Viejo asunto de la redención por el arte
André Malraux, tan comprometido en su juventud con las causas más nobles de la vida política de su tiempo -la defensa de la República española entre ellas-
pero sinuoso y ambiguo en su madurez, y acabando por ser llanamente reaccionario en su crepúsculo, coincidente con responsabilidades de ministro, no dejó sin embargo nunca de considerar que algo en el arte trascendía las vicisitudes miserables de la vida de los hombres y aún de los pueblos, que en el arte cada uno de nosotros tenía la oportunidad de reconciliarse con su humanidad.
Corolario de lo que precede es el escritor en particular y el artista en general está sin duda atravesado por cierta pulsión a traspasar los límites, una pulsión de infinitud. Sí, en el arte y el pensamiento hay quizás realmente un rescoldo de esa inmanencia de lo infinito en lo finito que Hegel creía discernir en el mero "amor del hombre por la naturaleza, por su familia, por su patria". Receptáculos todos ellos bien sospechosos para algo tan elevado, si consideramos el cúmulo de falacias, miserias y hasta atrocidades que la erección en deidad de cada una de las tres abstracciones ha supuesto: los valores familia y patria del abominable régimen del general Petain venían precedidos en el eslogan por el valor trabajo, pero podrían encontrar complemento en esa naturaleza tan venerada por los jóvenes cachorros de régimen nacional-socialista, como lo sería más tarde por sus émulos falangistas (reducidos, eso sí, a la hora de expresar sus líricas emociones a la caricatura plagiada del canto a miríficas montañas nevadas...desde tierras de secano); naturaleza venerada asimismo hoy en día por todos aquellos que, impotentes para transformar un orden social que convierte sus vidas en un escandaloso simulacro (simulacro de los lazos afectivos, del trabajo, del sentimiento de colectividad), sustituyen a veces la causa auténticamente ecológica en pos de un entorno armonioso, es decir, humanizado, por la causa de una Tierra virginal, eventualmente despojada de testigo humano, causa que se erige en un nuevo ideario religioso. Religión ciertamente sin catedrales, lo cual deprimía, en los días en que llevaba con enorme dignidad la conciencia de su inminente fin, a mi amigo Ferrán Lobo, nostálgico entonces de la catedral de Chartres y de los versos de Peguy, nostálgico en suma de algún tipo de veracidad, y concretamente de algún tipo de veracidad en relación a la obra de arte, que desearía ver como la plasmación de las exigencias radicales del espíritu.
[Publicado el 18/9/2008 a las 09:46]
Pulsión de infinitud,¿qué es?,¿algo que ver con la pulsión de muerte?Estoy de acuerdo en que el arte es un modo privilegiado de vérselas con lo humano ¿evitaré decir el mal que nos habita por el hecho de ser hablantes-escribientes?.¿La reconciliación es posible?Ahí está Van Gogh.
Comentado por: mªjosé el 18/9/2008 a las 12:46
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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