Civilización y representación de la muerte propia
He enfatizado la tesis de que no cabe realmente asunción de la propia muerte, pues cuando sigue habiendo un sujeto que asume lo que acontece... obviamente la muerte es pura representación. Mas esta suerte de inadecuación entre la muerte misma y lo que de ella nos es dado, en absoluto es óbice para que, entre los vivos, sea de elemental exigencia democrática el derecho, no ya a la muerte sino a una muerte en conformidad a la imagen que de tal trance uno tiene como más aceptable. Sí, la libertad pasa también porque esa muerte de la que no hay concepto cabal se aproxime lo más posible a la muerte deseada.
Señalaba en una de las reflexiones que preceden que sería contradictorio dar cuenta o razón de la ley y del lenguaje, ya que sin ley y lenguaje es imposible dar cuentas. Mas ello no impide que proyectemos en el pasado (de hecho con ayuda de la ciencia) una imagen de lo que pudo ser el primer acuerdo configurador de los humanos; y hasta del primer momento en el que -con la aparición de los homínidos de Herto en Etiopía- un mero código de señales dejó de ser instrumento para ser fin en sí mismo, para convertirse en lenguaje.
Análogamente esa cosa trascendente a todo saber forjado en el lenguaje que es la muerte propia puede encontrar proyección en imágenes cargadas de las significaciones más opuestas: bálsamo, reposo, fusión exaltante, pero también mutilación, parálisis o abandono.
Lo inevitable, lo estructural, de esta dimensión proyectiva de la propia muerte hace que cualquier civilización incluya entre las variables fundamentales de la vida todo aquello que concierne al ritual de la muerte. Cabe incluso erigir este aspecto en criterio a la hora de juzgar el auténtico grado de sabiduría y respeto de los valores humanos de una u otra sociedad. Pues ciertas culturas, asumiendo en el orden cotidiano la presencia de la muerte, facilitan en los que a ella se enfrentan imágenes de reencuentro con la naturaleza elemental, o con la idea de morada. ¿Cómo equiparar tales sociedades a esas otras en las que la muerte es fóbicamente repudiada de los hogares y los agonizantes, homologados por tal condición, tienen como única imagen de la vida que aún prosigue el que ocupa el lecho contiguo en esa prefiguración de la tumba que son las salas de enfermos terminales?
[Publicado el 02/4/2008 a las 11:58]
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No sé qué tanto en realidad le importa a alguien que ni siquiera sabía que existías, si te quieres suicidar o no o por qué se cree con derecho a decidir. Si se puede ayudar a mejorar la situación, adelante, si sólo se va a contemplar y opinar, tal vez lo sabrá mejor quien lo esté viviendo. El suicidio es el derecho a rendirse, a renegar de la lucha por la subsistencia. Se les puede llamar cobardes, por huir de la vida o valientes, por enfrentar la muerte y lo desconocido, tal vez la nada pero eso sólo son categorías morales con las que pretendemos manipular la opinión de los demás para apoyar nuestros prejuicios, en uno u otro sentido. Es cierto que los sentimientos y circunstancias son variables y que a veces desde fuera se puede animar a que las personas aguanten un poco más, porque uno cree que al final ganarán, que el mal momento va a pasar y que vale la pena soportarlo por lo bueno de lo que podrán disfrutar aún. Mais, qué decir de casos en los que ni siquiera los no afectados creen en las posibilidades del sujeto de superar de algún modo, su malestar? El tema es muy complicado por lo irreversible. La muerte es la gran desconocida, más allá de nuestro alcance.
Comentado por: alicedd el 03/4/2008 a las 11:48
Fe de ratas:
En el comentario anterior,
"ya que sin ley NI lenguaje es imposible dar cuenta ni razón de nada, sería contradictorio tenerlos y no usarlos para dar cuenta de sí mismos - de la ley y del lenguaje".
Y en el comentario al artículo anterior:
"el Estado suele determinar (suele, digo) NO que nadie..."
Comentado por: JoseAngel el 02/4/2008 a las 23:13
A esta aserción:
"sería contradictorio dar cuenta o razón de la ley y del lenguaje, ya que sin ley y lenguaje es imposible dar cuentas"
cabría oponer esta otra:
"ya que sin ley lenguaje es imposible dar cuenta ni razón de nada, sería contradictorio tenerlos y no usarlos para dar cuenta de sí mismos - de la ley y del lenguaje".
Que, me parece, describe mejor la práctica de lo que en realidad sucede.
Comentado por: JoseAngel el 02/4/2008 a las 22:52
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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