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El blog literario latinoamericano

viernes, 25 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

Negar la segunda ley de la termodinámica y negar la ley de la ciudad

J. Decías  que es tan imposible la fusión con la naturaleza y la condición meramente animal como el reino de los cielos. Podrías ampliar la idea

V. Una de las paradojas del cristianismo es que predica la vida eterna, es decir, algo que va en contra  del segundo principio de la termodinámica; pero  si el cristianismo está opuesto a una ley física, el animalismo esta opuesto a la ley misma, a aquello que determina la existencia de ámbitos moldeados por el hombre. Si la vida eterna contradice el segundo principio de la termodinámica, el animalismo radical contradice el nómos griego. Reitero que hablo de esa actitud puramente ideológica  que erige la vida (no la vida del ser de razón) en fin en sí  y que nada tiene que ver con la exigencia de un entorno saludable, especies animales incluidas, exigencia que es un corolario de la lucha por la emancipación de la condición humana. Como alguien ha dicho recientemente, necesitamos más ecología- científica en primer lugar- y menos mística ecologista. Yo, por mero egoísmo de especie, porque milito por la causa del hombre me considero un radical defensor de la naturaleza.

J- ¿Puedes ampliar lo que decías del concepto griego de ley, del nómos

V- El nómos griego es la ley primigenia. La ley   natural  es una proyección sobre el entorno de la exigencia de normas que constituye la vida social humana... la palabra nómos es el orden que rige la polis con vistas a intentar afianzarla y un comportamiento conforme a ley es el de aquel que tiene como máxima subjetiva de acción el contribuir a ese objetivo de enriquecer el marco en el que se da la vida humana:  contribuir a sozein ten polín salvar la ciudad , en términos platónicos.

[Publicado el 11/5/2010 a las 09:00]

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Comentarios (8)

  • La supuesta carencia de derechos del mundo animal, la creencia de que nuestras actuaciones contra los animales no tienen implicaciones éticas, que estamos libres de obligaciones con respecto a ellos, es solo la manifestación de nuestra barbarie.

    La moral cristiana ha limitado sus valoraciones al ser humano, despojando de todos sus derechos a los animales.Baste contemplar cómo nustra plebe cristiana se comporta con ellos; los scrifica, mata, mutila o tortura sin la menor necesidad, riéndose cuando lo hace; explotan bestialmente a sus caballos, hasta que han sacado de sus huesos el último marco y los dejan morir exhaustos. Se podría afirmar: "Los seres humanos son los demonios de la Tierra, y los animales sus víctimas indefensas". -Arthur Schopenhauer-, (traducción libre)

    Comentado por: Justo S. el 13/5/2010 a las 18:12

  • Sin duda sí. No sé hasta qué punto el reino vegetal podría subsistir sin el animal (algunas especies no), pero es evidente que los animales no podemos existir sin vegetación. Para empezar moriríamos abrasados. Después, no tendríamos de qué alimentarnos pues muchas especies, como la nuestra, se nutren de animales herbívoros. Etc...

    Comentado por: Lu el 13/5/2010 a las 10:56

  • "especie" y no "especia". Ya pondrá la pimienta algún/a saleroso/a.

    Comentado por: Romeo Romo Rema el 12/5/2010 a las 13:14

  • Si es cierto que la deriva de la inercia lleva al egoísmo individual y de ahí al de familia, escuela, ideología, religión y especie, no lo es menos que cualquier esfuerzo de trascendencia o simple superación del propio ser apunta hacia lo contrario.
    En realidad creo que no sólo es más cierto sino además más egoísta esto último, tabular los intereses desde lo general a lo particular y no en sentido inverso: Antes que nada, defender la vida. Luego, las especies que sustentan al resto de ellas. Los animales somos todos (disculpe quien se sienta incluido a su pesar) parásitos del reino vegetal. Señalar que sin éste ninguna especia animal habría surgido y que cuando desaparezca arrastrará a la desaparición cualquier forma de vida animal es evidente; tanto como las conclusiones que surgen de esa realidad innegable.

    Comentado por: Romeo Romo Rema el 12/5/2010 a las 13:12

  • "...Yo, por mero egoísmo de especie, porque milito por la causa del hombre me considero un radical defensor de la naturaleza."

    Esta frase me parece fundamental en su claridad y en su sencillez.
    Sigo opinando que el hombre que no quiere ser hombre es un chalado, una víctima de la corriente de moda intelectual de una época.
    Naturalmente se llega a sentir auténtico cariño por un animal, más incluso que por algunos amigos. Pero negar la muerte es una forma de locura. Cierto, el cristianismo niega la muerte al ofrecer la alternativa de la "Vida Eterna". Y el animalismo también; niega la necesidad de las especies de nutrirse de las otras.

    Es curioso, parece una tontería pero tras este debate se esconde una buena muestra de esta forma de razonar, descafeinada y tramposa, que nos aparta del núcleo de la realidad.

    Saludos.

    (Ángel, para tí un besote!!, me da la gana)

    Comentado por: Lu el 12/5/2010 a las 12:41

  • Leibniz en los Nuevos Ensayos dice algo así como que no es el pelo de un mono lo que lo excluye de la comunidad de los hombres. Este asunto de selenitas y extraterrestres se tuvieron ya en cuenta en los siglos XVII y XVIII

    Comentado por: Fran Fernández el 12/5/2010 a las 09:47

  • El Pr.Víctor Gómez Pin nos debe todavía una respuesta a la pregunta: ¿Cuál es el discurso racional que nos lleva necesariamente a identificar el bien específico como la última expresión del imperativo categórico?
    Para complicar el tema, me permito a continuación añadir un breve "Gedankenexperiment". Es sabido que en un "Gedankenexperiment" es irrelevante lo hipotético de la situación imaginada, (recordemos a Einstein a grupas de un fotón, atravesando raudo los espacios); relevante es únicamente la ausencia de contradicciones internas en el planteamiento descrito.
    Supongamos, pues, que en un futuro lejano la especie humana consigue establecer contacto con una civilización extraterrestre.Naturalmente , esa especie sería el resultado de un proceso evolutivo completamente diferente del nuestro, y problablemente ni en su aspecto ni en su programación tendrían mucho en común con nosotros. No obstante, constatamos que son portadores de una estructura psíquica muy semejante a la nuestra. Es decir, pueden tener deseos, y alegrarse de su realización; pueden tener temores, angustias, y pueden sentir dolor, ya sea físico o psíquico; es decir son susceptibles de sufrimiento. Además están dotados de una capacidad analítica y de un grado de consciencia de sí mismos comparables a los nuestros. Preguntémonos ahora: ¿Nos comprometería el imperativo categórico con los individuos de esta nueva especie en el mismo grado que nos compromete con los individuos de nustra especie? ¿Cómo podríamos justificar racionalmente la línea divisoria trazada con tanta claridad por el Pr. Víctor Gómez?

    Justo

    Comentado por: Justo S. el 11/5/2010 a las 19:21

  • Victor,me gusta como manejas los tiempos.Ya parece que remitia el debate sostenido la semana pasada y ahora toca dinamizarlo,profundizar si es posible y siempre lo es,y continuar...Siempre continuar.

    -En realidad,no tengo nada que añadir a lo que apuntaba en el último post.Es decir,la imposibilidad de alcanzar el reino de los cielos,su imposibilidad física y la actitud ideológica radical que convierte el animalismo en,como dices,pura mística.Y de aquí al apunte de tratar la ECOLOGIA en un aspecto más cientifico no en la ya doctrina populista que está tan al uso.

    -En cuanto a la proyección que la Ley Natural ha de tener sobre la vida social y su organización en aras de su sostenibilidad y mejora,decir que es absolutamente esencial.La semana anterior me manifestaba muy a favor del POSIBILISMO y la RAZONABILIDAD que tiene que guiarnos a todos a pesar de las inmensas dificultades que empeña la vida,siempre tan dura y compleja.Es decir,el decantarnos,siempre,por el alejamiento de la ideologia radical y el adoctrinamiento.Es así por lo que nuestro tránsito se acomodorá lo más cerca posible del IMPERATIVO CATEGÓRICO.

    -LU,gracias.¿vás marchando?.

    SALUDOS.

    Comentado por: ÁNGEL el 11/5/2010 a las 09:45

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


Enlaces

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