Maldad absoluta y trivialización de la maldad concreta
En los años que siguieron a la llamada Gran Depresión se fueron consolidando en Europa partidos de extrema derecha que, con diversos matices, e instalados o no en el poder, convergieron en la alianza constituida en torno a Alemania e Italia durante la segunda guerra mundial. Obviamente el Nacional-Catolicismo español no presentaba los mismos contenidos programáticos que el Fascismo italiano y sobre todo no podía sino diferir grandemente del totalitarismo racista de la Alemania hitleriana. Lo mismo cabe decir si se compara el régimen petainista de Francia con el abominable régimen ultranacionalista que sembró el terror en Croacia, o con el de Oliveira Salazar -en gran parte fiel a la alianza secular con Inglaterra- y así sucesivamente.
La diversidad interna no impedía sin embargo que un hilo conductor los vinculara estrechamente. Ante la pregunta por tal hilo conductor no había, hasta hace quince años, duda en la respuesta: estas formas de ultra-nacionalismo constituían la reacción defensiva (adecuada a las circunstancias de cada país) a la amenaza que para un capitalismo en crisis suponía la resistencia del movimiento obrero. Pues este último era susceptible de aprovechar los puntos vulnerables del sistema democrático, es decir, precisamente aquellos por los cuales la democracia era algo más que exclusivamente formal. El petainismo, el franquismo y el fascismo, como regimenes nacionalistas de vocación imperialista, eran entre sí contradictorios, pero los unificaba su condición de vehículos para frenar la expansión de idearios de emancipación social con origen en la Revolución Francesa y prolongación en la Revolución de Octubre. Desde el punto de vista de que todos eran modalidades extremas de defender los intereses del capital, se trataba efectivamente de análogos perros con diferentes collares. Por eso surgieron todos en una época determinada y como consecuencia de que el capitalismo se sentía profundamente amenazado. Pues bien:
Ahora resulta que tan cristalina explicación no es de recibo, y además no es políticamente correcta. Mas como no aparece ninguna otra explicación alternativa, simplemente se renuncia a encontrar en ese embrollo algún elemento de racionalidad. Como consecuencia surge una pasmosa teoría de la maldad absoluta de los unos, complementada necesariamente con una trivialización de lo que representan los otros. Y así el nazismo era la reencarnación la voluntad de mal que por arte de birbiriloque (¿o de intrínseca maldad de la raza alemana?) habría tomado cuerpo en Alemania. El franquismo, el musolinismo etcétera, serían tan sólo regímenes autoritarios, en gran parte legitimados por los excesos a que podía llegar a dar pie el sistema de libertades formales.
En suma, se sumerge esa época en una tiniebla, se avanzan hipótesis ofensivas para el pueblo alemán, y se insulta la memoria de las víctimas de los demás regímenes: víctimas de un poder capitalista que encontraba en cada país los secuaces adecuados, es decir: personas dispuestas a erigir en máxima subjetiva de su acción, la erección de estructuras políticas que conducían inevitablemente al aviso del débil. Las consecuencias fueron sin duda más graves en el caso de unos que de otros, pero la significación de tales regímenes y las motivaciones a las que respondieron los encargados de apuntalarlos eran exactamente igual de inmundas.
[Publicado el 02/7/2008 a las 12:30]
me gusta la sinrazon incoprension y todo lo que acaba en on quiero escudriñar todos los recobecos de la`posicion orgasmisticista
Comentado por: HELIODORO el 18/6/2011 a las 21:33
Totalmente de acuerdo con JoseAngel. Es realmente lamentable que una persona culta como el señor Pin hable del totalitarismo sin mencioar siquiera el estalinismo. De hecho, nazismo y estalinismo fueron las dos peores dictaduras de la época y, de acuerdo como estoy con hanna Arendt, las únicas verdaderamente totalitarias. El franquismo fue un régimen asesino y vengativo, y la Italia fascista un régimen cruel y violento. Sin embargo, y como dato de interés, la OVRA italiana no condenó a muerte a más de 25 personas. Esto no es una defensa (ni mucho menos) del fascismo, ya que fue un régimen condenable, pero es que Mussolini, al lado de Stalin (y aun de Lenin) era una "hermanita de la caridad". Porque no fue solo Stalin, también Lenin fue cruel y opresivo. ¿Hay que recordar las matanzas de Astrakán, Kronstadt y Tambov (dirigidas contra los obreros, igual que hacía el fascismo, pero con mayor crueldad que éste)? Hay que recordar que la cheka (después KGB y NKVD), el gulag y las táctics del terror fueron creadas por Lenin? El fascismo defendió, sin duda, a la burguesía de los obreros. Pero el bolchevismo oprimió a los obreros con mayor dureza aun, con el cinismo de pretender estar defendiéndolos.
Comentado por: Dasein el 11/7/2008 a las 16:52
De esa época de tinieblas y totalitarismos se olvida usted del estalinismo... ¿será casualidad? ¿O más bien lo considera usted, como queda sugerido, un fenómeno emancipador y un avance de la civilización?
Su criterio, en ese caso, deja mucho que desear.
Comentado por: JoseAngel el 03/7/2008 a las 11:48
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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