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El blog literario latinoamericano

domingo, 12 de febrero de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

La difícil 'andreia'

Hace unos días pronuncié en Barcelona una conferencia relativa al legado aristotélico en la que enfaticé una vez más lo importancia de mantener la exigencia de lucidez, con el argumento de que cuando esta aspiración cede... la vida entera puede convertirse en una secuencia de síntomas. Al término de mi exposición una persona sugirió (con explícita mención de que se trataba de poner contrapunto) que en la configuración objetiva de nuestras vidas no pesaba quizás tanto la exigencia de desvelar como la de enmascarar, que no exigíamos tanto una confrontación lúcida como una ficción edulcorante.

Mientras barruntaba algún tipo de respuesta, evocaba lo que un filósofo que tengo por enormemente lúcido había objetado, durante un seminario en la Fundación Juan March, a mi tesis de que los niños darían muestra, en sus interrogaciones ingenuas, de ese deseo de saber que Aristóteles considera natural en la condición humana. La tesis de mi colega, excelentemente argumentada, iba en el sentido de considerar que los niños desean ante todo ser tranquilizados y ello, de alguna manera, a cualquier precio.

La duda respecto a la veracidad de mi tesis se vinculó entonces a lo que en estas mismas páginas he sostenido sobre la andreia o entereza de la que los seres humanos daríamos prueba a poco que se dieran las condiciones sociales de realización de nuestra naturaleza.

Aristóteles sitúa como paradigma de persona entera (andreios) aquella que no es presa de fobós, temor paralizante, ante la hipótesis de la muerte. Aquel que lo consigue responde cabalmente a la primera exigencia de la condición humana, se alza, cabría decir, a la altura de su singularísima especie. Pero el mismo Aristóteles enfatiza en muchos lugares el hecho de que la especie va por un lado (previsible, claro, objeto de ciencia y conocimiento) y el individuo (contingente, oscuro, sometido a la intersección de causas que se ignoran) va por otro.

Responder con entereza es algo que está determinado por el ideal, pero el que tal cosa ha de hacer es un individuo, intrínseca presa del tiempo destructor. No es, pues, azaroso que la andreia, en general, sea sacrificada y con ella sea sacrificada la verdad.

[Publicado el 17/3/2008 a las 11:30]

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Comentarios (2)

  • Vamos, que la mayoría de la gente no está a la altura de los ideales que nos hacen personas filosóficamente respetables... Será que hay que bajar el listón.

    Comentado por: JoseAngel el 20/3/2008 a las 12:47

  • Me gusta mucho su texto de hoy. En cuanto a la exigencia de lucidez creo que conduce más bien a la depresión y que efectivamente la ficción edulcorante y sin mucho análisis, es la que mantiene la ilusión. Hay teorías también que van en ese sentido. Aún así me encanta encontrar gente con ideas tan optimistas como la suya, así es como las considero, el nihilismo ya apenas lo soporto.
    Si le digo la verdad es de suponer que ambas se complementen. Sí, deseamos ser tranquilizados y para ello nos hacemos trampas incluso a nosotros mismos, pero también existe en nosotros ese deseo de encontrar el conocimiento puro aunque nos sintamos amenazados por él (la expulsión del paraíso). Decía Lawrence Durrell, por boca de uno de sus personajes, que todas las opiniones eran para él igualmente válidas y que el hecho de que las dieran era prueba de que alguien las estaba creando.

    Comentado por: alicedd el 17/3/2008 a las 16:30

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía

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