Aquel a quien la filosofía ha abandonado
Mantenerse a la altura del espíritu, mantenerse a la altura de lo que
supone que la carne haya llegado a ser verbo, conlleva tensión en la
vigilia o en el sueño, y por ello muchos no se sienten capacitados
para ello. Si renuncian a la filosofía, se abisman en la cotidianeidad
y sus espejismos; si meramente fingen responder a ella, el sentimiento
de usurpación les corroe.
Aunque ciertamente es mayor el grado de miseria en aquel que parece
no trascender la vida de un animal dotado de un código de señales.
Pues cuando uno se encuentra atrapado en la telaraña del trabajo
esclavo, aderezado con evasiones cuya función esencial es simplemente
llenar el tiempo, a fin de que no haya un solo resquicio para la
lucidez; cuando la hipótesis de escapar a este embrutecedor ciclo,
lejos de aparecer como liberación del yugo, es amenaza de marginación
y desarraigo; cuando la creación es esencialmente cosa de otros y,
como mucho, a uno le toca el papel de consumidor de cultura (que es
realmente un consumo como otro cualquiera); cuando se busca la mano
del otro, no al afrontar con entereza el inevitable combate, sino al
esconder temerosamente la cabeza; cuando el vínculo de los cuerpos no
es fiesta sino consuelo (consuelo literalmente de los afligidos);
cuando el deseo de ser ocasión de que se recree en otros seres el
lenguaje y el espíritu, muta en ansia de que alguien, tomando el
relevo en la vida genuflexa, permita a uno abismarse en el subterráneo
de la jubilación; cuando, en suma, el orden social nos reduce a "vivir
y pensar como cerdos" (según la cruel expresión de Gilles Châtelet)...
entonces la sola evocación de la filosofía suena realmente a sarcasmo.
[Publicado el 11/6/2008 a las 11:00]
Algunos chicos que eligen estudiar filosofía quieren efectivamente profundizar más en esas preguntas que a todos conciernen.
Una vez en la facultad, se encuentran profesores de todo pelaje: algunos caen por su propio peso y otros son excelentes, como usted. Así que, honestamente, deciden dedicar su tiempo a aquellas asignaturas que les impulsan a pensar por si mismos dejando de lado a los palabreros afuncionariados. Con horror al rastrerismo, deciden no hacer la pelota en los despachos de los profesores, ni por supuesto, acostarse con ninguno. Tampoco quieren dedicar ni un segundo de su tiempo a aquello que ven como estancamiento del pensar.
Cuando acaban de estudiar, la realidad se impone. No pueden ni aspirar a un puesto de profesor en la universidad, a pesar de algunas notas brillantes en algunas asignaturas (aquellas que les interesaban) pues la media del expediente es mediocre y, sobretodo, no han hecho los amigos idóneos. Les queda la opción de la enseñanza secundaria, pero la asignatura cada vez tiene menos peso tras las diferentes reformas educativas. Además, si no tienen enchufe, tampoco entran como suplentes.
Las legítimas necesidades de independencia: casa, comida, siguen ahí. Así que aceptan trabajos que no les satisfacen, en espera ingenua de tiempos mejores. Pero su realidad cotidiana resulta embrutecedora para la maquinaria tan fina que se han preocupado de poner a punto durante los años de estudio: mucho tiempo de trabajo, pocos días de fiesta, ser carnicero en Carrefour o dependienta en Zara.
Así que , poco a poco, van sucumbiendo a la cotidianidad: no es posible no tumbarse en el sofá al llegar a casa cuando las piernas están infladas ni abrir un libro de Aristóteles con las manos oliendo a ajo y la cabeza a punto de estallar
Comentado por: Esselte Petrus 226 el 12/6/2008 a las 09:10
Comentado por: vice el 11/6/2008 a las 20:29
¡Qué buen regalo nos ofrece para el día de hoy! Con darle las gracias quizá bastaría, pero no, no... De ser posible, le haría muchas preguntas, a las que supongo respondería de manera legítima, como buen pensador.
Desde el punto de vista de una mujer normal, yo, diría que la renuncia al pensamiento reflexivo, de segundo orden, supone una acomodación al orden establecido, renegar de cualquier trasformación. Y es comprensible, cuando uno no quiere verse entre conflitos.
Sabemos que, el defender ciertas hipótesis, contrarias a la época, nos traerá problemas... por la difícil relación de lo complejo con el pensamiento trivial de nuestra sociedad.
Que persevere quien pueda ¿verdad?
Buenas tardes
Comentado por: francesca el 11/6/2008 a las 19:55
Tú, místico, ves una significación en cada cosa.
Para ti todo tiene un sentido velado.
Hay una cosa oculta en cada cosa que ves.
Lo que ves lo ves siempre para ver otra cosa.
Yo, gracias a que tengo ojos sólo para ver,
veo ausencia de significación en todas las cosas;
lo veo y me amo, porque ser una cosa es no significar nada.
Ser una cosa es no ser susceptible de interpretación.
A. Campos
Comentado por: el tercero el 11/6/2008 a las 14:11
Usted está sublimando la filosofía. Está haciendo un mito de ella. Y está creando un dualismo antropológico extremo: filósofo/cerdo.
¡Ayyyy, las deformaciones profesionales!
Comentado por: baldung el 11/6/2008 a las 13:16
Comentado por: pasaje a la India el 11/6/2008 a las 12:43
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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