El miedo del portero
O, al menos, eso es lo que podemos deducir de nuestra vida pública por boca de los representantes del pueblo, tan negados para la alusión filosófica, histórica o científica como bien dispuestos a demostrar su sabiduría futbolística. No sé si ustedes han observado que desde hace tiempo las discusiones parlamentarias -en las que nunca se asoman, un Ortega, un Platón, un Tocqeville o un Einstein- están repletas de "equipo titular", "banquillo de los suplentes", "alineaciones indebidas", "tácticas equivocadas", etcétera. Todo parece indicar que a medida que la cabeza se seca, el pie, es decir, el balompié, resplandece.
Ya he escrito en alguna ocasión que a mí me gusta el fútbol, el buen fútbol y a pequeñas dosis, pero me resulta insoportable la progresiva futbolización de prácticamente todos los ámbitos de la vida social. Es, como mínimo, arriesgado fiarse tanto de las virtudes de un juego, aunque se tratara de un juego practicado por mentes privilegiadas, que no es el caso. Con todo, lo más irritante es que inevitablemente se tiene la impresión de que se recurre a aquella simbología pedestre y populista por la más absoluta carencia en otros campos.
Los parlamentos hoy se asemejan más a una cancha que a otra cosa, con los parlamentarios convertidos en forofos y los cronistas políticos, en cronistas deportivos. A raíz de las últimas trifulcas, y en un alarde cultural, tres o cuatro diputados del Partido Popular criticaron la penosa montería que ya sabemos, no porque fuera siniestro que un ministro de Justicia y un juez emplearan su sentido de lo justo masacrando ciervos a mil euros al día, sino porque lo ocurrido era como si el entrenador de uno de los equipos que debían competir cenara con el árbitro la noche anterior al partido. Les respondió el gran Pepe Blanco, en otro alarde, diciéndoles que lo que les dolía es que les hubieran marcado un gol por la escuadra y, en consecuencia, iban por detrás en el marcador.
El uso viscoso de la metáfora futbolística se repite jornada tras jornada sin que los tribunos -empeñados en ser tribunos de la plebe y no representantes de la ciudadanía- muestren el menor pudor. Estamos acostumbrados. Y, no obstante, a veces el exceso llama un poco la atención. Así, por ejemplo, leyendo las páginas de información política del periódico, no las de deportes, del reciente 19 de febrero, uno podía tropezarse con vistosos análisis balompedísticos del mundo que nos rodea. Carod Rovira justificaba el anuncio de una nueva embajada catalana en Marruecos: "Si el Barça tiene política exterior, ¿por qué no la va a tener Cataluña?". Inapelable. Alejandro Agag, el inquietante yerno de Aznar, explicaba la presencia en ciertas reuniones de uno de sus amigos imputados en la trama de corrupción por el hecho de que el PP había formado un "equipo de promesas", también elocuentemente denominado "el banquillo del banquillo". Inapelable.
Con todo, la noticia más hilarante de ese día correspondía de nuevo al ministro de Justicia, Fernández Bermejo, quien horas antes se había enzarzado futbolísticamente con Federico Trillo, en un cruce de bravuconadas que causan vergüenza ajena. No lo entendieron así los diputados socialistas presentes en el hemiciclo, quienes, tras otro desplante de Bermejo a la oposición y olvidando un instante el fútbol por la fiesta nacional, puestos en pie, jalearon al ministro con los educativos gritos de "¡torero, torero!". Más razón habrían tenido gritándole, con igual casticismo, "¡matador, matador!", pero no de toros sino de ciervos.
Naturalmente, todas esas demostraciones de finura oratoria suceden mientras los partidos políticos se acusan mutuamente de los desastres en la educación. Las escuelas deben cambiar. Sin duda, y profundamente. Pero ¿qué tal si cambiáramos también los parlamentos? Podríamos empezar prohibiendo las metáforas futbolísticas. Aunque quizá sería demasiado duro y una sensación de vacío invadiría las conciencias, que, desamparadas y sin poder recurrir a las razones del pie, experimentarían en su propia piel la soledad y el miedo del portero ante el penalti.
El País, 28/02/2009
[Publicado el 09/3/2009 a las 15:45]
Resulta curioso que para lograr asir los pensamientos cual calva fugitiva Fortuna uno necesite de las reflexiones de otros. La participación del lector con el texto no es lo que usted realiza con las palabrillas de RA, puesto que Internet nació como un sistema de comunicar a las personas, y por si no se ha dado cuenta, usted participa en un blog donde eso brilla por su ausencia. Establecer un diálogo con lo "otro" no se acerca ni de lejos a la esencia de este blog mudo. Sería bueno que el autor respondiera, claro que RA está para otros asuntos. Sus comentarios me parecen la mayoría de las veces tan insulsos como los del propietario de este espacio. Si me acerco día tras día por estas páginas es para confirmar una decisión tomada hace ya un año.
Sus comentarios me aburren, por cierto, como supongo le ocurrirá lo mismo con los míos.
Atentamente, Leverkhun. Ah! y soy más joven que usted.
Comentado por: Leverkhun el 11/3/2009 a las 14:29
magistral
en mi modestísima opinión, no le falta ni le sobra una sola letra
y escrito por alguien a quien le gusta el fumbo
los que somos incapaces de entender esa cosa de las pelotas... simplemente, al margen de la vida
Comentado por: jbv el 09/3/2009 a las 20:55
Lo importante Leverkhün, como ya se lo dije el pasado 10 de Febrero y ahora se lo recuerdo, no son los comentarios sobre los diversos sentidos que pueda tener una imagen o un texto, que por suerte para el arte en general y la poesía en particular, pueden ser infinitos (y por supuestos , necios), sino las propuestas y palabras primeras. Sin las “singulares” propuestas y palabras de Rafael Argullol, yo, al menos, poco o nada tendría que decir…. ¡ Pero sea sincero! ¿ a que le ha gustado el comentario ?... ¡ no pasa nada, hombre !, … Se reconoce y punto; ya le digo, no pasa absolutamente nada. Lo que sí me preocupa, también sinceramente, es que mis "pequeñas opiniones" sobre las propuestas de D. Rafael, le pongan a ud. nerviosos, lo exciten. A mi edad, voy a cumplir ya mismo los 30, se que “eso” no es bueno para la salud. Intentare por ello espaciar mis comentarios, aunque no se sí lo conseguiré ¡ estoy pero que muy enganchado a este blog de Argullol !
Le aconsejo, y no se enfade más por ello, que lea el comentario que Flaubert realizó el 14 de febrero, especialmente, el ultimo apartado.
Un besazo Leverkhün.
Comentado por: Pablo el 09/3/2009 a las 18:10
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
Entrevista acerca de Del Ganges al Mediterráneo
22/5/2012 20:18
http://www.youtube.com/watch?v=d...
Publicado por: sila
22/5/2012 10:40
Publicado por: Xavier Lucas
21/5/2012 02:19
Señor Argullol: No nos deje...
Publicado por: escoin
07/5/2012 19:17
Cuando las situaciones escapan a...
Publicado por: Barcelona|Madrid|Escorts
05/5/2012 20:17
En relación con el tema, y a...
Publicado por: Javier
05/5/2012 16:03
Respetuosamente pregunto si no...
Publicado por: Rosa Mayo Marcuzzi
04/5/2012 11:44
I was studying some of your...
Publicado por: timon
03/5/2012 16:18
dejando a un lado, de momento,...
Publicado por: Pablo
02/5/2012 03:03
Publicado por: Rosita
25/4/2012 19:21
Gracias Tioteo, un saludo. ...
Publicado por: Marta
Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2011 | Gran Vía, 32 - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres