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El blog literario latinoamericano

viernes, 25 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

El cerco de Acho

Hago un paréntesis en estas reflexiones sobre la función de la música, vinculado al tema del desarraigo al que en el último párrafo de ayer me refería.

En la ciudad de Lima hay un cerro conocido como San Cristóbal, en las laderas del cual, ya cerca del centro monumental e histórico, se encuentra la plaza de toros de Acho una de las más antiguas del mundo y lugar emblemático en la historia cultural y social de la ciudad. En la plaza de toros de Acho se han fraguado pactos y ajustado cuentas determinantes para el país andino, todo ello con motivo de la fiesta del Señor de los Milagros.

Las calles que circundan la plaza, prolongación hacia el cerro de la ciudad colonial, tienen casas de color albero y, por un prestigio de la imaginación, cabe ubicar en sus plantas establecimientos de comida, dónde, antes de los espectáculos, el pueblo de Lima se congratularía por la simple promesa de una fiesta. Pues bien:

No hay ya fiesta realmente compartida en la ciudad de Lima; no hay el análogo de ese teatro en el que  los campesinos áticos contemplaban lo que les unía en destino a los ciudadanos más privilegiados de su ciudad. En Acho, las laderas del cerro San Cristóbal se han llenado (como las laderas de todos los cerros de Lima y prácticamente de todas las ciudades de la América Ibérica) de esas parodias crueles de las cabañas de los indígenas serranos a las que antes me refería, dónde el plástico ha sustituido a la arcilla y la rata al lama.

 Por las laderas del cerro, quizás un tiempo sobria referencia protectora, desciende sobre el entorno del templo de Acho un desolador caudal de indigencia material, generador, inevitablemente, de penuria espiritual. Y así, durante los festejos del Señor de los Milagros, un policíaco cordón, llamado a proteger a los que asisten al festejo de la amenaza colindante (y de la paranoia a la que sirve de coartada) separa el coso  más antiguo de América de las gentes del pueblo que le hubieran dado plenamente vida y para quienes lo que allí ocurre es algo profundamente ajeno.

 

 

[Publicado el 17/3/2009 a las 12:03]

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Comentarios (2)

  • En la puerta de al lado Azúa cita la frase de Camús, " El sufrimiento de un niño es motivo suficiente para olvidar a Dios ". Con toda seguridad su admirada Simone Weil no hubiese compartido esa opinión pero es que,además,frecuentemente el sufrimiento, también de los niños,es provocado por los adultos u otros niños.

    Comentado por: maleas el 17/3/2009 a las 23:27

  • Y sin embargo todavía hay gente que se empeña en extraer algo de esas aglomeraciones en principio tan deprimentes; los resultados visibles en documentales tan forzados como el realizado sobre Candeal, con Carlinhos Brown desplegando todo su buenismo, no deja de producir un regusto rancio, inquietante, precisamente porque en esas manifestaciones queda excluída la participación de otros grupos sociales anulando, así, el sentido más propio de lo festivo entendido como confusión y mezcla, dichosa excepcionalidad; sin salir de Brasil, es posible que sólo en acontecimientos como el carnaval ( y seguramente ya sólo en el de Bahía)se disfrute de ese sentimiento compartido por la música y la irrupción del componente festivo y que el reconocimiento y la pertenencia que ésta indudablemente aporta todavía se mantenga intacto.

    Comentado por: angel el 17/3/2009 a las 18:41

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

 

 

 

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