Intrínseca dualidad de la naturaleza: el efecto foto-eléctrico
(conectando un alambre al metal, por ejemplo). Por otro lado, podemos determinar la energía cinética de cada electrón, simplemente calculando la fuerza necesaria para detenerle. Recordemos que la energía cinética equivale a un medio de la masa por el cuadrado de la velocidad.
En una concepción de la luz como onda cabría esperar que, según fuera la intensidad de la luz (la cual depende de la amplitud de onda, no de la frecuencia ni de la longitud[1]) se verificara lo siguiente:
a) Se desprendiera del metal un mayor número de electrones.
b) La velocidad, y por ende la energía cinética de tales electrones fuera mayor.
Pues bien, aunque la primera hipótesis fue efectivamente confirmada, la segunda no llegó jamás a serlo. En efecto, en 1902 Philip Lennard (1862-1947) demostró que para luz de una determinada frecuencia la energía cinética de cada electrón desprendido es independiente de la intensidad de la luz proyectada. Por el contrario, tal energía cinética crece cuando la frecuencia de la luz se acrecienta, cuando pasamos, por ejemplo, de la luz roja a la luz verde. Philip Lennard encontró incluso la fórmula de tal relación:
EC igual a un medio de masa por velocidad al cuadrado, igual a
h · f - k
dónde k depende del metal f es la frecuencia y h es una constante llamada de Planck cuyo valor es
julios por segundo.
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En 1905 (año en el que pública también su texto sobre la relatividad restringida) Einstein da explicación de los resultados de Lennard mediante una nueva teoría:
-La luz es un conjunto de partículas llamadas fotones
- La energía de cada fotón viene dada por la fórmula, E = h · f.
- La variable k de Lennard es reinterpretada por Einstein y concebida como el mínimo de energía que necesita el electrón para ser desprendido del metal (lo cual depende de la naturaleza de éste). De ahí que su energía cinética sea la que recibe, h f menos la que necesita para liberarse: E · C = h · f- k.
Puesto que cada fotón afecta a un electrón, si la luz es más intensa dentro de una frecuencia dada f, habrá más electrones desprendidos, pero no crecerá la velocidad de cada uno de estos. Por el contrario, si aumenta la frecuencia quedando invariante la intensidad, no cambiará el número de electrones desprendidos, pero sí su velocidad y con ello la energía cinética.
En suma, luz intensa significa muchos fotones por segundo, pero - si no se altera la frecuencia y ésta es reducida- quizás ni siquiera se da efecto foto-eléctrico. Este exige, como mínimo que se verifique que el producto h·f sea mayor que k. Ello en conformidad con una teoría de Max Planck, (1858.1947) quien había conjeturado que un átomo vibrando a la frecuencia f emitiría cantidades de energía no continuas, sino que serían siempre múltiples enteros de h·f, vibración de f ciclos por segundo, h·f; vibración de 2f ciclos por segundo, 2h·f etc.
Así Planck y Einstein introducen quanta de luz que explicarían los efectos constatados por Lennard.
La cuestión que se plantea es la de saber si cambiando la teoría respecto a la naturaleza de la luz, es decir, haciendo de ésta un conjunto de partículas, conseguimos explicar otros fenómenos con la misma claridad como lo hacemos con el efecto foto-eléctrico. Sabido es que no es así. Determinados fenómenos en los que la luz interviene dan testimonio de la existencia de interferencias que sólo se entienden persistiendo en la idea de que la esencia de la luz es de tipo ondulatorio. De ahí la dualidad en el concepto de naturaleza que asumirá radicalmente la interpretación ortodoxa de la Mecánica Cuántica. Antes de abordar ésta en un nuevo anexo, quisiera hacer alguna consideración más sobre el electrón.
[1]Recordemos que una onda se caracteriza por las propiedades siguientes: longitud, l (así la que se da entre las dos crestas - o dos valles- consecutivas cuando se trata de olas); frecuencia, f ( número de veces que pasa una cresta por un punto dado); período 1/f (tiempo que tarda una determinada cresta en cubrir la distancia l que la separa de la siguiente); velocidad, l. f ( equivalente a la longitud l dividida por el período; en fin amplitud (altura de la cresta desde el nivel que se daría detallarse la mar en calma).
Recordemos asimismo que, a diferencia de un objeto determinado que es perfectamente ubicable espacialmente una onda no tiene ubicación determinada, se encuentra allí dónde están sus crestas y sus valles. Obviamente las crestas no tienen sentido independientemente de la onda misma, luego las consecutivas crestas tienen soporte en lo continuo. Diferencia radical entre una onda y un objeto que constituye algo intrínsicamente discreto.
[Publicado el 08/3/2010 a las 09:00]
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Se divierte que no es poco...
Celeste
puede que la vida de los electrones le divierta más que la suya propia
suposición hipótesis
¿les parece que los electrones son 'dependientes' del núcleo?
vaya pregunta más tonta!!!, ¿no?
es lo que pasa por personalizar... o proyectar
núcleos aburridos de ver siempre a los mismos electrones...
Se aprende con este blog, la verdad.
Comentado por: Santiago el 15/3/2010 a las 20:28
Me estoy divirtiendo. No es poco hacer divulgación de física. Me trae recuerdos de mi profesor, Andrés León Maroto,catedrático de universidad, represaliado a enseñarnos en un instituto de pueblo de los años 50 la magia de electrones, protones,paquetes de ondas y el nombre de Max Planck.Debió hacerlo bien porque aunque mi formación no siguió por ahí todavía recuerdo estas nociones. Vaya para su memoria este humilde homenaje.
Señor Gómez Pin, ¿Me ha dejado sola con Proust?
Saludos a todos los que intervenís; os leo con interés.
http://proustnotas.blogspot.com
Comentado por: Céleste el 14/3/2010 a las 14:19
Acabo de leer lo de Mosterín. Tenía otra opinión de él.
Pone en evidencia su sin sustancia moral,para estos,el fin justifica los medios y a falta de razones,el insulto y la calumnia les valen por que además,tienen la convicción de la impunidad.
¡ Pobre país !
Comentado por: Maleas el 09/3/2010 a las 13:24
Cuanto más se adentra en su terreno, menos consigo ver que la física -que es inopinable, si acaso corregible- tenga algo que ver con la filosofía. Me refiero a algo específico, que no comparta con la medicina, la botánica o la cocina.
Y dudo que le encontrase sentido aunque lo viese:
¿De qué se trataría, entonces? ¿De hacer de la filosofía una ciencia exacta, una matemática común y universal del pensamiento? Para que me parezca real, completa y útil, esta debería situarse -en ningún lugar- entre los extremos de lo prescindible para todo menos la sensibilidad última de la poesía y el mecanicismo obligatorio de la formulación algebráica.
Comentado por: Romeo Romo Rema el 08/3/2010 a las 11:43
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
09/2/2012 22:24
Agradecería muchísimo si me...
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09/2/2012 13:00
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03/2/2012 13:52
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30/1/2012 02:41
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