Costumbres de la vieja España
Pedir perdón es un gesto que en los ámbitos privados de las relaciones humanas denota humildad de espíritu y buen carácter. Es razonable hacerlo cuando uno comprende la envergadura de su error y le avergüenzan las molestias que ha ocasionado a sus amigos o familiares. Sin embargo, cuando se abandona el limitado circuito de los vínculos personales, el perdón adquiere una confusa categoría.
No se entiende muy bien qué puede llegar a significar cuando se pronuncia fuera de las severas obligaciones prescritas por el guión cultural del catolicismo. En la economía espiritual que regula el sacramento de la confesión, el perdón cumple una valiosa función regeneradora. Liberarse del remordimiento, por ejemplo, y del torturado complejo que éste impone al que transgrede con conocimiento de causa, es una de las benéficas aplicaciones que tiene el perdón. Pero la eficacia de esta compungida lucidez depende de sutilísimas operaciones psicológicas ligadas al acto mismo de la contrición. La más importante, como todo el mundo (católico) sabe, es el voluntario cumplimiento de la penitencia. Sin cargar con el peso de la retribución es verdaderamente inútil pedir perdón. ¿De qué puede servir un efímero reconocimiento de culpa?
Este es el motivo por el cual las sociedades laicas han eliminado de su lenguaje público la palabra perdón, pues pertenece a un léxico religioso sin la adecuada traducción jurídica. Las revoluciones democráticas que fundaron el desarrollo institucional de nuestras constituciones consideraron más conveniente articular los mecanismos de razón política que hicieran viable el control de las responsabilidades públicas. Es conocido el ejemplo dado por los más conscientes administradores del espacio público, que antes de pedir perdón, y después de haber declarado su error, entregaban su dimisión. De este modo reconocían el acierto de los que votaron a un hombre de honor, y dejaban el cargo al que pudiera seguir adelante sin la desazón del dislate cometido. Aceptaban su penitencia en lugar de pedir ayuda para llevarla a cuestas.
De este modo, se eliminó de la cultura democrática la frase “confiad en mí".
[Publicado el 16/1/2007 a las 09:30]
Comentado por: Otro mas el 24/3/2009 a las 18:09
A Dios rogando y con el mazo dando,eso es lo que acen muchos de los que piden perdón,sobre todo cuando no existe claro arrepentimiento, como es normal.
Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 16/1/2007 a las 18:27
Comentado por: maleas el 16/1/2007 a las 17:02
Poner el cargo a disposición... ¡Qué dulce sintagma! ¡Qué liberación!
La misma palabra lo dice: "cargo". ¿Quién quiere "cargar" con él?
Se buscan voluntarios para esta democracia.
Comentado por: provoqueen el 16/1/2007 a las 15:49
En alguna ocasión en que alguien me ha perdido perdón he contestado:No practico el intrusismo profesional y menos con la Iglesia.Me alegro que el ejemplo cunda.El disculpe,tampoco se escapa del fardo teologico,exento de culpa.La noción de Pecado Original nos convierte a todos en culpables de nacimiento.El invento del perdón soluciona el problema que el mal genera.
Puedo intentar comprender pero creo que soy incapaz de perdonar,el concepto me parece inmoral.
Comentado por: maleas el 16/1/2007 a las 14:07
Los seres humanos no somos perfectos como para no cometer errores ni divinos como para juzgar los de los otros. Lo más importante es intentar "hacer" algo.
Comentado por: maria guilherme el 16/1/2007 a las 12:04
De acuerdo, totalmente.
Curioso observar el instante preciso en el que empiezan a perder el poder los que están en él.
En nuestras democracias desgastadas, que un gobernante o aledaños pida perdón se ha convertido en la maniobra que elude precisamente la responsailidad política.
Y, efectivamente, si hablamos de lo mismo, y creo que así es, Zapatero debería haber dimitido en el acto, de tan ¡"buenísima persona"! como es...
Comentado por: DOLAG el 16/1/2007 a las 11:37
Basilio Baltasar Cifre (Palma de Mallorca, 1955) es editor y periodista. Es director de la Fundación Santillana y editor del portal de blogs literarios El Boomeran(g). Entre 2005 y 2008 ha sido Director de Relaciones Institucionales del Grupo Prisa y director de La Oficina del Autor. Fue director editorial de Seix Barral desde dónde reanudó la convocatoria del Premio Biblioteca Breve. En el año 2000 creó el Premio a la Crítica Literaria. Ha sido editor de la revista literaria Bitzoc y de la revista de arte y arquitectura Gala. Entre 1989 y 1996 dirigió el programa de exposiciones y ediciones dedicado al arte de las sociedades sin escritura (Cultures del Món. Art i antropología). Fue patrono fundador de la fundación musical Área de Creación Acústica, patrono en la Fundación Pilar y Joan Miró, director de la Fundación Bartolomé March, vicepresidente de la Fundación Jakober. Dirigió el periódico El Día del Mundo.
Tengo una pregunta para mí
En la 2 de RTVE
¿Quién nos enseña a vivir?
Basilio Baltasar conversa sobre enseñanza y educación
con Fernando Savater, Josep María Flotats, Rafael Argullol y Paco Ibáñez.
21/5/2012 16:42
Fue en cierto modo afortunado al...
Publicado por: Rosita
01/5/2012 16:33
El buen escritor no se sitúa en...
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25/4/2012 14:38
Basilio a ve si cambiais ya la...
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