Apunte de Saramago
Saramago era un Juan Rulfo portugués que había ganado el Nobel. Como Rulfo, lo había leído todo, señal del autodidacta escolarizado por la novela. Y como Rulfo, poseía la inteligencia popular que los hijos de la ciudad, más livianos, confunden con sabiduría oral. Tenían ambos, además, un laconismo elegante, pero eran capaces de grandes arrebatos de protesta o de ternura. También fueron esa clase de escritores que en los foros de este mundo, callaban tan profundamente que su silencio se hacía notorio. Parafraseando a Macedonio Fernández, se podría decir que si callaban un rato más, no quedaría nada que añadir.La primera vez que lo vi, tal vez en un foro en Madrid, hablamos de Providence, mi ciudad, famosa por su población portuguesa. Me contó que había estado aquí, y que unos profesores portugueses lo llevaron a conocer un mercado auténticamente portugués. Lo divertía esa paradoja regional, porque él vivía rodeado de mercados portugueses verdaderos. Me di cuenta de que su laconismo era una forma del sentido común. Tenía un gusto empírico mundano y austero. No pertenecía a ninguna artistocracia literaria, pero tampoco hacía gala de sus orígenes campesinos. Se había hecho un hombre de la ciudad a través de los libros, el periodismo y la política, que en su caso fue la clandestinidad del Partido Comunista Portugués, al que adherió en 1969. He llegado a la conclusión de que Saramago fue una clase de escritor que hemos conocido en América Latina: un escritor que pasó de la pobreza rural a la vida urbana a través de los clásicos. O sea, a través de la idea de la polis como espacio de la política, y de la civitas como lugar del debate, el ágora y el ágape. Saramago debe haber sido el último artistotélico. Creía que la verdad se hace entre todos, a pesar de todo. Su robusto sentido común era la fuente de su inmediato sentido de la justicia. Su voluntad de ser útil, revelaba no al hombre político sino al hombre dialógico.Por eso, andaba por las ferias de libro de este mundo rodeado de una nube de periodistas, y era verdaderamente feliz hablando con ellos. García Márquez, que es amigo personal de los periodistas, en cambio, se niega a conceder entrevistas. “Lobo no come lobo,” les dice, para espantarlos. Las opiniones de Saramago, respuestas y propuestas eran de tal sentido común, que resultaban irónicas y hasta atrevidas. Era capaz de poner a prueba su libertad para exceder las normas y la corrección política. A veces era imposible acompañarlo tan lejos, pero ese era un papel que hacía suyo. Una vez, hablando contra las guerras de Bush, me explicó su teoría sobre los terroristas suicidas: sólo alguien acorralado puede hacer de su muerte una bomba. Lo decía alarmado de esa paradoja extrema.Pero siendo un escritor mayor, era más complejo que su figura civil. Sus novelas son en sí mismas idependientes de una tesis previa, pero llevan por dentro una referencia literaria central: la gran poesía de Fernando Pessoa. Los varios poetas que inventó Pessoa postulan que el sujeto (pessoa, persona, máscara) está hecho de muchas voces. Y, para él, cada una merecía su nombre, vida y obra independientes. De los tres heterónimos que creó Pessoa, atribuyéndoles una obra distinta, el de Ricardo Reis es el más confesional y melancólico. Saramago escribió su novela preferida, El año de la muerte de Ricardo Reis (1982) para contar su visión de Lisboa desde la máscara (Reis) de otra máscara (Pessoa). De modo que su Reis es una tercera instancia, y con esa libertad de mediaciones pudo levantar, por fin, su versión de la ciudad como espacio de construcción de la identidad emotiva. Una ciudad mórbida y memoriosa, donde el romanticismo es la forma de su agonía plácida. Por eso, cuando ha querido definirse como escritor, ha acudido otra vez a Pessoa para designarse en estado de permanente “desasosiego”. Pessoa había escrito:”En la vida de hoy, el mundo sólo pertenece a los estúpidos, a los insensibles y a los agitados. El derecho a vivir y a triunfar se conquista hoy con los mismos procedimientos con que se conquista el internamiento en un manicomio: la incapacidad de pensar, la amoralidad y la hiperexcitación.” (Libro del desasosiego)Seguramente Saramago habría cambiado los calificativos pero, al final, diría otro tanto de lo mismo. Con menos patetismo, pero con parejo rechazo de la mentalidad dominante; esta vez, la del consumismo, el espectáculo, y la mediocridad del mal.Pero las estrategias literarias de Saramago llevan todavía otra trama interior: su diversa biografía, rescrita con humor y desenfado. Hasta su nombre es una máscara: Saramago (una especie de rábano rústico) era el apodo que los campesinos aplicaban a su padre, y en la partida de nacimiento del escritor apareció el insulto convertido en apellido. El padre tiene que haber sido el primer personaje del escritor futuro: aceptó sin reparo el error y decidió asumir ese nombre. Se diría que José Saramago fue desde el primer día una creación del lenguaje.La última vez que coincidimos fue en la primera edición de Lecciones y Maestros, en junio de 2007, organizada en Santillana del Mar, de la que fue anfitriona nuestra querida amiga Isabel Polanco. A mi me tocó hablar de Juan Goytisolo; de Saramago se ocupó, con brío, Laura Restrepo. En una de las cenas multitudinarias, buscando un lugar entré a una sala y encontré a Saramago, sentado a la mesa, solo. De modo que decidí acompañarlo. Lo vi más taciturno y vulnerable que de costumbre. Para animarlo, le conté que había conocido a Jorge Amado, a quien él estimaba, en un congreso en Puerto Rico, donde me había contado el origen de Doña Flor y sus dos maridos. Pero contrastándolos con la integridad de Amado, Saramago empezó una letanía contra los intelectuales sumados al sistema. Habíamos perdido, protestó, la capacidad de darle significado a las cosas, y vivíamos en la ausencia del significado. La vida misma perdía sentido. Al final, me dijo, estamos solos. Felizmente, a poco estuvimos menos solos porque fueron sumándose a la larga mesa otros participantes del coloquio y, sin que nadie se percatara, nos quedamos callados. En verdad, es muy fácil quedarse callado en una cena española.Pero pronto descubrí que la melancolía de Saramago no provenía de la pérdida del mundo tal cual, sino del hecho más urgente de que Pilar del Río, su mujer, lo había dejado solo. O más bien, se habia mudado a otra mesa de amigas. A su vuelta, José recuperó instantáneamente el optimismo. Hasta sonrió. Y pudimos remontar la decadencia de Occidente y hacer honor a los dones de Cantabria.Me he quedado con esa imagen viva de José Saramago. La sonrisa de un hombre enamorado.
[Publicado el 26/6/2010 a las 16:16]
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Comentado por: juan-andres el 29/6/2010 a las 02:48
Comentado por: jbv a 10.710 km el 27/6/2010 a las 01:40
debo confesarlo, y lo confieso : una vez (una sola vez, lo prometo, plís sorry, señora magistrada) caí en el pecadodelito de vaticinar un nobel
tampoco era tan difícil : ya se repetía y repetía que no se había otorgado a ningún escritor en portugués (ni en urdu, ni en vietnamita, cosas así)
entonces, caí en la soberbia (relativa, como se verá después, señora magistrada) de predecir que el primer nobel de literatura en idioma portugués recaería en jorge amado
y en eso se lo otorgan a saramago
la obra de jorge amado la tenía leída casi toda
la de saramago, casi nada; lo conocía, claro, por su magnífica actitud ante la vida y en su faceta de articulista
entoncers, abochornado por las infinitas lagunas de mi (in)cultura, me lancé a leer toda la obra de saramago
y a releer la de jorge amado
y a des lum brarme y a des lum brar me y a desl lum brar me
y...
y en las memorias y en las cartas y en las etcéteras, chááán, descubrí que ambos eran amigos, y que cada año se reunían y se vaticinaban, recíprocamente : este año te toca a ti
entonces
no le otorgaron el nobel de literatura a mi candidato
pero se lo concedieron al candidato de mis preferencias
espero que se tenga en cuenta
señora magistrada
(¿no podrían haber hecho, sin que sirviera de precedente, un premio compartido?)
(pregunto)
Comentado por: jbv a 10.710 km el 27/6/2010 a las 01:35
Comentado por: juan-andres el 26/6/2010 a las 23:49
Perú, 1942. Después de estudiar Literatura en la Universidad Católica, en Lima, y publicar su primer libro de crítica, La contemplación y la fiesta (1968), dedicado al "boom" de la novela latinoamericana, emigró a Estados Unidos invitado como profesor visitante por las Universidades de Pittsburgh y Yale. Vivió en Barcelona (1971-73) como traductor y editor. Volvió de profesor a la Universidad de Texas, Austin, donde en 1978 fue nombrado catedrático de literatura latinoamericana. Lo fue también en la Universidad de Brandeis y desde 1989 lo es en la Universidad de Brown, donde ha sido director del Departamento de Estudios Hispánico y actualmente es director del Proyecto Transatlántico. Ha sido profesor visitante en Harvard, NYU, Granada y Las Palmas, y ocupó la cátedra Simón Bolívar de la Universidad de Cambridge. Es miembro de las academias de la lengua de Perú, Venezuela, Puerto Rico y Nicaragua. Ha recibido la condecoración Andrés Bello del gobierno de Venezuela en 1998 y es doctor honorario por las universidades del Santa y Los Angeles, Perú, y la Universidad Americana de Nicaragua. Consejero de las cátedras Julio Cortázar (Guadajara, México), Alfonso Reyes (TEC, Monterrey), Roberto Bolaño (Universidad Diego Portales, Chile) y Jesús de Polanco (Universidad Autónoma de Madrid/Fundación Santillana). Dirije las series Aula Atlántica en el Fondo de Cultura Económica, EntreMares en la Editorial Veracruzana, y Nuevos Hispanismos en Iberoamericana-Vervuert. Ha obtenido los premios Rulfo de cuento (París), Bizoc de novela breve (Mallorca), Casa de América de ensayo (Madrid) y el COPE de cuento (Lima). De su crítica ha dicho Octavio Paz:"Ortega practica el mejor rigor crítico: el rigor generoso."
Crítica
Transatlantic Translations. Londres: Reaktion Books 2006
Rubén Darío y la lectura mutua. Barcelona: Omega 2004
Caja de herramientas. Prácticas culturales para el nuevo siglo chileno. Santiago: LOM 2000
El principio radical de lo nuevo. Lima: FCE 1997
Retrato de Carlos Fuentes. Madrid: Circulo de Lectores 1995
Arte de innovar. Mexico: UNAM 1994
El discurso de la abundancia. Caracas: Monte Ávila 1992
Una poética del cambio. Prólogo de José Lezama Lima. Caracas: Biblioteca Ayacucho 1992
Reapropiaciones: Cultura y literatura en Puerto Rico. San Juan: EUPR 1991
Gabriel García Márquez and the Powers of Fiction. Austin: Texas Press 1988
Crítica de la Identidad. México: Fondo de Cultura Económica 1988
Cultura y modernidad en la Lima del 900. Lima: CEDEP 1987
Poetics of Change, The New Spanish-American Narrative. Austin: Texas Press 1986
Figuración de la persona. Barcelona: Edhasa 1971
La contemplación y la fiesta. Caracas: Monte Ávila 1969
Ficción
Teoria del viaje y otras prosas. Madrid: Ediciones del Centro 2009
Adiós Ayacucho. Lima: U de San Marcos 2007
Puerta Sechin. Tres novelas breves. México: Jorale Ed. 2005
Habanera. Palma de Mallorca: Bitzoc, 1999; Lima: Fondo PUC 2001
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La mesa del padre. Cuentos. Caracas: Monte Ávila 1995
Ayacucho, Good Bye. Pittsburgh: Latin American Review Press 1994
Ediciones
México Transatlántico. Con Celia del Palacio. México: FCE 2008
Rubén Darío: Poesía. Barcelona: Círculo de Lectores 2007
Carlos Fuentes: Obra reunida. México: FCE 2006
Gaborio. Arte de Releer a Gabriel García Márquez. México: Jorale 2004
"El Aleph" de Jorge Luis Borges, ed. Critica. Con E. del Río Parra. México: El Colegio de México 2008
The Picador Book of Latin American Stories. Con Carlos Fuentes. London: Picador 1998; New York: Viking 2000
Alfredo Bryce Echenique: La vida exagerada de Martín Romaña. Con M.F. Lander. Madrid: Cátedra 2002
Antología del cuento latinoamericano del siglo XXI. México: Siglo XXI 1997
La Cervantiada. Madrid: Libertarias 1994
César Vallejo: Trilce. Madrid: Cátedra 1996
Julio Cortázar: Rayuela. Con Saúl Yurkievich. París: Archivos 1993
America Latina in its Literature. Con César Fernández Moreno. New York 1984
26/1/2012 06:45
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25/1/2012 01:07
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05/11/2011 07:46
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