El reverso de Rita Levi- Montalcini

Rita Levi- Montalcini en 1965.
He presentado a Rita Levi- Montalcini como emblema de una apuesta radical por la capacidad del espíritu humano para enfrentarse a los efectos mecánicos del cambio destructor. Me refería a esta gran luchadora convencido de que el soporte último del nihilismo es un sentimiento de impotencia respecto a sí mismo (doblado a veces de sensación de impostura, de que jugamos un papel que realmente no es el nuestro) y de sospecha respecto a la capacidad de los demás. Cuando el nihilismo vence se impone la convicción de que la vida se reduce a miseria objetiva, en ocasiones doblada de barniz decorativo.
Pero una cosa es la tiniebla que mueve a retirarse vencido a los arcenes, tras tirar la toalla ante los asaltos combinados del cambio destructor y de la ideología a su servicio (esa ideología de la que, sin saberlo hacía gala el grupo Bourbaki), y otra mucho más sórdida es la impostura consistente en mantenerse en escena, exigiendo los aplausos sólo debidos al espíritu que realmente resiste y combate.
Esta sombra caracteriza en ocasiones el alma de los que un día fueron creadores, artistas, científicos o filósofos. A veces, reducidos a espantajos, a simulacros de lo que un tiempo representaban ante sus propios ojos y los de los demás, portan unas grasientas alforjas de las que extraen a intervalos retazos de su antigua riqueza. Nadie se engaña realmente ante ellos, pues el que se aviene a vivir de su pasado no sólo es objetivamente estéril sino que, a fin de disimularlo, está condenado a la vanidad. Tremendas figuras de viejos en cuerpo y alma que nadie puede amar realmente, aunque a ellos se acerquen jóvenes seres en busca, no de una imposible fertilización, sino (como garrapata que vampiriza un perro escuálido) de un lugar en la bolsa de las vanidades. Ni apuesta al futuro, ni vender el pasado: tal es la condición de posibilidad de no arrastrar la propia vejez como se arrastra un fardo.
[Publicado el 11/11/2008 a las 11:40]
Bourbaki predica ante todo el rigor; si con él se favorece o no el cambio destructor no es lo fundamental, sobre todo si lo que se destruye es lo inútil. Aunque no sé muy bien que alcance le da el autor a ese concepto, 'cambio destructor'.
Comentado por: garrick el 11/11/2008 a las 23:32
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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