Galería de espectros: el contemplador del cementerio
Rafael Argullol: Hoy en mi galería de espectros he vislumbrado el espectro del contemplador del cementerio.
Delfín Agudelo: ¿Te refieres a El cementerio marino de Valéry?
R.A.: Me refiero a él. Aconsejaría a cualquiera de nuestros lectores o de nuestros corresponsales que si ha leído El cementerio marino de Valéry y tiene la oportunidad de pasar o volver a Barcelona, se dirigiera al cementerio de Montjuic, de esta ciudad, porque allá podría encontrar una situación exacta a la que tiene el contemplador de este gran poema del siglo XX. Valéry se refiere al cementerio de su ciudad natal, Sète, en el sur de Francia, y ese cementerio está exactamente colocado con la misma disposición que el nuestro de Montjuic. En los dos casos son montañas que ya fueron necrológicas en el mundo romano, en la necrópolis del mundo romano, y eran pequeñas colinas que se alzaban sobre las ciudades y donde se situaba el lugar de los muertos. Tanto desde el cementerio de Sète como el nuestro de Montjuic tienes un amplísimo panorama del mar mediterráneo delante, con lo cual la disposición del contemplador es la misma desde el lugar sagrado, desde el lugar de los muertos donde se puede llegar a observar en toda su magnificencia el mar mediterráneo y sus evoluciones cromáticas. Y uno puede intentar seguir la misma experiencia que propone Valéry en su poema: uno puede mirar el mar en un día despejado el mar al medio día -lo que Valéry llama medio día de justo-, contemplar el mar, el efecto de deslumbramiento que produce el sol sobre la superficie del mar. Ese deslumbramiento es lo que Valéry de alguna manera identifica con el vacío y con la nada, con una especie de esencia del mundo, de plenitud del mundo, que es al mismo tiempo el vacío que deja al hombre anonadado, indefenso. Y a continuación puede seguir con el poema y ver cómo alejado el mediodía el cielo va adquiriendo los distintos tonos cromáticos del mediterráneo, va adquiriendo los distintos matices de la vida, y así entender mucho más el razonamiento de Valéry: mientras que el medio día nos deslumbra y nos anonada con su propia perfección blanca, para llegar realmente a vivir la experiencia de la vida es necesario el declinar del sol y el contraste con los distintos matices del color que son exactamente los matices de la existencia. En definitiva, y así concluye el poema, más allá de ese conocimiento esencial o metafísico que pueda proporcionar la luz, quien llegue a conocer la existencia humana es aquél que como el nadador que se introduce en el agua es capaz de ir definiendo el contraste de los sentidos. Difícil encontrar un poema donde haya tal equilibrio entre el conocimiento sensual o sensitivo y el conocimiento de lo físico.
[Publicado el 12/3/2009 a las 09:00]
[Etiquetas: Valéry, El cementerio marino, Galería, espectros]
Dejo mi traducción de El cementerio marino
EL CEMENTERIO MARINO
I
Calmo ese techo, surco por palomas,
palpita entre los pinos y las fosas,
que, justo el mediodía, de fuego arma:
¡El mar, el mar, renaciendo cual siempre!
Para el pensamiento, largo un presente
que percibe de los dioses su calma.
II
Qué pura luz en su esplendor consume
tantos diamantes de impalpable espuma,
y cuánta paz parece que se asume
cuando sobre el abismo un sol se acuna:
Trabajo puro de una eterna lumbre,
rielar del tiempo, sueño es la cultura.
III
Cierto tesoro y Templo de Minerva.
Quietud cuán grande y en visual reserva.
Agua parpadeante, ojo que en ti guardas
tanto de sueños bajo un velo en llamas:
Edificio del alma: ¡Oh, mi silencio!
Por mil tejas de oro, cubierto techo.
IV
Que un suspiro cifre: Templo del Tiempo,
del mi mirar marino todo envuelto
me acostumbro, y a su pureza yo alzo,
como a los dioses, mi mejor ofrenda
que el agua al rutilar sembrando deja
en las alturas, desdén soberano.
V
Como el fruto que deshácese en gozo,
y en delicia su ausencia se convierte
en una boca en que su forma muere,
mi futura humareda aquí yo sorbo;
y el cielo canta al alma consumida
mudanza, en el rumor de las orillas.
VI
Cielo, cierto y bello, obsérvame en cambio
después de tanto orgullo, tanto extraño
ocio pleno, a sus poderes avaro
me abandono en este brillante espacio:
mi sombra va sobre, de muertos, casas
que en su leve movimiento me atrapan.
VII
A lumbres del solsticio expuesta el alma
me estoy, oh admirable, sosteniéndote:
justicia de la luz de crueles armas,
pura te retorno al primer soporte.
¡Mírate! Devolver la luz arroja
esa otra, su mitad, a triste sombra.
VIII
Para mí sólo, a mí solo, en mí mismo,
cerca el corazón, fuente del poema,
entre el suceso puro y el vacío
de mi grandeza interna espero el eco,
cisterna amarga y sombría resuenas:
siempre a futuro, do en el alma un hueco.
IX
Del follaje, y falso cautivo, sepas
de sus débiles rejas voraz golfo,
por deslumbre oculta, mis ojos cierras;
y el cuerpo me arrastra a fin perezoso:
¿y me atrae, en huesa tierra, cuál frente?
piensa eso una centella: mis ausentes.
X
Me place este lugar, reino de teas,
hecho de oro, umbríos árboles, piedras,
consagrado a la luz, fulgor terrestre,
fuego atrapado, inmaterial y sacro,
mármol trémulo tantas sombras bajo,
donde el mar fiel, entre mis fosas, duerme.
XI
Aparta al idólatra, poderoso
mastín, si en sonrisa de pastor, solo,
apaciento corderos misteriosos:
el blanco rebaño de quietas fosas,
y aleja las calmas cautas palomas:
los sueños vanos de ángeles curiosos.
XII
Aquí llegado, es lento el porvenir.
Tañe a sequedad el nítido insecto,
y el aire le acoge todo deshecho
sin saber en qué esencia su vivir;
cuando ebrio de ausencia: la vida es vasta,
y la amargura dulce y el alma clara.
XIII
Los muertos, ocultos bien son en tierra
que en su misterio sécalos y abriga,
el mediodía reposando encima
reconcíliase a sí mismo y se piensa
diadema perfecta en su cabal testa:
donde en ti soy, la mudanza secreta.
XIV
¡Quién sino yo contiene tus temores!
así mis dudas, contrición, dolores,
la impureza son de tu gran diamante.
Y en sus noches, y grávidas de mármoles,
un incierto pueblo enraizado en árboles
ya morosamente apoya, tu parte.
XV
Reunidos en una espesa ausencia
el rojo lodo bebe la alba esencia
y el don de vida hacia las flores pasa.
¿Dónde mueren las frases familiares,
el propio arte, las almas singulares?:
Donde téjese el llanto, hílanse larvas.
XVI
Niñas excitadas, su angustia en gritos,
ojos, dientes, párpado humedecido,
la sangre que brilla en labios rendidos,
el pecho que encanta y juega con fuego,
los últimos dones, sus guardas dedos:
todo cae a tierra y reentra al juego.
XVII
Y tú, alma grande, ¿aún un sueño sueñas
que de engaño su color no posea?
Que ojos mortales onda y oro defraudan.
¿Cantarás cuando seas vaporosa?
¡Ve! ¡Todo huye: es mi presencia porosa!
Muere también la impaciencia sagrada.
XVIII
Magra inmortalidad, negra y dorada,
horriblemente consuelas laureada
fingiendo a la muerte: seno materno.
Quién no conoce la bella mentira,
Quién no ésa rechaza: la argucia pía:”
Un cráneo vacío: Reír eterno.
XIX
Padres profundos, vacías cabezas,
que bajo la opresión de ser la tierra
en paladas: confunden nuestras huellas.
El cierto gusano en terca carcoma,
no, para quien bajo tablas reposa,
de vivos vive, ya nunca me deja.
XX
Amor quizás, ¿o de mí mismo el odio?
su oculto diente me ronda tan próximo
que todo nombre sabe en convenir.
¡No importa! Él ve y toca, él sueña y quiere,
sobre mi lecho mi carne apetece,
siendo en su vida, elegí su vivir.
XXI
Zenón, cruel Zenón, Zenón de Elea,
me has herido con tu alada flecha:
Vibra y vuela, y no avanza sin embargo.
Mátame la flecha que al silbo nazco.
Ah el sol: cómo tortuga hace al alma
en sombra: Aquiles quieto aún si afana.
XXII
¡Basta! De pie. Al tiempo venidero!
La idea cavilante quiebre el cuerpo,
y mi pecho absorba el naciente viento.
La frescura por la mar exhalada
devuelva, su poder salino, a mi alma
y en ola ondule en vida rebrotada.
XXIII
Sí, grande mar de delirios dotada,
piel de pantera, clámide horadada
por miles de luz, ídolos de fuego:
hidra total, tan ebria de tu carne
terrible, muerdes tu cola estellante
en un estruendo, igual al silencio.
XXIV
Preciso es vivir, el viento se eleva
inmenso, y abre mi libro y lo cierra,
roca, la ola en polvo, a brotar se arrogue.
Vuelen todas páginas deslumbradas,
rompan olas de aguas regocijadas
el calmo techo donde pican foques.
fernando reyes franzani.
Santiago, Chile, 24 de Mayo de 2009.
09 de octubre de 2010.
Comentado por: Fernando Reyes Franzani el 12/11/2010 a las 05:56
Los endecasílabos libres no dan ni siquiera idea aproximada del esfuerzo de Valery. Conservar la rima fuerte conduciría a pura tontería, o a otro poema completamente distinto.
Aquí una aproximación asonantada que hace uso de la transposición que permite al catellano forzar la sintaxis para un ritmo y una asonantación, que al menos a mí, permite una aproximación al esfuerzo de Valery de llevar todo junto a buen términ: sintaxis, ideas, ritmo, contrucción acabada y rima:
Calmo ese techo, surco por palomas,
palpita entre los pinos y las fosas,
que, cenital, el sol de fuegos arma:
¡El mar, el mar, renaciendo cual siempre!
Para el pensamiento, largo un presente,
que percibe de los dioses, su calma.
saludos
Comentado por: Fernando Reyes Franzani el 09/4/2009 a las 23:57
Leer "El cementerio marino" ante la inmensidad humilde del mar ampurdanés es una experiencia preciosa, impagable.
Comentado por: Gabriel Ventura el 27/3/2009 a las 21:54
El viento vuelve, intentemos vivir
Abre y cierra mi libro al aire inmenso,
Con las rocas se atreve la ola en polvo.
Volad, volad, páginas deslumbradas.
Olas, romped gozosas el tranqilo
Techo donde los foques picotean.
Última estrofa del poema de P. Vazléry.
Comentado por: Pablo el 14/3/2009 a las 11:22
!Qué labor de relámpagos consume
Tantos diamantes de invisible espuma,
Y qué paz, ah, parece concebirse!
Cuando sobre el abismo un sol reposa,
Trabajos puros de una eterna causa,
Refulge el tiempo y soñar es saber.
Segunda estrofa del poema "El cementerio
marino" de Paul Valéry, traducida por Jorge Guillén.
Comentado por: Pablo el 14/3/2009 a las 11:00
Ese techo tranquilo de palomas,
palpita entre los pinos y las tumbas.
El mediodía justo en él enciende
el mar, el mar, sin cesar empezando…
Recompensa después de un pensamiento:
Mirar por fin la calma de los dioses.
Traducción de Jorge Guillén.
Comentado por: amalia el 14/3/2009 a las 06:41
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
Entrevista acerca de Del Ganges al Mediterráneo
22/5/2012 20:18
http://www.youtube.com/watch?v=d...
Publicado por: sila
22/5/2012 10:40
Publicado por: Xavier Lucas
21/5/2012 02:19
Señor Argullol: No nos deje...
Publicado por: escoin
07/5/2012 19:17
Cuando las situaciones escapan a...
Publicado por: Barcelona|Madrid|Escorts
05/5/2012 20:17
En relación con el tema, y a...
Publicado por: Javier
05/5/2012 16:03
Respetuosamente pregunto si no...
Publicado por: Rosa Mayo Marcuzzi
04/5/2012 11:44
I was studying some of your...
Publicado por: timon
03/5/2012 16:18
dejando a un lado, de momento,...
Publicado por: Pablo
02/5/2012 03:03
Publicado por: Rosita
25/4/2012 19:21
Gracias Tioteo, un saludo. ...
Publicado por: Marta
Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2011 | Gran Vía, 32 - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres