Un paseo entre duendes
El magnífico concierto, algo espectral a decir verdad, me hizo pensar por primera vez en la música desde el punto de vista de los instrumentos y no, como es habitual, del de los compositores y ejecutores. En el gran duelo, y en el gran juego, entre el músico y el instrumento no han faltado intérpretes que a la caza de la perfección total han soñado con llegar a prescindir del aparentemente imprescindible compañero: Glenn Gould, sin ir más lejos, afirmaba que en el concierto perfecto el pianista debería prescindir del piano para teclear en el interior de su mente. Algo semejante a lo que opinaba Adrian Leverkhün, el compositor ideado por Thomas Mann en su novela Doktor Faustus, un hombre que en sus composiciones finales deja de lado el piano para que el alma, sin condicionamientos sensoriales, trabaje con la mayor libertad. Las posiciones de Glenn Gould y Adrian Leverkhün -éste desde la ficción- representan adecuadamente, creo, una de las fantasías del músico: emanciparse del instrumento que tan perentoriamente necesita. Como el pintor que quiere olvidarse de los pinceles para ver bien la obra en su interior; como el escritor que quisiera escribir todo su libro sin mover un músculo sobre el papel; como el arquitecto que, siguiendo a Leon Battista Alberti, contempla con mayor gozo el edificio en forma de idea que sometido a la servidumbre de la realidad.
Claro que igualmente legítima, como sugerían los divertimentos nocturnos de la pianola automática, es la emancipación en el sentido contrario. Cuando observamos un edificio podemos eliminar tranquilamente al arquitecto que hace años o siglos lo construyó y quedarnos con el mundo que lo vio nacer y con los mundos que lo han recorrido desde entonces; y algo semejante ocurre con un cuadro, que ya no es el del pintor que lo pintó, sino de quienes una y otra vez han puesto sus ojos sobre él, o con un libro, objeto que muy pronto deja de ser propiedad de su autor -diríamos casi desde que abandona el estado de manuscrito- para convertirse en cautivo de las sucesivas generaciones de lectores que pueden, si quieren, moldeando a su placer. De ahí el carácter evocador de las grandes bibliotecas o de los museos que, como los Uffizi de Florencia, atrapan en su caos el poder del arte y el estupor que ese poder ha provocado en miles de retinas.
Con todo debo confesar que quizá la emancipación más fascinante se produce con los instrumentos de música cuando, liberados de sus constructores e intérpretes, se presentan ante nuestros ojos, ante nuestros oídos, como poseedores secretos de tesoros que nunca, nadie, podrá admirar en un solo concierto. Cada instrumento musical es el testimonio callado de un sinfín de conciertos y es precisamente en ese silencio en el que reconocemos el desfile incesante de sonidos y las emociones que se arremolinan alrededor de ellos. En ese oboe que tenemos delante escuchamos a Mozart y los latidos de la época de Mozart y las sugestiones que entre esa época y la nuestra se han esparcido en el aire. Y ese violín, ¿cuántos mundos, individuales y colectivos, ha visto desvanecerse y renacer?
El paseo por los vericuetos de una gran colección de instrumentos musicales ofrece una experiencia única. De ahí que el otro día me alegrara al leer en el último número de Diapasón, la prestigiosa revista de música francesa, que el Museo de la Música, inaugurado no hace mucho en Barcelona, era considerado uno de los mejores de Europa. Con toda justicia, me parece. Gracias al talento y al tesón de su director, Romà Escalas, la vieja colección depositada en el Palau Quadras ha resurgido en todo su esplendor en el espacio del Auditori permitiendo, por primera vez, una auténtica propuesta museográfica. El visitante, el paseante más bien, se mueve entre los instrumentos musicales como si estuviera recorriendo un vasto pedazo de la historia de Europa, ya no únicamente musical sino, por así decirlo, vital. Ve y, si quiere, oye; y al oír vuelve a ver lo que sucedió aquí y allá y, si quiere, siente de nuevo lo que otros sintieron o sencillamente siente por primera vez y se convierte en dueño absoluto de este instante. Es un paseo entre duendes.
Un lugar que ofrece algo así reconocerán que no es poca cosa en comparación a tantos lugares suntuosos que nos rodean sin ofrecer nada.
[Publicado el 21/5/2009 a las 09:00]
Caray, están despiertos!Acabo de llegar del cine y estaba leyendo su conversación. Lo que dice delicuescente son palabras de Baudrillard que, por cierto, es un rato difícil; creo que “pizquita” explica bien esto de la alienación pura y dura de la publicidad. Canada Goose Outlet Canada Goose Canada Goose Jackets Canada Goose Parka Ed Hardy Clothing Cheap Ed Hardy Coach purses Coach bags discount oakley sunglasses Oakley sunglasses Canada Goose Canada Goose Jackets Canada Goose Parka Canada Goose Outlet Canada Goose Canada Goose Jackets Canada Goose Parka Canada Goose Outlet Canada Goose Canada Goose Jackets Canada Goose Parka Canada Goose Outlet Canada goose coats Canada Goose Canada Goose Jackets Canada Goose Parka Canada Goose Outlet
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Comentado por: maria guadalupe el 21/7/2009 a las 20:17
Y los lugares que nos remiten a un pasado mítico o mitificado, aquel "esplendor de la ruina"(parece una paradoja) que también nos ofrece ser dueños de un instante. Todos ,en algún momento, hemos sido dueños de un instante. Eso es lo perverso de una enfermedad como el Alzheimer : el enfermo ya no es dueño de instantes,ni es dueño de sí mismo, y el familiar sufre mucho, "a fuego lento", una auténtica edad de hierro hesiódica.
Comentado por: escoin el 24/5/2009 a las 17:43
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
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