Escritores como espejos

Una invitación para lectores
No conocemos el rostro de Homero. La docena de retratos antiguos que se han conservado son posteriores en varios siglos a la creación del poema épico que le es atribuido y nos presentan un ciego vacilante de aspecto cansado cuya figura dice mucho más acerca de la concepción clásica de la ceguera y de la genialidad que de la figura real (si es que existió) que se escondió detrás de ese nombre.
Algo similar sucede con aquellos autores que habitaron épocas más recientes, y aún con los contemporáneos. Al menos desde la creación de la figura pública del escritor, que algunos críticos sitúan en la gira de Charles Dickens por los Estados Unidos en 1842 o incluso antes, con la emergencia del Romanticismo, existe una aspiración y un reclamo por parte del lector de conocer a los autores. Su trasfondo es el deseo de acceder al autor de una obra que nos ha interesado o nos ha conmovido y, eventualmente, desentrañar si esa obra posee un fondo biográfico. A este deseo le debemos cientos de biografías de escritores, algunas de las cuales parecen demostrar, por su pobreza de eventos, que el biógrafo ha puesto mucho más entusiasmo en la escritura de esa vida que el propio biografiado en vivirla. A esta aspiración debemos también ciertas instituciones poco prácticas de lo que llamamos la vida literaria, como las presentaciones de libros o las firmas; ambas sirven a la finalidad de que el lector trabe conocimiento con el autor, pero el problema es que el conocimiento que emana de este tipo de eventos es absolutamente superficial y depende de factores ajenos a la voluntad del autor y del lector como el clima de la ciudad donde tiene lugar el encuentro, la organización del mismo o la digestión del autor, de los que a menudo surge una imagen distorsionada, por demasiado positiva o por excesivamente negativa, del escritor que el lector deseaba conocer.
Que nos aferremos a este tipo de eventos, sin embargo, parece dar cuenta del hecho de que, para algunos, un encuentro breve y superficial con un autor es mejor que ningún encuentro, lo que no estaría mal excepto por el hecho de que este tipo de encuentros no son necesarios en absoluto.
No es improbable que los lectores hayan experimentado ya que el conocimiento personal de un autor no mejora su obra, del mismo modo que la producción de una obra pasable, buena o muy buena no le convierte en una persona más interesante. Esto sucede debido a que las obras son completamente autónomas de sus autores, que (contra lo que se piensa habitualmente) son la parte más frágil y más contingente de la existencia social de la literatura. Recordar que los autores no son sus libros, y viceversa, no sólo nos ahorraría malentendidos y situaciones desagradables, sino que también nos permitiría, por fin, disfrutar de un cierto tipo de discurso liberado de las simpatías y las antipatías personales que demasiado a menudo presiden el juicio crítico acerca de los escritores y sus obras.
En la experiencia del lector, el autor es lo que menos importa, y éste debería esforzarse porque así fuera, recuperando una concepción de la literatura que gira alrededor del libro, una concepción según la cual el libro es lo más importante y no su autor. Así como no conocemos el rostro "verdadero" de Homero, nos resulta absolutamente imposible conocer el rostro "verdadero" de cualquier autor, incluso del que firma esta disidencia. Todo el sentido de la literatura es la adopción de máscaras por parte del autor o, mejor aún, el reemplazo de su rostro mediante la escritura por la superficie de un espejo. El espejo refleja el rostro del lector: sus opiniones acerca de un autor y de su obra dicen mucho más acerca de sí mismo que sobre ese autor y esa obra. Recordar esto podría contribuir a que el lector se impusiese la tarea de leer mejores libros y el escritor, de escribirlos.
[Publicado el 02/6/2010 a las 11:30]
[Etiquetas: Disidencias; Homero]
Muy interesante. Imagenes y reflejos...la vision de Homero, la textura de Constantino Stanislavsky entregados al los deseos de Michael Fucault...o seran las necesidades de narciso??? ;o)
Comentado por: Jose Rafael Trejos Murillo el 06/6/2010 a las 00:19
Comentado por: Delagrange el 04/6/2010 a las 02:23
No lo dije bien: que en casa frente al libro hay mayor intimidad y menor distancia que cuando la gente abulta e ioncluso parlotea.
Comentado por: Delagrange el 04/6/2010 a las 02:20
A las personas inteligentes da más ganas de oirlas y verlas que a las que no lo son. Ver y oir al autor tras leer sus libros, por placer e interés personal. Claro que todo esto se puede hacer guardando las distancias y salvaguardando la intimidad, siempre mayores cuando las personas son además bultos, que en casas frente a un libro.
Comentado por: Delagrange el 04/6/2010 a las 02:17
Personalmente, considero que la sobreexposición mediática de los escritores va en detrimento de la credibilidad de sus narraciones. Me explico. Cuando me enfrento a la obra de uno cualquiera de los muchos autores que aparecen constantemente en todos los medios y cuyas opiniones, contradicciones, obsesiones, filias y fobias han sido puestas negro sobre blanco infinidad de veces y son ya por tanto de dominio público, me resulta imposible abstraerme de todo ello y “creerme”, por así decir, la ficción que tengo delante. No puedo evitar ver la mano del autor moviendo los hilos y tratando de sermonearme. Es él quien cobra vida y no sus personajes. Es perfectamente posible que eso no le preocupe, sino que le resulte incluso gratificante. Pero, como clamaba (en vano) Don José Ortega y Gasset: “No es esto, no es esto…”
http://antoniolopezpelaez.com
Comentado por: Antonio López-Peláez el 03/6/2010 a las 16:55
Tienes razón Patricio, lo que pasa es que los lectores sucumbimos también a las acciones de mercadotecnia que rodean a la publicación de un libro. Debería bastarnos el libro mismo. Y definitivamente el libro no es el autor, perdería sentido la literatura.
Comentado por: Cada cual con su quimera el 02/6/2010 a las 20:45
En el mundo anglosajón, en la presentación de un nuevo libro, los escritores leen un fragmento de su obra. Generalmente el acto tiene lugar en una librería donde el público puede adquirir el libro presentado y solicitarle al autor que se lo firme.
Mucho más limpio, sencillo y directo que el tinglado de instituciones públicas extrañamente ligadas a las editoriales, con discursos de escritores de la casa, vinos a costa del contribuyente y toda la parafernalia al uso en el mundillo literario hispano.
Como bien dicen todos los escritores grandes, el premio de ese oficio es, precisamente, escribir. Y el de los lectores, evidentemente, leer.
Le felicito por su interesante blog.
Comentado por: flyn el 02/6/2010 a las 11:54
Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.
Ficción
Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.
El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.
El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.
El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.
Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.
El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.
Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.
Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.
Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.
Edición
Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.
Crítica

25/5/2012 11:50
Fantástico. Gracias a todos por...
Publicado por: P
24/5/2012 20:00
¿Y qué tal nombres? Gustavo...
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