El acto más radical
R.A.: Yo creo que si. De la misma manera que antes hablaba de la alegría que se manifestó en estos días anteriores al suicidio de Kleist, él mismo, mientras estaba a punto de suicidarse, le envió a su amante una carta de amor preciosa. En ese sentido creo yo que cuando se llega al tipo de madurez en la cultura del suicidio que tuvo Kleist o Zweig es muy posible que aquí rece una energía que también se pueda traducir en amor. También es bueno recordar el poema de Leopardi: el amor y la muerte tienen una comunicación estrechísima. Yo, que pienso que todo amor es amor propio, no creo que pueda amar aquél que no tiene una dosis sólida de amor propio porque el amor es un exceso. Por tanto, no lo veo como la negación del amor.
[Publicado el 13/2/2008 a las 09:00]
[Etiquetas: nota de suicidio, carta de amor]
Comentado por: Nom Snad el 14/2/2008 a las 20:49
Amalia,
Gracias por la alusión a Borges, sé de qué cuento me hablas pero tampoco me acuerdo del titulo. Pero creo ante la posibilidad del suicidio, no creo que pasen por delante la vida, porque es la negación de la misma lo que se busca. Me refería a que con la decisión tomada quizás, esos dos últimos segundos son inalcanzables para el resto. Si se llega cinco segundos antes creo que todavía hay posibilidades de interrumpir el acto, pero no en esos dos segundos finales que son para el silencio. Son para ese estúpido que llevamos dentro que es el que gana.
Comentado por: Nom Snad el 14/2/2008 a las 20:47
Amalia,
Gracias por la alusión a Borges, sé de qué cuento me hablas pero tampoco me acuerdo del titulo. Pero creo ante la posibilidad del suicidio, no creo que pasen por delante la vida, porque es la negación de la misma lo que se busca. Me refería a que con la decisión tomada quizás, esos dos últimos segundos son inalcanzables para el resto. Si se llega cinco segundos antes creo que todavía hay posibilidades de interrumpir el acto, pero no en esos dos segundos finales que son para el silencio. Son para ese estúpido que llevamos dentro que es el que gana.
Comentado por: Nom Snad el 14/2/2008 a las 20:46
Comentado por: amalia el 14/2/2008 a las 07:43
Nom Snad,
me hiciste recordar aquel cuento de Borges en que un condenado piensa en mil cosas durante el lapso que transcurre entre el instante en que la bala es disparada y el momento en que lo hiere de muerte.
Ni idea el nombre del cuento.
Comentado por: amalia el 14/2/2008 a las 07:41
Comentado por: escarola el 13/2/2008 a las 21:16
Me es dificil concebir el suicidio sin ser causa de un desequilibrio metal. El más reciente y atroz por el que he pasado ha sido el de una antigua estudiante. Admitida a la universidad de Harvard. En el colegio participaba, con éxito, en los musicales: bonita, inteligente y extravagante, trilingüe. Su primer año de universidad fue diagnosticada como bipolar. La universidad le dio un sabático ‘forzado’ durante un semestre. Después de un semestre no pasó la evaluación y le pidieron que esperara hasta el próximo año. De vuelta a su ciudad alquiló una habitación en un hotel y saltó por la ventana. Tenía 20 años. El curso anterior lo había pasado en India, de voluntaria en un hospital. Era diferente al resto de sus compañeros y por eso una persona más especial. Nunca sospechamos que su diferencia era tan radical. Estaba llena de vida. Le llega el suicidio cuando no puede vivirla, cuando y como quiere.
Comentado por: chiqui el 13/2/2008 a las 18:12
Les dejo un vídeo que seguramente conectará con el humor fúnebre de este blog:
http://es.youtube.com/watch?v=Xm4TcIrJEx0
Comentado por: escarola el 13/2/2008 a las 18:06
Es claro vencedor quién escucha su nada ante el hecho de suicidarse. Seguro que tiene que haber una transición de dos segundos irreversibles, por lo menos, entre la realidad más atroz que atormenta al que va a hacerlo y el clic con que lo ejecuta; en medio de un silencio absoluto. Dos segundos eternos, donde da tiempo a leer la sentencia y aplicarla, con los ojos vueltos hacía dentro, dueños ya del destino como curiosa atalaya y ensimismados con el propio hecho. La puerta que se cierra y el abismo que se abre. Pero, ¿y qué viaje?
Comentado por: Nom Snad el 13/2/2008 a las 17:23
También puede existir el suicidio como fin de fiesta; como un "basta ya". Recuerdo hace muchos años una noticia:
8 de febrero de 1996. Tres jóvenes drogadictos lisboetas, dos chicos y una chica, se reúnen esa noche en una céntrica cafetería de la ciudad. Han tocado fondo. Están en las últimas. Deciden escribir el balance triste y pobre de sus vidas. Les servirá también para despedirse pues han decidido suicidarse juntos. Ella lo había intentado con un gramo de cocaína hacía sólo un mes: no había bastado. Los dos chicos habían llegado a la misma conclusión: esta vida no tiene sentido. Planearon efectuarlo juntos y así lo hicieron mientras acababan sus últimas copas y carcajadas. Temprano, se dirigieron al acueducto, escenario de otras tragedias. Se sentaron en el borde. Ella entre ambos. Se cogían por la cintura. Los transeúntes se empezaron a arremolinar debajo. Era mucha la altura y la policía no tardó en llegar. Los dos chicos ya lo tenían decidido pero a ella le vino el arrepentimiento súbitamente y comenzó a gritar. Gritó que ellos la querían tirar; que por favor la ayudasen. Pero no dio tiempo a nada. Contaron hasta tres y tres figuras se estrellaron contra el asfalto. Con variaciones, las tres cartas venían a contar algo parecido: “no es verdad que pueda controlarse la droga. Es ella la que nos controla”. Poniéndome en el lugar de esa muchacha, llegué a sentir un angustioso vértigo.
Comentado por: hermann el 13/2/2008 a las 16:42
Qué buen aforismo, Amalia.
Ayer alguien se preguntaba si habrá algún suicida que se arrepiente en el último segundo. No lo creo. Para el suicida, imagino yo, ya no importa el tiempo; por lo tanto el devenir; por lo tanto el pensamiento. Ya se es un autómata. Más que arrepentimiento, ya puede estar en un estado de suspenso. La intriga absoluta de qué pasará, no en diez o veinte años cuando muera, sino dentro de diez o doce segundos, esos mismos que aniquilan el tiempo cuando se opta por el suicido.
Comentado por: draudrau el 13/2/2008 a las 16:15
Ya que seguimos con tema suicidio voy a copiar un aforismo de Emil Cioran,que nos trasmitió Aupa, parroquiano del blog de Chiqui:
"El deseo de morir fue mi única preocupación; renuncié a todo por él, incluso a la muerte".
Comentado por: amalia el 13/2/2008 a las 10:25
Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).
Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).
A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).

Lampedusa (2008). El Acantilado, España
El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España
Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.
Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.
El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.
El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.
Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.
Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.
Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.
Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.
El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.
Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.
El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.
L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.
Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.
Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.
Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.
La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.
Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.
El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.
El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.
Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.
El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.
Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.
Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.
Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.
Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.
Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.
El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.
La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.
Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.
Obra completa en El Acantilado
Los aforismos de Rafael Argullol
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