Capacidad de adaptación social versus filosofía
La filosofía es así una praxis militante... y radical frente a los enemigos de la exigencia de dignificación que conlleva. La filosofía considera inicua toda sociedad que se asiente en la resignación, concretamente resignación ante el hecho de que los seres humanos estén condenados a una vida en la que el trabajo social está desvinculado de la disposición de toda mente humana a confrontarse al problema global de la existencia. Al principio de estas reflexiones aludía ya a este tema, negando legitimidad a toda sociedad en la que la generalización de la disposición filosófica no cuente entre los objetivos políticos finales. Y sugería que estamos tan lejos de ello que nuestras sociedades parecen más bien ser corolario de un programa de canalización de los ciudadanos que tiene como premisa el repudio de la filosofía. Pues bien:
Contemplando la disposición de un niño de once meses que pugna por abrirse al espacio pleno del orden simbólico, un ser vivo que lleva en los genes la tendencia a escudriñar y descubrir los misterios del entorno y de sí mismo...se impone la evidencia de que el mantenimiento de tal disposición, el alentarla ofreciéndole progresivos momentos de realización, no sólo no contribuiría a insertarle en el orden social establecido sino que, por el contrario, le privaría de armas para defenderse en el mismo y eventualmente imponerse sobre sus congéneres. Los pedagogos que canalizan hacia el registro de lo tolerable el ansia de saber y la capacidad normativa de un niño, saben perfectamente lo que hacen y de alguna manera están velando por él. Estoy realmente sugiriendo que incrementar la actitud filosófica de un niño es realmente exponerle a encontrarse desvalido en relación al equilibrio de valores que impera, y que probablemente siempre ha imperado.
Y sin embargo la praxis filosófica es finalmente la única prueba de que se es cabalmente humano. Humano en el sentido aristotélico de un ser vivo que, acuciado por la exigencia de saber, no ha cedido a la inercia de la mera lucha por la subsistencia. Y aunque el destino social, o simplemente la mala suerte, haya puesto una cota, aunque falte la fuerza para aunar la enorme complejidad de los materiales necesarios para las interrogaciones básicas, aunque (a fortiori) falten fuerzas para abrirse a espacios de interrogación aun no explorados, el haber osado afirmarse como ser pensante confiere ya un grado de legitimidad: hasta el último aliento se trata de pensar... pensar al menos lo que pensar significa.
[Publicado el 04/2/2008 a las 11:15]
mmmmm qué bello! formar, no adiestrar
así, pues...
mira lo que hay, todo lo que se pueda mirar... eso es fantástico!pero cuida tus pies desclazos... bello!
Estoy realmente sugiriendo que incrementar la actitud filosófica de un niño es realmente exponerle a encontrarse desvalido en relación al equilibrio de valores que impera, y que probablemente siempre ha imperado
cuida tus pies descalzos, sólo no se anda.
muy bello, piensa y ponte zapatos.
bellísimo
Comentado por: Enea el 04/2/2008 a las 19:34
Comentado por: lenz el 04/2/2008 a las 15:05
Excelentes palabras, señor Gomez Pin.
Es difícil no sentir decepción por el medio social afilosófico en que tenemos que vivir.
La capacidad filosófica nos hace desvalidos para esta lucha por la supervivencia, dice. Gran verdad.
Comentado por: lenz el 04/2/2008 a las 15:04
Creo que todo ser humano es,por principio,sujeto filosofico.Incrementar esa capacidad,por proposito voluntarista legitimo,no es tan primordial como eliminar las causas que impiden que esa condición natural pueda desarrollarse hasta alcanzar la plenitud.No creo que mostrarle a un niño su estado de desvalidez,es algo que él ya sabe,o descubre un dia,cuando la muerte se le muestra en los rasgos de un ser querido,incremente su interés por la filosofia.
La brecha entre el mundo y el filosofo,la distancia que media entre el observador y lo observado,en ocasiones las salva el tiempo.El lema del candidato Obama,Lo mejor para America está por llegar,es una deuda con Ernst Bloch,quien con toda seguridad la hubiese suscrito.
Lo mejor está por llegar si somos capaces de hacerlo.
Comentado por: Jaime Royo el 04/2/2008 a las 14:18
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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