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viernes, 25 de mayo de 2012

 Del alfiler al elefante / Blog de Lluís Bassets

Las barbas del vecino

El jueves por la noche, hoy se cumple una semana, tras una larga negociación, el acuerdo estaba al alcance de la mano. Los embajadores de los países del Consejo de Seguridad habían redactado un texto de consenso que fueron mandando a sus respectivas capitales. En la resolución había la dosis de dureza y de presión sobre el régimen de Bachar el Asad que exigía la sangrienta escalada represiva emprendida contra las protestas populares y, a la vez, la flexibilidad que requiere la apuesta por una salida negociada, tal como desean la mayoría de los países del entorno árabe y del propio Consejo de Seguridad. La búsqueda del consenso se expresa con claridad en la exclusión explícita de una acción militar contenida en el proyecto de resolución. Nadie proponía repetir la experiencia de Libia. Tampoco se amenazaba con nuevas sanciones, tal como fue el caso de la resolución fracasada en octubre por el primer veto doble de China y Rusia. Había incluso una condena de toda la violencia, ?venga de donde venga?, como suelen decir este tipo de textos. Y se evitaba toda apelación directa al dictador para que renuncie al poder, tal como quiere la oposición. ?Recomendaré el voto positivo?, le dijo el mismo jueves el embajador ruso ante Naciones Unidas, Vitaly Churkin, a su colega francés, Gérard Araud. ?Al día siguiente [el viernes], fuimos testigos de un viraje de 180 grados?, ha explicado el propio Araud a Le Monde. Y añadía: ?Después del voto, el sábado, Vitaly Chrukin leyó sus instrucciones sin intentar ni siquiera argumentar. Sabía que habíamos llegado muy lejos en nuestras concesiones, algo inesperado para los rusos, cuyas líneas rojas habían sido respetadas?. En la votación, Rusia y China exhibieron de nuevo su derecho de veto, en una actuación que no se explica ni por el contenido de la resolución ni por los intereses que puedan exhibir las dos potencias protectoras de El Asad. La Liga Árabe, institución multilateral de inutilidad proverbial durante décadas, se ha convertido en un agente activo a partir de las revueltas árabes. Tuvo un notable protagonismo en las resoluciones sobre Libia y lo está teniendo en la crisis siria, sustituyendo así a otros países y formaciones internacionales. Sus movimientos son de gran cautela, porque debe contentar a la ciudadanía cada vez más activa y exigente de los países que ya están en transición y a la vez a las monarquías autocráticas. Con Siria ha intentado encontrar una vía propia de presión que conduzca a una transición pacífica y negociada, primero con inspecciones civiles para proteger a la población y después con este Plan de Acción que culmina con unas elecciones libres, las primeras en Siria si acaso llegan a celebrarse. Rusia y China han preferido atajar este camino, a pesar del daño que sufran en su imagen e incluso sus intereses en la región y en el conjunto del mundo emergente, donde vienen a sustituir a EE UU y a los europeos como apadrinadores de dictaduras. Ante sus dos vetos están los 13 votos de todo el resto del Consejo, en el que se sientan países como India, Suráfrica o Pakistán. La clave de su posición es interna. Cuando Moscú se abstuvo en la resolución sobre Libia todavía no estaba en marcha la primavera invernal que le están montando a Putin. Nada teme más un autócrata que la caída de otro autócrata. Su nariz de agente de la KGB le conduce a remar en dirección contraria, al menos hasta salvar las elecciones presidenciales del 4 de marzo. No trata de defender posiciones geoestratégicas en una nueva guerra fría. No defiende grandes intereses económicos o armamentísticos. Todo es más sencillo. Teme a la democracia, al consenso mínimo de los ciudadanos que se necesita para gobernar. Pone a remojar sus barbas cuando ve que cortan las del vecino.

[Publicado el 09/2/2012 a las 10:00]

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Biografía

Lluís Bassets (Barcelona 1950) es periodista y ha ejercido la mayor parte de su vida profesional en el diario El País. Trabajó también en periódicos barceloneses, como Tele/eXpres y Diario de Barcelona, y en el semanario en lengua catalana El Món, que fundó y dirigió. Ha sido corresponsal en París y Bruselas y director de la edición catalana de El País. Actualmente es director adjunto al cargo de las páginas de Opinión de la misma publicación. Escribe una columna semanal en las páginas de Internacional y diariamente en el blog que mantiene abierto en el portal digital elpais.com.

 

Bibliografía

La Oca del Sr. Bush

La oca del señor Bush (2008).

Editorial Península

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