El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 25 de mayo de 2012

 Blog de Rafael Argullol

Miedo y piedad

Leyendo el libro del helenista Wilhelm Nestle Historia del espíritu griego me he encontrado un pasaje que parece escrito por un historiador del futuro al considerar nuestra propia época. En este pasaje, alusión al mundo helénico del siglo VI antes de nuestra era, se hace referencia a una explosión demográfica, a migraciones masivas, al aumento de comunicación entre países, a un temor sistemático y a "un ambiente moral caracterizado por la general desaparición de la piedad". Aunque no me entusiasman los paralelismos históricos, forzados la mayoría de las veces, me ha llamado la atención la insistencia de Nestle en la presencia del miedo y en la ausencia de la piedad porque, en efecto, creo que ambos fenómenos son simultáneos y se dan con fuerza también en nuestro tiempo.

En relación al miedo, Nestle opina que los textos procedentes del periodo inmediatamente anterior al Siglo de Pericles denuncian una atmósfera inquietante de amenazas que no siempre están justificadas por los acontecimientos que realmente ocurrieron. Esa sociedad que él estudia mediante los escritos de la literatura épica y de la primera filosofía parece atenazada por signos turbadores pese a que, por lo que sabemos, gozó de una notable prosperidad y alcanzó una sobresaliente capacidad organizativa, sobre todo en la polis del Asia Menor. Sin embargo, la riqueza mercantil, el despegue artístico y los prolongados períodos de paz no fueron suficientes para alejar las señales siniestras que, a juzgar por los testimonios que hemos preservado, irrumpían en el escenario en forma de malos augurios y oráculos sombríos. Si es cierto lo que han dejado escrito los poetas, los hombres de ese momento únicamente superaban un temor cuando ya habían abrazado otro.

Una actitud que, saltados los siglos, resumía muy bien un titular reciente del New York Times: ¿A quién hay que temer hoy? El periódico neoyorkino se preguntaba si el terrorismo seguía siendo la principal fuente de nuestro pánico, como lo había sido en los años posteriores al 11 de septiembre de 2001 o si, por el contrario, habíamos ya identificado otras sólidas pistas por las que avanzar hacia nuestro íntimo temor. La conclusión del artículo era que, en cierto modo, el hombre contemporáneo necesita estar anclado en un temor, del tipo que sea, pero no andar a la deriva.

Las oleadas de males augurios y oráculos sombríos de las que se hace eco la poesía griega son recogidos en nuestros días, puntualmente, por los medios de comunicación, los cuales -como también hacía la antigua poesía- cuando ya han agotado los inevitables capítulos dedicados a las guerras y las hambrunas, orientan nuestros ojos y nuestros oídos hacia inesperadas catástrofes que prometen aniquilarnos y cuyos efectos psicológicos persisten más allá de sus manifestaciones reales. No deja de ser curioso que los principales pronunciamientos oraculares de nuestros días se presenten, revestidos de un inapelable lenguaje científico, en los espacios de información sanitaria, cada día más abundantes y cada día más inclinados hacia el reforzamiento de la intranquilidad de los pobres mortales. Sin dioses y sin sibilas que nos asusten a los humanos con sus presagios, soportamos, no obstante, la autoridad de los expertos que emplean sus artes -o malas artes- para confeccionar el catálogo de los inminentes cataclismos. Sólo en la última década los expertos-videntes han construido a nuestro alrededor, con sus epidemias y pandemias, un bestiario que hace palidecer a los monstruos medievales: enfermedad de las vacas locas; gripe aviar, o porcina, llamada luego, bastante absurdamente, nueva.Cuando el monstruo mayor, la serpiente, el terrorismo parece no ser suficiente para mantener la tensión, surgen en el horizonte estos animales mutantes y terroríficos, cerdos, vacas, aves; es decir, nuestros alimentos convertidos en veneno masivo. Nadie sabe con exactitud el grado de veracidad de todas esas noticias. Lo que es seguro es que tras la sombra de una epidemia aparecerá otra, sea porque alguien está interesado en que así se desarrollen los hechos, sea porque como aquellos hombres del siglo VI antes de nuestra era, no sabemos, al menos por el momento, vivir sin el morboso estímulo de la amenaza y, paradójicamente, nos sentimos más seguros cuando podemos preguntar ¿a qué toca temerle hoy?

Es muy posible, por otra parte, que esta obsesión por el temor, convertido en condición para la supervivencia, repercuta negativamente en nuestra capacidad de compasión. El miedo atenaza y acostumbra a disolver la relación generosa con la existencia a la que está predispuesto el que se siente libre de temor o que se enfrenta sin falsedades a la propia inseguridad que genera la vida. Es más: el miedo transformado en ciega cotidianidad, en algo definitivamente asumido e insuperable, puede llegar a borrar la idea misma de piedad, una suerte de trasto inútil del que no se puede hacer uso alguno en una sociedad milimétrica dibujada para la producción y la posesión.

Hace poco, un profesor de historia de la medicina me comentó que tenía grandes dificultades para que sus estudiantes comprendieran el significado del término piedad. Al sospechar que quizá sus oyentes otorgaban a la palabra una connotación religiosa recurrió a una especie de traducción laica y se refirió a filantropía. Con el cambio algo ganó, pero no mucho, y el hombre estaba desesperado porque pensaba que sus estudiantes, precisamente por ser de medicina, tenían que ser los primeros en reconocer el sentido profundo de la piedad. Era chocante, desde luego, esta ignorancia en buena parte de los futuros médicos, los cuales, muy probablemente, llegado el momento, no se sentirían demasiado obligados a colgar de la pared de su despacho el Juramento Hipocrático, juzgado como definitivamente anacrónico en la época de la eficacia y la funcionalidad.

No es de descartar que esa misma dificultad relatada por el preocupado profesor de historia de la medicina se pueda extender a todos los ámbitos, a excepción, tal vez, de aquellos que, enfrentados a la pobreza y a la desigualdad, han convertido la compasión en una pasión. Fuera de estos casos, afortunadamente bien representados asimismo en nuestra época, no parece que la práctica de la piedad obtenga un sitial relevante en nuestras escalas de moralidad. El prestigio de que goza entre nosotros la posesión inmediata de las cosas y el acatamiento del utilitarismo en todos los órdenes deja pocos resquicios para una actividad poco rentable o cuya rentabilidad se mide a través de esta lentísima acumulación que caracteriza a los procesos espirituales.

No es que estemos dominados por la impiedad, malvados a conciencia, por así decirlo, sino que, para demasiados, la piedad ha dejado de formar parte del rompecabezas humano. Escuché atentamente, semanas atrás, al ejecutivo de France Telecom al que se hacía directamente responsable de la epidemia (de nuevo una epidemia) de suicidios entre trabajadores de la compañía que no habían podido soportar más situaciones de oprobio e indignidad. Como desconozco el asunto por dentro, me he formado una idea a través de las informaciones que no me permite juzgar con detalle lo sucedido en la empresa. No obstante, sí puedo emitir un juicio sobre el alto ejecutivo de acuerdo con sus explicaciones: este hombre, acusado indirectamente de 25 muertes, magnífico especialista en balances y reajustes, brillante con los números, habló tres cuartos de hora con buenos recursos oratorios sin dedicar un solo segundo a algo parecido a un ejercicio de piedad. Cuando apagué el televisor pensé que se sentía "un héroe de nuestro tiempo". Acaso con razón.

Pero tampoco es necesario dejarse aplastar por esta percepción. La mezcla de temor y falta de piedad detectada por Wilhelm Nestle en el siglo VI antes de nuestra era no impidió el advenimiento de una época espléndida que, pese a muchas penurias, acogió a la democracia, el arte clásico y la filosofía. La tragedia ática nos lo explica maravillosamente al combatir el temor mediante la catarsis, y al proponer la compasión como el vínculo más elevado que une a los seres humanos. Sería un consuelo pensar que también en esta actitud podamos, quizá pronto, encontrar similitudes entre el pasado y nuestro tiempo.

 

El País, 08/11/2009


[Publicado el 11/11/2009 a las 09:00]

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Comentarios (14)

  • "La compasión para con los débiles es un defecto de la naturaleza"

    Adolf Hitler. "El Hundimiento".

    Comentado por: escoin el 22/11/2009 a las 19:47

  • Es cierto que "piedad" tiene connotaciones religioses, pero en latín la "pietas" se refería al sentimiento de atender no sólo las obligaciones religiosas, sino también al sentimiento de atender las necesidades de los amigos,los padres, la comunidad (llámese estado, patria o lo que se quiera), etc.
    Y también tenía un sentido espiritual. Por eso Eneas era el "pius Eneas" en la Eneida.
    Por tanto, yo prefiero piedad a empatía o, mejor dicho, no creo que en el artículo del señor Argullol está mal utilizada palabra "piedad". Creo que sabe bien de lo que habla......
    La palabra empatía está, o estaba, de moda hace poco. Y venía a significar algo así como la facultad de ponerse en la piel del otro y de ser más o menos simpático. Pero de simpáticos, hay de muchas clases. El jefe que le importa un bledo despedir a unos cuantos trabajadores también podía tener, y exigir, empatía.

    Comentado por: escoin el 19/11/2009 a las 12:10

  • Sí, estoy de acuerdo con Felicitas:
    Más que apelar a la piedad de los ciudadanos, podríamos quejarnos de su falta de empatía.
    La falta de civismo es una desconexión con el entorno y con el resto de ciudadanos. ¿Quién no se conformaría con empezar a arreglar las cosas por ahí?
    ¿Piedad? ¡Cuántas connotaciones religiosas! (pfui, pfui)
    (Lo dejo así de momento)

    Comentado por: Nicolás el 18/11/2009 a las 18:42

  • empatía, prefiero decir que falta empatía

    Comentado por: Felicitas Sagrario el 16/11/2009 a las 17:49

  • Bien, hablamos del gran ensayo, pero esto es lo que ven algunos sobre La Ilíada o La Eneida en televisión. No se lo pierdan : Eneas es "hijo del rey de Troya" y Agamenón logra formar un ejército contra......Atenas.

    http://www.youtube.com/watch?v=5SMyturO4IE

    http://www.youtube.com/watch?v=MiDhwT_n7ZM

    Y alguno se hace pasar por...intelectual.

    Comentado por: escoin el 15/11/2009 a las 22:01

  • también existe la autocensura
    (y es una de las peores)

    Comentado por: jbv a 10.710 km el 15/11/2009 a las 16:25

  • Y para DIOS, sacado de:
    "LA PÁGINA DEL IDIOMA ESPAÑOL ofrece un servicio de consultas sobre la lengua castellana, atendido por un equipo de lingüistas, correctores y periodistas especializados.
    No se atenderán consultas sobre usos locales o regionales, sino solamente sobre el español de todos"

    (Es el enlace que dejé en su momento):
    » Felicitarlo / le
    P: ¿Cuál es la forma correcta: "le felicito" o "lo felicito"? ¿Por qué?
    R: El pronombre átono de c. directo de tercera persona masculina singular, tanto para objetos animados como inanimados, es lo: (A Luis) Lo vi ayer en la reunión; El chico no puede ir solo, ¡acompáñalo!; Lo felicito, señor . No obstante, también es válido emplear le en lugar de lo (uso propio de las zonas leístas), en el caso de persona masculina (no de cosa) singular: (A Luis) Le vi ayer en la reunión; El chico no puede ir solo, ¡acompáñale!; Le felicito, señor.
    El leísmo es, por regla general, una incorrección gramatical. Sin embargo, la Academia admite el leísmo masculino singular (el que utiliza le en lugar de lo), pero únicamente para personas (no para animales ni cosas). A esto se agrega el llamado "leísmo de cortesía", que aplican algunos cuando hablan de usted. Aunque no parece haber una razón muy convincente -yo no veo dónde está la cortesía en ello-, la Academia también acepta este tipo de leísmo, incluso para dirigirse a interlocutor(es) de sexo femenino.
    El leísmo es una antigua incorrección muy común en el centro de España y también en algunas regiones de la América hispana.
    ..................................
    Te iba a preguntar, DIOS, también es un chiste, si eras de Lepe, pero eso no cae por el centro.
    A mí me interesa conocer cómo se hacen las cosas, que luego las quieras innovar o hacer de otra manera pues bueno, allá cada uno.
    Y nada, que yo creo que me voy del blog porque para ser de cultura y hablar de democracia y de decencia y todo eso y luego ver lo que pasa pues como que no. Además el estilo actual de Azúa (?) no me dice nada.
    Chao, y buen relevo.

    Comentado por: Bisiesta el 14/11/2009 a las 20:41

  • http://www.youtube.com/watch?v=b1KukR-M_qU&feature=related
    Yo no creo que las generaciones se estén envileciendo, me ha ocurrido ya tantas veces eso que cuenta Argullol de encontrar pasajes que parecen calcos de los que se leen hoy día, sobre la adolescencia, la administración, el progreso etc. Simplemente cambian las formas pero me parece que no tanto el contenido básico y genérico o al menos no a un ritmo demasiado perceptible humanamente.
    Y un par de puntualizaciones, for Jb primero:
    CENSURA: En un sentido amplio se considera como el ejercicio, por parte directa del Estado o por delegación en alguna organización o grupo ya sea de tipo religioso, politico o militar, para controlar la libertad de expresión ("Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.")

    Libertad
    1 Facultad de las personas para actuar según su propio deseo en el seno de una sociedad organizada y dentro de los límites de reglas definidas


    Libertinaje
    1. m. Actitud irrespetuosa de la ley, la ética o la moral de quien abusa de su propia libertad con menoscabo de la de los demás.

    En fin, que la libertad implica límites porque la gente siempre está tomando como excusas ciertos conceptos que para nada son aplicables tan genéricamente y una democracia no funcionará de ese modo.

    Comentado por: Bisiesta el 14/11/2009 a las 20:19

  • Ojalá!

    Anna

    PD: Muchísimas gracias por la conferencia sobre Fenhofer (Balzac). Me perdí esos debates, sólo tenía 7 años...pero, creo tener, un semejante sentimiento como el de Elena Torres.

    Comentado por: Anna el 14/11/2009 a las 09:23

  • Al leer el artículo del señor Argullol, y también los comentarios, he relacionado la falta de piedad (la impiedad sería otra cosa para los griegos) con el concepto de deshumanización.
    Ciertamente, lo que está en horas bajas es una ética que se encuentre más allá de cualquier mensaje religioso, una ética digamos "laica" con fuerza suficiente para convencer y actuar.
    ¡Ojo! No se me entienda mal : no soy nadie para criticar ninguna religión, pero prefiero la experiencia de una espiritualidad individual a una organización jerarquizada y fuertemente dogmática en la que, a menudo, no tienen cabida las discrepancias.
    Por eso mismo hablo de una ética "laica".
    Así las cosas, también desde una ética laica se pueden afrontar problemas como el trato a las personas mayores, entre otros, personas con una experiencia vital nada desdeñable que, en demasiadas ocasiones, se encuentran solas a merced de auténticos buitres carroñeros, buitres que les hacen la vida imposible para que abandonen su vivienda.
    ¿Se imaginan ustedes un código civil o penal que estuviera imbuido de ética? Ya no se escuharía más aquello del "esto es legalmente posible, pero éticamente reprobable". La legalidad a menudo adolece de una falta total de ética. esto sí que sería una auténtica revolución.

    Comentado por: escoin el 13/11/2009 a las 00:35

  • Creo que es más bien la ausencia de compasión la que propicia un espacio donde el miedo puede instalarse fácilmente. A mi modo de ver esta falta de compasión procede, a su vez, de un aspecto de la sociedad del bienestar, en el que no hay cabida para la propia fragilidad y vulnerabilidad y, por ende, nos resulta más difícil "com-padecer" las ajenas. Mientras, los medios de comunicación continúan ofreciendo circo sobre circo (donde los leones son sustituidos por forzados temores), en respuesta al reclamo de evasión constante por parte de la población.

    Comentado por: Mónica el 12/11/2009 a las 21:23

  • Excelente su artículo.Gracias, Don Rafa.
    Buen tema para debate. Siempre he creído que las virtudes no se enseñan (a no ser que sea con el ejemplo cercano y constante) sino que se nace con esa predisposición. Pero también he pensado que si los jóvenes oyeran - con la frecuencia que nuestra generación lo hizo - palabras como ‘piedad’ ‘humildad’ ‘compasión’…si las cosas no marcharían mejor.
    Concluyo con que NO son los jóvenes los que nos han traído a este estado de indiferencia hacia el prógimo, egocentrismo y falta de entendimiento. Es nuestra generación, precisamente, la que se está endureciendo, (envileciendo?) Somos nosotros los que damos el ejemplo.

    Comentado por: me el 12/11/2009 a las 18:56

  • Gran artículo Sr.Argullol.Es verdad que parece que el progreso y el desarrollo del ser humano vá intimamente ligado a la ausencia de la capacidad compasiva que,afortunadamente todavia se puede encontrar a nivel individual pero que aún con los barnices culturales ajustados desde el siglo de Pericles,está completamente vigente en las sociedades y culturas,incluso las más desarrolladas.
    Pareciera que es necesario un establecimiento casi darwiniano de orden social para cualquier tipo de avance.Y que la única piedad posible es que mucha gente viva atemorizada y no moleste demasiado.
    Miedo y compasión,más miedo y menos compasión y según convenga a ciertos Poderes,mucho más miedo todavia y en cuanta gotas la compasión.Todo en una cadencia renovable y convenientemente medida.Muy bueno el ejemplo de France Telecom,la indefensión del ser humano ante una política comercial muy agresiva que justifique la cuenta de resultados y que haga hablar con toda naturalidad al ejecutivo de turno a pesar del drama acaecido.

    -Es posible que parte de razón lleve el artículo del New York Times.Ciertos temores nos hacen estar vivos como contrapunto de las cosas que merecen la pena en la vida y nos hacen estar alegres.Lo que ocurre es que si los miedos se sobredimensionan atenazan al personal y desvian su atención de cuestiones que están ocurriendo y que verdaderamente importan para el bienestar de las personas.
    Y siempre encontraremos con mayor o menor grado de veracidad noticias desproporcionadas que asustan,por supuesto que asustan.Ese es el objetivo de distracción.Y hay muchos más que los de las vacas locas o la gripe A.Muchos a nivel local que envuelven al personal y le incapacitan para concienzarse de lo que realmente ocuure y por tanto de la posible organización defensiva.

    -Mientras tanto,estudiadas dosis de cine de terror,literatura del horror y el Arte empobrecido ante tanto progreso solamente tecnológico que en ausencia de otros anulan las condiciones favorables que debiera aspirar cualquier grupo.

    -Panorama sombrio,por tanto,seguirá el catalogo catastrófico,el bestiario documentado,la adecuada atmósfera,la obsesión y como Vd muy bien dice el refuerzo de la intranquilidad colectiva que eso viene pero que muy bien.¿no teniamos bastante ya con el arraigadisimo sentimiento de culpa o mala conciencia que nos inculcaron con extrema severidad?.

    -Si no nos esforzamos van a quedar pocas cosas que merezcan la pena.La historia del espiritu griego en ciertos aspectos,pudiera.El Sr. Nestle tendria el honor.Y haciendo para desdramatizar,finalmente,un chiste fácil,también el sabor Nestle nos puede rescatar de momento.

    SALUDOS. ANGEL.

    Comentado por: ANGEL el 11/11/2009 a las 19:10

  • Mi querido Rafael Argullol,te sigo desde los ´80,cuando aún la tele ofrecía maravillosos debates o conversaciones contigo,Javier García Sánchez,Jesús Ferrero,etc.
    Todo mi cariño y admiración por tu lucidez.

    Comentado por: elena torres iglesias el 11/11/2009 a las 15:07

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).  

Bibliografía


 
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).

En librerías a partir del 15 de septiembre

 

 
/upload/fotos/obras/lampedusa_1_med.jpg 
 

Lampedusa (2008). El Acantilado, España

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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