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lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

Ante la humanidad exhausta

Una persona es ‘interpar' con toda otra meramente por compartir la condición de ser de lenguaje y la razón común que les convierte en potenciales seres de juicio. Y si una de esas personas sufre de una carencia fisiológica, sin que tal sea el caso de la segunda, no por ello pierden su equiparación como seres de juicio, aunque sería absurdo equipararlos desde el punto de vista de la carencia misma.

También aquí subyace el problema de la condición lingüística y de lo que homologa tanto a las lenguas entre sí como a los hablantes de las diferentes lenguas, por enormes que sean las diferencias sociales y culturales que les separan. Se parte de una suerte de optimismo antropológico: el hombre es el ser que por naturaleza se interroga, un ser que, reconociéndose como lingüístico, es decir, amando la palabra por sí misma, empieza a hacer uso de ella con objetivos que ninguna necesidad legítima. En tal desapego respecto a las exigencias de la mera subsistencia reside su intrínseca dignidad.

Mas en ningún caso esta suerte de optimismo antropológico ha de hacer obviar la terrible cuestión de qué pasa con las discapacidades que parecen poner en cuestión la persistencia misma de la condición racional y lingüística.

En determinados casos en los que terribles enfermedades degenerativas se combinan con una inevitable caída en melancolía por parte de quien las sufre, el problema no es tanto de mantener el respeto debido a la persona así maltratada por el destino, como de seguir manteniendo el respeto por la condición humana... lo cual no es entonces necesariamente fácil. De cualquier modo, la actitud que repudia la verdad es aquí el reverso mismo de la fraternidad. Una analogía con actitudes edulcorantes y compasivas respecto de la esclavitud social ayudará a comprenderlo.

[Publicado el 12/3/2008 a las 10:30]

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Comentarios (1)

  • Dice que "·Una persona es ‘interpar' con toda otra meramente por compartir la condición de ser de lenguaje y la razón común que les convierte en potenciales seres de juicio." Pero hay muchos casos en que no se comparten lenguaje y razón. Admite, como objeción parcial y no claramente refutada, que está además el caso de " la terrible cuestión de qué pasa con las discapacidades que parecen poner en cuestión la persistencia misma de la condición racional y lingüística." ¿Por qué sólo "la persistencia" y no "la existencia" de la condición racional y lingüística? Parece que se alude sólo a estados degenerativos o enfermedades. Hay muchos subnormales que nunca han tenido uso de razón ni de lenguaje, y sin embargo se les considera sujetos de plena humanidad (aun con derechos cívicos restringidos). Lo que otorga la condición ética de humanidad (de hecho, digo, en la práctica social, y no según un razonamiento concreto de alguien) no son únicamente esas abstracciones, sino otras cuestiones menos coherentes quizá en razón pura: la descendencia de seres humanos, la forma física y genética humana, la integración en un grupo humano. Así que el planteamiento es erróneo de entrada.

    Comentado por: garciala.blogia.com el 12/3/2008 a las 13:30

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

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