La naturaleza de los poetas

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Martín López-Vega, Javier Rodríguez Marcos, Ana Gorría, Luis Muñoz, Antonio Lucas, Elena Medel, Lorenzo Plana y Carlos Pardo. Fotografía de Juan Aldabaldetrecu
La publicación el domingo pasado de un amplio reportaje gráfico en El País Semanal dedicado a poetas españoles recientes la mayoría de los cuales forma parte de la antología de Luis Antonio de Villena La inteligencia y el hacha (Madrid: Visor, 2010) parece haber desatado ese tipo de tormentas de papel a los que tan aficionados son algunos. Naturalmente, las críticas iban dirigidas a cuestionar su inclusión en el artículo (un cuestionamiento habitual entre quienes quedan fuera de este tipo de convocatorias) y la representatividad de la selección de autores hecha por las autoridades de la revista y por el autor del artículo, el periodista Jesús Ruiz Mantilla. Más interesante que estas críticas parece sin embargo el hecho de que, por una parte, se considere joven a un poeta nacido en 1965 y, por la otra, que se haya escogido un marco rural para las fotografías, cuyos protagonistas son en su mayoría poetas urbanos.
Esta elección resulta interesante por cuanto ratifica un prejuicio particularmente vigoroso en España que asocia la producción poética con la contemplación de la naturaleza y con las ventajas económicas que se requieren para poder contemplarla y no, digamos, tener que marchar detrás de un buey bajo un sol de órdago. En su prólogo a la edición en español del seminal El campo y la ciudad de Raymond Williams (Buenos Aires: Paidós, 2001), la ensayista argentina Beatriz Sarlo recuerda el hecho de que
"Williams sostiene que el paisaje, tanto en su dimensión material como en su referencia literaria, es la producción de un tipo particular de observador, sustraído del mundo del trabajo. El paisaje es un punto de vista, antes que una construcción estética. [...] El campo nunca es paisaje antes de la llegada de un observador ocioso que puede permitirse una distancia en relación con la naturaleza. El paisaje entonces, antes que construcción material, es distancia social" (19).
Esta vinculación entre el mantenimiento de un cierto imaginario en torno a la naturaleza que es en su origen un imaginario de clase (alta) y la producción de poesía es lo más desconcertante del artículo, por cuanto éste tiene como protagonistas a poetas que uno imagina en las antípodas de un pensamiento de esa índole (de hecho, el propio Ruiz Mantilla destaca con acierto que "han roto a conciencia con una tradición de raíz española" que el lector tiende a asociar de inmediato con los primeros libros de Federico García Lorca, Antonio y Manuel Machado y otros).
En ese sentido, más que cuestionar su supuesta legitimidad (fundada, pienso, en que los poetas reunidos para el artículo son en su mayoría buenos y algunos son muy buenos) o ridiculizarles por haberse prestado a una producción fotográfica que incluyó maquillaje y peluquería y prendas de marcas como Armand Basi, Tommy Hilfiger, L'Habilleur y Ermenegildo Zegna (una producción que, por otra parte, uno imagina extraordinariamente divertida para sus participantes); más aún, antes de cuestionar el hecho de que hayan aceptado posar en un marco ajeno a su propia experiencia y a los temas de su poesía (que Ruiz Mantilla resume creo que adecuadamente al hablar de "la cultura de masas, el rock and roll, las lecturas masivas, el cine e Internet") lo que el lector debería hacer es poner en cuestión el carácter asertivo del artículo de un imaginario que vincula poesía con satisfacción de las necesidades materiales y que ve en la naturaleza un espacio recreativo y no uno de los tantos escenarios de la lucha de clases. Ver en la naturaleza apenas el escenario idóneo para una salida dominical es lo mismo que pensar que el orden azaroso en que se disponen las chabolas en los barrios que rodean las grandes urbes debe ser evaluado exclusivamente con criterios estéticos. El paisaje también es drama, y ese drama humano, que alimenta lo mejor de la poesía escrita, no debería ser soslayado con tanta facilidad.
[Publicado el 16/6/2010 a las 13:12]
[Etiquetas: Palabras clave: Poesía, Luis Antonio de Villena, Jesús Ruiz Mantilla, Beatriz Sarlo]
A mi lo de la estética es algo que me trae sin cuidado, si son urbanitas o rurales, qué mas da. La caza de los truenos siempre aparece cuando uno que cree ser merecedor de estar en la foto, no se ve en ella, ni en la citada antología... pero eso ya entra en el campo de la envidia.
Comentado por: dehumidifier reviews el 19/10/2011 a las 22:04
Ver en la naturaleza apenas el escenario idóneo para una salida dominical es lo mismo que pensar que el orden azaroso en que se disponen las chabolas en los barrios que rodean las grandes urbes debe ser evaluado exclusivamente con criterios estéticos. Kitchens
Comentado por: adams don el 19/10/2011 a las 13:40
Más interesante que estas críticas parece sin embargo el hecho de que, por una parte, se considere joven a un poeta nacido en 1965 y, por la otra, que se haya escogido un marco rural para las fotografías, cuyos protagonistas son en su mayoría poetas urbanos. Kleeneze
Comentado por: aguilar panu el 19/10/2011 a las 08:11
Es un gran placer encontrar algo informativo y útil como este artículo. De hecho, estoy buscando un material de investigación que se pueden caracterizar en mi blog. Y tengo que decir, estoy agradecido de ver esto. Yo sin duda recomendaría este maravilloso descubrimiento a mis amigos. Gracias....
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Comentado por: maria kamamiya el 15/10/2011 a las 18:37
A los amantes de adjetivar, ¿les parece cursi la adjetivación de Garcilaso? Corllins University
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Comentado por: Smith123 el 15/10/2011 a las 13:04
Pero lo brillante es haber puesto ese hábito indumentario de clase con el entorno escogido para hacer las fotos. Buy Admission Essay
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Comentado por: JessieRider el 20/9/2011 a las 10:06
Y sabes cómo se llama el encuentro entre el deseo de parecer moderno y la burla del mundo rural que se ha dejado atrás? Se llama cursilería. La cultura de la cursilería. Custom Essay
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Comentado por: JessieRider el 20/9/2011 a las 10:05
Interesantísima reflexión, a la que yo añadiría algo también revelador: los poetas no sabían que estaban posando para anunciar marcas de ropa. Ésa es, hélas, la función a la que cada vez más se deja reducir el periodismo.
Comentado por: Mario el 02/7/2010 a las 14:12
Carlos Pardo vuelve a escribir sobre los poetas en la hierba:
http://www.dvdediciones.com/firmas_carlospardo.html
Comentado por: Marta el 26/6/2010 a las 22:40
Muy acertado artículo. Gracias por detenerse en los "usos" periodísticos -¡y de las marcas auspiciantes!- y ayudar a la reflexión.
Muy bueno también el comentario de Juan Cárdenas
Comentado por: Viviana el 21/6/2010 a las 13:05
Para Félix de Azúa, por su Autobiografía sin Vida
...Et qui, soul de son sang, préférait en somme
La douleur a la morte et l´enfer au néant.
CH. B.
En estos triste tiempos de usuras mercantiles,
cuando incluso se tasan los sueños más sutiles,
nuestro destino es ser contable mercancía,
la vida se reduce a su iconografía.
Imágenes, emblemas, chocantes esplendores,
nos cercan con su hechizo de formas y colores.
Su estética es doctrina, moderna propaganda
de un viejo Dios taimado que rige, ordena y manda
sobre el rebaño idiota, enajenado y trágico
de almas abrumadas por un delirio mágico.
El Dante en su Comedia, con verso memorable,
cantó del Purgatorio la efigie perdurable:
una Montaña alzó la Voluntad Divina
donde el réprobo purga y su pecado afina;
ilustra sus paredes la historia edificante
de santos y beatos; la grey disciplinante,
por que alcance la gloria el alma pecadora,
emulando a los ídolos se apura, sufre y llora;
y aun goza del tormento porque lo estima justo,
que al cabo la Justicia es a Dios darle gusto.
El arduo Purgatorio hoy no se inflama en llamas,
modernas penitencias nos dictan fotogramas,
iconos rutilantes de plástica textura
que cifran ingeniosos la tácita locura
de este mundo feliz, tan siglo XXI,
donde es tarea suma ser Uno cada uno
y no entender la vida, por vana o por ridícula,
si no es bajo la forma de una vulgar película.
En esta metafísica tanto se ha progresado
que no ser fotogénico es el mayor pecado
y la ambición secreta, que atrae como el abismo,
es que cada cual sea anuncio de sí mismo:
alma que se despeña del infierno a la nada,
contable mercancía y marca registrada.
Comentado por: samuel el 19/6/2010 a las 18:58
“¿Cómo calificaría, estimado amigo Pron, el "uso" que de la naturaleza hacen los pastores/poetas garcilasianos?” No soy Pron, por suerte o por desgracia, pero me permitiré contestar a esto. Como sabe todo el mundo salvo una persona, la naturaleza de las églogas de Garcilaso es un espacio virtual, idealizado y, en definitiva, inexistente. En ella, las ovejas escuchan, las cornejas hablan (¡igual que el cuervo de Poe!), y las hayas crecen junto a las hiedras, las rosas y los lirios. Todo lo cual tiene poco que ver con la serranía de Cuenca donde se desarrolla la bucólica escena, y donde en la vida real sería más esperable encontrar buitres, pinos y muflones. El género pastoral, al que pertenece toda égloga, se caracteriza precisamente por lo utópico de la situación. Los personajes no deben trabajar para vivir, y pueden pasarse el día regodeándose en el mal de amores. La naturaleza no es un objeto de contemplación, sino una mera herramienta para la expresión simbólica:
"Con mi llorar las piedras enternecen
su natural dureza y la quebrantan;
los árboles parece que se inclinan:
las aves que me escuchan, cuando cantan,
con diferente voz se condolecen,
y mi morir cantando me adivinan.
Las fieras, que reclinan
su cuerpo fatigado,
dejan el sosegado
sueño por escuchar mi llanto triste."
Así que en resumidas cuentas: sí, también en Garcilaso el vagabundeo por la naturaleza está asociado al ocio.
Los románticos no inventaron ciertamente la contemplación de la naturaleza, pero sí adoptaron una perspectiva mucho más próxima al paisaje real, incorporando como objetos de reflexión estética aspectos hasta entonces siniestros como los bosques (acabo de leer sobre esto una interesante reseña en _Revista de Libros_).
Comentado por: Álvaro el 18/6/2010 a las 14:34
Muchas gracias por tu aclaración, Carlos. Me gusta lo que dices sobre "hacer pasado del presente" y me parece que es una pena que poetas jóvenes dejen que hagan con ellos lo que quieran (incluso ridiculizarlos) en nombre de cinco minutos de fama. Un saludo.
Comentado por: Marta el 18/6/2010 a las 13:05
Marta,
Patricio y Juan, a ver...
todas estas reflexiones son muy interesantes. Llevo toda la mañana intentando ponerme a la altura de vuestros comentarios, pero no lo consigo.
Creo que es por falta de deseo. Me parece algo así como “semiótica post coito”: una vez hecha la foto, cualquier explicación, en mi caso, va a tender a justificar la primera impresión, que es de ridículo.
Quizá si se viera el envés de la foto –hacia donde yo miraba- sería más impactante el contraste sugerido por Pron: un anuncio de Mahou de cuatro metros de ancho por dos de alto, el verdadero ocio de la clase media. Aunque también había una historia debajo de esa “amena verdura” –había llovido y parecía una bandera republicana- de muertos y trincheras.
Por otra parte, el campo ha cambiado mucho desde Garcilaso, y también desde la revolución industrial estudiada por Williams. Como sabe cualquiera que haga senderismo, el campo es la cosa menos natural que existe, y como también saben los visitantes de la sierra norte de Madrid, la más ideologizada.
Dicho esto, le doy la razón a Cárdenas con lo de la cursilería.
Y hay ciertas cosas que me preocupan más que la foto. La primera, que casi todas las críticas han hecho hincapié en la selección de los poetas, como si fuéramos un grupo de poder que queda todos los fines de semana para comer cabrito, cuando algunos no nos conocíamos personalmente. Eso sí, me gusta la selección y agradezco a Mantilla que me haya arrejuntado con poetas que admiro y lo haya hecho bajo la bandera de la diversidad y experimentación (¿o son dos banderas, tres ya?). Por supuesto, podría haber otros poetas en la foto, esa es la gracia de un tiempo alérgico a los cánones que nos va a obligar a ser humildes y anónimos y a descansar como residuos líquidos y orgánicos bajo la hierba. La sorpresa, repito, es que las críticas suelan presentarse con un “canon” bajo el brazo: los verdaderamente buenos. Hay gente empeñada desde hace años en meternos un canon en la cabeza –Dr. Canon and The Men From Grand Canon- y están que trinan.
Otra cosa que me sorprende es la visión retrospectiva aplicada al presente: los “mayores” entrevistados dicen que no tenemos libros como los de su generación, ni voz personal, ni una obra de referencia (y utilizan ejemplos de quince y cuarenta años atrás). ¡Dios nos libre! Sólo conozco un caso de alguien que naciera ya maduro, Lao Tse, que salió del vientre de su madre más viejo que ella, pero él era chino, y hay cosas en China que aún no podemos explicar. ¿Quieren que hagamos lo mismo? Creo que es una retorcida manera de perpetuarse: esperar que los jóvenes nazcan con cara de señor. Ya habrá tiempo para que los nietos tengan nuestra cara. Lo presente, como decía el gran Carlos Martínez Rivas, prefiere “lo que está en formación y no agrupado como la madurez”.
Esa me parece la perversión más grande –más grande que decir que llevo unos pantalones diesel cuando llevo mis propios pantalones, porque yo, lo siento, visto así...- querer hacer pasado del presente. Vuelvo a Martínez Rivas:
Si oyeres algún ruido. Cualquier ruido
al otro lado del mundo, al otro lado
de la noche;
cualquier ruido sospechoso y prudente de falso día,
de clandestino taller sepulcral,
de disimulada fábrica de pasado;
aviva tu ocio.
Oponles tu presente de poderosa caducidad.
Marta, no tengo blog, pero he aprovechado la coyuntura para enviarlo a la firma invitada de la editorial DVD como “Carta a Juan Andrés García Román”. Un poeta que, de haber sido incluido, habría aportado elegancia a la foto.
Ahí podrás leer lo que pienso del tema. Pero quizá cuando lo suban ya no sea un tema de actualidad.
Carlos
Comentado por: Carlos P el 18/6/2010 a las 11:16
Corrientes aguas, puras, cristalinas,
árboles que os estáis mirando en ellas,
verde prado, de fresca sombra lleno,
aves que aquí sembráis vuestras querellas,
hiedra que por los árboles caminas,
torciendo el paso por su verde seno:
yo me vi tan ajeno 245
del grave mal que siento,
que de puro contento
con vuestra soledad me recreaba,
donde con dulce sueño reposaba,
o con el pensamiento discurría
por donde no hallaba
sino memorias llenas de alegría.
Garcilaso
"Dulce sueño"
"Puro contento"
A los amantes de adjetivar, ¿les parece cursi la adjetivación de Garcilaso?
El recreo de la naturaleza.
Creo que sería un genitivo subjetivo.
La conquista d Roma...¿Objetivo? ¿Subjetivo?
Déjeneur sur l'herbe sin alimentos a la vista
Saludos.
Comentado por: Santiago el 18/6/2010 a las 00:41
El dulce lamentar de dos pastores,
Salicio juntamente y Nemoroso,
he de contar, sus quejas imitando;
cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores, 5
(de pacer olvidadas) escuchando.
Tú, que ganaste obrando
un nombre en todo el mundo
y un grado sin segundo,
agora estés atento sólo y dado 10
el ínclito gobierno del estado
Albano; agora vuelto a la otra parte,
resplandeciente, armado,
representando en tierra el fiero Marte;
agora de cuidados enojosos 15
y de negocios libre, por ventura
andes a caza, el monte fatigando
en ardiente jinete, que apresura
el curso tras los ciervos temerosos,
que en vano su morir van dilatando; 20
espera, que en tornando
a ser restituido
al ocio ya perdido,
luego verás ejercitar mi pluma
por la infinita innumerable suma 25
de tus virtudes y famosas obras,
antes que me consuma,
faltando a ti, que a todo el mondo sobras.
En tanto que este tiempo que adivino
viene a sacarme de la deuda un día, 30
que se debe a tu fama y a tu gloria
(que es deuda general, no sólo mía,
mas de cualquier ingenio peregrino
que celebra lo digno de memoria),
el árbol de victoria, 35
que ciñe estrechamente
tu gloriosa frente,
dé lugar a la hiedra que se planta
debajo de tu sombra, y se levanta
poco a poco, arrimada a tus loores; 40
y en cuanto esto se canta,
escucha tú el cantar de mis pastores.
Saliendo de las ondas encendido,
rayaba de los montes al altura
el sol, cuando Salicio, recostado 45
al pie de un alta haya en la verdura,
por donde un agua clara con sonido
atravesaba el fresco y verde prado,
él, con canto acordado
al rumor que sonaba, 50
del agua que pasaba,
se quejaba tan dulce y blandamente
como si no estuviera de allí ausente
la que de su dolor culpa tenía;
y así, como presente, 55
razonando con ella, le decía:
Salicio:
¡Oh más dura que mármol a mis quejas,
y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo; 60
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado, 65
y de mí mismo yo me corro agora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo. 70
El sol tiende los rayos de su lumbre
por montes y por valles, despertando
las aves y animales y la gente:
cuál por el aire claro va volando,
cuál por el verde valle o alta cumbre 75
paciendo va segura y libremente,
cuál con el sol presente
va de nuevo al oficio,
y al usado ejercicio
do su natura o menester le inclina, 80
siempre está en llanto esta ánima mezquina,
cuando la sombra el mondo va cubriendo,
o la luz se avecina.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
¿Y tú, de esta mi vida ya olvidada, 85
sin mostrar un pequeño sentimiento
de que por ti Salicio triste muera,
dejas llevar (¡desconocida!) al viento
el amor y la fe que ser guardada
eternamente sólo a mí debiera? 90
¡Oh Dios!, ¿por qué siquiera,
(pues ves desde tu altura
esta falsa perjura
causar la muerte de un estrecho amigo)
no recibe del cielo algún castigo? 95
Si en pago del amor yo estoy muriendo,
¿qué hará el enemigo?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Por ti el silencio de la selva umbrosa,
por ti la esquividad y apartamiento 100
del solitario monte me agradaba;
por ti la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
¡Ay, cuánto me engañaba! 105
¡Ay, cuán diferente era
y cuán de otra manera
lo que en tu falso pecho se escondía!
Bien claro con su voz me lo decía
la siniestra corneja, repitiendo 110
la desventura mía.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,
(reputándolo yo por desvarío)
vi mi mal entre sueños, desdichado! 115
Soñaba que en el tiempo del estío
llevaba, por pasar allí la sienta,
a beber en el Tajo mi ganado;
y después de llegado,
sin saber de cuál arte, 120
por desusada parte
y por nuevo camino el agua se iba;
ardiendo yo con la calor estiva,
el curso enajenado iba siguiendo
del agua fugitiva. 125
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?
Tus claros ojos ¿a quién los volviste?
¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste? 130
¿Cuál es el cuello que, como en cadena,
de tus hermosos brazos anudaste?
No hay corazón que baste,
aunque fuese de piedra,
viendo mi amada hiedra,
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.
(...)
Ves aquí un prado lleno de verdura,
ves aquí una espesura,
ves aquí una agua clara,
en otro tiempo cara,
a quien de ti con lágrimas me quejo. 220
(...)
¿Dó están agora aquellos claros ojos
que llevaban tras sí, como colgada,
mi ánima doquier que ellos se volvían?
¿Dó está la blanca mano delicada, 270
llena de vencimientos y despojos
que de mí mis sentidos le ofrecían?
Los cabellos que vían
con gran desprecio al oro,
como a menor tesoro, 275
¿adónde están? ¿Adónde el blando pecho?
¿Dó la columna que el dorado techo
con presunción graciosa sostenía?
Aquesto todo agora ya se encierra,
por desventura mía, 280
en la fría, desierta y dura tierra.
¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,
cuando en aqueste valle al fresco viento
andábamos cogiendo tiernas flores,
que había de ver con largo apartamiento 285
venir el triste y solitario día
que diese amargo fin a mis amores?
El cielo en mis dolores
cargó la mano tanto,
que a sempiterno llanto 290
y a triste soledad me ha condenado;
y lo que siento más es verme atado
a la pesada vida y enojosa,
solo, desamparado,
ciego, sin lumbre, en cárcel tenebrosa. 295
-------------
¿Cómo calificaría, estimado amigo Pron, el "uso" que de la naturaleza hacen los pastores/poetas garcilasianos?
Corría el siglo XVI y los románticos alemanes todavía no se habían apropiado ESTÉTICAMENTE del paisaje...
Claro que tampoco las playas actuales ya no son escenario del trabajo de los pescadores (que poco tomaban el sol y se bañaban, ¿no?)
Comentado por: Fede el 17/6/2010 a las 22:53
Juan Cárdenas: desafortunadamente, Pron y tú tenéis más razón que un santo. Me interesaría conocer la opinión de Carlos Pardo al respecto, pero no sé si tiene blog. Un saludo.
Comentado por: Marta el 17/6/2010 a las 21:23
Patricio, te pego más abajo una carta que le envié a Carlos Pardo.
Un saludo,
Juan S. Cárdenas.
Tres detalles sobre la tontería de la foto de los poetas:
1. Pron saca el asunto de las posiciones más facilonas y lleva la crítica hacia una misrepresentation del auténtico carácter ideológico del paisaje. Perfecto, pero, ¿y la poesía? ¿Qué le pasa a la poesía, a la idea de poesía que un país, o al menos una cierta comunidad, va construyendo, cuando los poetas aparecen representados de esa forma? Para decirlo brevemente, yo creo que el mainstream no había construido previamente una manera de representar lo que significa la poesía que están haciendo los poetas españoles jóvenes ahora mismo. El abismo entre esa poesía y los sistemas de representación del mainstream (y El País es uno de los más importantes) era tal que no había forma de haceros aparecer sino mediante un acto de violencia. Alguien tuvo una idea: usar el recurso humorístico del choque de opuestos y poner a unos poetas urbanitas, que escriben sobre cosas sofísticadas, en un entorno bucólico --que de ese modo queda como entrecomillado. Un guiño para que los urbanitas lectores se tronchen de risa y generen complicidad con los poetas. La parodia del mundo campesino es todo un subgénero del humor español. Y sin embargo, la cosa salió muy mal. ¿Por qué?
2. Pues bien, cuando El País no entiende algo, cuando no sabe cómo acercarse a determinado objeto, especialmente si éste viene asociado a lo moderno y juvenil, opta por recubrirlo de un aura trendy. En el momento en que se ha juntado éste último aspecto con la brillante idea de la parodia rural, han salido esas fotos que no son ni trendy ni paródicas. Al encontrarse, las dos intenciones se anulan. ¿Y sabes cómo se llama el encuentro entre el deseo de parecer moderno y la burla del mundo rural que se ha dejado atrás? Se llama cursilería. La cultura de la cursilería.
3. En efecto, el resultado es simplemente kitsch. Por eso choca tanto. Pero esa cultura de la cursilería (como una fuerza rancia y vieja que os persigue en la decoración de las casas de vuestros padres, en los gustos de vuestros padres, en la sentimentalidad de vuestros padres) es una estética de la que no podéis escapar quienes estáis intentando llevar la poesía española a otro sitio. Lleváis años escribiendo en otra dirección y un inesperado golpe de dados os vuelve a poner en el centro mismo de la imagen cursi, como protagonistas. Tú lo has descrito con sorna y ternura en "Retrato español", como despidiéndote de eso. ¿Y si en realidad no se tratara de despedirse? ¿Y si en realidad ese "retrato español" en el que os habéis metido fuera el punto de partida? ¿Cómo podéis deconstruir ese retrato, no desde afuera como hiciste tú en tu poema, sino desde dentro?
En fin, eran solo unas ideas que quería comentarte. Suerte y pulso, Juan.
Comentado por: Juan Cárdenas el 17/6/2010 a las 21:19
¡Hola, de nuevo!
A mi me parece, tellement, una variación del denostado y celebrado "Déjeneur sur l'herbe". Fíjense que hasta tienen sillón...
Una escena muy literaria.
Ya aquellos burgueses de Manet provocaron consternación en aquella sociedad...
Quizás ahora también se les vea como desnudos
a los poetas y poetisas de la foto.
Un placer, su blog. Ohne Schuld.
Comentado por: Federico Joel el 17/6/2010 a las 18:10
«A mi lo de la estética es algo que me trae sin cuidado, si son urbanitas o rurales, qué mas da»: ¿soy el único que considera irónicas estas palabras en la boca —o el teclado— de un poeta?
En realidad, el criterio de selección de este efímero club de los poetas vivos es algo anecdótico. Por supuesto que es necesariamente discrecional. Lo interesante es la puesta en escena de los autores, su "ethos", como diría Maingueneau, la manera en que es dirigido por los periodistas, su inclusión en un suplemento dominical (que cada vez con más frecuncia se proponen como guías de consumo conspicuo), la sinergia que transforma a los poetas en maniquíes, la lamentable prosodia de algunos de los poemas recitados, el hilo musical en plan Richard Clayderman que acompaña dichas declamaciones, la impresionante (y bastante fálica, por cierto) publicidad de Canon que antecede a los materiales audiovisuales. Son todos esos aspectos los que merece la pena leer.
Comentado por: Álvaro el 17/6/2010 a las 12:45
A mi lo de la estética es algo que me trae sin cuidado, si son urbanitas o rurales, qué mas da. La caza de los truenos siempre aparece cuando uno que cree ser merecedor de estar en la foto, no se ve en ella, ni en la citada antología... pero eso ya entra en el campo de la envidia.
Recuerdo que hace pocas semanas, se hizo en Barakaldo un festival poético musical, poniendo voz y música a cada uno de los poetas andaluces actuales, uno representando a cada provincia. A mi me eligieron representando a los poetas jienenses, creo que Elena Médel, que aparece en esa foto, representaba a los poetas cordobeses. Me imagino que cuando otros poetas jienenses, seguramente con más méritos que yo, no se vieran en esa selección, pues se lo tomarían tambien a mal. Asi es esto, un día te toca a ti, otro me toca a mí, no hay que darle la mayor importancia. Bienvenidos todos los honores...
Comentado por: Abelardo Martínez el 17/6/2010 a las 11:43
Chapeau, Patricio. Un análisis certero y muy (pero que muy) bien articulado. Ojalá abundara este tipo de reflexiones en el estúpido panorama cultural español.
Comentado por: Alberto el 17/6/2010 a las 06:17
Comentado por: Cristina el 16/6/2010 a las 20:26
¡Gran demostración de semiótica! Recuerdo haber leído rápido el artículo, en su versión en línea, y haberme quedado algo desconcertado por la foto, sin pararme a pensar por qué. Ni vi la que lleva el pie de foto explicando las marcas que visten. Si al menos la camisa fuera de Leo —y no de Armando— Bassi... Pero lo brillante es haber puesto ese hábito indumentario de clase con el entorno escogido para hacer las fotos.
Comentado por: Álvaro el 16/6/2010 a las 19:57
Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.
Ficción
Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.
El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.
El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.
Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.
El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.
Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.
Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.
Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.
Edición
Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.
Crítica

25/5/2012 11:50
Fantástico. Gracias a todos por...
Publicado por: P
24/5/2012 20:00
¿Y qué tal nombres? Gustavo...
Publicado por: LucianoLV
24/5/2012 18:01
1 Un tipo le cuenta al otro: ...
Publicado por: Ya sabés quién
24/5/2012 14:37
Un electricista le va a cambiar...
Publicado por: gómez
23/5/2012 15:41
Entra un hombre en un café y......
Publicado por: Más claro, agua
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Publicado por: me ha entrado la risa tonta...ay
23/5/2012 14:09
Vaya, nunca lo hubiera creído....
Publicado por: P
22/5/2012 13:27
No_ Patricio_ es Vicente Luis...
Publicado por: El Bigotes
22/5/2012 10:06
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21/5/2012 18:19
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Publicado por: El Bigotes
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