Un sueño griego
En múltiples foros he tenido ocasión de evocar la reflexión del Premio Nobel de Física Erwing Schrodinger relativa a la singularidad de la civilización griega.
Schrodinger se encontraba en Dublín ejerciendo docencia en el Trinity College en un curso de Doctorado para físicos. Un día sin embargo interrumpió las clases, sorprendiendo a sus alumnos con la reflexión de que antes de seguir avanzando en meandros perdidos de la física había que interrogarse sobre la palabra misma que daba origen a la disciplina, a saber, Physis, que solemos traducir en castellano por naturaleza. A fin de efectuar tal cosa Schrodinger se volcó sobre el pensamiento griego, muy especialmente el presocrático. Resultado de sus reflexiones fueron unos apuntes, más tarde ordenados en un libro titulado Nature and the Greeks, que yo mismo (veinte años después de que lo hiciera, sin yo saberlo, el poeta Gabriel Ferrater) tuve la satisfacción de traducir para Tusquets al castellano. La primera interrogación de Schrodinger concernía la cuestión del llamado "milagro griego". Tópico tanto más reiterado cuanto que nadie sabe muy bien en qué consiste precisamente. Pues bien, para el eminente físico el milagro griego residiría fundamentalmente en los dos rasgos siguientes:
1)Grecia sería la primera civilización profundamente marcada por el postulado según el cual la naturaleza es en su esencia transparente a la razón, inteligible, susceptible -en suma- de ser conocida. Ha de señalarse que esta percepción de la singularidad griega no implica en absoluto algún tipo de jerarquización de las civilizaciones. Pues cabe perfectamente que una gran civilización tenga un lazo con la naturaleza que no privilegia su transparencia al conocimiento; una refinadísima civilización puede sentir, por ejemplo, que sobre todo la naturaleza es sagrada, misteriosa y objeto de culto.
2)El hecho de conocer modifica nuestra relación con la naturaleza, con los demás humanos y con nosotros mismos, pero la naturaleza misma sería totalmente indiferente a estos cambios .En suma: la naturaleza es cognoscible, pero el conocimiento por sí mismo no modifica la naturaleza. Nótese que esta tesis implica ya una concepción del conocimiento que abre la puerta a una radical diferencia entre conocimiento y tecnología, pues esencia a la idea de tecnología es la potencialidad de modificar todo aquello que se convierte en su objetivo.
No es en absoluto casual que la creencia en la indiferencia de la naturaleza por el hecho de ser conocida sorprendiera al hombre al que se hallan asociadas algunas de las fórmulas determinantes de la Mecánica Quántica, es decir, la disciplina que mostró la imposibilidad de disociar objetividad y conocimiento a la par que ponía en entredicho el consenso (mantenido desde Aristóteles a Einstein) sobre los rasgos mínimos a los que habría de responder algo que se presenta para ser considerado natural , para poder decir que es una entidad fìsica.
[Publicado el 18/12/2007 a las 10:32]
por fabor mandenme un correo con info de los conosimientos de la naturaleza que tenian los griengo porfavor es para el 9 de noviembre les dejo mi msn marianakordic@hotmail.com grasias
Comentado por: mariana el 06/11/2009 a las 17:29
sobre las afirmaciones glosadas de Schrodinger,
-en primer lugar, el hecho de que las otras culturas o civilizaciones también mantuvieran una relación con su entorno natural no desvirtúa la singular relación de Grecia con la naturaleza, y por tanto se trata de una relación no equiparable, y por tanto abismalmente distinta. ¿Es más humana la relación con la naturaleza de los griegos que la de los mayas, los egipcios, los babilónicos, los germanos, o los chinos, o los hindúes, o los iberos? Yo pienso que sí. Por no hablar de su posterior expansión por media Europa con Roma. ¿Jerarquía? ¿Viene muy a cuento este debate? En todo caso este descubrimiento de la universal semejanza humana es un descubrimiento griego simultáneo al descubrimiento de la cognoscibilidad de la naturaleza (Castoriadis).
-en segundo lugar, no estoy tan seguro de que la ciencia pueda separarse de la tecnología, aun de la más rudimentaria. Otra cosa es propiamente la filo-sofía, el amor al conocimiento científico, aquella primera mirada de Tales de Mileto que a la vez descubre algunas implicaciones o consecuencias prácticas de este amor (filía).
Comentado por: procopio el 18/12/2007 a las 22:05
profesor,
el curso pasado conocí a un profesor de matemáticas en un instituto de Alicante, donde era jefe de estudios, que cuando cantaba las notas decía, por ejemplo: "siete coma tres periodo...". Esto hacía mucho tiempo que no lo oía.
¿qué implicaciones tiene este "periodo", incluso el/la "coma", implicaciones reales, además de lingüístico-simbólicas?
una cuestión interesante, que a mí se me escapa.
saludos.
Comentado por: procopio el 18/12/2007 a las 21:47
El conocimiento, la idea, tal como la presenta, es más bella que la idea de tecnología. El conocimiento como algo abstracto, algo ante lo que el hombre adopta una postura contemplativa, y de éxtasis, imagino, amor al arte. La tecnología, el deseo de poder, de control, de dominio. El conocimiento, la entrega. ¿Existe el interés por el conocimiento que no haya sido motivado por un deseo de manejar el entorno, es decir, con un objetivo definido?
Comentado por: Pedro el 18/12/2007 a las 19:23
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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