El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 25 de mayo de 2012

 Blog de Patricio Pron

Traidores

Ilustración de Fernando Vicente

Aunque existe una pequeña tradición literaria cuyo tema central es el denuesto de los traductores y cuyo lema habitual es la frase italiana "traduttore, traditore" [traductor, traidor], lo cierto es que algunos lectores se lo debemos todo. Yo fui uno de ellos y conocí a muchos así: éramos pobres como ratas pero amábamos unos libros que no podíamos leer en el original porque no teníamos dinero para aprender ningún idioma extranjero. Yo creía con devoción en Francisco Porrúa, Enrique Pezzoni, Juan José del Solar, Miguel Sáenz, Elvio E. Gandolfo, Marcelo Covián, Jesús Zulaika, Gabriel Ferrater, Francisco Abelenda, Jorge Berlanga y Marcial Souto; estaba convencido de que estos traductores sólo traducían a escritores que valieran la pena, y a menudo su nombre en las primeras páginas interiores de un libro (injustamente, nunca en su portada) era razón suficiente para pedir prestado el libro en alguna biblioteca pública o robarlo en alguna librería, incluso aunque no supiera nada de su autor. A menudo también, esos libros eran un descubrimiento, que no hubiera podido hacer sin los ejercicios de ventriloquía de los mencionados: Jorge Berlanga "era" para mí Charles Bukowski, Francisco Abelenda y después Marcial Souto "fueron" creo que todo Ray Bradbury, Jesús Zulaika prestó una voz escueta a Raymond Carver, Enrique Pezzoni "fue" Herman Melville, sin Elvio E. Gandolfo probablemente jamás hubiera sabido quiénes eran los beats, Miguel Sáenz "fue" Thomas Bernhard y W. G. Sebald entre otros. Una vez más, a menudo estos traductores eran también excelentes escritores ellos mismos y, como en el caso de Guillermo Cabrera Infante, Elvio E. Gandolfo y Enrique Pezzoni, les leí como autores poco después de haberles leído como traductores y resultaron tan importantes para mí como los autores que ellos mismos habían traducido.

No sé absolutamente nada sobre teoría de la traducción, pero conozco a algunos traductores cuyo trabajo disfruto como lector y de los cuales aprendo, como Javier Calvo, Juan Villoro, Eduardo Hojman, Marcelo Cohen, Helena Cortés y Ramón González. A veces también soy traducido: Burkhard Pohl, Claudia Ballhause, Sybille Martin y Kerstin Cornils me han prestado su voz en alemán y François Monti en francés. Janet Hendrickson me ha traducido al inglés y, a todos los efectos, considero mi traductora al inglés a la extraordinaria Mara Faye Lethem. A veces, también, traduzco yo mismo, y lo hago todas las veces con más dudas que certezas y con el temor de convertirme yo mismo en un traidor pese a haber sido tan felizmente traicionado tantas veces en el pasado. Un mundo sin traductores sería un mundo donde las diferencias de procedencia, de ingresos y de clase social que determinan el acceso a la literatura serían aún más notables y, por lo tanto, un mundo un poco más injusto. Sería un mundo, también, donde yo nunca hubiera descubierto a escritores como Arno Schmidt, Ernest Hemingway, James Joyce, Raymond Carver, Alain Robe-Grillet, Flannery O'Connor y muchos otros. Naturalmente, y por esto, también sería un mundo donde yo no escribiría. Creo que hay un "día del traductor" pero desconozco cuál es y prefiero que este diario de lecturas quede al margen de la tontería de los aniversarios. Aprendí algunos de los idiomas que no podía leer cuando era un adolescente pobre y debía robar libros; sin embargo, sigo leyendo traducciones con entusiasmo y sin ningún interés particular en cotejarlas con sus originales, que a veces también leo. Supongo que la traducción es un ejercicio de ventriloquía y carece de importancia que, de alguna manera, y para muchos puristas, sea un engaño. Algunos preferimos ser engañados, y llamamos a eso literatura. Aquí, una vez más, hay un adolescente pobre que vuelve a maravillarse ante su descubrimiento.

[Publicado el 17/5/2010 a las 13:00]

[Etiquetas: Disidencias, Elvio E. Gandolfo, Enrique Pezzoni, Juan José del Solar, Miguel Sáenz, Guillermo Cabrera Infante, Jesús Zulaika, Francisco Abelenda, Jorge Berlanga, Marcial Souto, Javier Calvo, Juan Villoro, Eduardo Hojman, Marcelo Cohen, Ramón González, Bu]

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Comentarios (7)

  • """porque no teníamos dinero para aprender ningún idioma extranjero""""
    no sirve dinero para aprender un idioma solamente mucha curiosidad.
    Como dice Javier marias las traducciones pueden reinventar la obras antiguas. Por ejemplo yo soy italiano y nunca voy a poder leer en un lengueaje moderno la divina comedia

    Comentado por: carmelo el 02/6/2010 a las 21:49

  • Hola, no conocía tu blog y (todavía) no conozco tu obra, pero me gustó tu artículo.

    Aunque es justo lo que no necesitaba leer ahora mismo, porque tengo ese nivel exacto de inglés que te permite leer a Paul Auster o Tom Wolfe con cierta impunidad, pero que te depara mucho dolor si lo intentas con cualquier cosa más complicada (o que tenga más de 100 años, eso ya ni lo intento...)

    Comentado por: Walcott el 02/6/2010 a las 16:17

  • Lamentablemente, amigo, uno sólo reconoce al traductor cuando, al leer un libro, no tropiezas en incongruencias. El mejor traductor acaba siendo el traductor más silencioso. Y más allá de este fantástico silencio, en el que se escuchan a la perfección las voces de los traducidos, lo que encuentro es mucha angustia por el panorama general, por, un ejemplo, no saber ruso y no encontrar un decente español para algunas obras insustituibles.

    Por último, y respetando a aquellos que hicieron de esto de la traducción un oficio, me encantan los juegos traductores, y por eso, con una amiga, traducimos algunos cuentos y pasajes de obras por distintas razones poco conocidas, sin intención de ganar nada salvo el rato impagable de jugar con las entrañas de esos textos. Un saludo de recién, recién llegado a tu obra.

    Comentado por: Juanma el 27/5/2010 a las 18:09

  • Lamentablemente, amigo, uno sólo reconoce al traductor cuando, al leer un libro, no tropiezas en incongruencias. El mejor traductor acaba siendo el traductor más silencioso. Y más allá de este fantástico silencio, en el que se escuchan a la perfección las voces de los traducidos, lo que encuentro es mucha angustia por el panorama general, por, un ejemplo, no saber ruso y no encontrar un decente español para algunas obras insustituibles.

    Por último, y respetando a aquellos que hicieron de esto de la traducción un oficio, me encantan los juegos traductores, y por eso, con una amiga, traducimos algunos cuentos y pasajes de obras por distintas razones poco conocidas, sin intención de ganar nada salvo el rato impagable de jugar con las entrañas de esos textos. Un saludo de recién, recién llegado a tu obra.

    Comentado por: Juanma el 27/5/2010 a las 18:09

  • Hermoso artículo.
    «Los escritores hacen la literatura nacional y los traductores hacen la literatura universal», José Saramago dixit.

    Comentado por: Margarita el 19/5/2010 a las 12:35

  • Me ha encantado leer tu artículo. Yo todavía estoy en las páginas interiores de los libros, pero todo llegará...

    Comentado por: Laura el 19/5/2010 a las 11:48

  • Gracias por tu artículo, Patricio. Te diría que tienes toda la razón, pero te diré algo más personal y directo: me hace muy feliz la valoración que haces de este oficio, que tantas veces desarrollamos en la sombra. Vengo ahora mismo de Páginas de Espuma, de recoger mi cuarto libro traducido y es el primero que lleva mi nombre en la portada. Todo un logro, toda una satisfacción, y otra batalla ganada por gente que -me consta- pelea por ello cada día, desde el gremio de traductores y desde dentro de las editoriales. Gracias a todos por dejarnos ser para tantos lectores la voz de nuestros ídolos.

    Comentado por: Amelia el 19/5/2010 a las 11:30

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Biografía

Patricio Pron (Argentina, 1975) es autor de los volúmenes de relatos Hombres infames (1999), El vuelo magnífico de la noche (2001), El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan (2010) y Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010 (2011) y de las novelas Formas de morir (1998), Nadadores muertos (2001), Una puta mierda (2007), El comienzo de la primavera (2008), ganadora del Premio Jaén de Novela y distinguida por la Fundación José Manuel Lara como una de las cinco mejores obras publicadas en España ese año, y El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), que será traducida al noruego, francés, italiano, inglés, neerlandés y alemán. Su trabajo ha sido premiado en numerosas ocasiones, entre otros con el premio Juan Rulfo de Relato 2004, y antologado en Argentina, España, Alemania, Estados Unidos, Colombia, Perú y Cuba. Sus relatos han aparecido en publicaciones comoThe Paris Review y Zoetrope (Estados Unidos), die horen (Alemania), Etiqueta Negra (Perú), Esquire (México), Il Manifesto (Italia) y Eñe (España). Recientemente la revista inglesa Granta lo ha escogido como uno de los veintidós mejores escritores jóvenes en español del momento. Pron es doctor en filología románica por la Universidad «Georg-August» de Göttingen (Alemania); en la actualidad vive en Madrid.

Bibliografía

 
 
 
 

 

Ficción

 

Trayéndolo todo de regreso a casa. Relatos 1990-2010. La Paz (Bolivia): El Cuervo, 2011.

 

El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Barcelona: Mondadori, 2011.

 

El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.

 

El comienzo de la primavera. Barcelona: Mondadori, 2008.

 

Una puta mierda. Buenos Aires: El cuenco de Plata, 2007.

 

El vuelo magnífico de la noche. Buenos Aires: Colihue, 2001.

 

Nadadores muertos. Rosario: Editorial Municipal de Rosario, 2001.

 

Hombres infames. Rosario: Bajo la luna nueva, 1999.

 

Formas de morir. Rosario: Universidad Nacional de Rosario Editora, 1998.

 

 

 

Edición

 

Zerfurchtes Land. Neue Erzählungen aus Argentinien [Tierra devastada: Nuevos relatos de Argentina]. Coed. con Burkhard Pohl. Göttingen: Hainholz Verlag, 2002.

 

 

Crítica

 

"Aquí me río de las modas": Procedimientos transgresivos en la narrativa de Copi y su importancia para la constitución de una nueva poética en la literatura argentina. Göttingen: Niedersächsische Staats- und Universitätsbibliothek Göttingen, 2007.

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