El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 25 de mayo de 2012

 Blog de Rafael Argullol

El robo del banco

No se trata, a pesar del título, de que un banco haya sido asaltado o de que cualquier ciudadano haya sido expoliado por un banco -noticias, ambas, a las que ya estamos acostumbrados-, sino de la desaparición de un banco de los utilizados por los viandantes para sentarse de vez en cuando. Era un banco de los denominados, creo, románticos, de esos constituidos por tiras de madera, los más cómodos y sencillos de nuestras vías públicas. El banco al que estoy aludiendo había estado, "toda la vida", a un lado de la calzada central de la rambla de Catalunya, una de las calles más conocidas de Barcelona y de las más concurridas por los paseantes. Se esfumó, de la noche a la mañana, sin dejar rastro. No puedo asegurar cómo ocurrió, pero hay una hipótesis bastante plausible que, más o menos, contemplaría un repetido proceso de transformación urbana. A la altura del banco diluido había un conocido local, mitad librería y mitad galería de arte, en el que se vendían libros italianos y se enmarcaban primorosamente cuadros. Cuando pasó la época en que era necesario enmarcar primorosamente cuadros y vender libros italianos, y se llegó a nuestros días, el local cesó y, tras un interregno de un par de años, se reabrió convertido en lo único en lo que se convierten casi todos los locales del centro de Barcelona: un restaurante de los llamados "de tapas y platillos", destinado a las muchedumbres turísticas, aunque un poco más pretencioso de lo corriente. Como es habitual, supongo que con el consentimiento del Ayuntamiento, los promotores del restaurante se apoderaron de unos 100 metros cuadrados de espacio público para construir una densa terraza, repleta de mesas y sólidamente vallada por una estructura metálica que impide el acceso a los que no son clientes y camareros. El pobre banco quedó atrapado en el nuevo torbellino de paellas y fritos. Y una noche se desvaneció.

Ustedes pueden preguntar: ¿qué importa un miserable banco? Ya pondremos otro en otro lugar, y basta. No obstante, sí importa. Yo mismo me había sentado en ese banco muchas veces, y ahora lo echo a faltar. Además, recuerdo que mi padre también se había sentado en el extirpado banco, y no me extrañaría que asimismo mi abuelo tuviera esa costumbre. A ellos no les gustaría ver que el banco ya no está, y no porque fueran unos nostálgicos resistentes contra la modernidad sino por la injusticia que significa que un bien público sea tranquilamente expoliado, y por la absurdidad de que una ciudad, mientras hace grandes alardes de amor a sí misma, eche por la borda todas sus fuentes de memoria. Cada uno de esos bancos de apariencia tan humilde es un depósito de milhistorias, algunas de decisiva importancia. A los incrédulos les recomiendo la lectura del relato Primer amor, de Samuel Beckett para que se hagan una idea de la importancia de los bancos (para sentarse) en el transcurso de la humanidad.

Un día le pregunté por el banco al que me pareció el encargado del restaurante, aunque también podía ser el portero. El hombre me miró con una mirada que se ha transformado en normal en nuestras relaciones sociales, y que viene a ser un combinado con varios ingredientes: "¿por qué tengo que contestarle?"; "¿a quién le importa el maldito banco?"; "¿para qué sirve lo que no me sirve a mí?". Era evidente que el tipo no ofrecía demasiadas facilidades. Ese mismo día, preocupado por el banco errante, me encontré, acontecimiento bien extraño, con un policía municipal. Pensé que era el interlocutor adecuado para reclamar el mueble urbano desaparecido, pero desistí al comprobar que era el mismo agente con el que, un año atrás, en la misma calle había tenido una conversación digna de aparecer en un libro de Gógol.

En aquella ocasión el policía y yo nos hallábamos, esperando que cambiara el color de un semáforo, junto a una gran señal recién pintada en la calzada en la que se recogía la prohibición de circular bicicletas. Mientras, las bicicletas y alguna que otra moto, circulaban a gran velocidad, precisamente por encima de la señal. Indagué la opinión del guardia urbano sobre aquella circunstancia y el hombre me explicó pacientemente que, si bien aquella era la señal de prohibición, él no podía actuar con respeto a la misma pues, en realidad, era ilegal pintar señales en el suelo y, en consecuencia, si él procedía contra los transgresores podía, con posterioridad, ser acusado de prevaricación. El agente hablaba incansablemente, al tiempo que el semáforo iba cambiando de color y las ruedas infractoras pisaban con frenética alegría la señal de prohibición. Un año después no me pareció el confidente más idóneo para compartir la añoranza del banco.

De modo que este es un tema de difícil solución pues ahora sospecho que otros bancos han sido engullidos con igual voracidad en el momento de ceder el espacio público al uso privado. No sé qué pensaría en la actualidad Le Corbusier de una calle como la Rambla de Catalunya que, en su día, juzgó la mejor del mundo para el disfrute del paseante. De entrada vería que el espacio para el paseo ha sido reducido drásticamente mientras se multiplicaba el número de aspirantes a pasear. Después debería sortear los múltiples artefactos rodantes, desde motos a patinetes, que siembran el pánico en la calzada. Y a continuación tendría que taparse los oídos, para defenderse de los ruidos, y la nariz, para no aspirar el olor a comida barata que lleva ya tiempo venciendo al aroma de los tilos. Por último, en caso de estar cansado después de la caminata, ¿encontraría Le Corbusier un banco para sentarse y así resarcirse de los peligros del paseo?

Desde luego, amamos el progreso y la modernidad, pero esto ¿necesariamente significa sancionar el expolio de la memoria? La más grave confusión de Barcelona actualmente -y también, quizá, sea el caso de Madrid- es la de dar prioridad a la ciudad de los visitantes sobre la de los habitantes. ¡Qué magnífica ciudad para ser un extranjero de visita! Un gran clima, una buena arquitectura, una inigualable oferta en comida y bebida, una tolerancia sin límites, una ignorancia completa de las miserias políticas locales. El visitante no sabe, ni tiene por qué saber, dónde se hallan las fuentes de la memoria. Y, no obstante, para el habitante esas fuentes son imprescindibles. Un cambio de alcalde es un buen momento para pedir, o reclamar: ¡Que no nos roben los bancos!

El País, 22/07/2011 

[Publicado el 27/7/2011 a las 13:40]

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Comentarios (12)

  • Algo tan sencillo como un banco puede ser tan importante como lo fue este banco.

    una verdadera lástima, y una pérdida muy importante
    Alquilar temporario

    Comentado por: Alquilar temporario el 17/8/2011 a las 20:55

  • Algo tan sencillo como un banco puede ser tan importante como lo fue este banco.

    una verdadera lástima, y una pérdida muy importante

    Comentado por: Alquilar temporario el 17/8/2011 a las 20:54

  • Todo pasa y todo queda... El banco sigue ahí, en su memoria. Un saludo.

    Comentado por: elegía el 30/7/2011 a las 14:21

  • Que vengan todos, siiii!!!! Me encanta el hecho de que cuando vienen amigos de fuera, siempre hay un lugar que descubrir en su compañía. Después, ese lugar ya les pertenece, les asocia. Un bocata de calamares en la Plaza Mayor mmmmmmmm!
    ¿Quien se apunta? !!!

    Comentado por: sila el 29/7/2011 a las 21:01

  • Sila, lo has expresado muy bien. Viví varios años en Arapiles y sí que me sentaba en esos bancos! Es que quiero que Don Rafa - y todo el mundo - se mude a Madrid. Al fin y al cabo son mis propios deseos frustrados, vivo al otro lado del Atlántico!
    Rut, Madrid es una delicia para vivir, depende de dónde uno viva, claro. Es una ciudad grande si se compara con Barcelona, que ha cambiado mucho en los últimos 20 años... para peor.

    Comentado por: me el 29/7/2011 a las 19:55

  • Alguien sabe cuándo sale R.Argullol en un programa de la2 TV?? No sé si es hoy (madrugada) o mañana?? Quiero verlo.Agradezco la ayuda.

    Comentado por: Rut el 28/7/2011 a las 23:54

  • Que curioso y, que casualidad… El Viernes pasado, según paseaba por Argüelles, eché en falta los bancos que siempre había en ciertas esquinas , como en las calles Andrés Mellado, Guzman el Bueno , Arapiles… en ese momento, y aunque lo intenté, no puede encontrar razón lógica a tal acto. La única razón que se me ocurrió, aunque es bastante ilógica es, que simplemente se han quitado de las calles, para que nadie se siente, para que las ciudades sean lugares de paso total y absoluto, para que se enfríen aun más de lo que ya están, que dejen de tener ese cálido aspecto que ofrece la imagen de las gentes sentadas tranquilamente. Que todo, sea transeúnte al máximo, como lo es
    la vida que nos están inculcando. Tiene razón en reseñar la desaparición de ese banco, ya que el hecho de que sea un banco no significa que sea insignificante. El banco simboliza el continuo acto del que somos victimas. Significa despojar, usurpar la identidad y la falta de consideración y, mucho más…

    Comentado por: sila el 28/7/2011 a las 11:16

  • Y ahí queda, testigo silencioso, la casa veneciana, viendo cómo roban un banco o, un poco más arriba, cómo desaparece Sennacheribbo. Todo ello para que vengan y digan que las tapas de Barcelona son excelentes. Siempre nos quedará, en algún lugar, alguna Ribes Roges por descubrir.

    Comentado por: Fontxo el 28/7/2011 a las 10:49

  • No sé cómo estará Barcelona, pero Madrid...No,no es una buena ciudad para vivir, ni mucho menos.
    En Madrid desaparecen bancos, en concreto, uno que yo conocía, en barrios normales donde ni siquiera tienen que mostrar o adaptarse o facilitar el paso, los cambios, la mejora para el visitante, etc. Nada de nada. Se "mejora" una parte de la ciudad ,la que se ve, y se olvida la mayor parte (la que no interesa). Además, la estética y la esencia de la ciudad no existen, el ruido insufrible, y el aire muy malo. No sé cómo estará Brcelona, hace 20 años que no voy, pero Madrid,no.

    Comentado por: Rut el 28/7/2011 a las 08:22

  • Qué graciosamente cuenta usted la desaparición del banco. Por otra parte, ¿cuántos habrán echado de menos ese banco?
    Le sigo diciendo que Madrid es una ciudad mejor para vivir, pero inútil para usted porque, aunque no está contento con la ciudad condal, todavía quedan demasiados recuerdos que lo amarrarán ahí hasta el final de su vida.
    No está mal, siempre que no se tome a pecho la desaparición de un banco, una farola o un semáforo. Sólo usted puede cambiar la situación! Quéjese al nuevo alcalde, si no se atreve a cambios más drásticos.

    Comentado por: me el 27/7/2011 a las 23:51

  • Respaldo.

    Comentado por: Aidos el 27/7/2011 a las 23:46

  • ¡¡¡Qué mayores vamos siendo!!! ¿Es esto otra versión de una bancarrota?

    Comentado por: Tioteo el 27/7/2011 a las 19:04

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Biografía

Rafael Argullol Murgadas (Barcelona, 1949), narrador, poeta y ensayista, es catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universidad Pompeu Fabra. Es autor de 25 libros en distintos ámbitos literarios: poesía (Disturbios del conocimiento, Duelo en el Valle de la Muerte, El afilador de cuchillos), novela (Lampedusa, El asalto del cielo, Desciende, río invisible, La razón del mal, Transeuropa, Davalú o el dolor) y ensayo (La atracción del abismo, El Héroe y el Único, El fin del mundo como obra de arte, Aventura. Una filosofía nómada, Manifiesto contra la servidumbre. Escritos frente a la guerra, entre otros) dirigiéndose cada vez más hacia una escritura transversal que rompe los géneros literarios (Cazador de instantes, El puente del fuego, Enciclopedia del crepúsculo, Breviario de la aurora, etc.).

Ha estudiado Filosofía, Medicina, Economía y Ciencias de la Información en la Universidad de Barcelona y ha asistido a cursos en la Universidad de Roma, en el Warburg Institute de Londres y en la Universidad Libre de Berlín, doctorándose en Filosofía (1979) en su ciudad natal. Como profesor ha enseñado en universidades europeas y americanas y ha dado conferencias en ciudades de Europa, América y Asia. Colaborador habitual de diarios y revistas, ha vinculado con frecuencia su faceta de viajero y su estética literaria. Ha intervenido en diversos proyectos teatrales y cinematográficos. Ha ganado el Premio Nadal con su novela La razón del mal (1993), y el Premio Ensayo de Fondo de Cultura Económica con Una educación sensorial (2002).

A partir del 15 de septiembre estará disponible su más reciente libro: Visión desde el fondo del mar (Acantilado, 2010).  

Bibliografía


 
Visiones desde el fonde del mar (Acantilado, 2010).

En librerías a partir del 15 de septiembre

 

 
/upload/fotos/obras/lampedusa_1_med.jpg 
 

Lampedusa (2008). El Acantilado, España

El Héroe y el Único (2008). El Acantilado, España 

Breviario de la aurora (2006). El Acantilado, España.

Del Ganges al Mediterránea: un diálogo entre las culturas de India y Europa (2004). Argullol, Rafael y Mishra, Vidya Nivas. Ediciones Siruela, España.

El puente de fuego (2004). Ediciones Destino, España.

El pont de foc (2004). Ediciones Destino, España.

Wolfgang Amadeus Mozart. Las últimas sinfonías (2004). Argullol, Rafael y Reverter, Arturo. Diario El País, S.A., España.

Manifiesto contra la servidumbre: escritos frente a la guerra (1990-2003) (2003). Ediciones Destino, España.

Una educación sensorial: historia personal del desnudo femenino en la pintura (2002). Fondo de Cultura Económica, España.

Tres miradas sobre el arte (2002). Ediciones Destino, España.

El cazador de instantes: cuaderno de travesía 1990-1995 (2002). Ediciones Destino, España.

Davalú o el dolor: crònica d'un duel (2001). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Aventura, una filosofía nómada (2000). Plaza & Janés Editores, S.A., España.

El afilador de cuchillos: un poema (1999). El Acantilado, España.

L'esmolador de ganivets: (un poema) (1998). Edicions dels Quaderns Crema, España.

Transeuropa (1998). Ediciones Alfaguara, España.

Naturaleza: la conquista de la soledad (1995). Fundación César Manrique, España.

Sabiduría de la ilusión: quince escenarios (1994). Taurus Ediciones, España.

La razón del mal (1993). Ediciones Destino, España.

Territorio del nómada (1993). Ediciones Destino, España.

El cansancio de Occidente: una conversación (1993). Argullol, Rafael y Trías, Eugenio. Ediciones Destino, España.

El fin del mundo como obra de arte: un relato occidental (1991). Ediciones Destino, España.

Desciende, río invisible (1990). Ediciones Destino, España.

El Quattrocento: arte y cultura en el renacimiento italiano (1988). Montesinos Editor, S.A., España.

Lampedusa: una historia mediterránea (1987). Montesinos Editor, S.A., España.

Territorio del nómada (1987). Fondo de Cultura Económica, S.L., España.

Duelo en el valle de la muerte (1986). Ayuso, España.

Leopardi: infelicidad y titanismo (1985). Montesinos Editor, S.A., España.

Tres miradas sobre el arte (1985). Icaria, España.

El héroe y el único: el espíritu trágico del Romanticismo (1984). Taurus Ediciones, España.

La atracción del abismo: un itinerario por el paisaje romántico (1983). Bruguera, S.A., España.

Disturbios del conocimiento (1980). Icaria, España.

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