El monje entre la basura
En la que me ocupa alguien sale por la puerta de atrás: es un viejo monje con mirada entre sonriente y desamparada, el Dalai Lama nada menos, para muchos un campeón de la espiritualidad, y para otros un parásito religioso. Los periódicos han reproducido esa triste salida del Iluminado, por la puerta de servicio, solo, sin ruedas de prensa y entre grandes bolsas de basura. El mensaje no ha podido ser más claro.
Ha sido recibido en la Casa Blanca porque no había más remedio si se quería guardan las formas, pero recuerda que la recepción no ha tenido lugar en el Salón Oval, como corresponde a los auténticos poderosos, sino en una habitación contigua, destinada a invitados subalternos o a visitantes molestos. Recuerda también que, aunque de vez en cuando simpaticemos con tu causa y hagamos películas sobre ella, porque realmente lo del Tíbet es un atropello brutal, estamos obligados a halagar a China, al menos, a no irritarle en demasía. Nuestro corazón está con el Tíbet, como lo está con la libertad, con el honor y con todas esas cosas que tanto nos gusta citar. Sin embargo, comprende que nuestro bolsillo y nuestro miedo nos exigen ser comprensivos con China, pese a que murmuremos sobre su totalitarismo. Tanto es así que, en adelante, y sintiéndolo mucho, ya no podrás salir por la puerta de atrás porque ni siquiera entrarás en el edificio.
Un mensaje bien claro: para el viejo monje y para cualquiera de nosotros.
[Publicado el 12/4/2010 a las 19:29]
ENCRIPTAMIENTO POLÍTICO-TEOCRÁTICO
Es cuando menos curioso algunas cuestiones relativas al Tibet y a su gobierno sobre ese territorio.
Saltan a la vista algunos interrogantes. Uno de ellos, no el menor, es que es una teocracia. Analizar cómo la cultura occidental ha propugnado ese tipo de gobierno es harto llamativo; en los últimos siglos si por algo se ha caracterizado tal cultura es por criticar la teocracia o su influencia en los diversos países de Europa. Aquellos que aún sin tener un gobierno teocrático estaban poderosamente influidos por el catolicismo, por ejemplo, eran no solo criticados sino también marginados por oscurantista, atrasados y señalados como antítesis de buen gobierno. Bien es verdad que si se criticaba eso no se hacía lo mismo con otros gobiernos quizás más teocráticos, caso de Inglaterra.
Coincidía todo esto con un reflujo del Islam, lo que de alguna forma probaba el mismo axioma en este caso referido a otro monoteísmo.
Parecía como si fuera inamovible el principio del gobierno laico. Tan importante fue que se ha extendido como paradigma de gobierno.
Todo esto se hace muy llamativo en el caso del Tibet, gobierno, sino teocrático por las especiales concepciones budistas, si de las personas que allí tienen el papel del clero, de los monjes, que no son otros que los lamas. Decir que en el gobierno que se nos presenta como el típico gobierno del Tibet es de raigambre teocrática no es incurrir en falsedad; se podrá discrepar en que no es gobierno teocrático si se entiende que no es gobierno de dios pues los budistas no tienen un dios. El derecho divino brillaría por su ausencia. No obstante, focalizando el papel de la/s persona/s que desempeñan ese gobierno se comprueba que su principal papel primeramente es de raíz religiosa, obviando el tipo de religión que sea. La reencarnación es un asunto religioso, las lamaserias son asunto religioso, los lamas también, la dogmática sistémica que articula el conjunto también, la superestructura también, el sistema simbólico es asimilable a cualquier otro de los existentes en el presente o en el pasado. Afirmar que ese gobierno es/era de carácter teocrático no es incurrir en una aberración ni conceptual ni categorial. Si el Dalai Lama no es el papa de sí se le parce. Obviar las doctrinas que cada uno predique no lo hacen ni mejor ni peor. Es más en lo que yo sé, está por estudiar en qué grado influyó la figura del papa en el budismo tibetano para que se creara una figura equivalente. Que el budismo no estaba tan aislado como puede parecer es evidente. El budismo no nació en el Tibet, llegó al Tibel, se implantó en el Tibet y en tal grado tal sistema de creencias se ha asociado a ese territorio que se hace casi inconcebible hablar de los tibetanos sin asociar ese sistema.
Los tibetanos y budistas de siempre han estado abiertos a influjos externos. Cuando surge la figura del Dalai Lama es en el siglo XVI en un intento de adecuar tal sistema de creencias a las condiciones imperantes tanto en el Tibet como en territorios vecinos. Las varias corrientes interpretativas, más vulgarmente llamadas sectas, de ese budismo es la mejor prueba. Hay más; cuando surgió la corriente gelupta, la de los bonetes amarillos, de la que surgió el Dalai Lama se puede interpretar como una herejía. Herejía que triunfó gracias al especial mimo con que los mogoles trataban a los religiosos, en este caso budistas. La implantación del gobierno teocrático del Dalai Lama en el Tibet es difícilmente concebible sin el apoyo dado por los gobiernos mongolas de Dayan khan, Alta khan o ….. . Si estaban tan abiertos a influjos externos seguramente estaban informados de la existencia de otras culturas muy alejadas y de sus creencias; mucho más cuando ya los portugueses estaban en la India y se mostraban sin recato donde era menester. No estamos en condición de decir cuándo empezaron a tener conocimiento el budismo tibetano de las creencias de los recién llegados. Puede que conocieran las creencias monoteístas europeas, pero seguramente empezaron a verlas de otra manera cuando esas creencias las portaban gentes venidas de lejanas tierras y que mostraban al menos una vanguardia, salvando matices, aparente de la cultura a nivel planetario. Intentar copiar por imitación un sistema de gobierno parecido no seria baladí. A la postre, portugueses o españoles no eran sino las máscaras de algo más importante, el sistema simbólico que portaban, el catolicismo, que además era el que legalizaba internacionalmente ese avance, esa ocupación, esas conquistas. Aparecían como seguros en sus creencias, técnicas y sabían lo que querían hacer. Actitud típica las culturas en periodos de crecimiento y seguras de los principios en los que se sustentan.
En la mente del clero budista tenían que asociar el sistema de creencias propio, el budismo, con el sistema de creencias de los recién llegados, el catolicismo. En esa comparación observarían que el vértice jerárquico del sistema de los extranjeros era el representante de dios, el papa. Una figura semejante no había en el budismo tibetano que en esos momentos estaba anquilosado, degradado y cuarteándose. Cuando surge la herejía gelupta es precisamente para tratar de adaptar ese sistema de creencias, entre otras cosas. Y si se trata de adaptar se puede tener en cuenta la imitación. A cualquier nivel, cultural, económico, artístico… la imitación es esencial. También se puede imitar en el plano religioso. El propio catolicismo en bastantes de sus aspectos imita, imita a creencias anteriores, pero no solo; el papa, el pontífice, el hacedor de puentes, el pontifex maximus, no era/es sino la imitación de una magistratura del Imperio Romano, por lo menos de nombre, pues el papa en realidad es la aplicación al plano religioso de una categoría civil todavía mas importante, la del emperador, aplicada al plano religioso; por tanto el pontífice figura teocratizada del emperador romano, y el emperador también figura teocratizado desde el principio cuando ya hasta Augusto se asimilaba como divinidad. Por no hablar de los que vinieron después.
Que el solapamiento de planos civil/religioso era evidente también a principios del XVI en la península Ibérica es una evidencia; uno se apoyaba en otro, pero el que más cerca estaba de la cúspide del sistema de creencias no eran los reyes, era el papa. Nada nos impide pensar que los budistas no llegaran a una conclusión parecida; puede que la argumentación fuera algo diferente a la expresada en aquí pero nada impide pensar que llegaran a parecida conclusión a la que hemos llegado aquí. Y puede que actuaran en consecuencia. La hipótesis que estamos barajando es aventurada; pero si se repasa la tradición budista, la figura más parecida a la encarnada por el papa es el Dalai Lama. Ni el Mhayana, ni el Hinayana, ni… tenían una figura parecida; si que tenían grandes pensadores, caso de Nagaryuna, … doctrinas, sectas, … pero nada parecido al Papa. ¿Por qué surge cuando surge y dónde surge? ¿Por qué además se afianza? ¿Por qué el Potala es asimilable al Vaticano? Lhasa no es Roma, pero a su nivel si juega el mismo papel que Roma en la cristiandad católica.
Nos hemos alejado bastante de la premisa inicial. Bastente. Ha sido necesario dar este largo rodeo para continuar con la aparente contradicción de cómo la crítica de raíz volteriana de la cultura europea ve incluso con buenos ojos una figura volteriana, que nosotros asimilamos al papa, pues el budismo empezó a valorarse en la cultura occidental por aquella época. ¿Por qué lo que no se quería para unos se quería para otros? Si la hipótesis que estamos barajando tiene visos de realidad, imitaron e imitaron bien si nos atenemos a la argumentación actual de la cultura occidental que todavía desea el gobierno teocrático según nuestra hipótesis.
Otra conclusión. Que ya eso no lo admite ni el Dalai Lama habla en su favor. Si hace quinientos años aprendieron, ahora también. Que el sistema funcionó es más que evidente, pues si no habría desaparecido.
Esto no es el colmo de la originalidad. Es puro esclarecimiento. Ya Kant se burló de los tibetanos y mostró porca, quería decir poca, “comprensión” pues los creyentes comían hasta los excrementos del maestro oceánico. Es el papismo llevado a su máxima expresión. Gracias Kant. Y que conste que esto lo escribo bastante después de toda la parrafada de dos folios anteriores; las reflexiones son la reflexiones Xihae y Panillo.
Comentado por: Tioteo el 13/4/2010 a las 09:18
Veamos algunos datos:
Tibet: 3 millones de habitantes, 2 habitantes por km cuadrado.
China: 1.315 millones de habitantes, 137 habitantes por km cuadrado.
¿Atropello? No es un atropello, es la fuerza de las cosas, pura física, son 1.300 millones de chinos desparramándose como un vaso de leche anegando un plato de cereales, ocupando todo, no puede ser de otra manera. Si llegan hasta Lavapiés.
Comentado por: Garrick el 12/4/2010 a las 21:11
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
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