El niño y la geometría
Es un lugar común de la divulgación científica contemporánea la afirmación de que la geometría euclidiana ha perdido su prioridad a la hora de dar cuenta del universo. Ello en razón de que el espacio newtoniano en el cual las leyes de tal geometría se cumplirían (a saber, un espacio de curvatura nula) carecería de objetividad física.
Y, sin embargo, la geometría aprendida en la escuela sirve y ordena un mundo. Sirve, porque sella nuestra mirada desde que abrimos unos ojos propiamente humanos (es decir, unos ojos exhaustivamente permeables al lenguaje y a los símbolos). Por ello, la geometría es enormemente valorada por los niños en el aprendizaje escolar y toda quiebra en la capacidad de simbolización que representa el aprendizaje geométrico es vivida como una mutilación dolorosísima.
Sí, el niño ama intrínsicamente la geometría, porque ama la intuición euclidiana que le sirve de soporte. Y seguirá amándola, a menos que una educación literalmente mutiladora de su humanidad le haga sentir que ese mundo está definitivamente perdido para él, o que, a lo máximo, queda un simple rescoldo apto para alimentar la nostalgia... El niño ama la geometría porque su pulsión por ubicar las cosas en el entorno, midiendo y sondeando las distancias entre ellas, es una operación indisociable de su capacidad misma de reconocer e identificar tales cosas. Este vínculo entre la identidad misma de las cosas y su caracterización geométrica, supone que la debilidad en la capacidad de discernimiento en el segundo registro se traduzca en astemia de la capacidad perceptiva general.
Y así, al igual que se diluye en una niebla la acuidad del hecho que en nuestra percepción de las cosas rige el teorema de Pitágoras, esa misma niebla diluye las diferencias de los colores y las formas. Pero diluye también (en razón de la indisociabilidad de tiempo y espacio en el acto perceptivo) la capacidad de ser impactados por las diferencias de intensidad o altura de los sonidos configuradores de todo espacio auténticamente humanizado. Y así, ese mismo niño que, de manera indisociable, en su mera aprensión de las cosas, modelaba a la vez el espacio y la materia y con ello se vinculaba radicalmente a las formas, es ya ahora tan sólo susceptible de captar (en la naturaleza, como en el marco urbano o en las obras artísticas) un mero esqueleto, a lo máximo una suerte de esquema: esquema en el que Venecia queda reducida a una impresión y en Debussy se percibe tan sólo lo que perdura en él de melodía.
[Publicado el 12/12/2007 a las 12:12]
Un ángulo después de tu mirada
se encuentra la sonrisa de mi boca.
con su circunferencia mal trazada
espera los suspiros que provoca,
el círculo frontal de tu calzada.
Un triángulo fugaz se me desboca
al ver tu línea recta atenazada,
por un punto y seguido iluminada,
con su tangente puesta entre tu boca
Saludos!
Edson Laura
Foro de Geometría
www.forogeometras.com
Comentado por: Edson el 12/6/2010 a las 03:02
Comentado por: catalina el 16/9/2009 a las 23:00
Comentado por: ^^^^^^^^^^ el 12/12/2007 a las 23:47
"Que nadie entre aquí sin saber geometría".
¿No presidía este apotegma la entrada de la academia platónica?
¿No nace la filosofía de la mano de la Geometría, disciplina que se ocupa de abordar y resolver problemas materiales?...
LO que debería dar hoy este pertinente artículo con todos los comentarios que corren sobre la debacle de la enseñanza.
Comentado por: (em)prendedor de coches el 12/12/2007 a las 21:42
El saber del esclavo
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(...) Apunten esta dirección de internet: http://blogs.elboomeran.com/blog/6/victor-gomez-pin. Es la de un blog de filosofía. Un auténtico zulo subversivo, hoy. Ya los antiguos griegos sostuvieron que la filosofía es una máquina de guerra contra el tirano y contra la costumbre. Lo lleva un pensador de raza, uno de los escasos talentos filosóficos independientes de este país, no un vulgar erudito en la materia ni un divulgador de chucherías culturales; la diferencia estriba en que el talento habla siempre de lo que nos concierne, no de las nimiedades de su especialidad. Abundan los másters y diplomas de toda especie para labrarse un porvenir en el mercado laboral, normalmente caros. Aquello de verdadero valor, sin embargo, no cuesta dinero. A un simple clic de distancia, Víctor Gómez Pin pone cada día su caja de herramientas a disposición de aquel que desee sacudirse los lazos de la opinión y aprender a pensar. Sin concesiones, con un rigor absoluto. Porque, alguien lo ha dicho, la opinión es irrelevante como el culo: todos tenemos una; de ahí que constituya la clave suprema de las modernas formas de sumisión, consistentes básicamente en querer lo que se quiere que queramos. En cambio, el pensamiento es una ascesis, exige un esfuerzo que la tradición ha asimilado al de parir. Pero es el requisito indispensable para la única libertad a nuestro alcance. Filosofía (en fórmula de la que Gómez Pin hizo su emblema) es el saber del esclavo. Tiemblen los tiranos.
(Aparecido en 'El Mundo del País Vasco' hoy, 12/12/07).
¡Salud y larga vida, torero!
Comentado por: J. de Seingalt el 12/12/2007 a las 15:29
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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