Universo de entidades latentes
Física de entidades latentes.
Consideremos el caso en que tras efectuar una medición respecto a un observable A en gran cantidad de copias de un sistema, seleccionamos aquellas en las que se ha dado un mismo resultado (con lo cual podemos considerarlas idénticas respecto de lo que nos interesa) y las sometemos a una nueva medida relativa a un observable B no compatible con el primero. Señalaba que el formalimo cuántico nos proporciona un saber meramente probabilístico tanto de lo que cabe esperar como de la probabilidad de que una de las copias tenga un determinado valor concreto.
Cuando se habla de probabilidad en el sentido usual, se hace referencia al grado de conocimiento que un observador posee respecto a las variables que intervienen en relación a un acontecimiento. Si poseyéramos el saber de todas las fuerzas que actúan no habría aleatoriedad y por consiguiente no habría lugar a cálculo meramente probabilístico.
Nada análogo en nuestra situación. Dado que el vector que ahora refleja el estado del sistema no es propio del operador que representa el observable por el que estamos interesados, los valores propios de este último tienen un estatuto ontológico de intrínseca latencia. No hay uno de ellos privilegiado en razón de ser efectiva propiedad de la cosa. Todos tienen la misma carencia de efectividad, lo cual no quiere decir que todos sean iguales. Pues en este universo de latencia unos tienen más probabilidad de llegar a ser propiedad de una de las copias que otros (repito no más probabilidad de ser la propiedades actual), y en el conocimiento de tal diferencia consiste el saber del físico en esta etapa previa a la medida. En el universo de sombras previo a la medida hay diferencia en potencialidad de actualizarse, y por consiguiente hay de alguna manera jerarquía.
He señalado ya aquí a viva reminiscencia que esto provoca: reminiscencia de esa singularísima modalidad de ser que Aristóteles designó como potencial y que le permitía, entre otras cosas dar algún tipo de estatuto ontológico al in-fante (animal que aún no habla) en relación al humano o a la simiente en relación a la planta.
Una de las ventajas ( o inconvenientes, según la perspectiva) de atenerse a la teoría cuántica que da peso ontológico a esta situación previa a la medida en la que el físico hace cómputos sobre entidades potenciales es que evita algunas de las aporías a las que se ven abocados los partidarios de interpretaciones más acordes con la ortodoxia en materia de ontología y epistemología.
Se dice que la Mecánica Cuántica socava el principio de realidad y el principio de realismo, entendido como existencia de cosas con propiedades subsistentes o independientes de toda observación. Este asunto se halla vinculado a un importantísimo teorema matemático debido al físico John Bell. Pues bien, es importante recordar que dicho teorema parte precisamente de presuponer la localidad y la existencia de propiedades subsistentes (como el spin en cualquier dirección en una partícula elemental) y es a partir de tales premisas que se induce cierta desigualdad matemática...violada tanto por las previsiones del formalismo cuántico como por los experimentos efectivamente realizados. Tanto como decir que sin la presuposición de la localidad no hay nada que violar, o aun: sin una teoría que haga referencia a la localidad la mecánica cuántica no choca con nada.
Esta última consideración lleva inevitablemente a preguntarse de dónde proviene el interés por la localidad. Supongamos por un momento que alguien se halla en la situación descrita en el apólogo: esos jóvenes introducidos en el formalismo cuántico y en los experimentos de Alain Aspect o Antton Zeilinger sin haber previamente oído hablar de los principios reguladores de la física convencional. No habría entonces razón alguna para que nuestro hombre se sorprendiera de las previsiones de la teoría ni de las verificaciones experimentales.
Cabe en síntesis decir que es la apuesta por el realismo y la localidad lo que conduce inevitablemente a una afirmación de que en la Mecánica Cuántica estos no se respetan... sutil asunto que traería fascinado a los padres de la dialéctica. Aunque tratándose de dialéctica subyace aquí una más poderosa que constituye un reto mayor para el pensar:
Pues la Mecánica Cuántica es privilegiado retoño y heredero de las construcciones del espíritu humano sometidas al primado del principio de razón y los vinculados al mismo que con tanta radicalidad pone en tela de juicio; retoño de la ciencia clásica que socava los cimientos ontológicos de la misma: tal es el paradójico destino de la Mecánica Cuántica.
La Physis parece así articularse con elementos de una segunda gramática, también vinculada a la matemática pero otra. Una gramática que tiene quizás más eco en Elea que en la Venecia del Dialogo sobre los dos sistemas del mundo, diálogo sepultador de la cosmología aristotélica pero aun prisionero de los principios con los que Aristóteles nos invita a contemplar el cosmos. Principios del gran Aristóteles, por primera vez quizás cuestionado en lo esencial.
[Publicado el 03/1/2012 a las 09:00]
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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