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El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

La muerte y la mala muerte

Biriatou

Biriatou.

Hace poco más de un año, en un artículo de El País me refería al pueblecito vasco-francés de Biriatou, atalaya, al otro lado del Bidasoa, sobre las comarcas guipuzcoanas. El núcleo histórico de Biriatou lo constituyen quince o veinte casas, apiñadas en torno al frontón, la iglesia, y un pequeño cementerio, tan perfectamente integrado en el día y vida del lugar que se accede directamente al mismo desde alguna de las viviendas. De ahí esos epitafios alusivos a la fortuna que supone hallar reposo en un espacio concebido como sereno complemento del ámbito de la vida: "tú, que tanto la amabas, reposa en el seno de tu aldea", dice, en lengua francesa, un texto particularmente conmovedor.

El peso y la significación de la muerte se verán radicalmente determinados por la representación que una persona puede hacerse de lo que constituirá efectivamente su último destino empírico:

Ser acompañado por los suyos al reencuentro con la tierra, en uno de esos cementerios abiertos sobre el paisaje de la Alcarria, o bien en ese balcón sobre el Bidasoa que acabo de evocar, es de alguna manera contribuir a que siga teniendo peso en la vida cotidiana un aspecto nunca en realidad ausente: ámbito que marca por contraste la secuencia de la vida, hablar incluido, puesto que el silencio de los que reposan otorga peso a las voces que prosiguen. Y así, lejos de segregar de la vida, la muerte en esos lugares fertiliza esa singular memoria, esa "presencia de una ausencia", por la que el vivir de los hombres trasciende la subsistencia animal.

Abismal distancia respecto a la imagen del tanatorio en tanto callejón de los repudiados por los vivos, y al fantasma del nicho, como rectángulo decididamente propio, en el equivalente sombrío de una gran ciudad de cemento.

Ante esta última representación, ¿cómo sentir que, además de desintegración de la forma y pérdida de la palabra, el tiempo es también reflejo de que la simiente fructifique, de que el animal prematuro que es el hombre alcance autonomía y de que la palabra en potencia llegue a ser palabra en acto? ¿Cómo en suma dar un al hecho de haber vivido? La vida y sus cambios aparecerán entonces tan sólo bajo esa faz estéril para la cual Aristóteles reservaba la palabra tiempo. En tal representación el crepúsculo será pura salida de y no reminiscencia de llegada a. El crepúsculo se hallará privado de referencia a ese factor de fertilidad y restauración que, como espejo de la destrucción misma, sí tiene el tiempo indisociablemente afirmativo y negativo de la vida.

[Publicado el 03/4/2008 a las 11:45]

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Comentarios (2)

  • Como si la imagen de la propia tumba pudiera dar sentido a la vida. Es una fantasía esa de reposar en la tierra de uno y entre los suyos no distinta de otras teologías a las que les da igual que el cuerpo esté en un nicho, porque el alma está en el cielo.

    Comentado por: JoseAngel el 03/4/2008 a las 18:47

  • ¿Y que tal se come?

    Comentado por: Namor Adenip el 03/4/2008 a las 16:25

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía

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