J’ai regardé la France
Las obras de estos artistas se muestran en el tercer piso del Hermitage, pero- por la coincidencia de una exposición temporal- se encontraban también cuadros de algunos de ellos en pequeñas salas del segundo piso, casi como fuera de contexto, pues la pintura francesa de este piso -desplegada un tanto caóticamente a lo largo de interminables muros- es la denominada clásica.
Había allí una enigmática "maison blanche" de Van Gogh, en cuyo título ruso se añadía una referencia a la noche que hacía la pintura aun más inquietante. Y en el entorno de este pequeño cuadro, la Francia de los paisajes fluviales, las barcazas llamadas "péniches", icono de profundo arraigo en una naturaleza y una cultura, mas también de alguna oscura resistencia a la vida sedentaria; las fiestas populares en las riveras del río; las carnes esplendorosas de la mujer "couchée" de Renoir; del mismo Renoir las dos muchachas "en fleur", volcadas sobre el piano y que la transparencia parece haber absorbido; las figuras serenamente tristes e irremediablemente exóticas de Gauguin, cuya mirada no se sustrajo nunca totalmente a la luz del Finisterre.
Para los que tuvimos en Paris ( y por extensión en Francia) un lugar faro, estas pinturas francesas del Hermitage supone un distanciado encuentro con un mundo del que, aquí precisamente, se siente hasta que punto dejó en nuestra historia una huella profunda. La Francia que evoco tenía toda la densidad que tiene un ideal. "Francia" era significante de un sentimiento que marcaba incluso a sus enemigos...marcaba precisamente con gran radicalidad a sus enemigos. El Hermitage, como tantas otras cosas que son referencia en San Petersburgo, llevan la huella del país que representaba una criatura que era necesario seguir amamantando, para que, aprovechando su configuración se forjara un nuevo ser.
Creo que hace muy poco citaba unas tremendas palabras de Marcel Proust, " en este mundo, en el que todo se gasta, todo perece, hay algo que cae en ruina, que se destruye aún más completamente, dejando todavía menos vestigios que la belleza: es el dolor " En Rusia cabe sentir que muere incluso el sentimiento de nostalgia por la fraternidad que pudo ser...
En todo caso en la sala del Hermitage dónde sobreviven (simplemente sobreviven) los colores, seres y paisajes de Van Gogh, Seurat, Gauguin, Monet...me sobrevino la frase de una no menos tremenda canción del pueblo francés, que mi amigo Ferran Lobo nos invitaba a entonar en noches de emociones filosóficas " Monté sur la potence...J'ai regardé la France", esa Francia ya perdida para el alma de Mandrin.
[Publicado el 05/10/2009 a las 09:00]
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Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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