro lado con el filósofo Fernando Savater en casa de éste, el instigador de ambos encuentros, mi amigo José Lazaro,  profesor de Historia de la Medicina, me escribe una larga carta de la que hoy  extraigo los siguientes párrafos:

"Sigamos dándole vueltas, Víctor, que me parece muy escaso lo que he logrado aclarar y mucho lo que me queda por entender [...] Tú sueles  invocar las máximas subjetivas de acción kantianas como criterio para determinar la intrínseca nobleza de un buen proyecto emancipatorio e instaurador de la justicia en la comunidad humana. ¿En qué se diferencia lo que los filósofos llamáis "máximas subjetivas de acción" y lo que los simples aficionados a la especulación llamamos "buenas intenciones"? Y, esa diferencia, que seguramente existe y tú puedas explicarme, ¿logra evitar el conocido riesgo de que de máximas subjetivas de acción esté el infierno lleno?

Tú sitúas la nobleza racional del proyecto emancipatorio en el pensamiento que logra "poner de relieve como las estructuras alienantes del orden social determinan todos los aspectos de la vida y hacen imposible la realización de la esencia humana". Por el contrario, denuncias como ideologías alienantes los "sistemas de creencias que te permiten no enfrentarte a lo real". No consigo ver, Víctor, esa diferencia esencial entre nobles pensadores que nos iluminan e infames profetas que nos confunden. Veo en todos los pensadores que me interesan rasgos humanos, demasiado humanos, de lucidez y confusión, de clarividencia y ceguera, de nobleza y debilidad, de generosidad y miseria. En muy distintos aspectos y en muy diferente grado. Esas diferencias son las que me lleva a frecuentar más a unos y a evitar en lo posible a otros..."

La carta de Jose Lazaro ilustra  el problema desde diferentes ángulos que conciernen a la religión cristiana, a las ideologías ecologistas radicales, o a la dificultad de discernir entre la actitud subjetiva de un falangista ingenuo que se creía las patrañas de la revolución social para el bien de España  y la de  un revolucionario comunista que, de hecho, contribuía a afianzar el orden estalinista. Intentaré responder a varias de sus preguntas, retomando en cada momento párrafos de la carta, pero empezaré hoy por la última, la cuestión de la diferencia entre la máxima subjetiva de acción entre revolucionarios y fascistas: entre afiliados comunistas durante la República (después resistentes al franquismo) y falangistas, por poner el ejemplo más cercano a nosotros.   

 

Cuando la buena fe es a costa del juicio

En la carta de José Lázaro se indica algo muy razonable, a saber: no estaba excluido que el falangista actuara motivado por algún ideario de fraternidad o de liberación. De hecho creo que tal era el caso de algunos de los que hablaban de una revolución social y que  se sintieron decepcionados al constatar la violencia  que para los débiles supuso el régimen del general Franco.

No obstante algo de la verdad de la cosa deberían haber olfateado al ver los grupos sociales que constituían cuando menos compañeros de viaje: clero feroz, terratenientes despóticos, patriotas fanatizados, nostálgicos de un imperio que había supuesto la sumisión de pueblos enteros, etcétera...Había muchas razones para sospechar que las ideas liberadoras falangistas eran tapadera para una fuerza de hecho reactiva.  Reactiva contra un ideario racional, un ideario que, en última instancia, apuntaba  a que se dieran las condiciones sociales de realización de la humanidad.

Ideario ciertamente optimista, cuyo punto de partida es que todo individuo humano (al igual que los individuos de las demás especies animales) tiende a actualizar las potencialidades de su naturaleza, y que, residiendo el rasgo esencial de esta naturaleza en la capacidad racional y lingüística, todo individuo humano tiende a vivir de manera inteligente ("todos los humanos en razón de su propia naturaleza tienden a eidenai- inteligir" dice desde el arranque de la Metafísica  Aristóteles). Ideario afirmativo  que, al constatar que el orden social efectivo hace imposible tal realización de la naturaleza propia...conduce a levantarse contra el mismo, en la "Toma de la Bastilla" y en la "Toma del Palacio de Invierno".

 

Significado del "muera la inteligencia"

 

Sin duda, como me señalaba Fernando Savater, la subjetividad del nazi que  se complacía en la persecución y tortura de judíos, no puede ser homologada a la del falangista que creía actuar por el bien general de España.  Pero este falangista "de buena fe" actuaba contra razón, pues la pretendida bondad de su causa no toleraba un análisis. Era imposible sostener lucidamente que la acción falangista o franquista tenía como objetivo alcanzar un orden social en el que la fertilización de la razón y el lenguaje (a través  del arte, la ciencia y la filosofía) serían la muestra de que en cada hombre en particular estaba actualizándose aquello a lo que por naturaleza el hombre está llamado.

Y de hecho ni falangistas ni franquistas creían que tal fuera nuestra naturaleza, no creían que el objetivo de la vida humana fuera la riqueza concreta del espíritu, es decir, la fertilización  de las capacidades cognoscitivas y creativas del conjunto de los humanos. En este sentido  el "muera la inteligencia" era algo más que chulesca expresión  de un militar desubicado; expresaba la renuncia  al eidenai aristotélico, y hasta el deseo  de erradicar en todos y cada uno la  aspiración a inteligir; era en suma un signo de profundo nihilismo.

Nada de esto en la tremenda explosión espiritual que conduce a la Bastilla o al Palacio de Invierno. La realización de la condición  humana, la eclosión de las potencialidades del ser de razón y palabra, era el fin que, más o menos oscuramente, determinaba las subjetividades,  determinaba la máxima subjetiva de acción. Por eso mismo "la Terreur" y otras derivas de la Revolution debió ser algo tan doloroso para los que se alzaron contra "l'Ancien Régime". Como fue doloroso para los militantes comunistas del Paris de mis años mozos el descubrir que la persecución de los homosexuales por el régimen cubano era algo más que propaganda del imperialismo. Pues en ambos casos se trataba de signos de un fracaso esencial, un fracaso en las tentativas del hombre para alcanzar aquello a que está llamado, un fracaso realmente de la razón humana, un fracaso en lo que constituye nuestro rasgo genuino, un fracaso de nosotros mismos...nada que ver con los fracasos de aquello que desde el principio nos aliena.

Quizás estamos condenados a no alcanzar un orden social que permita la plena asunción por el hombre de su condición de ser racional y  lingüístico, quizás este ideario genere inevitablemente distorsiones que suponen grandes males. Pero no por ello hemos de abrazar la  alternativa consistente en  que los humanos vivan entre la esclavitud y la distracción, que hace la esclavitud soportable. Menos aun cuando esta alternativa aparece como resultado de un movimiento feroz, tendiente a abolir los espacios de libertad ya efectivamente alcanzados. Repito que un falangista lúcido no podía dejar de desconfiar de los compañeros de viaje que apoyaban su pretendida revolución. ¿O es que la confluencia de señoritismo agrario, moral asfixiante del clero, estrategias anti-republicanas de una burguesía amenazada en sus intereses, etcétera, no constituían indicios suficientes de que tras la retórica falangista se escondía un movimiento contrario a los esbozos de emancipación, un movimiento literalmente reaccionario,  no sólo enemigo de ámbitos de libertad a alcanzar, sino supresor de libertades ya alcanzadas?

 

"...válido para todo ser razonable"

Siempre he pensado que tras la Revolución de Octubre (y no sólo tras la Revolución Francesa) se encuentra una exigencia acorde con la convicción kantiana de que la razón y el lenguaje (es decir, aquello que marca nuestra radical singularidad entre las especies animadas) han de ser erigidas en causa final de nuestra práctica, y que ello pasa por garantizar que la esclavitud social no aleje de tal perspectiva a una parte de la humanidad. Aunque no sea explícitamente reflexionada, es legítima toda "máxima subjetiva de acción" movida por este ideario. Por hoy me limito a citar un párrafo clave de Kant:

  "La máxima es el principio subjetivo de la acción y debe ser diferenciado del principio objetivo, es decir de la ley práctica [ley por adecuación a la cual se mide el carácter moral de un comportamiento]. La máxima determina en base a las condiciones del sujeto (muy a menudo en base a su ignorancia, o bien a sus inclinaciones) y constituye así el principio en conformidad al cual el sujeto procede, mientras que la ley es el principio objetivo, válido para todo ser razonable, el principio en conformidad al cual debe proceder, o sea un imperativo"

Cuando haya dado respuesta a los otros interrogantes de la carta de José Lazaro retomaré este texto de Kant. De momento me atrevo a sostener lo siguiente: al combatir la moral asfixiante  del clero,  el imperialismo nostálgico,  la negación de la igualdad entre lenguas (concretamente las que se hablan en España), los empresarios cuyo interés objetivo (determinado por la efectivamente feroz competencia)  pasaba por la sobre-explotación de sus trabajadores,  el señoritismo feudal, etcétera, el revolucionario actuaba en conformidad al "principio objetivo, válido para todo ser razonable"; al aliarse con todo ello la actuación del falangista se resistía al mismo.

[Publicado el 20/5/2010 a las 09:00]

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Comentarios (13)

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    Comentado por: John Paul el 03/11/2011 a las 13:32

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    Comentado por: John Paul el 03/11/2011 a las 13:27

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    Comentado por: John Paul el 03/11/2011 a las 13:27

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    Comentado por: John Paul el 03/11/2011 a las 13:25

  • Esta muy bien lo que comentas, Víctor, e intuyo una respuesta a un Fernando que se ve jodido en las relaciones con algunos compañeros de viaje a las que le han llevado algunas de sus posiciones actuales. Mayor Oreja, sin ir más lejos, un fascista de manual. Como dice alguno, que cada palo aguante su vela, pero es innegable, claro y diáfano como el sol al que cantaban con entusiasmo, que los falangistas en ningún momento tuvieron como interés de su tarea (como ilusión, en el sentido más básico de la expresión) la mejora de la vida de los que vivían peor, sino el mantenimiento de los privilegios de la minoría formada por oligarcas, clero, aristócratas, burgueses de medio pelo et alii.
    Y lo demás son cuentos chinos.
    Y para esto, por cierto, no hace falta Kant, simplemente memoria.

    Comentado por: Txema el 23/5/2010 a las 20:39

  • El imperativo debe fundamentarse primero en un ideal de aspiración general.Luego llega el turno de la razón y la expresión.
    De la idoneidad del principio objetivo y su razonabilidad depende,entonces, la valoración y la responsabilidad de la actuación individual.

    -Es cierto que corren tiempos de indiferencia e inacción.Es por ello,por lo que la verdad revolucionaria y un ensayo proporcional no debian limitarse a contingencias cuya máxima sea universal.No necesariamente.O también.
    Ocurre que los mecanismos de actuación son más fácilmente neutralizables a nivel general.

    -LU,es discutible lo del enloquecimiento idealistico y el refugio en el grupo.Yo creo también que el sistema social actual no favorece precisamente a que se dé lo mejor a nivel personal.Está enfermo y condiciona.Pero es verdad que también hay una insania cierta que acomoda eso que dices tú del charco del pensamiento.No debiera ser tanto para,al menos,configurar(aquí y ahora)una sociedad civil mucho más dinámica con respuestas adecuadas.Para indecencias de gestión local(del país)que empeoran sin solución.Aunque la procedencia de cierta verdad sea más universal.

    -Estoy de acuerdo en relación a que "Cada palo que aguante su vela" y lo de las "malas compañias".Es evidente la resistencia a principios razonables.

    -SALUDOS DE FIN DE SEMANA.

    Comentado por: ÁNGEL el 22/5/2010 a las 10:37

  • No es extraño que estas cosas de Gómez Pin, recuerden a Badiou. En La Etica. Ensayo sobre la conciencia del Mal de este, se da nombre a estas reflexiones: Desastre, Simulacro. La bondad revolucionaria es ontológica, es decir, tiene que haber un acontecimiento que ponga en juego ciertas verdades. En el 17 las hubo, pues lo que se pretendía era universal; el discurso falangistas o nazi era sencillamente parcial. Su máxima no podía ser universalizada.

    Comentado por: Fran Fernández el 21/5/2010 a las 21:17

  • No sé hasta qué punto es cierto que:
    “… todo individuo humano (al igual que los individuos de las demás especies animales) tiende a actualizar las potencialidades de su naturaleza, y que, residiendo el rasgo esencial de esta naturaleza en la capacidad racional y lingüística, todo individuo humano tiende a vivir de manera inteligente…”
    En todos los tiempos la sociedad se ha dividido en dos bloques. Una mayoría indiferente (formada por ricos y pobres o esclavos) y una escasísima minoría que pensaba. Y no solo pensaba, sino que instaba a los otros a pensar. Y a los otros lo único que les interesaba era seguir la rutina de la vida sin darle vueltas. Podemos verlo ahora mismo, si queremos.
    Dudo de que individualmente el ser humano sea algo más de lo que parece. Si, digamos, avanza (término dudoso) es debido a cuatro o cinco individuos que, cada cien años aproximadamente, mueven el charco del pensamiento y, por tanto de la ciencia. El resto… hojarasca intercambiable.

    Comentado por: Lu el 21/5/2010 a las 13:15

  • Me parece estar leyendo a Alain Badiou. Los hay recalcitrantes, ¡vive el cielo!

    Comentado por: ossa el 20/5/2010 a las 17:48

  • Sí. Pero mira la paradoja. Parece ser que Jose Antonio y Federico tenían buenas relaciones.
    Ambos personas de elite. Personas de talla intelectual, nos guste o no.

    Sé que es cierto que muchos falangistas, tras la caida de Madrid, se apartaron de Falange pues quedaron espantados por lo que se le estaba permitiendo hacer a la plebe (en este caso la del bando ganador).

    Yo creo que la falange en España fue una consecuencia de la locura alemana y, como no faltaba más, la locura católica que aquí se decantó por los caciques y los traidores.

    A los hombres ilustres que cayeron en la trampa la historia se ha encargado de dejarlos en pelotas. Que se jo...

    Comentado por: Lu el 20/5/2010 a las 13:43

  • Falangista fue Unamuno cuando dice aquello de " vamos a hacer una barbaridad ",le duró poco,hasta que vio el resultado de la barbaridad.Falangista fue Ridruejo y tampoco le duro mucho. El mismo Sanchez Mazas,leyendo lo que escribe su hijo, me parece estar leyendo la critica a aquel propósito de " Por el Imperio hacia Dios".

    Comentado por: Maleas el 20/5/2010 a las 12:03

  • Estoy de acuerdo con la idea general del post. No buscaba lo mismo el señorito falangista que el comunista republicano. Sin embargo, en las dos filas hubo “seres humanos” que trataron de resistirse al odio y otros que utilizaron el río revuelto de la preguerra, guerra y postguerra para descender las escaleras de la más absoluta indignidad. Esa zona negra que existe latente en el ser humano y que, paradójicamente, lleva a un comportamiento tan atroz que no tiene parangón con animal alguno.

    Es tan horroroso lo que puede hacer un hombre, individualmente, pero, sobre todo en grupo, que no queremos verlo. Hacemos como si fuera algo esporádico, ajeno. Y la historia demuestra que la zona negra está siempre ahí. Por elevados y sensatos que sean los ideales, al final, todos, todos, pueden ser utilizados para llevar al más sádico de los enfrentamientos entre las personas. Es lo que ya he dicho anteriormente, no son los ideales (más o menos fantásticos) los que enloquecen al hombre, es el hombre que de vez en cuando necesita refugiarse en el grupo para dar salida a unas tendencias. Como un forúnculo cuando revienta y echa el pus.

    Esto es lo que a mí me causa mayor angustia.

    (Ángel, ya sabes tú que te expresas muy bien. Lo del perrillo ya me lo contarás. Besos)

    Comentado por: Lu el 20/5/2010 a las 11:52

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Foto autor

Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


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