1984+25
De entrada, me sorprendió una cierta ingenuidad en el tono. Quedaba claro que el autor, en el momento de escribir la novela en 1949, estaba completamente determinado por las circunstancias de la época. Tras el trauma de la guerra civil española, en la que había participado activamente, y de la II Guerra Mundial, Orwell se mostraba impresionado por el clima apocalíptico que iba adquiriendo la recién estrenada guerra fría. Y así, al construir su antiutopía, el novelista se servía de los lenguajes totalitarios de su tiempo como los propios de ese futuro que él intentaba ilustrar.
Quizá en 1984 -antes de la caída del muro de Berlín, por tanto- estos lenguajes tenían una cierta fuerza evocadora. Sin embargo, 25 años después, hoy, parecen extraordinariamente lejanos, no porque la amenaza del totalitarismo ya no exista, sino porque se manifiesta con un estilo bien distinto que, seguramente, hubiera resultado paradójico para el propio novelista. Y en efecto, ¿podría haber ironía mayor para el muy irónico Orwell -un seguidor de Swift y Defoe- que comprobar que su Gran Hermano, el solemne ojo totalitario inspirado en el nazismo y el estalinismo, es hoy el leitmotiv del más brutal entretenimiento televisivo?
No es que no haya una continuidad entre ambos Gran Hermano como fenomenales engranajes de control; sin embargo, el vigilante supremo de 1984 aparece inevitablemente naïf en comparación con el sofisticado vampiro que succiona las conciencias de los telespectadores en nuestros días. Orwell había analizado cuidadosamente el fenómeno de la propaganda de masas en la primera mitad del siglo XX, pero no estaba en absoluto en condiciones de prever el refinamiento y la complejidad de los engranajes de manipulación colectiva a principios del siglo XXI.
Orwell, desde luego, no iba desencaminado al plantear el futuro en términos de poder visual. En una época de decadencia de la palabra, era la imagen lo que permitiría domesticar la libertad del ser humano. En consecuencia, Orwell imagina un centinela cuyo ojo alcance todos los rincones. No obstante, 25 años después de 1984, el ojo orwelliano le parece al lector de la novela corto de vista, ingenuamente miope, si lo contrasta con ese Argos nuestro al que nos acogemos, monstruo de 100 ojos con el que perseguimos y con el que somos perseguidos en esa gran ceremonia de control mutuo que transcurre cotidianamente por las pantallas del mundo.
El Gran Hermano concebido por Orwell para la siniestra república futura jamás habría pensado penetrar en las recónditas intimidades de las que hoy se apoderan el Estado, la policía, las empresas de publicidad, las entidades bancarias y cualquier individuo con la suficiente obscenidad como para desear reducir a la nada la vida privada de los demás.
El negro ideal del Gran Hermano en 1984 es la extinción del individuo, tras la cual empezará otra especie supuestamente superior. O'Brien, uno de los jefes del Partido, se lo comunica a Winston, el último resistente: "El hombre es un ser infinitamente maleable. Si usted cree ser un hombre, Winston, considérese el último ejemplar de esa especie". En nuestros días, un cuarto de siglo después, exaltamos oficialmente al individuo, pero nos prestamos gustosamente a la extinción de la intimidad, que es sin duda el camino más directo hacia la abolición de la libertad individual. Cada vez que nos sometemos a la cámara que nos vigila -nos sometemos continuamente- y cada vez que oímos una voz que nos anuncia que nuestra conversación será grabada -algo que ocurre con creciente asiduidad- damos un paso más hacia la destrucción de nuestra vida íntima, la única que tenemos por cierta.
El valor de 1984, aunque a menudo sus escenarios aparezcan obsoletos, es la capacidad de anticipación respecto al peligro fundamental que acecha al hombre contemporáneo. Claro que para muchos perder la libertad individual no es ningún peligro, sino algo más bien deseable. Eso lo anticipó Orwell en la última frase de la novela. Abandonada toda resistencia, Winston acaba, también él, amando al Gran Hermano.
El País, 04/04/2009
[Publicado el 27/4/2009 a las 09:00]
[Etiquetas: artículo, 1984, George Orwell]
A mí lo que me preocupa ya no es Gran Hermano (uno puede elegir si lo ve o si quiere acudir como participante). Lo que me preocupa es Facebook y las redes sociales, un lugar donde todo el mundo puede opinar sobre todo, tenga o no criterio, tenga o no razón. Por un lado, reconozco que esto permite desmontar las falsas teorías de los falsos "comités de sabios", pero también dar cabida a todo tipo de especulaciones y chismorreos infundados. Así, yo rápidamente puedo erigirme en "especialista alternativa de arte" y criticar aquí al señor Argullol, poniendo en duda todo lo que dice con total desfachatez, aunque yo no haya cursado ningún curso en Teoría del Arte. Pero eso no es lo peor, porque ante un hecho así al menos uno puede defenderse presentando su currículuo. Pero, ¿y qué si yo ahora me pongo a hablar de las intimidades de uno y de otro, sean verdaderas o falsas? Lo que quiero decir es que me doy cuenta de que cada vez es más difícil preservar la intimidad individual. Los secretos, los errores, las debilidades (todos las tenemos), en cualquier momento pueden verse expuestas y condenarnos. Y eso, ¿es libertad de expresión u otra forma de control totalitario? A mentes más despiertas y expertas dejo la respuesta...Gracias.
Comentado por: c el 07/5/2009 a las 21:27
A mí lo que me preocupa ya no es Gran Hermano (uno puede elegir si lo ve o si quiere acudir como participante). Lo que me preocupa es Facebook y las redes sociales, un lugar donde todo el mundo puede opinar sobre todo, tenga o no criterio, tenga o no razón. Por un lado, reconozco que esto permite desmontar las falsas teorías de los falsos "comités de sabios", pero también dar cabida a todo tipo de especulaciones y chismorreos infundados. Así, yo rápidamente puedo erigirme en "especialista alternativa de arte" y criticar aquí al señor Argullol, poniendo en duda todo lo que dice con total desfachatez, aunque yo no haya cursado ningún curso en Teoría del Arte. Pero eso no es lo peor, porque ante un hecho así al menos uno puede defenderse presentando su currículuo. Pero, ¿y qué si yo ahora me pongo a hablar de las intimidades de uno y de otro, sean verdaderas o falsas? Lo que quiero decir es que me doy cuenta de que cada vez es más difícil preservar la intimidad individual. Los secretos, los errores, las debilidades (todos las tenemos), en cualquier momento pueden verse expuestas y condenarnos. Y eso, ¿es libertad de expresión u otra forma de control totalitario? A mentes más despiertas y expertas dejo la respuesta...Gracias.
Comentado por: c el 07/5/2009 a las 21:24
Sin irnos de madre, con que si las "profecías" de Orwell se cumplieron o no, lo que está claro es que aunque el discurso político de la novela se haya quedado anclado en su momento de creación (y las incertidumbres más que justificadas de la Guerra Fría), su discurso literario está más que vigente, y mucho más aún!! Sigue siendo una obra muy valiosa que habla de como un hombre muy pequeño se enfrenta a algo muy grande. La ciencia ficción nunca habla del futuro, siempre habla de SU PRESENTE. Igual que seguimos respetando De la Tierra a la Luna, de Verne, aunque su momento haya pasado para nosotros, igual tenemos que respetar la obra de Orwell, tan bien calibrada, tan bien hecha, a pesar de que su momento político y social haya pasado. No se puede hacer una lectura política de 1984, aunque sea una novela que habla de política, porque con una lectura así ninguna obra (y mucho menos ésta) puede sobrevivir. Y si la obra ha sobrevivido, en realidad 61 años, no es porque hable de política, ni del futuro, es porque habla de la humanidad, y la humanidad cambia más bien poco con los años.
Comentado por: Noa el 04/5/2009 a las 21:32
1984 es un número simbólico, el cambio del orden de los dos últimos de 1948
como 2001, el de la odisea del espacio (y del tiempo)
o el de blader runner (... ¿2015, 2020? sorry no recuerdo)
fijaban los hechos en alguna época futura
como en el terrorííííífico mundo feliz de huxley
lo siniestro es que todas estas noutopías, antiutopías, utopíasnegativas, aunque no en los años escritos, han ido cumpliéndose...
Comentado por: jbv el 28/4/2009 a las 23:52
El estado omnipresente puede decir lo que le dé la gana, porque quien tenga criterio ( y libertad), le podrá hacer caso o no. El problema es no tener criterio, el problema es el grado sumo de idiotez, de estofa cultural a que hemos llegado. El problema es que te quieran vender un programa como el citado aludiendo a criterios antropológicos o sociológicos, y que haya gente que así lo crea.Una burda mentira como el famoso crecepelos de los feriantes del Oeste americano. Pero reconozco que es difícil escapar a ese ojo omnipresente, aunque no quiera que me mire. Eso es lo malo.
Comentado por: escoin el 27/4/2009 a las 22:35
El tema del post interesantísimo, el comentario tengo que decir que si me ha parecido completamente naif. Creo que no se da cuenta que el estado omnipotente ha triunfado al fin, nos dice si fumar o no, qué comer, qué y cuanto beber, como y cuantas veces hacer el amor, como educar a nuestros hijos, cuanto ayudar en las tareas domésticas, lo que tenemos que pensar de la inmigración, y donde falla el estado está Prisa (lo de supernanny es un escándalo). Apreciando el artículo debo decirle que Winston es usted, ya no sabe que realmente forma parte del gran hermano, no sabe donde buscarle porque forma parte de él. (se lo escribo con toda humildad y respeto)
Comentado por: jose manuel el 27/4/2009 a las 20:51
A muchos les fascina el voyeurismo.¿Se acuerdan ustedes de "Si te Dicen que Caí" y las escenas de alcoba? Yo soy muy celoso con mi intimidad, y con la intimidad de los demás.Lo malo es que incluso alguien puede saber mi número de DNI con tan sólo escribir mi nombre en el buscador Google. Eso, y muchas otras cosas que se nos escapan. ¿Se puede hacer algo para remediarlo? La Agencia de Protección de Datos no llega a ser del todo eficiente.
Programas como "Gran Hermano" son una auténtica BAZOFIA, sus intérpretes son un auténtico LUMPEN. ¿Tan asqueados y aburridos estamos de nuestra propia existencia? Pero no somos los únicos...creo que en Holanda también arrasaba este programa. ¿Será cierto que todos llevamos un voyeur dentro? Si es así, me cuesta reconocerlo. Lo único que sé es que los programas televisivos (salvo honrosas excepciones) son de muy baja , de ínfima calidad. No vamos bien ya desde hace tiempo.
Comentado por: escoin el 27/4/2009 a las 18:56
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
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